Cultivos

México supera 433.000 toneladas de manzana en ocho meses

Publicado el 27/09/2026 · REDACCION

La cosecha avanzó con fuerza en 2026 y mantiene a Chihuahua como principal productor, mientras el país cubre con oferta nacional alrededor del 77% de su demanda


Redactor: Luis Ortega
Editor: Eduardo Schmitz

México produjo 433.235 toneladas de manzana entre enero y agosto de 2026, un volumen que ya equivale a más de la mitad de toda la cosecha obtenida durante 2025. Las cifras preliminares de la Dirección General del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (DGSIAP) muestran además una fuerte concentración territorial de la actividad, encabezada por Chihuahua, estado que aportó el 85,7% de la producción registrada en agosto.

El avance ocurre después de que la fruticultura mexicana cerrara 2025 con 810.850 toneladas de manzana, frente a las 779.723 toneladas de 2024. El incremento interanual fue de 5,6%, mientras el valor de la producción también aumentó, desde 8.541 millones hasta 9.026 millones de pesos.

Los datos sitúan al manzano como una cadena frutícola de considerable importancia económica para varias zonas rurales del norte y centro de México. La evolución mexicana coincide con un escenario internacional desigual para este cultivo: mientras algunos países incrementan o estabilizan su oferta, otras regiones enfrentan reducciones, como ocurre con la cosecha de manzana prevista para 2026 en la Unión Europea, estimada en uno de sus niveles más bajos de la última década.

Chihuahua domina la producción mexicana de manzana

La geografía productiva del cultivo está claramente concentrada. De acuerdo con los datos oficiales correspondientes a agosto de 2026, Chihuahua representó el 85,7% de la producción nacional, seguido por Puebla con 6,8% y Durango con 3,8%. En conjunto, los tres estados concentraron el 96,3% del volumen registrado durante ese mes.

El resto de la producción se distribuyó entre Aguascalientes, Baja California, Coahuila, Chiapas, Ciudad de México, Guanajuato, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Estado de México, Michoacán, Morelos, Nuevo León, Oaxaca, Querétaro, Sonora, Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas.

La posición de Chihuahua refleja la especialización agrícola que ha desarrollado el estado en diferentes cadenas. Durante 2026 sus productores también han buscado aprovechar condiciones particulares de humedad para otros cultivos, como muestra la experiencia con el cultivo de sandía mediante trasporo en Chihuahua, donde se proyectó duplicar la cosecha mediante el aprovechamiento temporal de terrenos con humedad acumulada.

La elevada concentración de los manzanos en unas pocas entidades también implica exposición a riesgos regionales. Sequías, heladas, granizo, disponibilidad de agua y temperaturas durante floración y desarrollo del fruto pueden repercutir sobre una parte importante de la oferta nacional cuando afectan a las principales zonas productoras.

La cosecha de 2025 creció 5,6%

La comparación de los dos últimos cierres disponibles muestra una expansión de la producción. México pasó de 779.723 toneladas en 2024 a 810.850 toneladas en 2025, una diferencia superior a 31.000 toneladas.

El valor económico avanzó prácticamente al mismo ritmo. La producción fue valorada en 8.541 millones de pesos en 2024 y en 9.026 millones durante 2025, lo que representa un incremento de 5,7%.

Para 2026, las 433.235 toneladas acumuladas hasta agosto representan aproximadamente el 53% del volumen total obtenido el año anterior. La comparación debe interpretarse teniendo en cuenta la estacionalidad del cultivo: el dato de 2026 corresponde únicamente a los primeros ocho meses y no constituye todavía el cierre anual.

La DGSIAP registra la producción agrícola mexicana mediante información sobre superficie sembrada y cosechada, producción, rendimiento y otras variables desagregadas territorialmente. El sistema permite seguir tanto cultivos cíclicos como perennes y distinguir modalidades productivas de riego y temporal.

México produce alrededor del 77% de las manzanas que consume

La producción nacional satisface aproximadamente el 77% de la demanda mexicana de manzana, según la información divulgada por la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural. El consumo anual se sitúa en unos 8,4 kilogramos por habitante y la mayor parte de la fruta se consume fresca.

Estas cifras muestran que la evolución de los huertos nacionales tiene consecuencias tanto para las economías rurales como para el abastecimiento interno. El volumen restante de la demanda debe ser complementado con fruta procedente del exterior, de manera que los resultados de cada campaña influyen en el equilibrio entre producción doméstica e importaciones.

El comportamiento del cultivo adquiere además importancia en un contexto en el que la agricultura mexicana enfrenta diferencias regionales de disponibilidad hídrica, costos y acceso a tecnología. Un análisis previo sobre las presiones climáticas y productivas que enfrenta el campo mexicano mostró cómo estas variables pueden condicionar la rentabilidad incluso cuando determinadas cadenas mantienen volúmenes importantes de producción.

Agua y adaptación son claves para sostener los huertos

El manzano es un cultivo perenne y las decisiones sobre establecimiento de huertos tienen consecuencias durante varios años. La selección del material vegetal, las características del suelo, la disponibilidad de agua, el manejo nutricional y las condiciones climáticas determinan la productividad y calidad comercial de la fruta.

Uno de los componentes estratégicos es la respuesta de los árboles al estrés hídrico. Estudios recientes han demostrado que diferentes portainjertos de manzano responden de forma distinta frente a la sequía, con diferencias en eficiencia del uso del agua, regulación del crecimiento y señales fisiológicas de estrés.

El manejo del suelo también puede modificar el comportamiento productivo del huerto. Investigaciones en manzano han encontrado incrementos de rendimiento mediante determinadas estrategias de cobertura y acondicionamiento, como ocurrió en ensayos sobre mantillo orgánico y manejo sostenible del suelo en manzanos.

Estos factores resultan especialmente relevantes en regiones donde las variaciones de precipitación obligan a mejorar la eficiencia hídrica. Para una zona productora dominante como Chihuahua, la capacidad de conservar agua y mantener árboles productivos frente a episodios secos puede convertirse en un componente decisivo de la estabilidad futura de la cosecha.

Plagas y clima también presionan la producción de manzana

La productividad no depende exclusivamente del agua. Los huertos requieren vigilancia permanente de insectos y enfermedades capaces de reducir el volumen comercializable y deteriorar la calidad del fruto.

Entre las amenazas internacionales más conocidas se encuentra Cydia pomonella, cuyas larvas penetran en los frutos y generan pérdidas directas. Investigaciones sobre la presión de la polilla de la manzana bajo temperaturas más cálidas advierten que los cambios ambientales pueden modificar la dinámica de esta plaga y aumentar los desafíos de manejo en las regiones frutícolas.

Al mismo tiempo, los programas internacionales de mejoramiento buscan variedades capaces de combinar calidad, productividad y tolerancia a condiciones adversas. China, por ejemplo, mantiene una amplia población de materiales híbridos dentro de un programa destinado a acelerar el desarrollo de nuevas variedades de manzana con resistencia a enfermedades, adaptación climática y mayor capacidad de almacenamiento.

Para México, sostener el crecimiento de la cadena dependerá de cómo interactúen estas variables productivas con las condiciones particulares de Chihuahua y las demás regiones frutícolas. El volumen acumulado hasta agosto muestra un avance importante de la campaña de 2026, pero el balance definitivo solo podrá establecerse una vez concluida y contabilizada la producción anual.

Fuentes referenciales:
Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural de México
Dirección General del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera



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