Investigadores de Kansas State University prueban dispositivos que registran las vibraciones producidas por insectos dentro de los tallos. El objetivo es detectar infestaciones difíciles de observar y mejorar las decisiones de manejo antes de que aparezcan daños evidentes.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Karem Díaz S.
Investigadores de Kansas State University, en Estados Unidos, están colocando pequeños micrófonos sobre plantas de soja para registrar la actividad de insectos que permanecen ocultos dentro de sus tejidos. El proyecto, presentado el 7 de octubre de 2026, busca desarrollar una nueva forma de vigilancia de plagas agrícolas mediante la identificación de vibraciones producidas por los insectos mientras se alimentan o se desplazan.
La investigación está encabezada en Kansas por Emily Sur, estudiante de maestría en entomología, y forma parte de una colaboración entre varias universidades estadounidenses. El instrumento utilizado, denominado Insect Eavesdropper, fue desarrollado por Emily Bick, profesora de entomología de la Universidad de Wisconsin-Madison.
La propuesta consiste en obtener información sobre lo que sucede dentro de una planta sin necesidad de cortarla para buscar insectos. Aunque la tecnología todavía se encuentra en fase de investigación, sus responsables consideran que podría ayudar a los agricultores a identificar problemas de sanidad vegetal antes de que las infestaciones produzcan síntomas visibles.
El trabajo tiene especial interés para el cultivo de soja porque algunas de sus plagas más perjudiciales se desarrollan en lugares donde la inspección convencional resulta difícil. Entre ellas se encuentra el barrenador del tallo, un insecto cuyas larvas pueden permanecer ocultas durante buena parte de su desarrollo.
Los investigadores escuchan las vibraciones dentro de las plantas
El funcionamiento del sistema se basa en una característica poco aprovechada en la vigilancia agrícola: los insectos producen señales mecánicas cuando interactúan con los tejidos vegetales.
Estas señales pueden originarse durante la alimentación, el desplazamiento o determinadas actividades realizadas en el interior de la planta.
En muchos casos, las vibraciones son demasiado débiles para que una persona pueda percibirlas directamente.
El Insect Eavesdropper utiliza sensores instalados sobre las plantas para registrar esas señales y generar información que posteriormente puede analizarse mediante herramientas informáticas.
Emily Bick desarrolló el instrumento con el propósito de detectar, identificar y cuantificar la actividad de insectos que normalmente permanecen fuera de la vista de los productores.
El enfoque representa una diferencia respecto a los métodos de observación que dependen de encontrar directamente al organismo o reconocer daños en hojas, tallos y otros órganos vegetales.
En lugar de esperar a que aparezcan síntomas, los investigadores intentan reconocer indicios de actividad biológica a partir de las vibraciones registradas.
Sin embargo, el hecho de captar una señal no significa automáticamente que el sistema pueda identificar con precisión todas las especies presentes. Esa capacidad requiere desarrollar y comprobar métodos de clasificación específicos.
Las pruebas se realizan en campos de soja de Kansas
Emily Sur dirige un equipo de estudiantes que trabaja directamente en parcelas de soja para obtener registros acústicos bajo condiciones agrícolas reales.
Los investigadores colocan los dispositivos sobre las plantas y mantienen las grabaciones durante varios días consecutivos.
Una vez finalizado el período de registro, retiran los equipos y examinan cuidadosamente las plantas para buscar evidencias de actividad de insectos.
Esta comparación entre las señales registradas y las observaciones entomológicas permite relacionar determinados patrones de vibración con la posible presencia de plagas.
Las labores de campo también sirven para evaluar problemas prácticos, como la instalación de los sensores, la continuidad de las grabaciones y el funcionamiento del equipo bajo condiciones variables.
El trabajo requiere revisar dispositivos situados en parcelas que pueden presentar barro, humedad y otras dificultades habituales de la actividad agrícola.
El equipo de Kansas State University también participa en pruebas realizadas en invernaderos con algodón, lo que permite estudiar el comportamiento del sistema en ambientes productivos diferentes.
La investigación no se limita, por tanto, a demostrar que un sensor puede captar vibraciones en condiciones controladas. También busca comprobar si el instrumento puede funcionar de manera consistente en situaciones semejantes a las que enfrentan los agricultores.
El barrenador Dectes es uno de los principales objetivos
Durante la campaña de investigación de 2026, los trabajos de Kansas State University se han concentrado especialmente en el barrenador del tallo de la soja, Dectes texanus.
Este insecto pertenece al grupo de los escarabajos longicornios y desarrolla parte de su ciclo biológico dentro de los tallos.
Las larvas perforan galerías en los tejidos internos, donde pueden permanecer protegidas de la observación directa.
La actividad del barrenador puede debilitar las plantas y favorecer su vuelco, especialmente cuando los tallos pierden resistencia antes de la cosecha.
Una dificultad para el productor consiste en que la presencia de larvas no siempre resulta evidente al observar el cultivo desde el exterior.
En determinadas situaciones, confirmar una infestación requiere abrir los tallos y examinar sus tejidos internos.
El sistema de escucha pretende proporcionar una alternativa de vigilancia que permita obtener indicios de actividad sin destruir las plantas examinadas.
La importancia de esta plaga también quedó reflejada recientemente en las inspecciones de campos de soja en Maryland, donde especialistas encontraron una elevada proporción de tallos afectados por el barrenador Dectes.
Los trabajos de Maryland y Kansas corresponden a iniciativas diferentes. Mientras los primeros documentan la incidencia de la plaga en parcelas afectadas, el proyecto de Kansas investiga una nueva manera de detectar su actividad.
La tecnología busca reducir la necesidad de destruir plantas
La inspección de tallos constituye un procedimiento útil para diagnosticar insectos que viven dentro de las plantas, pero presenta una limitación evidente: las muestras abiertas dejan de formar parte del cultivo productivo.
Cuando las infestaciones son difíciles de localizar, los técnicos pueden necesitar examinar numerosas plantas para obtener una estimación representativa.
Un dispositivo capaz de registrar señales internas sin cortar los tallos podría complementar esos procedimientos.
Además, las grabaciones realizadas durante varios días permiten estudiar la actividad a lo largo del tiempo, en lugar de depender exclusivamente de una observación puntual.
Esto podría resultar importante para insectos cuya actividad varía según la temperatura, la etapa de desarrollo o las condiciones ambientales.
No obstante, los investigadores todavía deben determinar hasta qué punto los registros permiten distinguir entre diferentes organismos y separar las señales biológicas de otras vibraciones presentes en el campo.
El movimiento de las plantas, el viento y otras fuentes de ruido forman parte de las dificultades que deben considerarse al diseñar instrumentos destinados a trabajar en ambientes agrícolas.
La tecnología no elimina la necesidad de realizar inspecciones entomológicas. Su propósito es proporcionar información adicional para orientar mejor esas observaciones.
La colaboración entre universidades permite reunir más datos
El Insect Eavesdropper forma parte de un proyecto de colaboración desarrollado entre varias instituciones estadounidenses.
Emily Bick, desde la Universidad de Wisconsin-Madison, dirige la iniciativa general y trabaja en el desarrollo del instrumento y de los métodos necesarios para interpretar las señales.
En Kansas State University, Emily Sur realiza los ensayos de campo bajo la orientación de Brian McCornack, profesor y responsable del Departamento de Entomología.
El laboratorio de manejo integrado de plagas de cultivos extensivos de McCornack participó entre los primeros grupos que adoptaron la herramienta y proporcionaron observaciones sobre su funcionamiento.
La colaboración permite combinar conocimientos de entomología, ingeniería, análisis de datos y sistemas agrícolas.
También facilita que los desarrolladores reciban información sobre las dificultades encontradas al instalar y utilizar el equipo fuera del laboratorio.
El grupo de Bick ha puesto la herramienta a disposición de otros investigadores para favorecer su evaluación y desarrollo colaborativo.
Esta apertura tiene importancia porque la utilidad de un sistema de vigilancia agrícola depende de su capacidad para funcionar con diferentes cultivos, insectos y condiciones de producción.
El análisis informático busca reconocer patrones de actividad
Las grabaciones obtenidas por los sensores pueden generar grandes cantidades de datos.
Examinar manualmente todos esos registros resultaría poco práctico, especialmente cuando varios dispositivos funcionan durante días consecutivos.
Por ello, el proyecto incorpora métodos de aprendizaje automático destinados a identificar patrones relevantes dentro de las señales registradas.
Los investigadores de Wisconsin-Madison trabajan en el desarrollo de modelos informáticos, mientras los colaboradores de Kansas se concentran en obtener datos de campo de calidad y comprobar el funcionamiento de los dispositivos.
La separación de estas tareas permite que los modelos se desarrollen a partir de registros asociados con observaciones entomológicas reales.
El objetivo es que el sistema aprenda a reconocer señales relacionadas con determinadas actividades de insectos y pueda distinguirlas de otros fenómenos.
Sin embargo, la información divulgada por Kansas State University no establece una tasa definitiva de precisión diagnóstica ni demuestra que el instrumento ya pueda identificar de manera autónoma cualquier infestación.
El desarrollo de modelos fiables requiere reunir suficientes ejemplos, comprobar sus resultados y evaluar su comportamiento en condiciones distintas de aquellas utilizadas durante el entrenamiento.
Escuchar las plantas podría complementar el monitoreo convencional
Los sistemas habituales de vigilancia de plagas incluyen recorridos de campo, observación visual, trampas y muestreos de insectos.
Estas prácticas permiten estimar poblaciones y tomar decisiones basadas en la presencia de organismos perjudiciales y el estado del cultivo.
La detección acústica introduce una fuente de información diferente: la actividad de insectos que no necesariamente puede observarse desde el exterior.
En la práctica, los responsables del proyecto consideran que un sistema de escucha podría señalar sectores donde ocurre algo inusual y donde convendría intensificar las inspecciones.
Esta función sería complementaria a las prácticas de observación temprana de plagas que permiten reconocer focos de infestación y evaluar su evolución.
Brian McCornack subraya que la intención no es sustituir los métodos convencionales de monitoreo, sino incorporar una señal adicional que ayude a decidir cuándo y dónde investigar.
La distinción es importante porque la presencia de un insecto no siempre justifica aplicar un tratamiento.
Las decisiones de manejo deben considerar la especie, la abundancia, la etapa del cultivo y los umbrales de intervención recomendados.
Un aviso acústico podría contribuir a orientar el trabajo del productor, pero no reemplazaría automáticamente el diagnóstico ni la evaluación agronómica.
Una detección más temprana podría mejorar las decisiones fitosanitarias
Uno de los beneficios potenciales del proyecto es mejorar el momento en que se identifican las infestaciones.
Algunas plagas permanecen ocultas hasta que el daño es visible o hasta que las poblaciones alcanzan niveles importantes.
En esas circunstancias, la capacidad de registrar actividad dentro de las plantas podría ofrecer información anticipada.
Si futuras investigaciones confirman que las señales permiten identificar infestaciones con suficiente precisión, los agricultores podrían utilizar los avisos para realizar inspecciones dirigidas.
Esta posibilidad también podría favorecer un uso más selectivo de las medidas de control.
Sin embargo, todavía no se ha demostrado que el dispositivo reduzca por sí mismo el uso de insecticidas, mejore el rendimiento de la soja o disminuya las pérdidas económicas.
Esos resultados requerirían ensayos que comparen estrategias de manejo apoyadas en el sistema acústico con programas convencionales de vigilancia.
El interés por mejorar las decisiones fitosanitarias también se observa en investigaciones recientes sobre tratamientos de plagas en soja que combinan caolín y dosis reducidas de insecticida.
Aunque se trata de tecnologías distintas, ambas líneas de trabajo se relacionan con un objetivo agronómico común: mejorar la información disponible y evitar intervenciones innecesarias o insuficientes.
El proyecto todavía debe demostrar su utilidad a escala comercial
Las pruebas actuales representan una etapa de desarrollo y validación de la herramienta.
Para que el sistema pueda incorporarse de forma habitual a las explotaciones agrícolas será necesario evaluar su resistencia, facilidad de instalación, mantenimiento y capacidad para registrar información útil durante períodos prolongados.
También será importante determinar cuántos sensores se necesitan para vigilar una superficie agrícola y cómo deben distribuirse para obtener datos representativos.
Otro aspecto pendiente es establecer procedimientos que permitan convertir los registros en avisos comprensibles para productores y asesores técnicos.
Una herramienta comercial tendría que ofrecer información suficientemente fiable para justificar decisiones de inspección y manejo, sin generar una cantidad excesiva de falsas alertas.
La investigación divulgada no anuncia una fecha de comercialización ni presenta un producto listo para su adopción generalizada.
Sus responsables destacan, por ahora, la importancia de continuar reuniendo datos y perfeccionando el sistema mediante pruebas de campo.
La entomología incorpora una nueva forma de estudiar las plagas
El trabajo de Emily Sur demuestra cómo la observación de insectos puede ampliarse mediante el estudio de señales que normalmente pasan inadvertidas.
Los micrófonos instalados en las plantas no permiten escuchar conversaciones ni identificar automáticamente cualquier organismo. Registran vibraciones físicas cuya interpretación exige investigación entomológica y análisis especializado.
Esta diferencia permite comprender el alcance real de la propuesta: se trata de una herramienta experimental para estudiar actividad oculta, no de un sustituto inmediato de la experiencia del agricultor.
La participación de estudiantes y equipos de distintas universidades también contribuye a generar información sobre especies y ambientes agrícolas que presentan dificultades de observación.
En el caso de la soja, el barrenador Dectes ofrece un ejemplo especialmente relevante porque sus larvas se desarrollan dentro del tallo y pueden provocar daños antes de que el productor identifique claramente la causa.
La próxima etapa será comprobar si los patrones registrados pueden transformarse en indicadores fiables de presencia y actividad de insectos.
Si los ensayos posteriores confirman esa capacidad, la escucha de vibraciones vegetales podría convertirse en una herramienta adicional para vigilar los cultivos y orientar las inspecciones antes de que los daños resulten evidentes.
Fuentes referenciales:
Kansas State University: Listening to hidden insects could give farmers an early warning of crop pests (7 de octubre de 2026)


