Un desarrollo de Panicum coloratum de Pemán Semillas busca ampliar la producción de forraje en Buenos Aires mediante mayor adaptación al frío, la salinidad y la sodicidad
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz
Una gramínea forrajera subtropical que durante décadas encontró su principal espacio en las regiones cálidas de Argentina está avanzando hacia ambientes ganaderos más fríos. Pemán Semillas trabaja con Panicum coloratum para ampliar las posibilidades de implantación de esta pastura perenne en la provincia de Buenos Aires, donde las heladas y las bajas temperaturas han limitado tradicionalmente la persistencia de muchas especies megatérmicas.
El desarrollo adquiere relevancia en un momento de precios favorables para la hacienda argentina, que está incentivando a productores ganaderos a revisar la eficiencia de sus sistemas de alimentación. La posibilidad de generar más kilos de carne a partir del pasto vuelve a colocar a la producción forrajera y a la genética de las semillas entre las decisiones estratégicas de los establecimientos.
El material comercial desarrollado por la empresa es Panicum Coloratum Nyasi, obtenido a partir de Panicum coloratum Klein. La compañía lo describe como adaptado a ambientes fríos y a suelos salinos y sódicos, características especialmente relevantes en áreas bonaerenses donde las restricciones climáticas y edáficas pueden reducir la oferta de especies forrajeras disponibles.
Una gramínea subtropical que busca superar la barrera del frío
Panicum coloratum es una gramínea perenne de origen africano incorporada desde hace décadas a los sistemas ganaderos argentinos. Su capacidad para producir forraje en ambientes restrictivos permitió su expansión principalmente por Córdoba, Santiago del Estero, Chaco, Formosa y Salta, además de otras regiones del país.
La especie ya cuenta con antecedentes productivos en la región pampeana. En el centro-sur, el INTA identifica al mijo perenne —nombre con el que también se conoce a Panicum coloratum— como una alternativa caracterizada por su rusticidad y señala que determinados materiales presentan tolerancia a heladas y sequía. En Mundo Agropecuario también se documentó el uso de Panicum coloratum como recurso para la alimentación de terneros en Argentina.
El desafío agronómico aparece cuando estas gramíneas subtropicales se desplazan hacia ambientes con inviernos más rigurosos. Las heladas frecuentes pueden afectar su persistencia, de manera que el mejoramiento y la selección de materiales adaptados constituyen una vía para ampliar su frontera productiva.
El trabajo que dio origen al material impulsado por Pemán Semillas comenzó hace más de una década en Chascomús, provincia de Buenos Aires. La selección apunta a disponer de una gramínea capaz de mantenerse bajo condiciones de temperatura, salinidad y sodicidad que restringen el desempeño de otras alternativas.
Nyasi apunta a producir forraje en ambientes restrictivos
La ficha técnica de Panicum Coloratum Nyasi indica que el material puede utilizarse en suelos arenosos a franco arenosos y tolera ambientes salinos y salino-sódicos. La empresa establece un rango orientativo de precipitaciones de entre 400 y 800 milímetros y una producción potencial de materia seca de entre 4 y 9 toneladas por hectárea, valores que dependen de las condiciones ambientales y del manejo.
El material puede destinarse a pastoreo directo, henificación o utilización como forraje diferido. La época recomendada de siembra comprende la primavera y finales del verano, con una densidad indicada de entre 7 y 10 kilogramos de semilla por hectárea.
La búsqueda de materiales capaces de mantener producción en suelos problemáticos no se limita al sector privado. En mayo de 2026, el INTA presentó otro cultivar de la misma especie, denominado Karai INTA, seleccionado por su comportamiento frente a la salinidad. Los ensayos mostraron mayor producción de biomasa aérea, hojas y macollos bajo esas condiciones, un avance abordado anteriormente al analizar la nueva pastura argentina para producir forraje en suelos salinos.
Estos desarrollos muestran el interés creciente por aprovechar la variabilidad genética de Panicum coloratum. Investigaciones del INTA y otras instituciones argentinas han estudiado germoplasma de la especie para identificar características relacionadas con tolerancia a salinidad, alcalinidad, sequía y bajas temperaturas.
La Cuenca del Salado ofrece un escenario estratégico
La provincia de Buenos Aires reúne extensas áreas dedicadas a la cría bovina donde la calidad del suelo condiciona directamente la productividad de las pasturas. La Cuenca del Salado constituye uno de los ejemplos más importantes: allí existen terrenos bajos, salinos y sódicos donde no todas las especies forrajeras logran establecerse y persistir con facilidad.
En esos ambientes, ampliar el repertorio de pasturas disponibles puede mejorar la estabilidad de la cadena forrajera. No se trata únicamente de producir una gran cantidad de biomasa, sino de conseguir que la pastura sobreviva, rebrote y mantenga una oferta aprovechable por los animales durante varios ciclos productivos.
La salinidad representa una restricción especialmente compleja porque dificulta la absorción de agua y altera procesos fisiológicos esenciales de las plantas. El desarrollo de materiales tolerantes constituye una de las herramientas disponibles para enfrentar el problema, junto con el manejo agronómico del suelo. Los mecanismos mediante los cuales las raíces responden al exceso de sales muestran por qué la adaptación genética puede resultar determinante en terrenos afectados.
La región también utiliza otras especies adaptadas a condiciones restrictivas. Lotus tenuis, por ejemplo, se encuentra ampliamente difundido en los bajos salinos de la Cuenca del Salado y ha sido estudiado por investigadores argentinos debido a los cambios que la salinidad provoca en su crecimiento y calidad nutricional. Esos trabajos permitieron conocer mejor la relación entre suelos salinos y digestibilidad de forrajes destinados al ganado.
El buen precio de la hacienda vuelve a valorizar el pasto
El desarrollo genético coincide con un contexto ganadero argentino que favorece las inversiones destinadas a aumentar la productividad. Nicolás Heinrich, gerente comercial de Pemán Semillas en la provincia de Buenos Aires, destacó la firmeza de los precios del novillo pesado y de la vaca de exportación como uno de los factores que están modificando las decisiones dentro de los establecimientos.
Con mejores valores de la hacienda, aumentar la producción de kilos por animal y fortalecer las recrías pastoriles adquiere mayor atractivo económico. El pasto continúa siendo uno de los recursos alimenticios fundamentales de la ganadería extensiva y su disponibilidad determina cuántos animales puede sostener un campo y durante cuánto tiempo.
Las pasturas forman además parte de sistemas en los que la planificación del pastoreo puede influir sobre el suelo, la vegetación y la productividad del rodeo. Experiencias desarrolladas en Argentina muestran cómo el pastoreo racional integra producción bovina y manejo de las pasturas, reforzando la importancia de considerar al forraje como parte de una estrategia integral y no únicamente como una fuente inmediata de alimento.
La genética necesita manejo para transformarse en carne
La incorporación de una variedad mejorada no garantiza por sí sola el resultado productivo. La elección del lote, las características del suelo, la calidad de la implantación, la disponibilidad de agua, el momento de utilización y la presión de pastoreo determinan cuánto del potencial genético termina convirtiéndose efectivamente en forraje aprovechable.
Heinrich remarcó que el acompañamiento técnico debe comenzar antes de la siembra, definiendo qué especie se ajusta al ambiente y al objetivo productivo del establecimiento, y continuar posteriormente con el manejo del pastoreo y el cuidado de la pastura.
La disponibilidad estacional también obliga a combinar recursos. Los establecimientos pueden utilizar pasturas perennes, verdeos de invierno, sorgos y reservas conservadas para reducir los períodos de escasez. El silaje constituye una de esas herramientas complementarias y su expansión hacia sistemas de cría y recría fue analizada recientemente al abordar cómo Argentina refuerza la alimentación ganadera con silaje de maíz.
En el caso de Panicum coloratum, la oportunidad consiste en extender hacia ambientes templados algunas de las ventajas productivas que hicieron de esta gramínea un recurso habitual en regiones más cálidas. La adaptación al frío, sumada a la tolerancia frente a determinadas condiciones de salinidad y sodicidad, puede ampliar las opciones para campos bonaerenses con restricciones donde establecer pasturas persistentes continúa siendo un desafío.
Fuentes referenciales:
Infocampo
Pemán Semillas
Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria


