Alimentación animal

Argentina refuerza la ganadería con silaje de maíz

Publicado el 26/08/2026 · REDACCION

La reserva forrajera gana espacio en tambos, sistemas de cría, recría y engorde al aportar energía, fibra y estabilidad alimentaria durante todo el año


Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz

El silaje de maíz se consolidó en Argentina como una herramienta estratégica para sostener la producción de leche y carne frente a la variabilidad climática, la volatilidad de los mercados y las fluctuaciones estacionales en la disponibilidad de pasturas. Su utilización permite conservar una reserva energética destinada a diferentes categorías del ganado bovino.

Durante las últimas tres décadas, esta práctica dejó de estar asociada principalmente con los tambos y se extendió hacia establecimientos de cría, recría, terminación de novillos, engorde a corral y sistemas agrícolas-ganaderos. El objetivo común es garantizar alimento suficiente y estable cuando los pastos y verdeos no alcanzan a cubrir las necesidades del rodeo.

El silaje aporta estabilidad a los sistemas ganaderos

La conservación del maíz permite transformar la planta completa en un alimento disponible durante varios meses. Cuando el proceso se ejecuta correctamente, el material aporta energía procedente principalmente del grano y fibra de las hojas y los tallos, componentes que deben integrarse dentro de una dieta equilibrada.

En los establecimientos lecheros puede representar una proporción importante de la ración y contribuir a mantener un suministro relativamente constante para las vacas en producción. En los planteos de carne se utiliza para sostener la recría, mejorar las ganancias de peso, acompañar la terminación y aumentar la cantidad de animales que puede alimentar una determinada superficie.

Su utilidad adquiere mayor importancia cuando una sequía, una inundación o una alteración estacional reduce la oferta de forraje fresco. La situación observada en explotaciones lecheras afectadas por pérdidas de maíz forrajero demuestra cómo la cantidad y calidad de las reservas pueden condicionar los costos y la continuidad productiva.

El balance forrajero comienza con las necesidades del rodeo

La planificación no debería partir únicamente de la superficie disponible para sembrar maíz. El primer paso consiste en estimar cuántos kilogramos de materia seca necesitarán los animales durante el periodo en que se utilizará la reserva y calcular posteriormente cuántas toneladas deberán almacenarse.

En un tambo, la estimación necesita considerar vacas en ordeño, vacas secas, vaquillonas y animales de recría. Una explotación de carne debe incorporar al cálculo las vacas de cría, las categorías de reposición, los terneros recriados y los bovinos destinados a terminación.

Este balance permite determinar la superficie que debe sembrarse, prever pérdidas durante la elaboración y el suministro, y establecer una reserva de seguridad. Sin ese cálculo, el silo puede agotarse antes de finalizar la temporada o dejar un excedente que pierda calidad por almacenamiento prolongado y manejo inadecuado.

La cantidad de alimento necesaria también depende del consumo esperado, la duración del periodo de suministro y la proporción de silaje dentro de la dieta. Por ello, la planificación debe coordinar las decisiones agrícolas con los objetivos productivos y nutricionales de cada establecimiento.

La calidad se construye antes de que llegue la picadora

El rendimiento del cultivo no determina por sí solo el valor final del alimento. La elección del híbrido, la fecha de siembra, la fertilidad del suelo, el control de malezas y enfermedades, y la disponibilidad de agua influyen en la cantidad de biomasa y grano que llegará al momento de la cosecha.

La recolección necesita realizarse dentro de un intervalo adecuado de materia seca. Un cultivo excesivamente húmedo puede generar efluentes y una fermentación deficiente, mientras que una planta demasiado seca dificulta la compactación y favorece la permanencia de aire dentro de la masa.

Las claves para conservar el valor nutritivo del maíz ensilado incluyen la evaluación directa de la planta, el procesamiento de los granos, el tamaño de picado y la regulación de la maquinaria. Estas operaciones determinan cuánto almidón y fibra podrá aprovechar posteriormente el ganado.

Una trituración insuficiente puede dejar granos enteros que atraviesen el sistema digestivo sin liberar completamente sus nutrientes. Al mismo tiempo, partículas inadecuadas o una compactación deficiente pueden comprometer la fermentación y aumentar las pérdidas del alimento almacenado.

Compactación y sellado protegen la inversión forrajera

El material picado debe colocarse en capas y compactarse para expulsar la mayor cantidad posible de aire. Después del llenado, el silo necesita quedar cubierto y sellado con rapidez para crear las condiciones sin oxígeno que permiten la fermentación láctica y la estabilización del forraje.

La entrada de aire durante el almacenamiento favorece el desarrollo de hongos y microorganismos que deterioran el alimento. También puede elevar la temperatura, reducir el valor nutricional y producir zonas que deberán descartarse antes de suministrar la ración.

Los establecimientos pueden utilizar distintas estructuras según su escala, maquinaria y sistema de alimentación. La explicación sobre los tipos de silos empleados en las explotaciones agrícolas muestra que el ensilaje de maíz suele conservarse en instalaciones planas, bolsas o estructuras capaces de mantener el material aislado del oxígeno y la humedad exterior.

La gestión continúa después de abrir la reserva. El frente debe avanzar a una velocidad compatible con el consumo diario para evitar que el material expuesto permanezca demasiado tiempo en contacto con el aire. La extracción necesita dejar una superficie uniforme y reducir el desprendimiento innecesario de forraje.

Una herramienta que debe integrarse con toda la dieta

El silaje de maíz no constituye por sí solo una ración completa para todas las categorías. Su composición debe analizarse y combinarse con pasturas, henos, concentrados, proteínas, minerales u otros ingredientes según los requerimientos de mantenimiento, crecimiento, gestación o producción de leche.

El análisis de materia seca resulta especialmente importante porque el contenido de humedad modifica la cantidad real de nutrientes suministrada. Dos cargas con el mismo peso fresco pueden aportar cantidades diferentes de alimento efectivo si presentan distinta concentración de materia seca.

La reserva también permite separar parcialmente la alimentación animal de las variaciones inmediatas del clima y del mercado. Sin embargo, su beneficio económico depende de comparar el costo total del cultivo, la cosecha, el transporte, la compactación, el almacenamiento y las pérdidas con la producción adicional obtenida.

Para los sistemas ganaderos argentinos, el mayor valor del silaje reside en su capacidad para conectar la planificación agrícola con las necesidades del rodeo. Definir primero la demanda, producir la cantidad requerida y proteger la calidad durante todo el proceso permite utilizar el maíz como una reserva estratégica y no solamente como un volumen acumulado.

Fuente referencial:
Agrofy News



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