Una investigación publicada el 7 de octubre de 2026 en Scientific Reports encontró que un sistema de pastoreo bovino de corta duración, seguido de períodos prolongados de recuperación, casi duplicó la producción neta de carbono del ecosistema frente a una pradera sin pastoreo en Dakota del Norte, Estados Unidos.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz
El manejo del ganado bovino mediante períodos breves de pastoreo y descansos prolongados puede favorecer la recuperación de las praderas y mejorar su capacidad para incorporar carbono, según una investigación realizada en Dakota del Norte, Estados Unidos. El estudio, publicado el 7 de octubre de 2026 en la revista científica Scientific Reports, encontró que un sistema de pastoreo rotacional aumentó la producción neta de carbono del ecosistema y mejoró la eficiencia con la que la vegetación utilizó el agua.
La investigación fue desarrollada por Rebecca Lee Phillips, Xinhua Zhou y Haku Bo, quienes analizaron durante dos ciclos anuales completos el comportamiento de una explotación ganadera situada en las praderas del norte estadounidense.
El sistema evaluado utilizó un grupo de 150 parejas de vacas y terneros, con ocupaciones de aproximadamente dos días por potrero y períodos posteriores de descanso y recuperación vegetal.
Los investigadores compararon las respuestas del pastizal sometido a ese manejo con las de una superficie de referencia sin pastoreo.
Los resultados mostraron que la producción neta de carbono del ecosistema prácticamente se duplicó en ambos ciclos anuales bajo el sistema manejado. Además, el balance de carbono fue superior al registrado en el área de comparación.
El trabajo aporta mediciones de campo sobre una cuestión importante para la ganadería extensiva: cómo influye la distribución temporal del pastoreo en el funcionamiento de la vegetación, el uso del agua y el balance de carbono de los pastizales.
El experimento se realizó en una explotación ganadera activa
Una característica relevante de la investigación es que las mediciones se desarrollaron en un rancho ganadero en funcionamiento, y no exclusivamente en parcelas experimentales aisladas de la actividad productiva.
Los investigadores estudiaron un sistema de pastoreo rotacional de alta intensidad y corta duración, organizado mediante diferentes potreros.
El manejo contemplaba aproximadamente 150 parejas de vacas y terneros y una permanencia de dos días en cada área utilizada.
El objetivo de aprovechamiento de la vegetación era cercano al 50 %, seguido de un período prolongado de recuperación.
Este diseño busca concentrar temporalmente la actividad del ganado en una superficie y permitir posteriormente que las plantas recuperen su crecimiento.
La recuperación resulta importante porque el consumo de hojas modifica la capacidad de las plantas para realizar la fotosíntesis.
Cuando el ganado abandona un potrero, la vegetación puede volver a desarrollar superficie foliar, siempre que las condiciones ambientales y el estado de las plantas permitan el rebrote.
Los investigadores utilizaron mediciones continuas de intercambio de carbono y agua, complementadas con observaciones de campo, para determinar cómo respondía el ecosistema a esa secuencia de utilización y descanso.
La producción neta de carbono casi se duplicó
El resultado principal fue un aumento considerable de la producción neta del ecosistema, conocida por sus siglas en inglés como NEP.
Este indicador representa la diferencia entre el carbono incorporado por la vegetación mediante la fotosíntesis y el carbono liberado por los procesos respiratorios del ecosistema.
Un valor positivo indica que, durante el período evaluado, el ecosistema incorporó más carbono del que liberó mediante esos procesos.
En los dos ciclos anuales estudiados, el pastoreo manejado prácticamente duplicó la NEP respecto de la superficie sin pastoreo.
La respuesta indica que la presencia del ganado, bajo las condiciones de manejo evaluadas, no impidió que el pastizal mantuviera una capacidad elevada de incorporación de carbono.
Por el contrario, la secuencia de utilización y recuperación estuvo asociada con una mayor producción neta.
Sin embargo, el resultado no significa que cualquier modalidad de pastoreo rotacional produzca automáticamente el mismo efecto.
La respuesta depende de factores como la duración de la ocupación, la intensidad de utilización, el tiempo de descanso, las precipitaciones y las características de la vegetación.
El balance de carbono mejoró durante los dos años
Los investigadores también calcularon el balance anual de carbono del sistema.
Este análisis incorporó las mediciones de intercambio de carbono y las estimaciones del carbono retirado por los animales durante el consumo de forraje.
En el primer ciclo anual, el pastizal manejado registró una acumulación neta de 1,01 megagramos de carbono por hectárea y año.
En el segundo ciclo, el valor fue de 0,37 megagramos de carbono por hectárea y año.
Un megagramo equivale a una tonelada métrica, por lo que las cifras corresponden a 1,01 y 0,37 toneladas de carbono por hectárea y año, respectivamente.
Según el estudio, estos balances fueron un 53 % y un 23 % superiores a los de la superficie sin pastoreo durante el primer y segundo ciclo.
La diferencia entre ambos años muestra que la respuesta del ecosistema no permaneció constante.
Las condiciones ambientales y la evolución de la vegetación pueden modificar la magnitud del carbono incorporado de una temporada a otra.
Por ello, los investigadores destacan la importancia de estudiar varios ciclos y no basar las conclusiones exclusivamente en una campaña favorable.
La recuperación del pasto fue decisiva después del consumo
El seguimiento permitió observar que el pastoreo produjo inicialmente una disminución del índice de área foliar y de la incorporación diaria de carbono.
El índice de área foliar expresa la cantidad de superficie de hojas disponible en relación con la superficie del terreno.
Cuando los animales consumen parte de la vegetación, disminuye temporalmente la cantidad de hojas capaces de captar energía solar.
Esto puede reducir la fotosíntesis durante los días inmediatamente posteriores al pastoreo.
Sin embargo, el estudio encontró que el ecosistema recuperó progresivamente su actividad durante el otoño.
En esa etapa se observaron niveles elevados de incorporación de carbono y una mejora de la eficiencia en el aprovechamiento de los recursos.
Los autores relacionan esta respuesta con el crecimiento compensatorio de las plantas después de la defoliación.
El proceso no implica que eliminar hojas sea siempre beneficioso. Un consumo excesivo o descansos insuficientes pueden limitar la recuperación de la vegetación.
La característica central del sistema estudiado fue combinar una utilización relativamente intensa y breve con tiempo suficiente para que las plantas volvieran a crecer.
El otoño permitió observar una recuperación sostenida
Las mediciones mostraron que las diferencias entre los pastizales manejados y las superficies de referencia cambiaron a lo largo de la temporada.
Después del pastoreo, las plantas necesitaron tiempo para recuperar su superficie foliar y restablecer su actividad fotosintética.
Durante el otoño, el pastizal manejado presentó una incorporación de carbono elevada respecto de la fase inmediatamente posterior al consumo.
Los investigadores observaron que las diferencias en indicadores como el índice de área foliar y el intercambio neto de carbono tendieron a converger hacia comienzos de octubre en el primer ciclo y principios de noviembre en el segundo.
Estos momentos coincidieron con la finalización de la fase de crecimiento compensatorio y recuperación de la vegetación.
El resultado muestra que la respuesta del pastizal debe interpretarse a lo largo de toda la temporada.
Una medición realizada inmediatamente después de la salida del ganado podría mostrar una disminución de la actividad vegetal.
Sin embargo, el balance anual puede ser diferente cuando se incorpora la recuperación posterior.
Esta distinción es importante para evaluar prácticas ganaderas que modifican la vegetación de manera temporal.
La eficiencia en el uso del agua también aumentó
Además del carbono, los investigadores analizaron el intercambio de agua entre el pastizal y la atmósfera.
La eficiencia en el uso del agua permite relacionar la actividad productiva de la vegetación con la cantidad de agua utilizada durante determinados procesos.
En las praderas semiáridas, esta relación es especialmente importante porque la disponibilidad hídrica puede limitar el crecimiento del forraje.
El estudio encontró mejoras de eficiencia bajo el sistema de pastoreo manejado.
Los resultados sugieren que una recuperación vegetal adecuada puede favorecer un uso más eficiente del agua disponible durante determinadas etapas de crecimiento.
Sin embargo, los autores no establecen que el sistema elimine el riesgo de sequía ni que permita mantener la misma producción forrajera durante cualquier período seco.
La disponibilidad de precipitaciones sigue siendo un factor fundamental.
La investigación tampoco proporciona una recomendación universal de carga ganadera para todas las praderas.
El manejo debe adaptarse a la capacidad de recuperación de cada terreno y a las condiciones de la temporada.
Los descansos prolongados forman parte del resultado
El sistema estudiado no consistió simplemente en trasladar animales de un potrero a otro.
La estrategia incluyó una utilización limitada en el tiempo y períodos prolongados de descanso.
Esta combinación es importante porque las plantas necesitan recuperar hojas y reservas después del consumo.
En una explotación donde el ganado regresa demasiado pronto a la misma superficie, el rebrote puede ser consumido antes de completar su recuperación.
El resultado puede ser diferente cuando las plantas disponen de suficiente tiempo para desarrollar nueva biomasa.
Investigaciones anteriores también han identificado beneficios asociados con esta modalidad de manejo.
Los resultados canadienses y estadounidenses corresponden a investigaciones diferentes, pero coinciden en señalar que la duración de los descansos es una variable importante.
La intensidad de ocupación, por sí sola, no permite determinar si una práctica será favorable para el pastizal.
El carbono del ecosistema no equivale automáticamente al carbono del suelo
Una precaución importante al interpretar los resultados consiste en distinguir los diferentes indicadores utilizados en los estudios de carbono.
La producción neta del ecosistema mide un balance de intercambio entre la vegetación, el suelo y la atmósfera.
El almacenamiento de carbono orgánico del suelo, en cambio, se refiere a la cantidad de carbono contenida en la materia orgánica presente en el terreno.
Ambas variables están relacionadas, pero no son idénticas.
Un aumento de la producción neta del ecosistema durante un período no demuestra por sí solo que toda esa cantidad de carbono haya quedado almacenada permanentemente en el suelo.
Los investigadores de Dakota del Norte calcularon un balance anual que también consideró la extracción de carbono mediante el pastoreo.
Sin embargo, el estudio no permite afirmar que las mismas cantidades se conservarán indefinidamente.
El carbono incorporado puede seguir diferentes trayectorias dentro del ecosistema y una parte puede volver posteriormente a la atmósfera.
Por ello, evaluar la permanencia de los cambios requiere observaciones prolongadas y mediciones específicas de las reservas de carbono.
La investigación aporta datos sobre un sistema ganadero real
El estudio responde a una limitación frecuente de las investigaciones sobre pastoreo: la dificultad de medir continuamente el intercambio de carbono y agua en explotaciones donde los animales se desplazan y consumen vegetación.
Para abordar este problema, los autores utilizaron la técnica de covarianza de remolinos, conocida como eddy covariance.
Este procedimiento permite medir intercambios de gases y energía entre una superficie y la atmósfera.
La información se complementó con mediciones de campo relacionadas con el carbono retirado por los animales.
De esta manera, los investigadores pudieron analizar tanto la respuesta inmediata de la vegetación como el balance acumulado durante dos años.
La investigación aporta evidencia obtenida en condiciones productivas reales, aunque su alcance permanece limitado al sistema y al período examinados.
Los resultados no deben extrapolarse automáticamente a explotaciones tropicales, pastizales de alta montaña o regiones con condiciones de lluvia muy diferentes.
El manejo del pastoreo también influye en la oferta de forraje
Para un productor ganadero, el estado de la vegetación determina la cantidad de alimento disponible para los animales.
La distribución de los períodos de consumo y recuperación puede modificar el crecimiento del pasto durante la temporada.
Sin embargo, una mayor incorporación de carbono del ecosistema no significa necesariamente que aumente en la misma proporción la cantidad de forraje aprovechable por el ganado.
Para establecer esa relación se necesitan mediciones específicas de producción de biomasa, calidad nutricional y consumo animal.
El estudio de Dakota del Norte se concentró principalmente en los flujos de carbono y agua.
No presenta una demostración de que el sistema aumentara en determinada proporción la producción de carne o la ganancia diaria de peso de los terneros.
En otras regiones, los investigadores han examinado directamente la relación entre manejo ganadero y disponibilidad de pastos.
Ese caso constituye una experiencia productiva diferente y no permite atribuir sus resultados exclusivamente a la rotación de los animales.
Ambos antecedentes muestran la necesidad de estudiar el manejo de las praderas considerando simultáneamente vegetación, agua y actividad ganadera.
La intensidad del pastoreo debe ajustarse a cada explotación
La investigación utilizó un sistema de alta intensidad temporal, pero ello no significa que una mayor concentración de animales sea siempre conveniente.
La respuesta del pastizal depende de la relación entre el número de animales, la superficie disponible y la duración del aprovechamiento.
También influyen las especies vegetales presentes y su capacidad de recuperación.
Un terreno con crecimiento rápido puede responder de manera distinta a otro donde las precipitaciones son escasas y el rebrote necesita más tiempo.
Por ello, los períodos de descanso no deberían interpretarse como intervalos rígidos que funcionan de la misma manera en todas las estaciones.
El sistema estudiado contemplaba un objetivo de utilización del 50 %, pero esta cifra no constituye una recomendación universal.
En otras condiciones, el porcentaje adecuado puede ser diferente.
La investigación muestra una respuesta favorable bajo un conjunto concreto de prácticas, sin demostrar que todas las explotaciones deban utilizar exactamente la misma carga o calendario.
La captura de carbono no elimina las emisiones del ganado
Otro aspecto importante es que los resultados sobre el carbono del pastizal no equivalen a un balance climático completo de la producción bovina.
Los rumiantes producen metano durante la fermentación de los alimentos en su aparato digestivo.
La actividad ganadera también puede generar emisiones relacionadas con el estiércol, el transporte y otros procesos productivos.
El estudio de Dakota del Norte evaluó el intercambio de carbono del ecosistema y el carbono retirado mediante el pastoreo.
Sus resultados no permiten concluir que la explotación haya alcanzado emisiones netas de gases de efecto invernadero iguales a cero.
Para establecer esa afirmación sería necesario incorporar todas las fuentes relevantes de emisiones y sus equivalencias climáticas.
La distinción es importante porque una mejora en el balance de carbono de la vegetación puede coexistir con emisiones ganaderas que deben evaluarse por separado.
En Estados Unidos, explotaciones de Illinois han combinado rotación del ganado, aprovechamiento del estiércol y manejo de pasturas para mejorar el funcionamiento de sus sistemas productivos.
Estas experiencias muestran que el balance ambiental de la ganadería depende de varias prácticas y no de una sola intervención.
Los resultados requieren comprobarse en otras regiones
Los autores consideran que las relaciones observadas podrían aportar información útil para mejorar los modelos de carbono y agua de las praderas.
Sin embargo, señalan la necesidad de determinar si los resultados se mantienen durante más ciclos y en otras regiones semiáridas.
La variabilidad climática puede modificar tanto el crecimiento vegetal como la cantidad de forraje disponible.
Las diferencias entre los dos años del estudio muestran que incluso una misma explotación puede presentar balances de carbono distintos entre temporadas.
También será necesario examinar cómo responden los sistemas cuando cambian las precipitaciones, la duración de los descansos o la intensidad de aprovechamiento.
Las investigaciones futuras podrían ayudar a identificar en qué condiciones el pastoreo manejado proporciona beneficios consistentes y cuándo esos beneficios disminuyen.
Esta información sería relevante para productores, asesores ganaderos y responsables de programas de manejo de pastizales.
El estudio ofrece una referencia para el manejo de praderas
La investigación publicada en Scientific Reports proporciona evidencia de que el pastoreo bovino de corta duración, combinado con descansos prolongados, puede modificar favorablemente el balance de carbono y la eficiencia del uso del agua en determinadas praderas.
Durante dos años, el sistema manejado prácticamente duplicó la producción neta de carbono del ecosistema respecto de una superficie sin pastoreo.
El balance anual alcanzó 1,01 toneladas de carbono por hectárea en el primer ciclo y 0,37 toneladas en el segundo, con ventajas del 53 % y el 23 % frente al área de comparación.
Los resultados también mostraron que el consumo inicial de vegetación redujo temporalmente la superficie foliar, pero fue seguido de una recuperación progresiva durante el otoño.
La principal aportación del estudio es demostrar que el efecto del ganado sobre una pradera depende de cómo se organiza el aprovechamiento y del tiempo que recibe la vegetación para recuperarse.
Para las explotaciones ganaderas, estos resultados refuerzan la importancia de evaluar conjuntamente la presión de pastoreo, el descanso de los potreros y la respuesta de las plantas.
Los investigadores advierten, no obstante, que serán necesarios estudios adicionales para comprobar la permanencia de los beneficios y su aplicación en otros ambientes productivos.


