El sector porcino español genera más de 60 millones de metros cúbicos de purines al año, un residuo ganadero que puede transformarse mediante digestión anaerobia en gas renovable y abono orgánico.
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz
El sector porcino español genera cada año más de 60 millones de metros cúbicos de purines. Ese volumen plantea un reto ambiental para las zonas ganaderas, pero también abre una vía de valorización: convertir un residuo complejo en biometano y fertilizante orgánico.
Ence trabaja en esa línea mediante plantas de digestión anaerobia, un proceso biológico que descompone la materia orgánica en ausencia de oxígeno. De esa transformación se obtiene biogás, que puede depurarse hasta convertirse en biometano, y digestato, una base para producir fertilizantes orgánicos.
Un residuo ganadero con doble valor
Los purines proceden de la mezcla de deyecciones líquidas y sólidas de las explotaciones porcinas, junto con agua de limpieza y otros restos orgánicos. Si se gestionan mal, pueden generar olores, emisiones de metano y problemas por exceso de nitrógeno o fósforo en suelos y aguas.
La valorización permite cambiar el enfoque: de un residuo problemático a una materia prima para energía renovable y nutrientes agrícolas. Este planteamiento ya se ha analizado en estudios sobre purines de cerdo como fertilizante, donde la gestión agronómica controlada aparece como factor clave para reducir impactos.
Cómo funciona la digestión anaerobia
En las plantas de digestión anaerobia, los purines y otros materiales orgánicos entran en biodigestores cerrados. Allí, bacterias especializadas degradan la materia orgánica sin presencia de oxígeno y producen biogás.
Ese biogás contiene principalmente metano y dióxido de carbono. Para obtener biometano, el gas debe someterse a un proceso de limpieza y enriquecimiento que eleva la concentración de metano hasta niveles compatibles con usos similares a los del gas natural.
El mismo proceso genera digestato, una fracción rica en nutrientes. Tras tratamientos posteriores, puede transformarse en fertilizante orgánico, cerrando parte del ciclo de nutrientes entre ganadería, energía y agricultura.
Biometano para descarbonizar la ganadería
Ence Biogas, filial de Ence dedicada a estos proyectos, plantea la transformación de biomasa agrícola y ganadera en biogás para su inyección en la red, junto con la producción de biofertilizantes orgánicos a partir del digestato.
El interés del biometano para el sector agroganadero está en capturar metano que, de otro modo, podría liberarse durante el almacenamiento de residuos. También permite sustituir parte del gas fósil por una fuente renovable procedente de biomasa local.
La digestión anaerobia de estiércol es una de las vías más utilizadas para producir energía en explotaciones rurales, como se explica en contenidos sobre bioenergía en granjas con subproductos ganaderos.
Fertilizante orgánico y economía circular
La otra salida del proceso es el fertilizante orgánico. El digestato conserva nutrientes como nitrógeno, fósforo y potasio, por lo que puede reincorporarse al sistema agrícola bajo criterios técnicos y normativos.
Este punto es especialmente importante en un contexto de altos costes de fertilizantes minerales y búsqueda de alternativas locales. En España, el debate sobre el aprovechamiento de purines se ha reactivado como parte de una estrategia para recuperar nutrientes y reducir dependencia de insumos externos.
La recuperación de nutrientes también se relaciona con innovaciones descritas en artículos sobre sistemas para convertir purines en biofertilizantes, donde la economía circular aparece como eje de la gestión ganadera.
El reto ambiental de las zonas porcinas
España es una potencia porcina europea y concentra grandes volúmenes de purines en territorios concretos. Esa concentración puede dificultar la aplicación directa al campo cuando la carga de nutrientes supera la capacidad agronómica disponible.
En esas zonas, el tratamiento previo ayuda a reducir presión ambiental, mejorar el manejo del nitrógeno, limitar olores y facilitar la trazabilidad de los nutrientes. No obstante, la digestión anaerobia por sí sola no elimina automáticamente todos los problemas asociados al nitrógeno, por lo que pueden ser necesarios tratamientos complementarios.
El manejo del estiércol y de los purines está vinculado con emisiones de gases de efecto invernadero, como se observa en investigaciones sobre gestión del estiércol ganadero y neutralidad de carbono.
Una oportunidad para granjas y territorios rurales
El modelo de plantas de biometano puede generar nuevas cadenas de valor en torno a explotaciones ganaderas, gestores de residuos, agricultores y redes energéticas. Para las granjas, ofrece una alternativa para manejar purines con mayor control ambiental.
También puede impulsar empleo rural, inversión industrial y aprovechamiento local de residuos. La clave está en que los proyectos se diseñen con controles ambientales, gestión adecuada del digestato y participación de los territorios afectados.
Experiencias europeas muestran que la metanización puede integrarse en explotaciones ganaderas. En Francia, por ejemplo, varias granjas han utilizado purines y estiércol para producir energía y aprovechar calor en sus propias actividades agrícolas, como se relató en el caso de granjeros metanizadores.
Del purín al recurso agrícola
La transformación de purines en biometano y fertilizante resume uno de los grandes cambios de la ganadería actual: tratar los residuos no solo como un coste, sino como una fuente de energía, nutrientes y reducción de emisiones.
Ence sitúa esta estrategia dentro de la economía circular aplicada al campo. El desafío será escalar las plantas, asegurar la logística de suministro, controlar los impactos locales y garantizar que el fertilizante resultante se use bajo criterios agronómicos seguros.
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