
Lluís Miret Pastor, Universitat Politècnica de València and Paloma Herrera-Racionero, Universitat Politècnica de València
Pasear por el muelle y fotografiar las barquitas nos gusta y nos proporciona una indescriptible sensación de autenticidad. Pero ¿cuánto tiempo más se podrá disfrutar de las barcas y de los pescadores en los puertos españoles?
España tiene un problema con la pesca o, mejor dicho, muchos problemas. A menudo se habla de los impactos medioambientales y se responsabiliza a los pescadores de buena parte de los males que sufre el mar. En otras ocasiones, se pone el foco en los elevados precios del pescado y en los cambios de hábitos de consumo que, progresivamente, alejan a sus consumidores de la dieta mediterránea. Ahora bien, de lo que se habla muy poco es de los pescadores.
La pesca a pequeña escala está muriendo
Podemos discutir la velocidad, las causas o, simplemente, no hacer nada. Pero no hace falta ningún estudio estadístico para darse cuenta de que la flota pesquera española se ha reducido de manera drástica y continua desde, al menos, los años ochenta.
No es sencillo encontrar datos históricos, pero algunas cifras son muy reveladoras: entre 1990 y 2023 el número de barcos pesqueros en España ha caído un 57 %, y solo entre 2008 y 2021 el número de pescadores ha disminuido un 31 %.
En la actualidad, en España hay unos 31 000 pescadores, de los cuales unos 24 000 lo son a tiempo completo. Algunas estimaciones indican que hace pocas décadas podían superar los 100 000.
Hacerse a la mar con más de 45 años
El análisis de la edad confirma esta tendencia: la edad media de los pescadores es de 45 años, muy elevada, y solo la incorporación de emigrantes ha contribuido a paliar parcialmente el problema.
Aun así, la pesca tiene un problema muy grave de relevo generacional. No hay jóvenes que quieran hacerse a la mar. Las causas son múltiples: las duras condiciones laborales, las dificultades de acceso a la profesión, su imagen social, la irregularidad en los ingresos. Todo esto, además, en un contexto de crisis general del sector primario.
Este problema no es exclusivo del Mediterráneo ni de España. Se trata de una situación compartida, como mínimo, con el resto de la Unión Europea. Las cifras en el resto de países son similares o incluso peores. De hecho, solo tres países en la UE tienen más de 10 000 pescadores a tiempo completo (España, Italia y Grecia).
Los problemas del mar, más allá de la sobreexplotación pesquera
Alguien podría pensar que muerta la pesca, muerta la sobreexplotación pesquera y que, a partir de ahí, las especies marinas se recuperarán y el mar volverá a estar vivo, precioso y lleno de peces.
Desgraciadamente, la realidad no es tan sencilla. Los problemas del mar no provienen solo de la pesca: también hay vertidos, residuos, plásticos, acidificación, calentamiento, De hecho, en este contexto, es posible que pronto oigamos hablar de especies invasoras que entran desde el mar Rojo por el canal de Suez y se adaptan a un mar que ya no es tan frío.
Paralelamente, la creciente popularidad del concepto de economía azul (sostenible y centrada en la gestión, uso y conservación de los recursos marinos y costeros) es un indicador claro de que la atención de la economía y de la geopolítica está puesta en la explotación de los mares y océanos. Cada vez habrá más intereses y más actores involucrados –energía eólica marina, transporte comercial, minería submarina, turismo, acuicultura– y, en consecuencia, una presión creciente sobre los recursos marinos.
Una política pesquera rigurosa y con criterio
La pesca tiene una responsabilidad medioambiental importante, especialmente en lo que respecta a las poblaciones de peces. En cualquier caso, en la Unión Europea, las medidas de control sobre las pesquerías han sido muy estrictas durante las últimas décadas. Se pueden discutir los resultados obtenidos –que varían según las especies y las regiones–, pero hay consenso sobre la necesidad de una política pesquera rigurosa y basada en criterios científicos.
De hecho, allí donde se aplica con coherencia, suele haber resultados. Son muchas y variadas las medidas aplicadas a nivel europeo: establecimiento de cuotas y límites de captura, planes plurianuales de gestión, limitación de días de actividad, prohibición de los descartes, aumento del control y la supervisión, o la creación de áreas marinas protegidas.
No obstante, muchos pescadores se sienten como los grandes damnificados de estas políticas, sometidos a una avalancha de restricciones, requisitos burocráticos y a una persistente sensación de señalamiento.
Mientras la política pesquera europea continúe midiendo el éxito exclusivamente en términos de biomasa y cuotas, sin integrar la dimensión social y cultural del sector, el declive continuará.
¿Quién pesca ahora y dónde?
A menudo, desde el propio sector se señala la Política Pesquera Común como una de las principales responsables de la caída sostenida de la pesca en la Unión Europea desde los años ochenta.
De hecho, a escala mundial no se ha producido una reducción similar: globalmente se pesca una cantidad comparable, lo que ha cambiado es quién pesca. De hecho, cabe preguntarse por los efectos globales que tiene la pesca europea, cuando hoy los barcos europeos representan menos del 2 % de los barcos globales. Europa solo es capaz de autoabastecerse con productos del mar en un 38 % y, solo entre 2013 y 2022, el déficit comercial en productos del mar creció un 56 %. Con estos datos, resulta inevitable preguntarse si el rumbo actual tiene mucho sentido.
Para concluir
Está muy bien –y es necesario– tener altos niveles de exigencia en términos medioambientales y de seguridad, pero, sobre todo en el medio marino, los problemas medioambientales son, por definición, globales.
Se está desmantelando la pesca europea. Quizás en un futuro no demasiado lejano no exista en Europa la pesca a pequeña escala y dependa de terceros países para seguir comiendo pescado. Esto implicará no tener ninguna capacidad de influencia sobre cómo se pesca ni con qué criterios. Y, de paso, se corre el riesgo de perder una parte significativa de la identidad y la cultura europeas.
Lluís Miret Pastor, Catedrático de Economia Aplicada, Universitat Politècnica de València and Paloma Herrera-Racionero, Profesora Titular de Universidad, Sociología, Universitat Politècnica de València
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.
