Agricultura

Argentina detecta una nueva podredumbre bacteriana en peras

Publicado el 20/08/2026 · REDACCION

El INTA Alto Valle identificó a Rahnella aceris en frutos conservados en frío; los especialistas también investigan síntomas en manzanas y solicitan reforzar la vigilancia en empaques


Redactor: Valentina Ríos
Editor: Karem Díaz S.

Investigadores del INTA Alto Valle, en la provincia argentina de Río Negro, identificaron a la bacteria Rahnella aceris como causante de una podredumbre poscosecha en peras almacenadas en frío. El hallazgo constituye el primer reporte de este microorganismo asociado con la enfermedad en ese cultivo y abre una nueva línea de vigilancia para la fruticultura regional.

Los síntomas fueron observados durante las temporadas de poscosecha de 2024 y 2025 en peras D’Anjou procedentes de seis montes frutales del Alto Valle. La alteración se manifiesta mediante lesiones marrones, blandas y circulares que avanzan hacia la pulpa, acompañadas por halos translúcidos y una depresión en la superficie afectada.

El equipo también registró cuadros compatibles en manzanas, aunque el informe científico disponible confirma específicamente la capacidad de la bacteria para provocar podredumbre en peras. Los especialistas continúan estudiando su relación con otros frutos de pepita y las condiciones que favorecen la aparición de los síntomas durante el almacenamiento.

La enfermedad aparece durante la conservación en frío

Uno de los principales desafíos es que la fruta puede ingresar aparentemente sana en las cámaras frigoríficas y desarrollar la podredumbre después de un período prolongado de conservación. La aparición tardía dificulta el reconocimiento del problema durante la cosecha y puede ocasionar descartes o rechazos cuando el producto ya fue clasificado, embalado o enviado a destino.

La detección resulta especialmente relevante para una región donde la producción de peras y manzanas abastece tanto al mercado interno como a la exportación. La fruticultura del Alto Valle de Río Negro depende de una cadena que integra chacras, establecimientos de empaque, cámaras de frío, transporte y controles de calidad.

Hasta ahora, buena parte del manejo sanitario durante la poscosecha se concentraba en hongos y desórdenes fisiológicos. La identificación de un agente bacteriano obliga a diferenciar las lesiones y evita atribuir automáticamente toda podredumbre a los patógenos que aparecen con mayor frecuencia.

Esta distinción es importante porque un fungicida destinado a controlar hongos no actúa necesariamente sobre una enfermedad bacteriana. El INTA todavía investiga el comportamiento de Rahnella aceris y no difundió un tratamiento específico para las peras afectadas, por lo que no corresponde trasladar recomendaciones diseñadas para otras enfermedades.

Las pruebas confirmaron la capacidad de causar podredumbre

Los investigadores aislaron bacterias a partir de tejidos sintomáticos y las inocularon en frutos sanos. Los microorganismos reprodujeron la podredumbre, un paso necesario para comprobar que su presencia no era accidental y que estaban vinculados directamente con las lesiones observadas.

Las pruebas de patogenicidad confirmaron susceptibilidad en las variedades de pera D’Anjou, Packham’s Triumph, Williams y Abate Fetel. Estos ensayos demostraron que el problema no se restringe necesariamente al cultivar donde se realizaron las primeras observaciones.

Para determinar la identidad del microorganismo, el equipo secuenció el genoma completo de una cepa representativa mediante tecnología Oxford Nanopore. La comparación genética permitió clasificarla como Rahnella aceris, una especie que no había sido reportada anteriormente como causante de podredumbre poscosecha en peras.

La identificación genómica reduce el riesgo de confundir el agente con otras bacterias próximas. El uso de herramientas moleculares también permite conservar información de referencia para comparar futuros aislamientos y estudiar si los casos detectados comparten el mismo origen o presentan diferencias.

Empaques y laboratorios cumplen una función decisiva

La detección fue posible por la comunicación entre técnicos, responsables de calidad, establecimientos de empaque y el área de fitopatología del INTA Alto Valle. El organismo emitió información fitosanitaria para que el sector reconozca la sintomatología y comunique nuevos casos que puedan aportar datos epidemiológicos.

La vigilancia no debe limitarse a comprobar si existe una mancha marrón. El diagnóstico requiere considerar la forma de la lesión, su consistencia, el momento en que apareció y los resultados del análisis de laboratorio. Diferentes microorganismos y alteraciones fisiológicas pueden generar signos visualmente parecidos.

El desafío de identificar correctamente las podredumbres también aparece en otros sectores frutícolas. La elaboración de herramientas para distinguir fisiopatías y enfermedades poscosecha responde precisamente a la necesidad de evitar diagnósticos basados únicamente en la apariencia externa.

Los empaques pueden contribuir registrando la procedencia de los lotes, cultivar, fecha de cosecha, condiciones de almacenamiento y momento de aparición de los síntomas. Esta trazabilidad permite buscar patrones sin asumir que todos los casos tienen una causa común.

La sanidad poscosecha protege el valor comercial de la fruta

Las pérdidas producidas durante la conservación reducen el volumen comercializable después de que el productor ya asumió los costos de cultivo, cosecha, selección y refrigeración. También pueden afectar la calidad de los lotes destinados a mercados que requieren largos períodos de almacenamiento y transporte.

El problema se integra en una agenda sanitaria más amplia para manzanos y perales. Argentina también desarrolla herramientas biológicas contra la carpocapsa, una plaga que daña internamente los frutos y compromete su comercialización. No obstante, se trata de amenazas diferentes que requieren diagnósticos y estrategias particulares.

Las enfermedades poscosecha continúan siendo un obstáculo para la sostenibilidad de las cadenas hortofrutícolas. Investigaciones sobre resistencia a la podredumbre durante el almacenamiento muestran que la protección del fruto depende tanto de sus características biológicas como del patógeno y de las condiciones de conservación.

En el caso de Rahnella aceris, todavía deben aclararse aspectos como las posibles vías de ingreso al fruto, su distribución geográfica, el momento de la infección y los factores que desencadenan los síntomas durante la guarda. También será necesario establecer si los registros en manzanas corresponden al mismo cuadro confirmado experimentalmente en peras.

El INTA remarcó la importancia de comunicar los hallazgos y ampliar la recopilación de muestras. La evidencia disponible permite confirmar una nueva asociación entre la bacteria y la podredumbre poscosecha de pera, pero no justifica afirmar que la enfermedad está extendida por toda la región ni recomendar controles sin validación específica.

Fuentes referenciales:
INTA Informa
Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria



Mundo Agropecuario
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.