Un estudio de la Universidad de Miami plantea adaptar la gestión, crear redes financieras independientes y evaluar riesgos climáticos para estabilizar la producción nacional de alimentos marinos
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Investigadores de la Universidad de Miami propusieron una estrategia para fortalecer la pesca y la producción de alimentos marinos de Estados Unidos frente a huracanes, olas de calor oceánicas y proliferaciones de algas nocivas. El estudio sostiene que ampliar el suministro nacional dependerá no solo de capturar o cultivar más productos, sino también de reducir las interrupciones que afectan a pescadores, puertos, plantas procesadoras y cadenas de distribución.
El trabajo, publicado el 6 de julio de 2026 en la revista científica Fish and Fisheries, utiliza las pesquerías del golfo de México como caso de estudio. Los autores analizaron cómo los huracanes alteran una de las regiones pesqueras más productivas del país y trasladaron esas lecciones a una propuesta aplicable en otras zonas costeras.
La investigación fue realizada por Juan Carlos Villaseñor-Derbez y Amelia Willett Burfoot, de la Escuela Rosenstiel de Ciencias Marinas, Atmosféricas y de la Tierra de la Universidad de Miami, junto con Renato Molina, de la Universidad Estatal de los Apalaches. Su planteamiento coincide con las nuevas acciones de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) para aumentar la producción nacional y recuperar competitividad.
Producir con regularidad importa tanto como aumentar las capturas
Los investigadores presentan la resiliencia climática como una herramienta económica. Una pesquería competitiva, explican, necesita mantener un suministro relativamente estable y recuperarse con rapidez después de una perturbación, además de conservar las poblaciones explotadas dentro de límites sostenibles.
Un huracán puede reducir la disponibilidad de determinadas especies, dañar hábitats, inutilizar embarcaciones y cerrar temporalmente puertos. Sus efectos también alcanzan las fábricas de hielo, instalaciones frigoríficas, procesadores, transportistas y mercados. Aunque las poblaciones marinas no sufran una pérdida permanente, el deterioro de esos eslabones puede retrasar durante meses la recuperación comercial.
Esta visión amplía el enfoque habitual sobre el impacto climático en la pesca. El problema no se limita al desplazamiento de las especies por el calentamiento del agua: también incluye la capacidad del sistema productivo para desembarcar, conservar, procesar y distribuir los alimentos después de un fenómeno extremo.
La vulnerabilidad del sector ya ha sido examinada desde una perspectiva mundial. Un análisis publicado por Mundo Agropecuario advirtió que la pesca y la acuicultura están expuestas al calentamiento, la acidificación oceánica y otros cambios ambientales, factores que complican su aportación futura a la seguridad alimentaria.
El golfo de México concentra producción y exposición a huracanes
El golfo de México genera aproximadamente 910 millones de dólares anuales en ingresos comerciales en muelle, sustenta más de 250.000 empleos vinculados con la pesca comercial y recreativa y alberga las mayores pesquerías estadounidenses de camarón y ostras, según los datos recopilados por el estudio.
Esa relevancia económica coincide con una elevada exposición a huracanes. Los fenómenos intensos pueden modificar la salinidad, remover sedimentos, dañar bancos de ostras y alterar las zonas de cría de peces y crustáceos. En tierra, las inundaciones y los vientos afectan muelles, carreteras, almacenes y centros de procesamiento.
La concentración de actividades en comunidades costeras incrementa las consecuencias sociales. Cuando una embarcación no puede operar o un procesador permanece cerrado, también pierden ingresos tripulantes, compradores, proveedores y pequeños comercios. La continuidad de la producción depende, por ello, de la recuperación conjunta del ecosistema y de la infraestructura.
Los autores señalan que el modelo no se limita a los huracanes. Las olas de calor marinas pueden alterar la distribución y supervivencia de especies, mientras que las proliferaciones algales nocivas obligan a cerrar zonas de extracción por razones sanitarias. Cada perturbación requiere respuestas distintas, pero todas demandan información anticipada y capacidad de adaptación.
Tres pilares para unas pesquerías resistentes al clima
La primera prioridad propuesta es una gobernanza adaptativa. Los sistemas de gestión deberían responder con mayor agilidad a los cambios ambientales sin abandonar los criterios de sostenibilidad. Esto puede requerir revisar temporadas, zonas de pesca, límites de captura o procedimientos administrativos cuando una población se desplace o su productividad cambie.
La adaptación no equivale a relajar automáticamente los controles. Su finalidad es evitar que las normas basadas en condiciones históricas resulten inadecuadas ante transformaciones verificadas científicamente. Una gestión flexible necesita información actualizada, seguimiento de las poblaciones y mecanismos transparentes para adoptar decisiones.
El segundo pilar consiste en establecer redes financieras de seguridad independientes que permitan a las comunidades recuperarse después de un desastre. Los autores diferencian esta necesidad de las ayudas vinculadas exclusivamente con pérdidas biológicas o declaraciones pesqueras, porque los daños también pueden afectar activos, infraestructura y liquidez empresarial.
El acceso oportuno a seguros, créditos de emergencia o fondos de recuperación ayudaría a conservar embarcaciones, empleos y capacidad de procesamiento durante una interrupción. Si esas actividades desaparecen antes de que el ecosistema se recupere, el aumento posterior de los recursos pesqueros no garantiza que exista una industria preparada para aprovecharlos.
El tercer componente es la realización de evaluaciones científicas de riesgo climático. Estas herramientas permitirían identificar especies, puertos y comunidades especialmente expuestos, mejorar los pronósticos y orientar las inversiones hacia los puntos donde puedan evitar mayores pérdidas.
NOAA busca revitalizar el sector pesquero nacional
La propuesta académica aparece mientras NOAA Fisheries aplica medidas asociadas con la orden ejecutiva sobre la restauración de la competitividad estadounidense en alimentos marinos. En julio de 2026, la agencia comunicó a los consejos regionales sus prioridades para revertir la disminución de desembarques e ingresos, impulsar la acuicultura sostenible, reducir el déficit comercial y reforzar las cadenas de suministro.
La estrategia nacional de NOAA contempla mantener o aumentar las capturas silvestres sostenibles, expandir la acuicultura, mejorar el acceso a los mercados y fortalecer el conjunto del sector. También reconoce la necesidad de modernizar infraestructura y aumentar las actividades de valor agregado realizadas dentro del país.
Para la Universidad de Miami, estos objetivos necesitan incorporar la preparación climática desde su diseño. Elevar la capacidad productiva sin proteger puertos, criaderos, instalaciones frigoríficas y canales comerciales podría aumentar la exposición económica a futuros desastres.
La expansión de la acuicultura también debe planificarse de acuerdo con las condiciones de cada territorio. Investigaciones anteriores muestran que es posible aumentar el cultivo de mariscos con una selección estratégica de emplazamientos, reduciendo al mismo tiempo la presión sobre la biodiversidad.
Infraestructura, mercados y ecosistemas forman una misma cadena
El estudio plantea que la competitividad debe evaluarse más allá del volumen desembarcado. La estabilidad del suministro depende de la salud de los ecosistemas, pero también de carreteras, electricidad, refrigeración, mano de obra, acceso a capital y compradores capaces de mantener la actividad durante una crisis.
La diversificación puede reducir algunos riesgos. Una cadena que depende de pocas especies, un solo puerto o un número limitado de procesadores tiene menos alternativas cuando ocurre una interrupción. Incorporar distintos canales comerciales y fortalecer la venta regional puede ayudar a distribuir la exposición.
En el ámbito productivo, la maricultura ofrece posibilidades adicionales, aunque exige controles ambientales y sanitarios. El cultivo de mejillones en alta mar muestra cómo algunas explotaciones pueden combinar producción y recuperación ecológica cuando se diseñan de acuerdo con las características del ecosistema.
También existen oportunidades para sustituir parte de las importaciones mediante especies adaptadas a la producción local. En Estados Unidos se investigan, por ejemplo, métodos de cultivo para aumentar la oferta nacional de vieiras del Atlántico, un mercado actualmente abastecido en buena medida por proveedores extranjeros.
Las inversiones preventivas pueden reducir pérdidas futuras
Los investigadores no presentan la resiliencia como una garantía contra los daños. Huracanes, temperaturas extremas y proliferaciones algales seguirán provocando perturbaciones. La estrategia pretende reducir la duración y el costo de esos episodios mediante preparación, financiación y decisiones respaldadas por evidencia.
Las evaluaciones de riesgo pueden orientar la construcción o modernización de muelles, centros de procesamiento, criaderos y sistemas de refrigeración. También permiten diseñar protocolos de emergencia y detectar qué comunidades disponen de menos recursos para afrontar un cierre prolongado.
La propuesta vincula de esta manera la política climática con la productividad agroalimentaria. Para elevar la oferta estadounidense de pescado y mariscos no bastará con autorizar nuevas operaciones o aumentar los límites de producción: será necesario proteger la capacidad de trabajo que conecta los recursos acuáticos con el consumidor.
El estudio proporciona un marco para que NOAA, los consejos regionales y las comunidades costeras incorporen estos riesgos a sus decisiones. Sus tres prioridades —gestión adaptativa, protección financiera y evaluación científica— buscan que la producción pueda recuperarse con mayor rapidez sin comprometer la sostenibilidad de las especies explotadas.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Fish and Fisheries
NOAA Fisheries

