Agricultura

Restaurar los suelos podría alimentar a 70 millones de personas más

Publicado el 22/07/2026 · REDACCION

Un análisis mundial calcula que reducir un 10 % la degradación causada por actividades humanas elevaría el rendimiento de las tierras cultivables


Redactor: Valentina Ríos
Editor: Javier Morales O.

Revertir un 10 % de la degradación del suelo causada por las actividades humanas permitiría aumentar la producción agrícola mundial hasta alcanzar, en términos matemáticos, alimentos suficientes para aproximadamente 70 millones de personas adicionales.

La estimación procede de un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Bonn, la Universidad de Minnesota, la Universidad de Basilea y la Universidad Tecnológica de Hamburgo. El trabajo, publicado en la revista científica Nature Food, cuantifica cómo el deterioro de las tierras cultivables reduce los rendimientos agrícolas en distintas regiones del planeta.

La erosión, la pérdida de humedad, la compactación, la disminución del carbono del suelo y una cobertura vegetal insuficiente fueron los cinco procesos de degradación examinados por el equipo. Estos factores deterioran las propiedades físicas y biológicas de la tierra y limitan su capacidad para sostener cultivos productivos.

El problema no se limita a una pérdida gradual de fertilidad. La degradación compromete directamente el suministro de alimentos de amplios sectores de la población mundial, especialmente en territorios donde la agricultura depende de suelos vulnerables y dispone de pocas alternativas para compensar las pérdidas de rendimiento.

Un análisis de todas las tierras cultivables del planeta

Los investigadores se propusieron determinar cuánto podrían producir los suelos agrícolas si no estuvieran degradados. Para ello, dividieron todas las tierras cultivables del mundo en cuadrículas de 10 kilómetros de largo por 10 kilómetros de ancho.

Posteriormente compararon los rendimientos registrados en áreas con condiciones semejantes de temperatura y precipitación. El análisis también tuvo en cuenta diferencias en el uso de fertilizantes, el riego y otros factores relacionados con el manejo de los cultivos.

Este procedimiento permitió identificar regiones donde las cosechas alcanzaban rendimientos elevados y los suelos habían sufrido pocos daños. Esas áreas fueron utilizadas como referencia para estimar el potencial productivo de tierras sometidas a condiciones climáticas comparables, pero afectadas por distintos grados de degradación.

Hadi Hadi, investigador posdoctoral del Grupo de Economía de la Tierra de la Universidad de Bonn, explicó que el estudio constituye el primer intento de cuantificar las consecuencias de la degradación en el conjunto de las tierras cultivables mundiales.

La investigación complementa otros análisis que han advertido que la degradación del suelo amenaza la seguridad alimentaria mundial al reducir la fertilidad, limitar la productividad y aumentar la vulnerabilidad económica de las comunidades rurales.

La inteligencia artificial midió las brechas de rendimiento

El equipo calculó para cada cuadrícula una brecha de rendimiento, definida como la diferencia entre la producción observada y el nivel que podría alcanzarse bajo condiciones similares en un suelo mejor conservado.

Las brechas fueron relacionadas con los cinco indicadores de degradación mediante métodos complejos de evaluación apoyados en inteligencia artificial. Los científicos utilizaron información procedente de estudios detallados desarrollados previamente por diferentes grupos de investigación.

El resultado permitió estimar el grado de degradación de cada parcela y establecer una relación general entre el deterioro del suelo y la pérdida de producción agrícola.

El cálculo indica que un aumento del 10 % en la tasa de degradación reduce el rendimiento de los cultivos en un promedio del 2 %. En sentido inverso, disminuir la degradación un 10 % en todo el mundo incrementaría las cosechas hasta un nivel equivalente a los alimentos requeridos por más de 70 millones de personas.

La estimación no significa que esos alimentos llegarían automáticamente a la población afectada por el hambre, debido a que la distribución, el acceso económico, las pérdidas poscosecha y otros factores también intervienen en la seguridad alimentaria. La cifra representa el aumento potencial de la producción calculado a partir de la recuperación de los suelos.

Erosión, pérdida de agua y compactación reducen las cosechas

La erosión elimina la capa superficial que concentra una parte importante de la materia orgánica y los nutrientes necesarios para las plantas. Las lluvias intensas y las tormentas pueden arrastrar o dispersar esta fracción fértil, especialmente cuando el terreno permanece descubierto.

La pérdida de la capa superior disminuye la productividad agrícola y puede intensificar la sedimentación de ríos y otras masas de agua. Diversas prácticas de conservación, como las rotaciones, la cobertura permanente y la protección de las pendientes, forman parte de las medidas empleadas para el control de la erosión del suelo.

La deshidratación constituye otro de los factores evaluados. Los niveles de aguas subterráneas están disminuyendo en numerosas regiones, mientras que parte de las precipitaciones cae en episodios tan intensos que el agua escurre sobre la superficie sin infiltrarse suficientemente en el terreno.

La compactación provocada por maquinaria agrícola pesada reduce los espacios porosos del suelo, limita la circulación de agua y aire y dificulta la penetración de las raíces. Este proceso puede acumularse durante años y formar capas endurecidas que restringen el crecimiento vegetal.

El tránsito frecuente de equipos y el trabajo del terreno bajo condiciones inadecuadas de humedad contribuyen a este deterioro. La compactación amenaza la productividad agrícola porque disminuye la capacidad del suelo para almacenar agua, absorber nutrientes y sostener plantas saludables.

Prácticas agrícolas intensivas aceleran el deterioro

La agricultura de tala y quema, la fertilización excesiva y los monocultivos a gran escala pueden afectar tanto la biodiversidad de los ecosistemas como la calidad del suelo a largo plazo.

La repetición continua de un mismo cultivo reduce la diversidad vegetal y puede favorecer desequilibrios en los nutrientes y en las comunidades biológicas del terreno. La sobreexplotación también debilita su estructura y aumenta la exposición frente a la erosión hídrica y eólica.

El cambio climático agrava estos procesos mediante lluvias torrenciales, tormentas, temperaturas elevadas y periodos prolongados de sequedad. Cuando la tierra pierde cobertura y materia orgánica, tiene menos capacidad para absorber el agua de precipitaciones intensas y conservarla durante los periodos secos.

La pérdida de carbono fue otro de los parámetros incorporados al estudio. El carbono orgánico influye en la estructura, la retención de humedad, la disponibilidad de nutrientes y la actividad de los organismos que habitan el suelo.

Entre las prácticas estudiadas para recuperar este componente se encuentran los cultivos de cobertura para mejorar la salud del suelo, que protegen la superficie, aportan biomasa y pueden aumentar la concentración de carbono orgánico.

La degradación puede frenarse y revertirse

David Wuepper, responsable del Grupo de Economía de la Tierra de la Universidad de Bonn, señaló que los resultados muestran la importancia de la calidad del suelo para garantizar el suministro de productos agrícolas.

El deterioro no constituye un proceso inevitable. Otra investigación reciente del mismo grupo comprobó que las regulaciones y los pagos agroambientales aplicados a escala nacional pueden ralentizar e incluso revertir la degradación.

Estas políticas pueden incentivar prácticas que reduzcan la presión mecánica, conserven la cobertura vegetal, protejan el carbono y disminuyan las pérdidas de suelo y agua. Su efectividad depende de las características ambientales, productivas e institucionales de cada territorio.

La recuperación también puede generar beneficios económicos para las explotaciones. Experiencias europeas muestran que restaurar la salud del suelo puede ser rentable cuando las mejoras en su estructura, actividad biológica y capacidad de retención contribuyen a estabilizar la producción.

Los resultados del nuevo análisis establecen una relación cuantificable entre la degradación y las brechas de rendimiento en las tierras agrícolas mundiales. Una reducción global del 10 % no eliminaría por sí misma el hambre, pero podría recuperar una capacidad productiva equivalente a la alimentación de unos 70 millones de personas.

Fuente(s) referenciales

Phys.org



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