Un análisis realizado en Argentina proyecta fuertes aumentos productivos en maíz, trigo y soja mediante un sistema integral de riego para un establecimiento agrícola de 100 hectáreas
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
La incorporación de riego por goteo en cultivos extensivos puede transformar la productividad de un establecimiento agrícola y generar una rentabilidad anual estimada del 21% en dólares. La proyección surge de un análisis económico efectuado en Argentina sobre un campo modelo de 100 hectáreas.
El estudio contempla una inversión total de US$ 422.948 bajo la modalidad “llave en mano”. Esta cifra comprende la instalación integral necesaria para poner en funcionamiento el sistema de riego, una infraestructura destinada a suministrar agua de manera localizada y controlada durante las etapas determinantes del desarrollo de los cultivos.
La evaluación muestra que el riego no debe considerarse únicamente como una herramienta para enfrentar períodos secos. Su aplicación planificada puede elevar los rendimientos, estabilizar la producción y reducir la dependencia de las lluvias durante las fases en las que el déficit hídrico afecta con mayor intensidad el potencial de las plantas.
El maíz podría pasar de 7 a 14 toneladas por hectárea
Uno de los resultados más destacados corresponde al maíz de segunda. En el escenario sin riego, el rendimiento considerado es de 7 toneladas por hectárea, mientras que con la incorporación del sistema por goteo la producción podría alcanzar las 14 toneladas por hectárea.
La proyección representa una duplicación del volumen obtenido por unidad de superficie. Este incremento se relaciona con la posibilidad de mantener un abastecimiento hídrico más regular en etapas sensibles como la floración, la polinización y el llenado de los granos.
La magnitud del cambio coincide con experiencias internacionales en las que el riego por goteo aplicado al maíz ha permitido superar limitaciones productivas mediante un suministro más preciso de agua y nutrientes en la zona radicular.
El rendimiento final no depende exclusivamente del sistema de riego. También intervienen la calidad del suelo, la disponibilidad de nutrientes, la genética utilizada, la fecha de siembra, el manejo sanitario y las condiciones climáticas de cada campaña. Sin embargo, disponer de agua en los momentos críticos permite reducir uno de los principales factores que limitan la producción.
El trigo subiría de 1,8 a 6,5 toneladas
En el caso del trigo, el análisis plantea un aumento desde 1,8 toneladas por hectárea en secano hasta 6,5 toneladas por hectárea bajo riego. La diferencia evidencia el efecto que puede tener la disponibilidad de agua sobre un cultivo cuyo rendimiento está estrechamente relacionado con la humedad almacenada en el suelo y las precipitaciones recibidas durante su ciclo.
La respuesta del cereal también está condicionada por la nutrición. En la región pampeana argentina, la cantidad de agua útil disponible en el suelo puede determinar si una estrategia de fertilización resulta productiva y económicamente conveniente.
Cuando el cultivo dispone de humedad suficiente, puede aprovechar mejor los nutrientes y sostener un mayor número de espigas y granos. Por el contrario, un déficit prolongado limita la respuesta a la fertilización, incluso cuando se aplican dosis adecuadas.
La soja de primera alcanzaría 4,2 toneladas
La soja de primera también presenta una mejora dentro del modelo evaluado. El rendimiento pasaría de 2,8 toneladas por hectárea sin riego a 4,2 toneladas por hectárea con el sistema instalado.
El incremento proyectado es menor, en términos proporcionales, que el observado en maíz y trigo, pero puede tener una incidencia económica significativa al analizarse sobre la totalidad de la superficie productiva y durante varios ciclos agrícolas.
En soja, el acceso al agua durante la floración, la formación de vainas y el llenado de granos puede evitar pérdidas irreversibles. La posibilidad de programar los aportes permite ajustar el riego a las necesidades del cultivo y a la humedad efectivamente disponible en el suelo.
Una inversión de US$ 422.948 para 100 hectáreas
La evaluación financiera se desarrolló sobre un establecimiento modelo de 100 hectáreas y estableció una inversión de US$ 422.948. Bajo este supuesto, el costo promedio equivale a aproximadamente US$ 4.229 por hectárea, aunque el valor real de cada proyecto puede variar por las características del campo y las obras requeridas.
Entre los factores que pueden modificar la inversión se encuentran la fuente de agua, la distancia hasta los lotes, el desnivel del terreno, la capacidad de bombeo, el dimensionamiento de las tuberías, la necesidad de filtrado y la disponibilidad de energía.
La modalidad “llave en mano” supone la entrega del sistema completo y operativo. Este enfoque facilita la planificación financiera porque reúne dentro de una misma propuesta los componentes necesarios para la instalación y la puesta en marcha.
Las tuberías, filtros, bombas y redes de distribución son elementos decisivos para lograr un riego agrícola eficiente. Un diseño inadecuado puede producir pérdidas de presión, diferencias en la entrega de agua y mayores costos de funcionamiento.
Retorno anual estimado del 21% en dólares
Al comparar la inversión inicial con el aumento de la producción y los ingresos agrícolas proyectados, el análisis calcula un retorno anual del 21% en dólares.
Este porcentaje corresponde a un establecimiento modelo y debe interpretarse como una proyección económica basada en determinados supuestos productivos y comerciales. La rentabilidad efectiva puede variar debido a los precios de los granos, los costos energéticos, el mantenimiento, la disponibilidad de agua y las condiciones de cada campaña.
El resultado muestra, no obstante, que una infraestructura de riego puede evaluarse como una inversión productiva de largo plazo. Su aporte económico no se limita al aumento de los rindes, ya que también puede reducir la variabilidad entre campañas y mejorar la previsibilidad del establecimiento.
Mayor control sobre el agua y los nutrientes
El riego por goteo distribuye el agua mediante tuberías y emisores ubicados cerca de las raíces. A diferencia de otros métodos, permite aplicar caudales controlados y reducir pérdidas por escurrimiento, evaporación o distribución irregular.
El sistema también puede utilizarse para incorporar fertilizantes solubles junto con el agua. Esta práctica, conocida como fertirrigación, permite fraccionar los nutrientes y suministrarlos cuando el cultivo presenta una mayor demanda.
En Argentina ya se han evaluado sistemas de fertirriego en maíz con el objetivo de aumentar la eficiencia en el uso de nutrientes, reducir costos directos y mejorar los márgenes productivos.
La combinación de agua y fertilización requiere control técnico. Una dosificación incorrecta puede provocar pérdidas de nutrientes, obstrucciones en los emisores o una distribución desigual dentro del lote.
El riego no elimina los riesgos del negocio agrícola
La instalación de un sistema de goteo reduce la exposición al déficit hídrico, pero no elimina otros riesgos propios de la agricultura. Los cultivos siguen condicionados por temperaturas extremas, granizo, plagas, enfermedades, variaciones de precios y aumentos de costos.
Antes de realizar la inversión, resulta necesario verificar la disponibilidad legal y física de agua, analizar su calidad y calcular la energía requerida para bombearla. También debe evaluarse si la fuente puede sostener el caudal previsto durante toda la campaña.
La modernización del riego puede elevar la productividad del agua, aunque debe acompañarse de medición y planificación para evitar que una mayor eficiencia derive en un aumento descontrolado de las extracciones. Experiencias como la modernización del riego en Marruecos muestran la necesidad de combinar tecnología, gestión de cuencas y protección de acuíferos.
Una herramienta para estabilizar la producción
La principal ventaja estratégica del riego por goteo es que permite intervenir cuando la lluvia no alcanza para cubrir la demanda del cultivo. Esta capacidad puede ser determinante en sistemas agrícolas expuestos a períodos secos cada vez más frecuentes o a una distribución irregular de las precipitaciones.
Para un establecimiento de 100 hectáreas, el análisis difundido en Argentina proyecta una inversión considerable, pero acompañada por aumentos de rendimiento en los tres cultivos estudiados y una tasa de retorno anual del 21% en dólares.
La decisión final debe apoyarse en un proyecto específico para cada campo, con cálculos de caudal, energía, costos, rendimientos esperados y capacidad financiera. Los resultados presentados muestran el potencial económico del riego por goteo cuando el sistema se diseña de acuerdo con las condiciones productivas del establecimiento.
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