Agricultura

Semillas de cebada pueden transmitir hongos resistentes a fungicidas

Publicado el 27/10/2026 ·

Investigadores australianos detectaron el patógeno de la mancha reticulada en 13 de 16 lotes de semillas y comprobaron que variantes con menor sensibilidad a fungicidas pueden pasar a las nuevas plántulas.


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Karem Díaz S.

Las semillas de cebada utilizadas para establecer una nueva campaña agrícola pueden transportar hongos con sensibilidad reducida a los fungicidas y transmitirlos a las plantas jóvenes. Así lo demuestra una investigación de la Universidad del Sur de Queensland (UniSQ), en Australia, que identificó una vía de propagación de la mancha reticulada con implicaciones importantes para el manejo sanitario de uno de los principales cereales cultivados en ese país.

El estudio, difundido el 26 de octubre de 2026, examinó 16 lotes de semillas de cebada procedentes de explotaciones agrícolas de Darling Downs, una región productora del estado australiano de Queensland. Los investigadores encontraron ADN del patógeno responsable de la mancha reticulada en 13 de los lotes analizados.

Posteriormente, el equipo sembró uno de los lotes considerados de mayor riesgo y comprobó que las lesiones desarrolladas en las plántulas contenían variantes del hongo con características de sensibilidad reducida a fungicidas semejantes a las identificadas previamente en las semillas.

El resultado aporta evidencia de que las semillas pueden funcionar como una vía de transmisión del patógeno y de características asociadas con la resistencia a determinados tratamientos químicos entre campañas agrícolas.

La mancha reticulada amenaza la producción de cebada

La mancha reticulada es una enfermedad fúngica de la cebada causada por el patógeno Pyrenophora teres. Su presencia puede provocar lesiones en las hojas, deteriorar el tejido fotosintético y reducir la capacidad de las plantas para producir y llenar adecuadamente los granos.

De acuerdo con la información presentada por los investigadores australianos, esta enfermedad puede ocasionar pérdidas de rendimiento de entre el 10 % y el 40 %, mientras que en brotes especialmente graves las reducciones pueden superar el 40 %.

La magnitud del problema resulta relevante para Queensland, donde la industria de la cebada aporta aproximadamente 190 millones de dólares australianos anuales a la economía regional.

La enfermedad forma parte de los desafíos sanitarios habituales del cultivo. En otras regiones productoras, como Alemania, la vigilancia de enfermedades fúngicas en la cebada de invierno también adquiere especial importancia cuando las precipitaciones favorecen el desarrollo de patógenos foliares.

En Australia, la preocupación de los especialistas no se limita a la presencia del hongo, sino también a la aparición de poblaciones con menor sensibilidad a fungicidas utilizados habitualmente para proteger los cultivos.

Detectaron el patógeno en 13 de 16 lotes de semillas

Para investigar el papel de las semillas en la transmisión de la enfermedad, los científicos analizaron material procedente de campos agrícolas de Darling Downs.

Los resultados mostraron que 13 de los 16 lotes contenían ADN del patógeno de la mancha reticulada, mientras que en los tres restantes no se detectó su presencia mediante los análisis realizados.

La identificación del ADN permitió establecer qué lotes presentaban indicios de contaminación por el microorganismo. Sin embargo, detectar material genético de un patógeno no demuestra por sí solo que todas las semillas examinadas puedan producir una infección.

Por esa razón, el equipo desarrolló una segunda fase experimental destinada a comprobar si el microorganismo presente en las semillas podía llegar a las plantas durante su establecimiento.

Los investigadores seleccionaron uno de los lotes considerados de mayor riesgo, sembraron las semillas y observaron el desarrollo de las plántulas.

Posteriormente, analizaron las lesiones características de la enfermedad y encontraron variantes con sensibilidad reducida a fungicidas del mismo tipo que las detectadas anteriormente en el material de siembra.

Esta coincidencia proporcionó evidencia de transmisión desde las semillas hacia las plantas jóvenes.

La resistencia a fungicidas puede trasladarse entre campañas

Uno de los aspectos más importantes del estudio es que las semillas no solamente pueden transportar el patógeno, sino también variantes asociadas con una respuesta reducida frente a determinados fungicidas.

Esta circunstancia plantea un problema adicional para los agricultores que intentan controlar la enfermedad mediante programas de protección fitosanitaria.

Si una nueva siembra comienza con semillas portadoras de poblaciones menos sensibles a los tratamientos, el cultivo puede quedar expuesto desde sus primeras etapas de desarrollo a un riesgo sanitario que no necesariamente resulta visible al momento de sembrar.

El investigador principal, Noel Knight, explicó que la procedencia de las semillas debe considerarse una decisión relacionada con el manejo de enfermedades y no únicamente con el establecimiento del cultivo.

La investigación amplía así el conocimiento sobre las vías de propagación de poblaciones resistentes, un asunto que también preocupa en otros cereales. En Europa, por ejemplo, la reducción de la eficacia de determinados fungicidas ha obligado a prestar mayor atención a la selección de productos y a las estrategias integradas de control.

Los investigadores australianos advierten que una explotación puede aplicar diferentes medidas preventivas y, aun así, introducir un riesgo adicional si utiliza semillas contaminadas con variantes del patógeno que presentan menor sensibilidad química.

La procedencia de la semilla adquiere importancia sanitaria

El trabajo plantea que conocer el origen y las condiciones sanitarias del material de siembra puede contribuir a mejorar la prevención de la mancha reticulada.

Hasta ahora, las principales recomendaciones para controlar esta enfermedad se han concentrado en utilizar variedades menos susceptibles, reducir las fuentes de inóculo y aplicar estrategias adecuadas de manejo de fungicidas.

La nueva evidencia no sustituye esas prácticas, pero incorpora otro elemento que debe considerarse: la posibilidad de que el patógeno llegue al campo directamente a través de las semillas.

Este aspecto resulta especialmente importante porque el cultivo puede comenzar con una fuente de infección antes de que las condiciones ambientales favorezcan la propagación secundaria de la enfermedad.

La protección de las primeras etapas del desarrollo constituye una preocupación conocida en la producción cerealista. Los problemas sanitarios que afectan la germinación y el establecimiento de las plantas han motivado distintas estrategias para proteger la cebada durante sus fases más vulnerables.

Sin embargo, el nuevo estudio introduce una diferencia importante: el material de siembra podría transportar no solamente al organismo causante de la enfermedad, sino también características que dificultan su control químico posterior.

Los análisis de semillas podrían ayudar a identificar lotes de menor riesgo

Los investigadores consideran que las pruebas de diagnóstico podrían convertirse en una herramienta útil para determinar qué lotes de semillas presentan mayor riesgo sanitario.

El hecho de que tres de los 16 lotes examinados no mostraran presencia detectable del patógeno sugiere que es posible encontrar materiales con menor riesgo de introducir la enfermedad.

No obstante, el equipo señaló que actualmente no se dispone de pruebas comerciales de semillas para detectar conjuntamente la mancha reticulada y la resistencia a fungicidas en este material.

Desarrollar y validar estos procedimientos permitiría proporcionar información adicional a los agricultores antes de establecer una nueva campaña.

Los análisis podrían complementar las evaluaciones tradicionales de calidad de semillas y contribuir a decisiones mejor fundamentadas sobre la selección del material de siembra.

Esta posibilidad adquiere interés en sistemas agrícolas donde los productores conservan semillas de cosechas anteriores o utilizan materiales procedentes de diferentes explotaciones.

Sin embargo, los investigadores todavía deben determinar con qué frecuencia se produce la transmisión y qué condiciones favorecen que el patógeno presente en las semillas consiga infectar las nuevas plantas.

El manejo integrado sigue siendo fundamental

Los resultados no modifican las principales recomendaciones existentes para controlar la mancha reticulada en cebada.

Los especialistas mantienen la importancia de seleccionar variedades con menor susceptibilidad, reducir la cantidad de inóculo disponible en el sistema productivo y utilizar fungicidas mediante programas que contemplen la rotación o combinación adecuada de mecanismos de acción.

La elección de productos fitosanitarios debe considerar las recomendaciones técnicas y las autorizaciones correspondientes a cada región productora.

La investigación tampoco demuestra que todos los lotes contaminados produzcan necesariamente infecciones resistentes ni que el fenómeno tenga la misma importancia en todas las zonas donde se cultiva cebada.

Los científicos consideran necesario ampliar los ensayos para comprender la frecuencia de transmisión entre campañas, las diferencias entre poblaciones del patógeno y la influencia de las condiciones ambientales.

Estas precauciones son relevantes porque la resistencia a fungicidas puede presentar comportamientos diferentes según el microorganismo, el ingrediente activo y las prácticas de manejo.

Una situación comparable en cuanto a la necesidad de vigilancia se ha observado en otros cultivos, como demuestra la detección de resistencia a fungicidas en hongos que afectan la colza en Reino Unido.

En ambos casos, los resultados científicos refuerzan la necesidad de identificar oportunamente los cambios en la sensibilidad de los patógenos para evitar depender exclusivamente de una misma herramienta de control.

Una nueva variable para prevenir enfermedades desde la siembra

El estudio de la Universidad del Sur de Queensland aporta evidencia sobre una vía de transmisión de la mancha reticulada resistente a fungicidas que hasta ahora no había sido suficientemente reconocida en el manejo de la cebada.

La investigación demuestra, en las condiciones experimentales evaluadas, que variantes del patógeno con sensibilidad reducida pueden encontrarse tanto en las semillas como en las lesiones desarrolladas posteriormente por las plántulas.

El descubrimiento no implica que los agricultores deban abandonar los tratamientos convencionales, sino que la procedencia del material de siembra podría incorporarse a las evaluaciones de riesgo.

Los próximos trabajos deberán establecer la importancia real de esta vía de transmisión en distintas campañas y determinar si los análisis de semillas pueden convertirse en una herramienta práctica y económicamente viable.

Para los productores de cebada, la principal implicación es que la prevención de enfermedades puede comenzar antes de introducir la semilla en el suelo. Conocer su condición sanitaria podría ayudar a reducir el riesgo de establecer cultivos que ya transporten poblaciones fúngicas difíciles de controlar.

Fuente referencial:
Universidad del Sur de Queensland (UniSQ) — Barley seed could carry fungicide-resistant disease into next crop, researchers find, 26 de octubre de 2026