En la región de Eifel, las precipitaciones recientes elevaron el riesgo de rhynchosporium y manchas en red en los cultivos que aún no han recibido tratamiento
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
Las lluvias registradas a comienzos de esta semana han cambiado de forma importante el escenario sanitario de la cebada de invierno en varias zonas productivas de Eifel. La humedad acumulada en los lotes ha creado condiciones favorables para la aparición de enfermedades foliares que, si no se controlan a tiempo, pueden comprometer el desarrollo del cultivo en una fase decisiva de la campaña.
La principal preocupación en este momento se centra en la posible presencia de rhynchosporium y de manchas en red, dos patologías que suelen avanzar con rapidez cuando coinciden humedad, temperaturas moderadas y follaje desarrollado. En parcelas donde todavía no se ha realizado ninguna aplicación de fungicidas, la recomendación técnica es actuar todavía dentro de esta misma semana para evitar que la infección se consolide y se extienda hacia las hojas superiores.
Este momento del ciclo es especialmente sensible porque muchas parcelas están entrando en una fase en la que la protección de la hoja bandera y de las últimas hojas activas resulta determinante para sostener el llenado del grano. Si el cultivo ya alcanzó el estadio 37, identificado por la aparición de la punta de la última hoja, una intervención ahora puede considerarse como tratamiento de cierre de la estrategia sanitaria, siempre que se complemente adecuadamente para ampliar el espectro de control.
En ese contexto, los técnicos señalan que puede añadirse una dosis de 1,5 litros por hectárea de Folpan para reforzar la protección frente a ramularia, una enfermedad que también preocupa en esta etapa del cultivo. Esta combinación permitiría aprovechar la pasada actual como una medida integral en el tramo final del manejo sanitario.
Sin embargo, también se plantea una alternativa más eficaz desde el punto de vista específico del control de ramularia: retrasar la aplicación de Folpan y combinarlo más adelante con una dosis reducida de un azol. Esa opción mejoraría el efecto sobre esta enfermedad, aunque obligaría a una nueva entrada al lote, con el consiguiente aumento de costes operativos, uso de maquinaria y riesgo de compactación o estrés sobre el cultivo.
La decisión entre intervenir ahora o esperar una aplicación posterior no depende solo de la presión de enfermedad, sino también del estado de desarrollo del cultivo, de la capacidad logística del productor y de las previsiones meteorológicas de los próximos días. En campañas con lluvias intermitentes, una ventana corta de aplicación puede marcar la diferencia entre contener el problema o llegar tarde.
Además del control de hongos, esta fase también abre una oportunidad para reforzar la estructura del cultivo y reducir riesgos de encamado. Hasta el estadio EC 37, todavía es posible lograr una buena consolidación del tallo mediante el uso de productos con trinexapac o con Prodax, herramientas utilizadas para fortalecer la planta y mejorar su resistencia al vuelco.
Esta recomendación cobra especial relevancia en campañas con buen desarrollo vegetativo y con lluvias frecuentes, donde el crecimiento rápido puede dejar tallos más vulnerables. Un cultivo bien sostenido no solo mejora su estabilidad frente al viento o la lluvia, sino que también favorece una cosecha más ordenada y con menos pérdidas.
En los lotes donde ya se aplicó un regulador de crecimiento en la fase temprana de encañado, la recomendación es realizar un ajuste posterior entre los estadios 37 y 49 mediante un producto con ethephon. Este manejo busca reducir el riesgo de quiebre de tallos y espigas, una situación que puede afectar tanto el rendimiento como la calidad final del grano.
Las dosis sugeridas son moderadas y dependen del tipo de cebada sembrada. En materiales de dos hileras, una aplicación de 0,2 litros por hectárea se considera suficiente, mientras que en cebadas de más hileras se recomienda elevarla a 0,3 litros por hectárea. La diferencia responde al comportamiento estructural de cada tipo de planta y a su potencial de carga.
Lo que deja esta semana en claro es que el manejo de la cebada de invierno entra en un tramo donde la anticipación técnica pesa más que la reacción tardía. Las lluvias han aportado agua valiosa para el cultivo, pero también han incrementado la presión de enfermedades en un momento donde proteger el follaje útil y asegurar tallos firmes es clave para defender el potencial productivo.
En este escenario, la vigilancia lote por lote, el seguimiento del estadio fenológico y la oportunidad en la aplicación se convierten en factores decisivos. No se trata solo de aplicar un producto, sino de elegir el momento en que la intervención realmente ayude a sostener el rendimiento y a evitar pérdidas innecesarias en plena recta crítica de la campaña.
Referencias
ISIP Alemania – Fungizideinsatz in Wintergerste (14 de abril de 2026): https://www.isip.de/rheinland-pfalz/eifel/fungizideinsatz-in-wintergerste-855312
