Un estudio publicado en Nature Sustainability revela cómo la pérdida de pastos, las ventas forzadas de animales y el acceso desigual a los recursos pueden transformar la economía de las comunidades pastoriles.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Karem Díaz S.
Las sequías cada vez más intensas podrían provocar una concentración creciente del ganado en manos de los productores con mayores recursos económicos en el sur de África. Una investigación científica difundida el 26 de octubre de 2026 advierte que el cambio climático no solamente amenaza la disponibilidad de pastos y la supervivencia de los rebaños, sino que también puede profundizar las diferencias patrimoniales entre las familias que dependen de la ganadería extensiva.
El estudio, publicado en la revista Nature Sustainability, utilizó simulaciones informáticas para analizar cómo las variaciones de las precipitaciones afectan las decisiones económicas de los pastores. La investigación examinó escenarios relacionados con Botsuana, Esuatini, Lesoto, Mozambique, Namibia, Sudáfrica y Zimbabue.
Los resultados sugieren que, cuando disminuyen las lluvias y se reduce la capacidad de los pastizales para alimentar animales, los ganaderos con menos recursos pueden verse obligados a vender parte de sus rebaños. En cambio, quienes disponen de capital suficiente pueden comprar alimento suplementario y conservar una mayor proporción de sus animales.
La sequía reduce el ganado y modifica la distribución de la riqueza
En numerosas comunidades pastoriles africanas, los bovinos, ovinos y caprinos representan mucho más que una fuente de carne o leche. Los animales constituyen una reserva de riqueza que las familias pueden utilizar para afrontar gastos, emergencias y necesidades económicas.
Sin embargo, este patrimonio depende directamente de la disponibilidad de recursos naturales. Durante la temporada de lluvias crecen los pastos que permiten alimentar a los rebaños durante los meses secos. Cuando las precipitaciones resultan insuficientes, disminuye la producción de forraje y aumenta la presión sobre las explotaciones.
El investigador Matt Clark y sus colaboradores analizaron estas relaciones mediante un modelo que combina información observada y proyectada sobre precipitaciones, poblaciones ganaderas y bienestar de las comunidades rurales.
La simulación consideró tres escenarios de emisiones de combustibles fósiles y examinó cómo las decisiones individuales de compra, venta y alimentación del ganado pueden producir consecuencias económicas colectivas.
Los resultados indican que una mayor intensidad de las sequías probablemente reduciría la cantidad total de animales que los territorios pueden sostener. No obstante, esa reducción no afectaría de manera uniforme a todos los propietarios.
Esta vulnerabilidad también se relaciona con la importancia de los sistemas tradicionales de ganadería pastoral en África subsahariana, donde la movilidad de los rebaños y el aprovechamiento de los recursos naturales constituyen elementos fundamentales de la producción rural.
Los pequeños ganaderos enfrentan mayores dificultades para conservar sus animales
Uno de los principales hallazgos del estudio es que los productores con mayor capacidad económica pueden responder de manera diferente a una emergencia climática.
Cuando escasea el pasto, estos propietarios tienen mayores posibilidades de adquirir alimento adicional, financiar el transporte de animales o reorganizar sus explotaciones antes de que las condiciones empeoren.
Los ganaderos con menos recursos, por el contrario, pueden carecer del dinero necesario para mantener sus rebaños durante períodos prolongados de sequía. En esas circunstancias, vender animales se convierte en una medida para obtener ingresos y reducir los costos de alimentación.
El problema es que las ventas suelen producirse precisamente cuando las condiciones comerciales son menos favorables. Los animales pueden haber perdido peso y numerosos productores intentan comercializarlos simultáneamente, circunstancias que presionan su valor.
La pérdida de animales también limita la capacidad de recuperación de las familias. Cuando regresan las lluvias, quienes conservaron sus rebaños pueden aprovechar más rápidamente la recuperación de los pastizales, mientras que otros necesitan reunir capital para volver a comprar ganado.
El mecanismo recuerda las dificultades observadas en Costa Rica, donde productores han vendido reses ante la escasez de agua y pastos. Aunque se trata de contextos diferentes, ambos casos muestran cómo las condiciones climáticas pueden obligar a reducir el patrimonio ganadero.
La distribución de alimento puede generar efectos ambientales inesperados
Los investigadores también evaluaron las consecuencias de las intervenciones destinadas a proteger a las comunidades pastoriles durante las sequías.
Una de las medidas habituales consiste en proporcionar alimento suplementario para evitar que los animales pierdan peso o mueran por falta de recursos.
El modelo mostró que esta asistencia puede ayudar a sostener los rebaños, pero también presenta riesgos cuando se aplica sin considerar la capacidad de carga de los pastizales.
Si el suministro de alimento permite mantener una cantidad de animales superior a la que el territorio puede sostener posteriormente, aumenta la presión sobre la vegetación natural y sobre la fauna silvestre que comparte esos recursos.
Por tanto, los investigadores plantean que la asistencia alimentaria debe acompañarse de medidas que permitan ajustar oportunamente el tamaño de los rebaños a las condiciones ambientales.
Las experiencias de apoyo alimentario y establecimiento de reservas forrajeras para ganaderos en Honduras ilustran la importancia de combinar la atención inmediata con la preparación de recursos para futuras temporadas secas.
Los pronósticos meteorológicos no benefician por igual a todos los productores
Otra parte de la investigación examinó el papel de los sistemas de alerta temprana y de las previsiones estacionales de lluvia.
Disponer de información meteorológica más precisa puede ayudar a los ganaderos a anticipar una sequía y tomar decisiones antes de que disminuya considerablemente la disponibilidad de pastos.
Sin embargo, el estudio encontró que mejorar los pronósticos, sin proporcionar recursos adicionales para actuar, puede favorecer principalmente a los propietarios más acomodados.
Estos productores cuentan con mayores posibilidades de vender animales antes de que los precios disminuyan o adquirir ganado cuando las perspectivas de lluvia resultan favorables.
Para las familias con menos recursos, conocer anticipadamente una amenaza no garantiza que puedan responder adecuadamente. La falta de dinero, transporte o acceso a mercados puede impedirles aprovechar la información disponible.
Los investigadores consideran que esta diferencia es fundamental para diseñar programas de adaptación climática que no terminen ampliando las desigualdades existentes.
Combinar alertas tempranas con apoyo económico mejora los resultados
Las simulaciones identificaron una alternativa para reducir los efectos distributivos negativos del cambio climático: combinar pronósticos meteorológicos mejorados con intervenciones que permitan a los productores tomar decisiones oportunas.
Entre las opciones examinadas se encuentran la asistencia alimentaria dirigida a quienes no pueden afrontar los costos de mantenimiento del ganado y los mecanismos que facilitan reducir los rebaños antes de que se produzca una sequía severa.
Una iniciativa mencionada por los investigadores es la utilización de unidades móviles de sacrificio de ganado, que permiten comercializar animales sin depender exclusivamente de infraestructuras alejadas de las comunidades rurales.
Este tipo de servicio ya se desarrolla en Sudáfrica mediante la empresa Meat Naturally, en colaboración con Conservation International.
La posibilidad de comercializar animales oportunamente puede disminuir la presión sobre los pastizales y evitar que los productores tengan que esperar hasta que el deterioro de las condiciones reduzca considerablemente el valor de sus rebaños.
De acuerdo con los resultados del modelo, la combinación estratégica de información climática y asistencia práctica puede eliminar en gran medida los efectos de ampliación de la desigualdad observados en los escenarios simulados.
La adaptación ganadera debe considerar las diferencias entre productores
La investigación destaca que las comunidades pastoriles han desarrollado durante generaciones estrategias para aprovechar territorios donde las precipitaciones presentan una marcada variación estacional.
No obstante, los cambios en la intensidad de las sequías y en la distribución de las lluvias pueden superar la capacidad de respuesta de algunos sistemas tradicionales.
La adaptación también depende de las características de cada territorio. En determinadas regiones africanas, los productores han comenzado a modificar la composición de sus rebaños, como ocurre con la sustitución parcial de bovinos por camellos en comunidades pastoriles de Kenia, una estrategia relacionada con la resistencia de estos animales a las condiciones áridas.
Los autores subrayan que las decisiones ganaderas deben analizarse conjuntamente con las condiciones sociales, económicas y ecológicas. Una intervención que permite conservar animales durante una sequía puede producir resultados diferentes según el patrimonio inicial de los productores, la disponibilidad de pastos y el acceso a los mercados.
El trabajo también presenta limitaciones propias de las simulaciones. Sus resultados representan comportamientos posibles bajo los supuestos utilizados y no constituyen una medición directa de pérdidas futuras en cada país o explotación.
Su principal aportación consiste en mostrar cómo las decisiones individuales de compra, venta y alimentación pueden transformar la distribución de la riqueza ganadera cuando cambian las condiciones climáticas.
Para las instituciones responsables del desarrollo rural, los resultados ofrecen una base para evaluar programas que integren pronósticos estacionales, asistencia a pequeños productores, acceso a mercados y manejo sostenible de los pastizales.
El estudio plantea que proteger la ganadería frente a las sequías no consiste únicamente en conservar el mayor número posible de animales, sino también en evitar que las familias con menores recursos pierdan sistemáticamente su patrimonio productivo durante las crisis climáticas.
Fuentes referenciales:
Nature Sustainability — Investigación científica original
Phys.org — Análisis de Matt Clark, 26 de octubre de 2026


