La cosecha 2025/2026 quedó en 1,98 millones de toneladas tras una caída del 45% en el rendimiento promedio, según datos oficiales del MGAP
Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.
La producción de soja de Uruguay descendió a 1.975.817 toneladas durante la campaña agrícola 2025/2026, casi la mitad del volumen obtenido en el ciclo anterior. La Dirección de Estadísticas Agropecuarias (DIEA), dependiente del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), atribuyó el retroceso al severo déficit hídrico registrado durante la primavera de 2025 y el verano de 2026.
El deterioro productivo afectó al cultivo con mayor superficie dentro de la agricultura estival uruguaya. La soja ocupó 1.147.803 hectáreas, pero su rendimiento promedio se limitó a 1.721 kilogramos por hectárea, un 45% menos que los 3.121 kilogramos alcanzados en la campaña 2024/2025.
El contraste es especialmente marcado porque la cosecha anterior había establecido un récord nacional de 3.836.558 toneladas. La combinación entre ese elevado punto de comparación y la sequía posterior explica que la nueva estimación represente una reducción cercana al 50%.
El déficit hídrico golpeó los rendimientos de la soja
La falta de humedad durante etapas decisivas del desarrollo del cultivo redujo el potencial de las plantas y amplió las diferencias entre los sistemas de secano y aquellos que contaron con suministro controlado de agua. Los resultados oficiales muestran que la disponibilidad hídrica fue determinante para sostener la productividad.
En la soja de primera, el rendimiento llegó a 1.800 kilogramos por hectárea en secano, frente a los 3.170 kilogramos registrados un año antes. En las áreas bajo riego se obtuvieron 3.421 kilogramos por hectárea, una cifra inferior a los 4.234 kilogramos de la campaña previa, aunque considerablemente superior al resultado de los cultivos dependientes exclusivamente de las precipitaciones.
La brecha confirma la exposición de la agricultura uruguaya a la variabilidad de las lluvias. El país había declarado una emergencia agropecuaria por déficit hídrico en varias zonas durante el ciclo, en un contexto de menor disponibilidad de agua para cultivos, pasturas y explotaciones familiares.
La capacidad de una variedad para soportar periodos secos tampoco elimina por completo las pérdidas. La evidencia sobre la tolerancia de la soja a la sequía señala que la humedad disponible antes y después del episodio, así como su intensidad, condicionan la posibilidad de recuperación de la planta.
La menor cosecha recorta los ingresos por exportaciones
El impacto trascendió las chacras y llegó a las cuentas externas de Uruguay. Durante los primeros siete meses de 2026, las exportaciones de soja generaron US$ 457 millones, de acuerdo con cifras de Uruguay XXI citadas por El Observador. El monto fue un 36% inferior a los US$ 713 millones obtenidos en el mismo periodo de 2025.
Como los precios no presentaron diferencias suficientes para explicar esa variación, el principal factor fue la menor disponibilidad de grano para embarcar. La soja, que un año antes se ubicaba detrás de la carne vacuna y la celulosa entre los principales bienes exportados, también pasó a ser superada por los productos lácteos y el concentrado de bebidas.
La contracción compromete los ingresos de productores, contratistas, transportistas, acopiadores y exportadores vinculados a la oleaginosa. Cada campaña moviliza una extensa cadena de maquinaria, logística, almacenamiento y comercialización, un alcance productivo explicado en el recorrido sobre la importancia agrícola e industrial de la soja.
El riego amortiguó las pérdidas, pero no evitó la caída
Los datos de la DIEA muestran que el riego permitió obtener casi el doble de rendimiento que el secano en la soja de primera. Sin embargo, incluso las parcelas irrigadas quedaron por debajo de sus resultados anteriores, señal de que la adversidad climática incidió en el conjunto de la campaña y no solamente en los establecimientos sin infraestructura hídrica.
La diferencia abre una discusión productiva sobre la gestión del agua, aunque el riego no constituye una solución uniforme para todas las explotaciones. Su adopción depende de la disponibilidad del recurso, las características del suelo, la escala del establecimiento, el costo de la energía y la capacidad financiera de cada productor.
El episodio también refuerza la necesidad de combinar información climática, conservación de humedad, rotación de cultivos y decisiones de siembra ajustadas a cada ambiente. Un análisis de la agricultura uruguaya bajo presión climática ya señalaba el interés creciente por evaluar con mayor precisión el agua disponible y emplear herramientas digitales para anticipar rendimientos.
El maíz también registró menores resultados
El déficit de agua no se limitó a la soja. Para el maíz destinado a grano seco, el MGAP estimó una superficie de 252.918 hectáreas. El rendimiento del maíz de primera en secano fue de 5.088 kilogramos por hectárea, por debajo de los 6.438 kilogramos de la campaña anterior.
En las áreas irrigadas, el rendimiento alcanzó 11.680 kilogramos por hectárea, frente a los 12.902 kilogramos registrados previamente. Aunque la productividad bajo riego volvió a superar ampliamente a la obtenida en secano, ambos sistemas reflejaron el deterioro respecto del ciclo precedente.
Pese a la reducción, la soja mantuvo una amplia ventaja como principal cultivo de verano por superficie. El maíz ocupó el segundo lugar, seguido a distancia por el girasol y el sorgo. Para los cultivos de invierno de 2026, la intención de siembra destinada a grano seco fue estimada en 825.712 hectáreas, una de las cifras más altas de la serie histórica nacional.
La DIEA aclaró que esa superficie invernal correspondía a intenciones declaradas cuando todavía no había concluido la implantación. Los datos deberán actualizarse en la encuesta de primavera prevista para diciembre, una vez que pueda determinarse cuánta área fue sembrada efectivamente.
Fuentes referenciales:
El Observador
Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca de Uruguay

