Ciencia y Tecnología

Sudáfrica identifica nuevas vías para controlar zarzamoras invasoras

Publicado el 31/10/2026 ·

Una investigación sobre plantas del género Rubus permitió distinguir las principales formas invasoras que afectan pastizales y plantaciones forestales. Los resultados acercan la posibilidad de utilizar enemigos naturales específicos para contener su expansión.


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz

Las zarzamoras invasoras que ocupan extensas áreas de pastizales y plantaciones forestales de Sudáfrica podrían comenzar a controlarse mediante enemigos naturales seleccionados específicamente para atacarlas. Una investigación desarrollada por especialistas del Consejo de Investigación Agrícola sudafricano y del Centro de Control Biológico de la Universidad de Rhodes ha permitido identificar con mayor precisión las plantas responsables de estas invasiones, un requisito fundamental para desarrollar métodos de control biológico seguros.

Los resultados, explicados el 27 de octubre de 2026 por el investigador Grant Martin, muestran que las zarzamoras invasoras del país no corresponden a una única especie, como se consideró durante años. Los científicos identificaron diferentes grupos y formas vegetales, con distribuciones y características genéticas que deben tenerse en cuenta antes de introducir organismos capaces de limitar su crecimiento.

El avance resulta relevante para la ganadería y la producción forestal porque estas plantas forman matorrales densos y espinosos que dificultan el desplazamiento del ganado, reducen el acceso a determinadas zonas de pastoreo, obstaculizan caminos y pueden interferir con el desarrollo de árboles jóvenes.

Una maleza que ocupa pastizales y plantaciones forestales

Las zarzamoras pertenecen al género Rubus, un conjunto de plantas que incluye especies cultivadas por sus frutos y otras que pueden comportarse como invasoras cuando se establecen fuera de sus regiones de origen.

En Sudáfrica, diversas zarzamoras procedentes de América del Norte y Europa comenzaron a expandirse desde principios del siglo XX. Con el paso del tiempo colonizaron pastizales, terrenos forestales, bordes de carreteras y espacios alterados por diferentes actividades humanas.

Su crecimiento puede producir masas vegetales espesas, difíciles de atravesar y provistas de espinas. En los terrenos ganaderos, estas formaciones limitan la movilidad de los animales y pueden dificultar el aprovechamiento de determinadas superficies.

En las plantaciones destinadas a la producción de madera, la vegetación invasora también puede competir con árboles jóvenes y complicar las labores de mantenimiento.

El problema no se limita a la pérdida de espacio disponible. Los matorrales pueden dificultar el acceso al agua y desplazar especies vegetales nativas, modificando las condiciones ecológicas de los terrenos afectados.

La presencia de malezas invasoras constituye un desafío de manejo diferente al de las plagas de insectos, aunque ambos problemas comparten el interés por desarrollar alternativas para controlar especies vegetales difíciles de eliminar sin depender exclusivamente de tratamientos químicos.

Los métodos tradicionales presentan dificultades importantes

El control de las zarzamoras invasoras suele recurrir al desbroce mecánico, la eliminación de vegetación y la aplicación de herbicidas. Sin embargo, estas medidas pueden resultar insuficientes cuando las infestaciones ocupan grandes superficies o terrenos de difícil acceso.

Una de las dificultades es la capacidad de las plantas para rebrotar desde estructuras subterráneas después de que se elimina su parte aérea.

Las semillas también pueden dispersarse mediante aves que consumen los frutos y posteriormente las depositan en otros lugares.

Esto significa que una intervención capaz de retirar temporalmente los matorrales no garantiza que la invasión desaparezca de forma permanente.

Además, los costes de las operaciones pueden superar el valor productivo inmediato de algunos terrenos, especialmente cuando se trata de pastizales extensivos o áreas forestales alejadas de las principales vías de acceso.

Estas limitaciones explican el interés por incorporar herramientas de control biológico que actúen sobre las plantas invasoras durante períodos prolongados.

El estudio permitió diferenciar las principales zarzamoras invasoras

Durante décadas, muchas de las zarzamoras problemáticas de Sudáfrica fueron identificadas bajo el nombre Rubus cuneifolius, una clasificación que posteriormente resultó demasiado general para describir la diversidad presente en el territorio.

La identificación era especialmente complicada porque las plantas del género Rubus pueden presentar características morfológicas semejantes y formar híbridos.

Sudáfrica también alberga zarzamoras nativas que deben protegerse, por lo que confundirlas con especies invasoras podría generar riesgos importantes al desarrollar programas de control biológico.

Desde 2018, investigadores del Consejo de Investigación Agrícola y del Centro de Control Biológico de la Universidad de Rhodes trabajaron para aclarar la identidad y distribución de las principales formas invasoras.

Paralelamente, estudios botánicos desarrollados por Michal Sochor, especialista checo en zarzamoras, en colaboración con John Manning, del Instituto Nacional Sudafricano de Biodiversidad, permitieron reconocer una diversidad mucho mayor de la que se había considerado anteriormente.

Ese trabajo identificó 18 taxones no híbridos y 12 líneas híbridas del género Rubus presentes en Sudáfrica.

Los investigadores pudieron distinguir tres grupos invasores dominantes que anteriormente habían sido tratados como una sola especie: una forma de crecimiento erguido y dos formas de crecimiento extendido.

Examinaron 91 lugares afectados por las invasiones

Para conocer la distribución de las plantas, el equipo evaluó 91 sitios afectados en áreas forestales, pastizales y bordes de carreteras.

Los investigadores estudiaron las características morfológicas, la estructura genética y la distribución territorial de las zarzamoras.

La forma erguida, clasificada dentro de Rubus sección Cuneifolii, resultó especialmente importante en los pastizales.

Este grupo dominaba 42 de los 69 sitios accesibles incluidos en una de las evaluaciones de distribución.

En la provincia de KwaZulu-Natal, los científicos encontraron poblaciones extensas en pastizales abiertos y plantaciones forestales. El análisis indicó que estas plantas constituían un clon genéticamente uniforme, sin evidencias de hibridación en las poblaciones examinadas.

Por su parte, las formas de crecimiento extendido, correspondientes a Rubus sección Arguti, fueron registradas en 26 sitios.

Estas últimas aparecieron principalmente en bordes de carreteras y ambientes alterados de KwaZulu-Natal, Mpumalanga y Limpopo.

Los análisis genéticos distinguieron cinco genotipos con una distribución geográfica diferenciada.

Estas diferencias son fundamentales porque un enemigo natural eficaz contra un grupo de zarzamoras podría no producir el mismo efecto sobre otro.

El control biológico requiere encontrar enemigos naturales específicos

El control biológico de malezas consiste en utilizar organismos que afectan el crecimiento, la reproducción o la supervivencia de determinadas plantas.

Entre los posibles agentes se encuentran insectos herbívoros especializados y otros enemigos naturales que pueden alimentarse de estructuras vegetales concretas.

La estrategia no consiste simplemente en liberar insectos sobre los terrenos afectados. Antes es necesario comprobar que el organismo seleccionado presenta una elevada especificidad por la planta invasora y que no representa un riesgo inaceptable para especies nativas o cultivos.

Este requisito resulta particularmente importante en Sudáfrica, debido a la presencia de especies autóctonas del mismo género que las zarzamoras problemáticas.

Los investigadores consideran que la nueva identificación de los grupos invasores permite orientar mejor la búsqueda de organismos que se alimenten de ellos en sus regiones originales de distribución.

El siguiente paso será localizar poblaciones norteamericanas estrechamente relacionadas con las que se expandieron por Sudáfrica e investigar los enemigos naturales asociados.

El equipo contempla especialmente insectos capaces de afectar tallos u hojas, aunque todavía no ha identificado un agente definitivo autorizado para su liberación.

La necesidad de comprobar cuidadosamente las interacciones ecológicas también ha sido destacada en investigaciones sobre las respuestas inesperadas de las plantas invasoras al control biológico, que advierten de que los resultados pueden depender de las relaciones entre especies.

La investigación también examinó el valor económico de las zarzamoras

Las zarzamoras invasoras presentan una particularidad: sus frutos pueden ser aprovechados por algunas comunidades rurales.

En determinadas localidades se recolectan para consumo directo o para elaborar productos artesanales, como mermeladas, conservas y bebidas.

Por esa razón, los investigadores incorporaron un análisis socioeconómico destinado a comparar los beneficios asociados con su aprovechamiento y los costes que generan las invasiones.

El estudio encontró que la recolección de frutos produce beneficios económicos privados, pero estos no compensan los gastos ambientales y de manejo identificados.

Según los resultados, el coste gubernamental de eliminar las zarzamoras invasoras fue 13,5 veces superior a los beneficios financieros registrados por su aprovechamiento, aunque estos últimos procedían de una evaluación localizada en la provincia del Estado Libre.

Esta diferencia no significa que los frutos carezcan de utilidad para las personas que los recolectan. Indica que su valor comercial local no basta para compensar los costes generales atribuidos a la expansión de las plantas.

Los autores consideran que este aspecto debe tenerse en cuenta al diseñar estrategias de control y al dialogar con las comunidades que utilizan estos recursos.

Una herramienta complementaria para el manejo de terrenos rurales

La identificación de enemigos naturales podría proporcionar una alternativa de manejo en lugares donde el control mecánico o químico resulta difícil de mantener.

Sin embargo, los especialistas no presentan el control biológico como una solución inmediata ni como un sustituto universal de otras prácticas.

El procedimiento requiere localizar organismos candidatos, estudiar su biología y comprobar mediante ensayos de especificidad que no afectarán de manera indebida a otras plantas.

Solo después de superar las evaluaciones correspondientes podría considerarse una liberación controlada.

Este enfoque se relaciona con experiencias agrícolas en las que los insectos beneficiosos participan en la regulación de organismos perjudiciales, aunque en esos casos los objetivos son plagas de cultivos y no plantas invasoras.

También existen sistemas productivos que aprovechan determinadas plantas espontáneas como refugio para enemigos naturales de insectos plaga. Esta diferencia demuestra que la función de una especie vegetal depende de su comportamiento y del contexto ecológico.

En el caso sudafricano, el objetivo es reducir la capacidad de expansión de zarzamoras exóticas que ya están ocasionando problemas en pastizales y plantaciones forestales.

Los investigadores prevén avanzar hacia ensayos con insectos

Grant Martin considera que la mayor claridad taxonómica alcanzada durante los últimos años permite abordar un problema que anteriormente parecía especialmente difícil.

Los científicos ya pueden distinguir mejor qué grupos vegetales deben ser controlados y dónde buscar sus enemigos naturales originales.

Las próximas investigaciones se concentrarán en localizar organismos candidatos y realizar pruebas que permitan determinar su especificidad y eficacia.

Martin plantea que podría ser realista disponer de un agente de control biológico adecuado para su liberación durante la próxima década, siempre que las investigaciones y evaluaciones de seguridad produzcan resultados favorables.

Por ahora, no existe una demostración de que un insecto concreto pueda controlar estas invasiones en condiciones de campo sudafricanas.

La novedad científica reside en haber superado una dificultad fundamental: identificar con suficiente precisión las plantas invasoras, sus diferencias genéticas y su distribución.

Este conocimiento constituye la base para desarrollar estrategias de manejo más específicas y potencialmente menos costosas, con aplicaciones relevantes para la conservación de pastizales, la actividad ganadera y la producción forestal.

Fuente referencial:
Grant Martin — Brambles are a problem weed in South Africa, but researchers are closer to finding a natural enemy to manage them, The Conversation, 27 de octubre de 2026