Emilio Medina logró germinar una variedad antigua que permanecía guardada en tarros y defiende su valor por sabor, tamaño y memoria agrícola familiar.
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
El agricultor Emilio Medina ha conseguido recuperar una variedad antigua de tomate a partir de semillas conservadas desde el año 1916. El hallazgo comenzó como un proyecto personal para rescatar una identidad genética que consideraba en riesgo de pérdida y terminó con la germinación de unas seis matas de tomate procedentes de semillas guardadas durante más de un siglo.
Medina explicó en Informativos Telecinco que su objetivo era recuperar la huerta de sus bisabuelos. La oportunidad apareció cuando un conocido le avisó de que había encontrado tarros con semillas almacenadas que databan de 1916. Las variedades que buscaba no estaban disponibles en viveros y, en los bancos de semillas, la presencia de material antiguo era escasa.
Una variedad antigua con valor agrícola y familiar
El agricultor describe estos tomates como más sabrosos, rojos y grandes que los obtenidos con semillas comerciales. Su interés no se limita a la nostalgia: también apunta a la conservación de variedades locales que forman parte de la historia agrícola de cada territorio.
La recuperación de este tipo de material vegetal enlaza con el valor de las semillas como base de la producción agrícola y de la diversidad cultivada. En este caso, el resultado fue posible porque parte del material conservado mantuvo capacidad de germinación pese al tiempo transcurrido.
Cómo sobrevivieron semillas de más de 100 años
Medina detalló que las semillas de tomate pueden resistir mucho tiempo si se mantienen en condiciones adecuadas: frío relativo, poca humedad y oscuridad. Aun así, no todas las semillas almacenadas estaban vivas. Algunas habían perdido viabilidad por el propio paso del tiempo.
El caso muestra la importancia de la conservación, pero también sus límites. El agricultor explicó que las semillas antiguas son aquellas que llevan más de 50 años almacenadas, y que algunas frutas y hortalizas pueden resistir durante largos periodos cuando se preservan en condiciones óptimas.
En el cultivo del tomate, la germinación es una fase especialmente sensible. Por eso resulta relevante la planificación del semillero, como ocurre al definir el momento exacto para sembrar tomates según el ciclo de maduración y el destino final del cultivo.
Adaptación al clima actual
Una de las preguntas centrales era si una semilla de hace más de un siglo podía desarrollarse en un clima diferente al de 1916. Medina sostuvo que sí, siempre que la planta encuentre un entorno favorable, con suelo fértil y humedad suficiente.
La adaptación de las plantas a condiciones cambiantes es también un tema presente en la investigación agrícola actual. En tomate, por ejemplo, se estudian mecanismos vinculados a la germinación bajo altas temperaturas, un reto creciente para muchos sistemas de producción.
Tomates pensados para comer, no para viajar
Medina comparó la variedad recuperada con los tomates comerciales actuales. A su juicio, los tomates antiguos estaban pensados para recogerse del huerto y consumirse directamente, no para resistir viajes prolongados durante semanas.
La variedad que consiguió rescatar presenta mayor tamaño, piel más fina, carne más blanda y sabor más intenso. En cambio, los tomates comerciales actuales suelen ser más robustos y resistentes, una característica útil para la distribución, pero que puede afectar atributos como calidad y sabor.
La experiencia también recuerda la relevancia de las huertas como espacios de producción, conservación de saberes y recuperación de prácticas agrícolas familiares.
La lechuga “oreja de mulo”, otro rescate pendiente
El trabajo de Medina no se limita al tomate de 1916. También cultiva y conserva la lechuga conocida como “oreja de mulo”, una hortaliza típica de Palencia que intenta mantener sin cruces con otras variedades para preservar una versión lo más fiel posible a la anterior a las modificaciones comerciales actuales.
La misma lógica se aplica al resto de semillas antiguas que mantiene plantadas: conservarlas, multiplicarlas y evitar que desaparezcan materiales agrícolas ligados a territorios concretos y a formas tradicionales de cultivo.
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