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Transporte y desigualdad limitan el acceso mundial a alimentos

Publicado el 22/08/2026 · REDACCION

Un estudio dirigido por la Universidad de Oulu concluye que producir suficientes cultivos no garantiza su llegada a la población, especialmente en regiones de Asia y África


Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.

La capacidad mundial para producir alimentos no asegura por sí sola que las cosechas lleguen a las poblaciones que las necesitan. Una investigación encabezada por la Universidad de Oulu, en Finlandia, identificó los costos de transporte, la desigualdad económica y las deficiencias de infraestructura como barreras importantes para la accesibilidad alimentaria.

El estudio, realizado con investigadores de la Universidad Aalto y Pellervo Economic Research, desarrolló un modelo espacial para examinar cómo las redes terrestres y marítimas conectan la oferta agrícola con la demanda. Los resultados fueron publicados en la revista científica Journal of Cleaner Production.

El análisis encontró excedentes agrícolas coexistiendo con demanda insatisfecha. Esta aparente contradicción indica que puede haber alimentos disponibles en una región sin que el sistema logístico consiga trasladarlos de manera eficiente y económicamente viable hacia los lugares donde faltan.

Seis grupos de cultivos concentraron el análisis

Los investigadores combinaron datos mundiales sobre producción agrícola, demanda alimentaria, infraestructura y costos de transporte. El objetivo fue estimar la cantidad de energía alimentaria que podía desplazarse desde las zonas con oferta disponible hasta las áreas consumidoras mediante la red existente.

El trabajo abarcó seis grupos de cultivos de importancia mundial: cereales de clima templado, entre ellos trigo, cebada y centeno; maíz; arroz; cereales tropicales como mijo y sorgo; raíces tropicales representadas por la yuca; y legumbres.

En conjunto, estos productos aportan aproximadamente la mitad de las calorías alimentarias comercializadas internacionalmente. Esta selección permitió analizar alimentos básicos que desempeñan una función central tanto en los mercados mundiales como en las dietas de numerosas regiones.

La concentración en pocos cultivos también muestra una vulnerabilidad estructural. En África, por ejemplo, trigo, arroz y maíz aportan una parte dominante de las calorías, mientras otras especies adaptadas a las condiciones locales reciben menor atención productiva y comercial.

La desigualdad económica fue la barrera más influyente

El equipo comparó tres tipos de escenarios: uno con costos de transporte uniformes, otro que incorporó las diferencias económicas entre regiones y un tercero que simuló interrupciones en la producción o daños a la infraestructura.

Cuando se asumieron costos iguales, la red podía movilizar una mayor cantidad de alimentos hacia las zonas deficitarias. Al introducir las diferencias económicas reales, aumentaron simultáneamente los excedentes que permanecían sin distribuir y la demanda que no podía cubrirse.

La desigualdad económica produjo el mayor deterioro de la accesibilidad entre los escenarios estudiados. El resultado indica que la distancia física no es el único obstáculo: el precio de trasladar los cultivos puede impedir la conexión entre oferta y demanda, aunque existan carreteras, puertos o rutas marítimas.

Terhi Ala-Hulkko, investigadora de la Universidad de Oulu, señaló que la disponibilidad de alimentos no garantiza su accesibilidad. Los costos logísticos y las desigualdades económicas pueden restringir el suministro efectivo incluso cuando la producción agregada resulta suficiente.

Asia concentró dos tercios de la demanda no atendida

Las carencias de accesibilidad aparecieron en numerosas regiones, pero alcanzaron mayor intensidad en Asia y África. Cerca de dos tercios de toda la demanda alimentaria mundial que el modelo no pudo satisfacer se concentraron en Asia.

Los mayores desequilibrios asiáticos se localizaron en el sur, el este y el sudeste del continente. En estas regiones, la combinación de grandes poblaciones, distribución geográfica de la producción y costos de transporte dejó parte de la demanda sin cubrir, mientras algunos territorios conservaron excedentes que no pudieron movilizar.

En África, una proporción considerable de la producción nacional resultaba teóricamente accesible cuando el modelo aplicaba costos uniformes. Sin embargo, al incorporar los mayores gastos de transporte afrontados por muchas regiones africanas, aumentó sustancialmente la cantidad de alimentos que permanecía sin entregar.

La desigualdad territorial puede manifestarse incluso cuando los indicadores nacionales mejoran. En Colombia, por ejemplo, la inseguridad alimentaria disminuyó en las ciudades pero aumentó en zonas rurales, una diferencia que refleja cómo los hogares no enfrentan las mismas condiciones de acceso.

Las interrupciones logísticas producen efectos desiguales

El modelo también simuló pérdidas de producción y daños en la infraestructura provocados por amenazas regionales en Norteamérica, Europa oriental y Asia oriental. Los impactos no quedaron confinados al lugar donde se originó la interrupción, debido a las conexiones entre zonas productoras, rutas comerciales y mercados consumidores.

Una reducción de cosechas disminuye la oferta disponible, mientras la pérdida de capacidad en carreteras, puertos o enlaces marítimos restringe el movimiento de alimentos que sí fueron producidos. Ambos tipos de alteración pueden generar efectos diferentes según la ubicación de los centros de consumo y la existencia de rutas alternativas.

Las guerras ofrecen un ejemplo de cómo una perturbación simultánea de producción y transporte puede extenderse a otros países. Tras la invasión rusa, la reducción de la actividad agrícola y portuaria de Ucrania afectó el suministro mundial de cereales, con especial relevancia para naciones importadoras de bajos ingresos.

Los costos de energía y fertilizantes también pueden propagarse por las cadenas agroalimentarias. El conflicto en Oriente Medio mostró cómo el encarecimiento de insumos y combustibles presiona a los productores de Asia incluso antes de que los efectos lleguen plenamente a las cosechas.

Las carreteras y los puertos forman parte de la seguridad alimentaria

Ossi Kotavaara, director de investigación de la Universidad de Oulu, destacó que las redes de transporte constituyen la columna vertebral del sistema mundial de distribución de alimentos. Desde esta perspectiva, las políticas de seguridad alimentaria no deberían limitarse a incrementar rendimientos o superficies cultivadas.

La inversión en carreteras rurales, conexiones con centros de almacenamiento, ferrocarriles de carga y puertos puede reducir las pérdidas logísticas y mejorar la capacidad de los agricultores para colocar su producción. La infraestructura también necesita mantenimiento y rutas alternativas que permitan responder a inundaciones, conflictos u otras interrupciones.

Los resultados sugieren que reducir los costos puede ser tan importante como construir nuevos enlaces. Tarifas elevadas, combustible costoso, falta de competencia, pasos fronterizos lentos y servicios logísticos insuficientes pueden hacer que una ruta físicamente disponible resulte económicamente inaccesible.

El estudio no incorporó directamente las relaciones comerciales, las restricciones geopolíticas ni todas las decisiones que intervienen en el intercambio real de alimentos. Por ello, el modelo no predice cantidades exactas que serán entregadas, sino que identifica cómo la estructura espacial, los costos y las perturbaciones modifican la capacidad potencial de conectar oferta y demanda.

Producir y distribuir requieren políticas coordinadas

El marco elaborado por el equipo permite localizar territorios donde la oferta agrícola permanece aislada y zonas consumidoras con pocas conexiones asequibles. Esa información puede ayudar a priorizar inversiones logísticas, fortalecer corredores alimentarios y evaluar rutas de respaldo antes de que ocurra una emergencia.

La producción local puede reducir parte de la dependencia del transporte de larga distancia, aunque no todos los territorios poseen condiciones para cultivar los alimentos que consumen. Las estrategias deben combinar agricultura regional, comercio, almacenamiento, infraestructura resistente y protección económica para los hogares vulnerables.

El análisis finlandés refuerza una idea central: la seguridad alimentaria depende tanto de lo que sale del campo como de la posibilidad material y económica de llevarlo hasta la población. Los excedentes no resuelven el hambre si permanecen detenidos por redes deficientes, altos costos o una capacidad de compra insuficiente.

Fuentes referenciales:
Phys.org
Journal of Cleaner Production
Universidad Aalto



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