Un estudio de dos años en Alemania encontró que ambas estrategias aumentaron entre 20% y 30% la diversidad de especies, aunque sus efectos sobre abejas, rendimiento y rentabilidad fueron diferentes
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Un equipo internacional de investigadores comparó en campos de trigo de invierno de los alrededores de Gotinga, Alemania, dos estrategias apoyadas por los programas agroambientales de la Unión Europea: la agricultura orgánica y el establecimiento de franjas de flores silvestres junto a parcelas manejadas convencionalmente. Durante dos años, los científicos evaluaron nueve paisajes agrícolas para determinar cómo cada alternativa modifica la biodiversidad, el rendimiento y los resultados económicos.
Los resultados, publicados en el Journal of Applied Ecology, muestran que ninguna de las dos medidas ofrece exactamente los mismos beneficios. Tanto las parcelas orgánicas como los campos convencionales acompañados por franjas florales registraron entre 20% y 30% más especies que los campos convencionales utilizados como control. Sin embargo, las flores fueron particularmente favorables para la diversidad de abejas, mientras que el trigo orgánico presentó la mayor rentabilidad dentro de las condiciones analizadas.
La comparación aporta datos para un debate agrícola en el que la producción y la conservación suelen plantearse como objetivos contrapuestos. Experiencias anteriores ya han mostrado que las prácticas agroecológicas pueden favorecer simultáneamente biodiversidad y producción, aunque el costo de establecer hábitats y la superficie retirada del cultivo pueden modificar el balance económico de cada explotación.
Tres sistemas de producción de trigo bajo comparación
Los investigadores trabajaron con tres tipos de campos: trigo convencional acompañado por una franja de flores silvestres, trigo producido bajo manejo orgánico y trigo convencional sin una intervención ambiental específica, que funcionó como tratamiento de referencia.
La comparación permitió separar los efectos de dos estrategias distintas. Las franjas florales conservan el sistema convencional en la mayor parte de la parcela, pero reservan determinados espacios para plantas capaces de proporcionar alimento y refugio a diferentes organismos. La agricultura orgánica, en cambio, modifica el manejo de toda la superficie productiva.
Este tipo de infraestructura vegetal ya se utiliza en diferentes sistemas agrícolas. La experiencia con flores silvestres destinadas a atraer polinizadores y enemigos naturales de las plagas muestra que las bandas florales pueden integrarse al diseño de una explotación siempre que su ubicación, especies vegetales y manejo sean compatibles con las operaciones agrícolas.
Las dos estrategias elevaron la diversidad de especies
Los campos orgánicos albergaron el mayor número de especies de plantas silvestres. Cuando los investigadores contabilizaron también las especies sembradas deliberadamente dentro de las franjas florales, estas zonas alcanzaron una riqueza vegetal similar.
La respuesta de las abejas fue diferente. Las franjas de flores fueron visitadas por tres veces más especies de abejas que los campos orgánicos, aunque tanto las parcelas con flores como las orgánicas registraron poblaciones de abejas superiores a las observadas en los campos convencionales de control.
La disponibilidad concentrada de flores convierte estas franjas en áreas de alimentación particularmente atractivas para los insectos. En paisajes agrícolas más amplios, estructuras semejantes pueden funcionar además como corredores que facilitan el movimiento de polinizadores entre cultivos y otros hábitats.
La respuesta positiva no se limitó a las abejas. Escarabajos del suelo, arañas y sírfidos también prosperaron bajo las dos intervenciones ambientales. En conjunto, los investigadores registraron entre 20% y 30% más especies de estos grupos que en las áreas convencionales utilizadas como referencia.
El trigo orgánico produjo menos grano pero mayores ganancias
La comparación económica reveló un resultado especialmente llamativo. Los campos orgánicos produjeron aproximadamente 50% menos trigo que los campos convencionales de control, pero sus ganancias fueron más de 150% superiores.
Los investigadores atribuyeron esta diferencia a las mejores posibilidades de comercialización del trigo orgánico y al apoyo económico proporcionado mediante los subsidios de la Unión Europea. El resultado, por tanto, no significa que una reducción del rendimiento genere por sí misma una mayor rentabilidad: el desempeño económico observado dependió del mercado y de los instrumentos de apoyo existentes en el contexto estudiado.
Las condiciones particulares de la producción orgánica de cereales también influyen sobre su desempeño agronómico. Otros trabajos han estudiado, por ejemplo, el uso de silicio para mejorar rendimiento, sanidad y calidad en trigo orgánico, reflejando la búsqueda de herramientas compatibles con sistemas que disponen de alternativas diferentes a las utilizadas en la agricultura convencional.
Los campos convencionales con franjas florales mostraron un balance económico distinto. Una vez incorporados los subsidios destinados a estas franjas, sus ganancias quedaron solo ligeramente por debajo de las obtenidas en las parcelas convencionales de control.
La ubicación de las franjas florales condicionó la comparación
El equipo detectó además una diferencia importante al comparar directamente las áreas convencionales con y sin franjas. Los campos donde no existían franjas florales registraron rendimientos 5% superiores y ganancias 21% mayores.
Péter Batáry, autor principal del estudio y responsable del Grupo de Ecología del Paisaje y Conservación del Centro de Investigación Ecológica de Hungría, señaló que este patrón sugiere que los agricultores probablemente instalaron las franjas de flores de manera selectiva en terrenos periféricos y menos productivos.
Este elemento es importante para interpretar los resultados porque la investigación fue observacional. Los científicos estudiaron campos agrícolas existentes y no asignaron aleatoriamente las prácticas a parcelas equivalentes. Por ello, las diferencias económicas observadas entre campos con y sin franjas no pueden atribuirse exclusivamente a la presencia de las flores.
Las franjas de flores y el manejo orgánico favorecen especies distintas
Los resultados indican que las dos estrategias no deberían considerarse sustitutos perfectos. Las franjas florales concentraron una elevada diversidad de abejas, mientras que los campos orgánicos favorecieron especialmente la riqueza de plantas silvestres. Otros artrópodos beneficiosos respondieron positivamente a ambas medidas.
Teja Tscharntke, profesor del Departamento de Agroecología y Agrobiodiversidad Funcional de la Universidad de Gotinga, sostiene que ambas medidas se complementan porque promueven parcialmente grupos diferentes de especies. La combinación de distintas intervenciones puede, por tanto, contribuir a construir paisajes agrícolas capaces de cumplir varias funciones.
La misma institución ha advertido en investigaciones anteriores que la recuperación de biodiversidad agrícola requiere más que franjas florales aisladas. Setos, pastizales, barbechos, árboles, bordes vegetados y otros hábitats pueden complementarse para proporcionar recursos en diferentes momentos del año.
La biodiversidad agrícola también interviene en el control de plagas
El interés productivo de conservar artrópodos no se limita a la polinización. Escarabajos terrestres, arañas y sírfidos forman parte de comunidades que pueden participar en el control natural de organismos perjudiciales para los cultivos. Mantener hábitats adecuados puede ayudar a sostener estas poblaciones dentro del paisaje agrícola.
La disminución de polinizadores constituye además una preocupación creciente en numerosos sistemas productivos. La experiencia documentada en cultivos afectados por la pérdida de abejas y otros polinizadores evidencia que la conservación de estos organismos tiene implicaciones que trascienden la protección de la biodiversidad y alcanzan directamente a la producción agroalimentaria.
En el caso del trigo, que no depende de insectos para su polinización de la misma manera que cultivos frutales, oleaginosos o determinadas hortalizas, las franjas florales pueden seguir desempeñando una función dentro del paisaje al sostener comunidades de insectos y otros artrópodos que utilizan esos espacios como fuente de alimento o refugio.
El rendimiento no basta para evaluar una práctica agrícola
El estudio pone de relieve la necesidad de analizar conjuntamente producción, biodiversidad y rentabilidad. Una práctica puede disminuir la cantidad de grano cosechado y, al mismo tiempo, resultar económicamente viable bajo determinadas condiciones comerciales y políticas; otra puede conservar el manejo convencional del cultivo y destinar únicamente una fracción del terreno a objetivos ambientales.
Los resultados tampoco permiten establecer que uno de estos sistemas vaya a reproducir el mismo balance económico en cualquier país. Los precios del trigo, las primas pagadas por productos orgánicos, los costos de producción, la productividad de cada terreno y los subsidios agrícolas pueden alterar sustancialmente las cuentas.
En las nueve zonas estudiadas alrededor de Gotinga, las dos intervenciones demostraron que es posible aumentar la diversidad biológica dentro de paisajes dedicados al trigo. La diferencia estuvo en cómo se distribuyeron esos beneficios y en los mecanismos económicos que permitieron compensar, total o parcialmente, los costos productivos asociados con cada estrategia.
Fuentes referenciales:
EurekAlert!
Universidad de Gotinga
Journal of Applied Ecology


