Ensayos de la Universidad de Chile identificaron en variedades tradicionales mayor estabilidad productiva, biomasa y eficiencia en el uso del agua bajo condiciones adversas
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
Variedades tradicionales de trigo conservadas por agricultores chilenos podrían aportar características valiosas para desarrollar cultivos mejor adaptados a la escasez de agua. Una investigación de la Universidad de Chile comparó materiales locales y modernos en ambientes agrícolas de las regiones Metropolitana y de Ñuble, incluidos escenarios de sequía severa.
El trabajo fue realizado por Paola Silva, Marcela Opazo y Victoria Figueroa-Bustos, especialistas vinculadas al Laboratorio de Relación Suelo-Agua-Planta del Departamento de Producción Agrícola de la Facultad de Ciencias Agronómicas. Sus resultados fueron publicados en la revista Frontiers in Sustainable Food Systems.
La investigación adquiere relevancia ante la creciente exposición del trigo a déficits hídricos. Estudios anteriores han advertido que las olas breves de calor y sequía durante etapas sensibles del cultivo pueden reducir la formación del grano y comprometer la producción.
Diez variedades evaluadas durante dos años
El equipo estudió siete variedades tradicionales —Blanco, Cebolla, Chucho, Colorado, Furfuya, Legul y Milufen— y tres modernas: Kipa INIA, Onda y Pandora INIA. Los ensayos se desarrollaron durante dos años en diez ambientes, siete de los cuales presentaron condiciones de sequía severa.
Las variedades modernas alcanzaron, en promedio, una mayor producción de grano. Este comportamiento corresponde a materiales seleccionados para obtener altos rendimientos cuando disponen de suficiente agua, nutrientes y condiciones favorables de manejo.
Los trigos locales, en cambio, mostraron mayor estabilidad del rendimiento y de la producción de biomasa, además de una eficiencia intrínseca superior en el uso del agua. Los resultados indican que, aunque no necesariamente superan la producción de las variedades modernas en ambientes favorables, pueden experimentar variaciones menores cuando las condiciones se vuelven restrictivas.
Esta diferencia resulta especialmente importante porque la adaptación no depende exclusivamente del rendimiento máximo. La capacidad de mantener un comportamiento relativamente estable durante campañas secas también puede determinar la viabilidad productiva de un cultivo en áreas con disponibilidad hídrica limitada.
Furfuya destaca como material para futuros cruzamientos
Entre los materiales analizados, Furfuya presentó una combinación particularmente interesante: producción estable de biomasa, elevada eficiencia en el uso del agua y un ciclo de desarrollo semejante al de los trigos modernos.
Las investigadoras consideran que estas características permitirían utilizarla como material parental en programas de mejoramiento orientados a zonas mediterráneas sometidas a sequías severas. El objetivo no consiste en sustituir directamente las variedades modernas, sino en aprovechar rasgos útiles de los trigos tradicionales e incorporarlos a nuevos materiales productivos.
Las variedades locales también tienen limitaciones. En términos generales, producen menos grano y pueden alcanzar mayor altura que los materiales modernos. Por ello, su principal contribución estaría en la variabilidad genética y en características adquiridas durante décadas de cultivo y selección en condiciones territoriales específicas.
La búsqueda de una base genética más amplia coincide con investigaciones que señalan a la diversidad del trigo como un recurso para la adaptación climática. La combinación de materiales tradicionales y modernos puede permitir que los programas de mejoramiento trabajen simultáneamente sobre productividad, estabilidad y tolerancia al déficit hídrico.
Una reserva agrícola conservada en el Valle del Itata
El interés por estos materiales surgió a partir de iniciativas destinadas a recuperar variedades locales del Valle del Itata. Los agricultores del secano interior las han mantenido durante décadas, desde antes de la introducción de las primeras variedades modernas semienanas.
Esa conservación en los campos permitió que las semillas continuaran expuestas al clima, los suelos y las decisiones de selección de las comunidades rurales. De acuerdo con las investigadoras, este proceso preservó características diferentes de las priorizadas por el mejoramiento convencional de alto rendimiento.
Los resultados podrían ser relevantes para sectores interiores de O’Higgins, Maule y Ñuble, donde la menor disponibilidad de agua y las condiciones de los suelos pueden someter al trigo a sequía desde fases tempranas de crecimiento.
El hallazgo también se relaciona con un desafío económico más amplio. Un análisis reciente indicó que la expansión simultánea de sequías en regiones trigueras puede aumentar la presión sobre los precios internacionales. Contar con cultivos más estables no elimina ese riesgo, pero puede ampliar las herramientas de adaptación disponibles para productores y programas públicos de semillas.
Semillas vinculadas con alimentos, artesanías e identidad rural
Los trigos tradicionales no representan únicamente una reserva de características agronómicas. Algunas variedades se conservan por su uso en la elaboración de harina tostada, mote o café de trigo, mientras otras proporcionan paja empleada en la confección de chupallas y diferentes artesanías.
Su desaparición supondría perder tanto material genético todavía insuficientemente estudiado como conocimientos productivos, preparaciones y actividades económicas relacionadas con las comunidades que los han cultivado.
Las especialistas plantean que la conservación debe realizarse de manera complementaria en bancos de germoplasma y en predios agrícolas. El almacenamiento protege la composición genética de las semillas en un momento determinado, mientras su cultivo continuado permite que las poblaciones sigan respondiendo a las condiciones ambientales y a la selección de los agricultores.
La estabilidad productiva gana importancia bajo escasez hídrica
La investigación no presenta a los trigos locales como una solución inmediata ni como variedades comerciales capaces de resolver por sí solas las consecuencias de la sequía. Su aporte consiste en ofrecer rasgos que pueden evaluarse y combinarse dentro de procesos de mejoramiento más amplios.
El desarrollo de trigo resistente al estrés hídrico exige considerar múltiples características fisiológicas y productivas. Esa complejidad ya se ha observado al estudiar la respuesta del trigo a ambientes cálidos y secos, donde intervienen el sistema radicular, la biomasa, la fotosíntesis y el momento en que ocurre la falta de agua.
Los ensayos chilenos aportan evidencia de que los materiales conservados en el secano interior contienen cualidades aprovechables bajo condiciones extremas. Furfuya y otras variedades tradicionales representan así una fuente genética para investigar nuevos trigos capaces de combinar rendimiento competitivo con mayor estabilidad en territorios expuestos a sequías severas.
Fuentes referenciales:
Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile
Frontiers in Sustainable Food Systems

