El INIA evaluó en Treinta y Tres el manejo de pasturas, la eficiencia productiva y la elevada presencia de brusone en más de 11.000 hectáreas de raigrás
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
El Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria de Uruguay reunió en Treinta y Tres a productores, técnicos, asesores e investigadores para evaluar los principales desafíos de los sistemas arroz-ganadería de la región este. La jornada, organizada por la Unidad de Producción Arroz-Ganadería, abordó la productividad animal, el manejo de las pasturas, el aprovechamiento de los recursos y la alta incidencia de brusone en raigrás observada durante 2026.
El encuentro permitió revisar resultados experimentales y observaciones procedentes de establecimientos productivos. También sirvió para definir prioridades de investigación que respondan a problemas concretos del territorio, con especial atención a la estabilidad de las rotaciones, la eficiencia del pastoreo y la protección sanitaria de las pasturas.
Estos sistemas combinan la producción arrocera con fases ganaderas y forrajeras. Su funcionamiento resulta particularmente relevante para Uruguay, donde tanto la carne bovina como el arroz forman parte de los principales rubros agropecuarios y exportadores, como refleja el análisis sobre la situación de la ganadería y la agricultura uruguayas.
Las pasturas sostienen la producción animal
Durante la jornada se destacó el papel de las pasturas como base de la producción de carne dentro de la rotación. Un manejo adecuado del pastoreo puede elevar la eficiencia biológica y económica, mantener una oferta forrajera aprovechable y favorecer una utilización más equilibrada de las parcelas después de las fases agrícolas.
La integración entre agricultura y ganadería también permite circular nutrientes entre los distintos componentes del sistema. Los residuos vegetales, las pasturas y la presencia de animales pueden contribuir a conservar la productividad del suelo y mejorar el aprovechamiento del nitrógeno cuando el manejo se adapta a las características de cada establecimiento.
El INIA señaló que las pasturas aportan estabilidad y resiliencia a los sistemas productivos. Esta función adquiere importancia frente a variaciones climáticas, sanitarias y económicas que pueden afectar de manera diferente al arroz, la producción forrajera y el ganado.
La eficiencia en el uso del nitrógeno constituye uno de los puntos centrales de esa integración. Experiencias desarrolladas en otros sistemas agrícolas muestran que las leguminosas incorporadas a las rotaciones pueden mejorar el aprovechamiento del nitrógeno, aunque las decisiones deben ajustarse a los suelos, cultivos y condiciones productivas de cada región.
El brusone afectó ampliamente al raigrás en 2026
La situación sanitaria del raigrás ocupó un lugar prioritario debido a la alta presencia de brusone registrada durante 2026. La enfermedad, asociada al patógeno Pyricularia oryzae, produjo casos de fuerte afectación de las pasturas y generó consultas de productores y técnicos procedentes de distintas regiones uruguayas.
El desarrollo de la enfermedad no depende de una sola variable. De acuerdo con el análisis presentado por el INIA, responde a la interacción entre el patógeno, el hospedero y las condiciones ambientales. Comprender esa relación es indispensable para establecer cuándo aumenta el riesgo epidemiológico y qué medidas de manejo podrían reducir las pérdidas.
El mismo patógeno puede afectar diferentes gramíneas y cultivos, aunque su comportamiento y consecuencias dependen del hospedero y del ambiente. En España, por ejemplo, la piriculariosis representa una amenaza sanitaria para los arrozales de Pego, donde productores también enfrentan dificultades para disponer de herramientas de control.
La investigación internacional ha mostrado además que la susceptibilidad frente a Pyricularia oryzae puede estar vinculada con características genéticas específicas. Estudios anteriores sobre la resistencia del trigo a este hongo destructivo ilustran la importancia de caracterizar cuidadosamente la respuesta de cada material vegetal.
Una encuesta nacional cubrió más de 11.000 hectáreas
El INIA presentó los resultados de una encuesta nacional realizada sobre más de 11.000 hectáreas de raigrás. La información confirmó que la enfermedad tuvo una distribución amplia durante 2026 y permitió reconocer condiciones asociadas con su aparición, además de aportar elementos para estudiar su impacto en diferentes sistemas de producción.
La institución aclaró que la encuesta no constituye un ensayo experimental. Su función es describir lo observado durante la epidemia, reconocer patrones consistentes y formular hipótesis que posteriormente deberán contrastarse mediante experimentos y evaluaciones de campo diseñados específicamente para ese propósito.
Esta precisión metodológica impide interpretar asociaciones observadas como relaciones causales definitivas. Los datos aportan una base para orientar nuevas preguntas, pero la determinación del efecto de una variedad, una práctica agronómica o una condición ambiental requiere comparaciones controladas y repetidas.
Uruguay evalúa líneas de raigrás con resistencia parcial
La elevada incidencia de 2026 encontró al INIA con una plataforma de investigación activa desde 2021. El trabajo se desarrolla mediante un convenio de cooperación entre el instituto, PGG Wrightson Seeds y Grassland Innovation, orientado a evaluar e identificar líneas de raigrás con resistencia parcial cuantitativa y adaptación a las condiciones productivas uruguayas.
Las evaluaciones se realizan tanto en el campo como en condiciones controladas mediante inoculación artificial. Esta combinación permite analizar la respuesta genética de los materiales frente al patógeno e identificar posibles fuentes de resistencia parcial que puedan utilizarse en programas de mejoramiento.
La red incorporó además tres sitios experimentales en Brasil. Allí se prueban líneas desarrolladas en Uruguay bajo condiciones de alta presión natural de la enfermedad, complementando los ensayos nacionales y permitiendo comprobar si la respuesta genética se mantiene en ambientes epidemiológicos diferentes.
El INIA advirtió que los cultivares pueden presentar distintos niveles de resistencia parcial y susceptibilidad. La caracterización rigurosa exige metodologías específicas y evaluaciones repetidas durante varios años, ambientes y escenarios sanitarios. La epidemia de 2026 no originó esta línea de investigación, pero permitió validarla bajo una presión elevada y reconsiderar sus prioridades.
Monitoreo y manejo integrado entre las prioridades
Entre las líneas de trabajo identificadas se encuentran la ampliación de los estudios epidemiológicos, el fortalecimiento del monitoreo y la alerta temprana, la evaluación de prácticas agronómicas y una caracterización más precisa de la respuesta genética de los cultivares.
Otra prioridad será consolidar estrategias de manejo integrado adaptadas a Uruguay. Ese enfoque deberá reunir información sobre materiales vegetales, ambiente, antecedentes de las parcelas y decisiones de manejo, sin asumir que una única herramienta puede controlar por sí sola una enfermedad condicionada por múltiples factores.
La articulación entre productores e investigadores tendrá una función esencial. Los registros de campo ayudan a detectar episodios, comparar condiciones productivas y formular preguntas, mientras los ensayos permiten someter esas observaciones a evaluaciones reproducibles antes de convertirlas en recomendaciones.
La jornada de Treinta y Tres dejó así una agenda que combina productividad ganadera, manejo de pasturas, eficiencia de nutrientes y sanidad vegetal. El objetivo es sostener sistemas arroz-ganadería capaces de aprovechar mejor sus recursos y responder con evidencia científica a riesgos como la epidemia de brusone registrada durante 2026.
Fuente referencial:
Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria de Uruguay

