El sector arrocero prevé superar 1,4 millones de toneladas tras ampliar la superficie sembrada, con Portuguesa y Guárico como ejes de una recuperación que ya permite cubrir el consumo interno
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.
Venezuela avanza hacia una de sus mayores cosechas recientes de arroz después de ampliar la superficie cultivada y recuperar capacidad productiva en los principales estados arroceros. Las estimaciones divulgadas por representantes del sector sitúan la producción de 2026 por encima de 1,4 millones de toneladas de arroz paddy, volumen que permitiría mantener cubierto el consumo nacional y consolidar el retorno del cultivo después de años marcados por una fuerte contracción.
La proyección se apoya principalmente en la expansión de las siembras en Portuguesa y Guárico, los dos grandes polos arroceros del país. Productores e industrias han incrementado el área bajo cultivo durante los últimos ciclos, mientras la disponibilidad de semillas, fertilizantes, maquinaria, financiamiento privado y sistemas de riego ha permitido recuperar parte de la superficie que había quedado fuera de producción.
El comportamiento del arroz forma parte de una recuperación más amplia de determinados rubros agrícolas venezolanos. La evolución del sector resulta especialmente significativa después de un período en el que la caída de las siembras obligó a depender en mayor medida de las importaciones para abastecer el mercado interno.
Más superficie devuelve volumen a los arrozales venezolanos
La recuperación se explica en buena medida por el aumento sostenido del área sembrada. Venezuela cuenta con zonas donde la infraestructura de riego y las condiciones agroclimáticas permiten desarrollar dos ciclos de arroz durante el año, aunque los rendimientos dependen de factores como disponibilidad de agua, calidad de la semilla, fertilización, control de malezas, enfermedades y manejo agronómico.
Portuguesa concentra una parte fundamental de esta expansión. Los sistemas agrícolas de los Llanos occidentales poseen una larga tradición cerealera y una infraestructura productiva en la que conviven arroz, maíz y otros cultivos. Guárico, por su parte, mantiene áreas arroceras estrechamente vinculadas con grandes sistemas de almacenamiento y aprovechamiento del agua.
La experiencia internacional muestra que la recuperación de la superficie debe ir acompañada de mejoras en productividad. El manejo eficiente del nitrógeno en el cultivo de arroz es uno de los factores capaces de modificar tanto el rendimiento como la eficiencia económica de la producción, especialmente cuando el precio de los fertilizantes representa una parte importante de los costos por hectárea.
Para los productores venezolanos, aumentar la cosecha sin depender exclusivamente de una expansión permanente del área supone mantener rendimientos competitivos y controlar costos en cada ciclo. La disponibilidad y oportunidad de los insumos continúan siendo determinantes para alcanzar ese objetivo.
El agua sigue siendo decisiva para sostener la producción
El arroz requiere una gestión hídrica particularmente cuidadosa. Aunque existen diferentes sistemas de cultivo, buena parte de la producción venezolana se desarrolla bajo riego, lo que convierte la disponibilidad de agua, los canales, las estaciones de bombeo y el mantenimiento de la infraestructura en elementos estratégicos.
La necesidad de producir más arroz utilizando el agua de manera eficiente también está impulsando cambios en otros países. Investigaciones sobre estrategias de riego para reducir el consumo de agua sin comprometer el rendimiento muestran que el manejo hídrico puede convertirse en una de las principales herramientas para aumentar la resiliencia de los sistemas arroceros.
En Venezuela, este factor adquiere especial importancia por la alternancia entre períodos secos y lluvias intensas característica de las principales regiones productoras. Una campaña favorable necesita disponer de suficiente agua durante las etapas críticas, pero también requiere capacidad de drenaje cuando las precipitaciones superan las necesidades del cultivo.
Los eventos meteorológicos extremos pueden alterar calendarios de siembra, labores de campo, fertilización y cosecha. Por esa razón, la recuperación del arroz no depende únicamente de sembrar una superficie mayor, sino también de mantener operativa la infraestructura que permite administrar el recurso hídrico durante todo el ciclo.
Semillas y sanidad vegetal condicionan los rendimientos
La calidad de la semilla constituye otro componente central de la expansión. Un incremento de la superficie exige disponer de volúmenes suficientes de materiales con buena germinación, pureza y comportamiento agronómico adaptado a las condiciones de las zonas productoras.
El mejoramiento del arroz se está orientando internacionalmente hacia variedades capaces de mantener rendimientos bajo condiciones ambientales más difíciles. Un ejemplo son las líneas de arroz que combinan genes de tolerancia a la sequía, desarrolladas para disminuir las pérdidas cuando el cultivo atraviesa períodos de estrés hídrico.
La expansión del área también aumenta la necesidad de vigilancia fitosanitaria. Enfermedades, insectos y malezas pueden reducir significativamente el rendimiento cuando las condiciones ambientales favorecen su desarrollo o cuando el control se realiza fuera del momento adecuado.
El manejo integrado adquiere por ello mayor relevancia a medida que aumenta la superficie sembrada. La dependencia excesiva de una única herramienta de control puede elevar costos y favorecer problemas de resistencia, mientras la combinación de prácticas agronómicas permite distribuir mejor los riesgos.
El arroz recupera espacio en la seguridad alimentaria venezolana
El crecimiento de la cosecha tiene una consecuencia directa sobre el abastecimiento nacional. El arroz es uno de los cereales básicos de la dieta venezolana y su disponibilidad repercute en consumidores, productores, molinos, transportistas y cadenas comerciales.
Una producción superior a las necesidades inmediatas del mercado interno abre además la posibilidad de administrar inventarios con mayor holgura y explorar mercados externos, siempre que la calidad, los costos y los volúmenes disponibles hagan competitiva la operación.
La recuperación venezolana coincide con un mercado mundial en el que las decisiones de los grandes países productores pueden modificar rápidamente los flujos comerciales. Cambios en las cosechas, restricciones a las exportaciones o acumulación de inventarios influyen sobre las cotizaciones internacionales y sobre los países que dependen de compras externas.
En ese contexto, fortalecer la producción doméstica reduce la exposición directa a determinadas alteraciones del comercio mundial. El comportamiento de la producción y los precios internacionales del arroz demuestra que la oferta global puede cambiar con rapidez cuando coinciden variaciones productivas y decisiones comerciales de los principales actores.
La mecanización será clave si continúa creciendo el área
Una cosecha superior a 1,4 millones de toneladas implica movilizar una cadena que comienza mucho antes de la recolección. Preparación del terreno, siembra, fertilización, manejo del agua, protección del cultivo, cosecha, secado, almacenamiento, molienda y transporte deben aumentar su capacidad de manera coordinada.
Las cosechadoras son particularmente importantes porque retrasos durante la recolección pueden elevar las pérdidas de grano y deteriorar su calidad. A medida que aumenta la superficie, disponer de maquinaria suficiente dentro de una ventana limitada de cosecha se convierte en un factor operativo determinante.
La agricultura venezolana ha enfrentado históricamente restricciones relacionadas con renovación de equipos y disponibilidad de repuestos. La continuidad de la recuperación dependerá en parte de que productores y prestadores de servicios puedan mantener tractores, sembradoras, cosechadoras, sistemas de bombeo y equipos de transporte en funcionamiento.
La modernización no necesariamente significa sustituir toda la maquinaria. Mejoras en calibración, mantenimiento y organización de las labores pueden aumentar la eficiencia de equipos existentes, mientras tecnologías de mayor precisión permiten administrar mejor semillas, fertilizantes y agua.
El reto será convertir una buena cosecha en crecimiento sostenido
La proyección de 2026 representa una señal relevante para un cultivo que atravesó años de reducción de superficie y producción. Sin embargo, alcanzar una cosecha elevada en un ciclo no garantiza por sí mismo que ese volumen pueda mantenerse durante las campañas siguientes.
Los productores necesitan precios que permitan recuperar los costos y financiar nuevas siembras. Una cosecha abundante puede aumentar la oferta disponible y ejercer presión sobre los precios pagados en finca si la capacidad de almacenamiento, procesamiento o comercialización no crece al mismo ritmo.
Este equilibrio entre productividad y rentabilidad es común a numerosos sistemas cerealistas. Los avances agronómicos permiten elevar rendimientos, pero los costos de producción continúan condicionando las decisiones de siembra de los agricultores, especialmente en cultivos que requieren fertilizantes, maquinaria y manejo intensivo.
Para Venezuela, consolidar el arroz como rubro capaz de cubrir sostenidamente la demanda interna dependerá de mantener suficiente superficie, elevar productividad, conservar la infraestructura de riego, asegurar semillas e insumos y ofrecer condiciones económicas que incentiven a los agricultores a repetir la siembra. La cosecha proyectada para 2026 marca un avance importante, pero su impacto estructural dependerá de la continuidad productiva en los próximos ciclos.
Fuentes referenciales:
Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro)
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) — Venezuela


