La liquidación del gigante francés de proteína de insectos expone los límites industriales de una alternativa que prometía transformar la alimentación animal
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
La liquidación judicial de la francesa Ÿnsect marca un golpe fuerte para la industria europea de proteína de insectos. Durante años, la empresa fue presentada como una de las grandes apuestas para transformar la alimentación animal, reducir la dependencia de la soja y de la harina de pescado, y abrir una nueva vía industrial ligada a la economía verde.
El proyecto, sin embargo, terminó desplomándose después de más de una década de actividad, pérdidas millonarias y una estructura industrial que no consiguió sostenerse con ingresos suficientes. La compañía llegó a captar más de 600 millones de dólares en financiación pública y privada, incluidos cerca de 200 millones de euros en ayudas públicas.
El caso resulta especialmente relevante para el sector agropecuario porque la proteína de insectos ha sido defendida como alternativa para piensos, acuicultura y alimentación de mascotas. En el debate técnico, la harina de insectos para alimentación animal ha sido presentada como una opción con potencial nutricional, pero su viabilidad económica depende de costos, escala y demanda real.
Una promesa verde con ingresos insuficientes
Ÿnsect construyó su crecimiento alrededor de una idea poderosa: producir insectos a escala industrial para elaborar proteína destinada a sustituir parcialmente materias primas tradicionales. La empresa recibió apoyo de inversores internacionales, fondos vinculados al negocio sostenible y respaldo público europeo.
Pero los ingresos nunca avanzaron al ritmo del gasto. En 2021, considerado su mejor ejercicio, la facturación apenas alcanzó 17,8 millones de euros. Dos años después, las pérdidas acumuladas superaban ya los 79 millones de euros, una cifra que mostraba la distancia entre la ambición industrial y la capacidad real del mercado.
La proteína de insectos destinada a piensos continúa enfrentando costos de producción elevados y márgenes estrechos. Esa tensión también afecta a la cría de insectos para alimentos de peces, un campo donde la sustitución de harina y aceite de pescado sigue siendo atractiva, pero exige precios competitivos para ganar espacio comercial.
Ÿnfarm concentró el riesgo del modelo
Uno de los puntos críticos fue Ÿnfarm, la gigantesca planta levantada en el norte de Francia y presentada como la mayor granja de insectos del mundo. La instalación consumió cientos de millones antes de demostrar que podía funcionar de forma rentable y estable.
La empresa intentó cambiar su estrategia con el paso del tiempo. Pasó de la acuicultura a los piensos, la alimentación para mascotas e incluso el consumo humano, aunque este último nunca ocupó una parte importante del negocio. La compra de la neerlandesa Protifarm en 2021 tampoco logró revertir la tendencia financiera.
La caída de Ÿnsect no elimina el valor técnico de los insectos como fuente de proteína, pero sí deja una advertencia clara: una alternativa puede ser prometedora desde el punto de vista ambiental y nutricional, pero necesita compradores estables, costos controlados y una cadena comercial capaz de sostenerse sin depender de subvenciones permanentes.
Tebrio avanza en Salamanca mientras cae Ÿnsect
Mientras el gigante francés entra en liquidación, la empresa española Tebrio avanza con su megafactoría en el puerto seco de Peña Alta, en Salamanca. La planta ya trabaja al 20% de su capacidad y mantiene activa una primera fase de 18.000 metros cuadrados, con maquinaria y personal operando mientras se completan las obras.
La instalación salmantina está considerada la mayor granja de gusanos del mundo. Allí se criará Tenebrio molitor, conocido como gusano de la harina, para producir proteínas y lípidos destinados a alimentación animal, biofertilizantes y aplicaciones en la industria farmacéutica y cosmética.
El proyecto español espera generar 150 empleos directos y más de 1.300 indirectos. Su propuesta se apoya en el aprovechamiento de residuos agrícolas, la reducción de emisiones y el menor consumo de agua, elementos que conectan con el uso de residuos agrícolas como biofertilizantes.
La proteína alternativa queda bajo examen
La liquidación de Ÿnsect reabre una pregunta central para Europa: si las megafactorías de insectos pueden producir proteína a precios que el mercado esté dispuesto a pagar. El interés por estas alternativas continúa vigente, pero el caso francés obliga a separar la promesa ambiental de la rentabilidad industrial.
Para productores, fabricantes de piensos y empresas agroalimentarias, el mensaje es directo. La sustitución parcial de soja, harina de pescado u otras fuentes proteicas solo será viable si el nuevo ingrediente logra integrarse a cadenas existentes sin disparar costos ni depender de expectativas financieras difíciles de sostener.
La investigación sigue aportando datos favorables en algunas aplicaciones. El uso de pupas de gusanos de seda en acuicultura ha mostrado interés como fuente de proteína para peces, y las larvas de mosca soldado negra en alimentación animal forman parte de una línea técnica que todavía conserva potencial.
El problema no es solo producir insectos, sino hacerlo de forma industrial, rentable y con salida comercial suficiente. En ese punto, la caída de Ÿnsect funciona como advertencia para Tebrio y para toda la industria europea: la escala puede ser una ventaja, pero también puede convertirse en una carga si el mercado no crece al mismo ritmo.
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