Agricultura

Un árbol ornamental facilita la expansión de una abeja invasora en España

Publicado el 25/09/2026 · REDACCION

Un estudio en Cataluña relaciona la presencia de la sófora, originaria de China, con la distribución de la abeja gigante de la resina y alerta sobre el papel del arbolado exótico en las invasiones biológicas


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz

La composición del arbolado urbano puede influir en la expansión de especies invasoras mucho más de lo que sugiere su función ornamental. Una investigación realizada en Cataluña, España, ha encontrado que la presencia de la sófora o falsa acacia del Japón (Styphnolobium japonicum), un árbol originario de China ampliamente plantado en ciudades, favorece la expansión de la abeja gigante de la resina (Megachile sculpturalis), una especie asiática introducida en Europa.

El estudio, desarrollado por investigadores vinculados a la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), el Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE), el CREAF y otras instituciones europeas, fue publicado en la revista científica Oikos. Los científicos analizaron conjuntamente la distribución de la abeja, la disponibilidad de la sófora y la idoneidad climática para determinar qué factores explican mejor el avance del insecto.

Los resultados aportan un nuevo ejemplo de cómo las interacciones entre especies introducidas pueden modificar los ecosistemas. El caso resulta especialmente relevante porque las abejas silvestres desempeñan funciones esenciales en la polinización y la biodiversidad, por lo que la llegada de especies foráneas plantea interrogantes sobre sus posibles interacciones con las comunidades locales.

Una abeja asiática que encontró recursos en las ciudades

Megachile sculpturalis es una abeja solitaria originaria de Asia oriental y constituye la primera abeja invasora documentada en Europa. A diferencia de las abejas melíferas, no organiza colonias con obreras y reina: cada hembra reproductora establece su propio nido. Puede alcanzar alrededor de dos centímetros de longitud y permanece activa principalmente durante el verano.

La especie fue registrada en la península ibérica en 2018 y desde entonces su distribución ha continuado ampliándose. Registros publicados en 2026 en Bizkaia y Gipuzkoa confirmaron también su establecimiento en el País Vasco y aportaron evidencias de nidificación, reforzando la necesidad de seguir su avance por distintas regiones españolas.

Fuera de su área natural, la abeja aparece con frecuencia en ambientes urbanos. Puede utilizar cavidades existentes en madera y otras estructuras para nidificar, mientras parques, jardines y calles arboladas proporcionan recursos florales. Esta capacidad para aprovechar entornos humanizados es importante para comprender su expansión.

La relación entre vegetación y comunidades de insectos también se observa entre especies autóctonas. La disponibilidad de flores y lugares adecuados de nidificación determina en gran medida si los jardines pueden sostener poblaciones diversas de abejas silvestres, aunque la presencia de una especie vegetal exótica puede generar efectos diferentes cuando beneficia especialmente a otro organismo introducido.

La sófora coincide con el período de actividad de la abeja

La investigación identifica a Styphnolobium japonicum como un recurso especialmente importante. Pese a su nombre común de falsa acacia del Japón o árbol de las pagodas japonesas, la especie es originaria de China y ha sido introducida ampliamente en otros territorios como árbol ornamental.

Su presencia es particularmente elevada en algunas ciudades catalanas. Los datos difundidos por la UAB señalan que Barcelona cuenta con alrededor de 11.000 ejemplares y Viladecans con aproximadamente 1.000. La sófora florece durante el verano, coincidiendo con el período de actividad de Megachile sculpturalis.

En su región asiática de origen, la abeja dispone de una dieta formada por recursos procedentes de distintas plantas. En Europa, sin embargo, los análisis citados por los investigadores muestran una fuerte asociación con la sófora, que constituye un recurso abundante en numerosos espacios urbanos.

Esta dependencia de determinados recursos florales resulta especialmente relevante al analizar las comunidades de polinizadores. Otros trabajos han comprobado que la diversidad de flores puede favorecer comunidades más diversas de abejas silvestres, mientras que la abundancia de una planta concreta puede beneficiar de manera desproporcionada a especies capaces de aprovecharla intensamente.

Más de 21.000 registros de árboles analizados en Cataluña

Para estudiar esta relación, los científicos recopilaron 150 registros de presencia de Megachile sculpturalis y 21.383 registros de Styphnolobium japonicum en Cataluña. Posteriormente utilizaron modelos estadísticos para comparar la influencia de la idoneidad climática, la disponibilidad del árbol y la posición geográfica sobre la probabilidad de encontrar la abeja.

Los resultados mostraron que la disponibilidad de la sófora fue al menos tan importante como la idoneidad climática para explicar la distribución del insecto. Además, los modelos detectaron una tendencia según la cual el efecto favorable del clima estaba condicionado por la presencia del árbol.

La investigación señala igualmente diferencias geográficas. La ruta de introducción puede contribuir a explicar una mayor probabilidad de presencia de la abeja en el este del área estudiada, mientras la sófora podría estar facilitando su avance en el frente occidental de expansión.

Los autores interpretan esta interacción mediante el concepto de “invasional meltdown” o facilitación entre invasiones: una especie no autóctona puede proporcionar condiciones que incrementen las posibilidades de establecimiento o propagación de otra especie introducida. No significa que cualquier árbol exótico provoque automáticamente una invasión, sino que determinadas asociaciones ecológicas pueden aumentar ese riesgo.

El arbolado urbano entra en la gestión de especies invasoras

Los resultados introducen una variable adicional en la planificación de parques, jardines y calles. Durante décadas, las ciudades han incorporado especies vegetales de distintos continentes por su valor ornamental, su sombra, su resistencia a las condiciones urbanas o su capacidad para ampliar las zonas verdes.

Sin embargo, la elección de especies también puede modificar las redes ecológicas. Una planta introducida puede proporcionar alimento, refugio o lugares de reproducción a otros organismos que llegan posteriormente y facilitar su establecimiento en un territorio donde inicialmente encontrarían menos recursos.

La cuestión no consiste únicamente en aumentar la cantidad de vegetación, sino en considerar su composición. La gestión de áreas verdes orientada a los polinizadores muestra que los espacios urbanos pueden ofrecer alimento y refugio a numerosos insectos cuando se conservan flores, estructuras vegetales y microhábitats adecuados.

Los investigadores de la UAB plantean por ello priorizar especies autóctonas en las nuevas plantaciones y reconsiderar aquellas especies ornamentales que puedan facilitar invasiones. La propuesta cobra importancia ante los objetivos europeos de restauración de los ecosistemas urbanos y aumento de las superficies verdes.

La expansión plantea preguntas sobre los polinizadores autóctonos

La abeja gigante de la resina no debe confundirse con la avispa asiática (Vespa velutina). Se trata de organismos diferentes tanto por su biología como por su comportamiento. Megachile sculpturalis es una abeja solitaria que obtiene polen y néctar de las flores, mientras que la avispa asiática es un depredador que puede capturar abejas y otros insectos.

Esta distinción resulta importante porque la expansión de la avispa asiática representa una presión diferente sobre abejas y colmenas. En el caso de Megachile sculpturalis, las preocupaciones científicas se concentran en conocer cómo utiliza los recursos, cómo se expande y qué interacciones puede mantener con las abejas nativas.

La conservación de comunidades diversas de polinizadores tiene además implicaciones productivas. Investigaciones en paisajes agrícolas han comprobado que la biodiversidad de polinizadores puede contribuir a estabilizar el rendimiento de cultivos como el girasol, lo que conecta la gestión de estos insectos con la sostenibilidad de los sistemas agropecuarios.

El trabajo realizado en Cataluña muestra así que el seguimiento de una especie invasora no puede limitarse al insecto aislado. La vegetación que encuentra durante su expansión, la disponibilidad de alimento, el clima y la estructura del paisaje forman parte de un mismo proceso ecológico. Para los investigadores, incorporar esas interacciones a la planificación del verde urbano puede ayudar a reducir oportunidades para nuevas invasiones sin renunciar a los beneficios ambientales que proporciona el arbolado de las ciudades.

Fuentes referenciales:
El Confidencial
Universitat Autònoma de Barcelona
Oikos



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