Agricultura

En Argentina acortan 30 días el ciclo productivo de la chía

Publicado el 16/09/2026 · REDACCION

Las nuevas poblaciones obtenidas en Argentina pierden sensibilidad al fotoperiodo y amplían las fechas posibles de siembra sin reducir el rendimiento


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.

Investigadores del INTA Salta y del Instituto de Genética del organismo desarrollaron nuevas poblaciones de chía con un ciclo biológico aproximadamente 30 días más corto que el de los materiales comerciales. El avance permite ampliar la ventana de siembra y reducir el tiempo durante el cual el cultivo permanece expuesto a plagas, enfermedades y condiciones climáticas adversas.

El material fue obtenido mediante mutaciones naturales e inducidas que modificaron la respuesta de las plantas al fotoperiodo. Las poblaciones resultantes son prácticamente insensibles a la duración diaria de la luz, una característica que ofrece mayor flexibilidad para adaptar la implantación a la humedad disponible y a las condiciones de cada campaña.

El fotoperiodo limitaba las fechas de siembra

Las variedades comerciales de chía presentan una marcada sensibilidad al fotoperiodo. La duración relativa del día y la noche actúa como una señal que regula la floración, por lo que sembrar fuera de determinadas fechas puede alterar el desarrollo de las plantas y comprometer el resultado productivo.

En el noroeste argentino, la implantación tradicional se concentra durante febrero. Las nuevas poblaciones permiten extender ese periodo desde enero hasta finales de febrero y abren la posibilidad de realizar siembras en septiembre u octubre, siempre que el lote disponga de suficiente humedad.

La modificación resulta relevante porque los cambios en las temperaturas, las lluvias y las estaciones están alterando el calendario de los ciclos biológicos de las plantas. Disponer de materiales menos dependientes del fotoperiodo puede facilitar ajustes ante campañas con condiciones ambientales variables.

La mutagénesis amplió la diversidad disponible

El equipo recurrió a la mutagénesis para generar variabilidad y seleccionar plantas con características diferentes a las de la chía comercial. Esta metodología produce cambios en el material genético y permite identificar individuos con rasgos útiles para un programa de mejoramiento.

Martín Acreche, investigador del INTA Salta, explicó que las plantas mutadas muestran una respuesta muy reducida al fotoperiodo. Esa transformación acorta el ciclo sin modificar sustancialmente el manejo agronómico que ya utilizan los productores.

La mutagénesis no es exclusiva de este cultivo. Científicos argentinos también han incorporado mutaciones inducidas en programas de mejoramiento de caña de azúcar para ampliar la diversidad genética y seleccionar características de interés productivo.

Estas técnicas se diferencian de la edición genética dirigida. En la mutagénesis se generan variaciones y posteriormente se evalúan numerosas plantas para reconocer aquellas que expresan el rasgo buscado. La selección requiere ensayos sucesivos que permitan comprobar la estabilidad y el comportamiento agronómico de los materiales.

Un mes menos de exposición en el campo

Reducir aproximadamente 30 días el ciclo biológico disminuye el periodo durante el cual la chía permanece expuesta a factores bióticos y abióticos. El cultivo puede enfrentar durante su desarrollo insectos, enfermedades, déficit hídrico, temperaturas extremas u otros episodios capaces de perjudicar la producción.

Un ciclo más breve no elimina esos riesgos, pero reduce el tiempo de exposición y puede permitir que el productor ubique las etapas más sensibles dentro de periodos ambientalmente favorables. La mayor flexibilidad también facilita ajustar la siembra cuando las lluvias llegan antes o después de lo esperado.

La búsqueda de materiales capaces de responder a ambientes cambiantes ocupa un lugar creciente en el mejoramiento agrícola. Algunas investigaciones recurren incluso a la generación de variabilidad en semillas para obtener cultivos resistentes al clima, aunque cada programa debe validar los resultados bajo condiciones productivas concretas.

Plantas más bajas permiten aumentar la densidad

Las poblaciones desarrolladas por el INTA presentan una estatura menor que los materiales comerciales. Esta característica hace posible incrementar la cantidad de plantas por superficie y, en determinadas condiciones, duplicar la densidad de siembra.

El aumento de densidad podría mejorar el aprovechamiento del lote y potenciar la productividad por hectárea, pero deberá ajustarse a la disponibilidad de agua, nutrientes, radiación y espacio. Una mayor cantidad de plantas también puede intensificar la competencia si el ambiente no dispone de recursos suficientes.

Los ensayos realizados hasta ahora indican que el manejo agronómico resulta semejante al de la chía tradicional. Tampoco se observaron diferencias importantes de rendimiento frente a las variedades comerciales, pese a la reducción del ciclo.

La combinación de menor estatura, fechas flexibles y rendimiento comparable ofrece una nueva alternativa para planificar el cultivo. Sin embargo, la densidad óptima deberá definirse mediante pruebas locales que contemplen el tipo de suelo, la distribución de las lluvias y el sistema de cosecha.

La calidad nutricional se mantiene bajo evaluación

La semilla de chía contiene entre un 25 % y un 38 % de aceite y conserva un perfil lipídico relativamente estable en diferentes ambientes. Más del 64 % de sus ácidos grasos corresponde a omega-3, mientras su contenido de proteínas se sitúa entre el 19 % y el 23 %.

Los resultados preliminares señalan que la reducción del ciclo no altera el alto valor nutricional del cultivo. El siguiente paso será determinar si las mutaciones también produjeron cambios favorables en la calidad del grano y, particularmente, en la composición del aceite.

Los investigadores esperan comprobar si alguna población presenta un perfil lipídico mejorado. Esa característica podría añadir valor comercial al material, pero todavía debe ser confirmada mediante análisis y ensayos adicionales.

Una herramienta para diversificar la producción regional

La ampliación de la ventana de siembra puede facilitar la incorporación de la chía en diferentes rotaciones. También permite distribuir las labores, evitar la concentración de todas las implantaciones durante febrero y evaluar nuevas secuencias con otros cultivos.

La posibilidad de sembrar durante la primavera dependerá especialmente de la humedad presente en el lote. Por ello, la decisión no debe basarse solamente en la menor sensibilidad al fotoperiodo, sino también en el pronóstico, las reservas hídricas del suelo y el riesgo de temperaturas adversas durante las etapas posteriores.

El desarrollo se integra en una tendencia más amplia hacia sistemas de mejoramiento que combinan diversidad genética, ensayos de campo y herramientas de análisis. La experiencia con la selección de trigo tolerante a condiciones ambientales desfavorables muestra cómo distintas tecnologías pueden ayudar a identificar materiales adaptados a limitaciones productivas concretas.

Antes de llegar a una adopción extendida será necesario continuar la evaluación de estabilidad, calidad de semilla, respuesta a distintas densidades y desempeño en varios ambientes. Si esas pruebas confirman los resultados iniciales, las poblaciones de ciclo corto podrán ampliar las opciones comerciales y de manejo para los productores de chía de la región.

Fuente referencial:
INTA Informa



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