Una embarcación desembarcó en Whitby dos ejemplares de 339 y 320 kilos en días consecutivos, casi nueve décadas después de la última captura registrada en el puerto
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.
La tripulación del barco Dominator-A capturó dos atunes rojos del Atlántico frente a Whitby, en el noreste de Inglaterra, y los desembarcó durante jornadas consecutivas dentro de la temporada comercial de 2026. El acontecimiento devolvió al histórico puerto una actividad que no se documentaba allí desde 1939.
El primero de los ejemplares pesó aproximadamente 339 kilos y el segundo cerca de 320 kilos. Su captura constituye una señal visible del regreso de este gran depredador a las aguas británicas, aunque los especialistas advierten que dos desembarques no bastan para declarar recuperado todo el ecosistema del mar del Norte.
Dos capturas consecutivas frente a Whitby
La tripulación había dedicado alrededor de una semana a localizar atunes después de la apertura de la temporada comercial a mediados de julio. El tamaño de los animales obligó a varias personas a intervenir para subirlos a bordo y completar las operaciones de desembarque.
Whitby mantuvo durante la década de 1930 una estrecha relación con la pesca de grandes atunes, conocidos localmente como “tunny”. En 1933 se registró frente a sus costas un ejemplar de aproximadamente 386 kilos, convertido posteriormente en una referencia histórica para la zona.
La presencia de la especie disminuyó durante las décadas posteriores. Hacia los años sesenta, el atún rojo había desaparecido de gran parte de las aguas británicas debido a una combinación de presión pesquera, reducción de sus poblaciones y cambios en la disponibilidad de presas.
Su retorno se hizo evidente inicialmente en las aguas del suroeste de Inglaterra y posteriormente en otras zonas del país. Las capturas de Whitby muestran que algunos ejemplares vuelven a desplazarse hacia sectores del mar del Norte donde habían dejado de observarse regularmente.
El arenque favorece el regreso del atún rojo
El atún rojo del Atlántico es un depredador migratorio capaz de recorrer miles de kilómetros. Llega a las aguas británicas principalmente para alimentarse de peces que forman grandes bancos, entre ellos el arenque y el espadín.
Expertos consultados sobre el acontecimiento relacionan su reaparición con la recuperación del arenque y otras presas. No obstante, la disponibilidad de alimento forma parte de un proceso más amplio en el que también intervienen la gestión internacional de la especie, las medidas de conservación y las condiciones oceanográficas.
Investigaciones coordinadas por el Centro de Ciencia, Medio Ambiente, Pesca y Acuicultura del Reino Unido identificaron presencia de atunes rojos en aguas británicas entre mayo y enero. La mayor cantidad de observaciones se concentró entre agosto y octubre, coincidiendo con una etapa de abundancia de alimento.
La reaparición de un depredador de gran tamaño puede aportar información sobre la estructura de la cadena alimentaria marina. Sin embargo, también debe analizarse junto con las modificaciones en la distribución de especies provocadas por la temperatura del agua, las poblaciones de presas y la actividad pesquera.
Una pesquería limitada a embarcaciones autorizadas
El regreso del atún rojo no permite su captura comercial indiscriminada. El plan británico de 2026 contempla hasta 30 autorizaciones para embarcaciones que empleen caña y carrete, un método considerado de menor impacto que otras artes pesqueras.
La cuota reservada para esta pesquería comercial asciende a 120 toneladas. Cada barco autorizado dispone de aproximadamente cuatro toneladas durante la temporada, de acuerdo con la información publicada por la Marine Management Organisation.
Las embarcaciones deben cumplir requisitos de tamaño, duración de los viajes, documentación y desembarque. Cada atún capturado tiene que registrarse y llegar a uno de los puertos designados acompañado por la documentación electrónica correspondiente.
El plan fue respaldado por la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico, responsable de coordinar entre distintos países la gestión de una especie que atraviesa aguas nacionales e internacionales durante sus desplazamientos.
La experiencia británica guarda relación con la necesidad de mantener controles sobre las poblaciones silvestres que abastecen actividades productivas. En el Mediterráneo, la autorización de una granja de engorde de atún rojo en España también depende de cuotas, trazabilidad y disponibilidad de ejemplares capturados legalmente.
El regreso abre una oportunidad económica para la pesca local
La captura de animales de gran tamaño puede generar ingresos relevantes para las embarcaciones pequeñas, especialmente cuando el pescado se dirige a restaurantes y mercados especializados. Whitby ha dependido durante años de actividades como la pesca de langosta y otros mariscos, por lo que el atún representa una posible diversificación.
Esta oportunidad estará condicionada por la estabilidad de la población, la continuidad de las cuotas y la capacidad de mantener una cadena comercial documentada. Una temporada favorable no garantiza que los desembarques puedan repetirse con el mismo volumen durante los años siguientes.
Otros cambios recientes en las aguas británicas también están modificando la actividad de las comunidades costeras. El aumento de la captura de pulpo en el Reino Unido muestra cómo la distribución y abundancia de especies pueden abrir mercados, pero también exigir nuevos sistemas de seguimiento y gestión.
Etiquetas satelitales seguirán sus desplazamientos
Un equipo de la Universidad de Exeter, encabezado por la investigadora Lucy Hawkes, colocó en agosto dispositivos de seguimiento a cinco atunes rojos en el noreste de Inglaterra. Las etiquetas registran variables como luz, profundidad y temperatura para reconstruir los movimientos de los animales.
Los dispositivos están programados para recopilar información durante un máximo de dos años. Cuando se desprenden, ascienden hasta la superficie y transmiten por satélite un resumen de los datos almacenados, lo que permite estudiar rutas migratorias y uso del hábitat sin recuperar físicamente cada etiqueta.
La investigación busca determinar de dónde proceden los ejemplares que llegan a la región, cuánto tiempo permanecen y qué condiciones favorecen su presencia. Esa información puede ayudar a ajustar cuotas, temporadas y medidas de protección sobre una base científica.
El tamaño del atún rojo también obliga a considerar su posición dentro de la cadena alimentaria. Los grandes depredadores pueden acumular determinados contaminantes, una cuestión relacionada con la necesidad de vigilar qué especies de pescado llegan al mercado y sus niveles de mercurio.
Las capturas de Whitby combinan así tres dimensiones: recuperación biológica, oportunidad económica y responsabilidad pesquera. La continuidad del atún rojo en el mar del Norte dependerá de conservar sus presas, mantener límites de extracción y comprender cómo cambian las condiciones marinas que orientan sus migraciones.
Fuentes referenciales:
Infobae
Gobierno del Reino Unido
Centro de Ciencia, Medio Ambiente, Pesca y Acuicultura del Reino Unido
Universidad de Exeter


