Ciencia y Tecnología

Australia identifica 80 tecnologías para reducir emisiones agrícolas

Publicado el 19/10/2026 ·

Un informe de la agencia científica CSIRO establece prioridades de inversión para seis sectores agropecuarios y advierte que reducir las emisiones dependerá tanto de la rentabilidad para los productores como de la eficacia de las soluciones disponibles.


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Karem Díaz S.

Australia ha presentado una evaluación nacional destinada a determinar dónde conviene invertir para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de sus explotaciones agrícolas y ganaderas. El informe, publicado el 14 de octubre de 2026 por la Organización de Investigación Científica e Industrial de la Commonwealth (CSIRO), examina más de 80 tecnologías y prácticas actuales o emergentes, distribuidas entre seis grandes sectores de producción agropecuaria.

La investigación concluye que el país dispone de un conjunto creciente de herramientas con potencial para disminuir las emisiones, pero advierte que ninguna solución puede aplicarse de manera uniforme a todas las explotaciones. Las diferencias entre sistemas productivos, costos, necesidades de inversión y condiciones comerciales obligan a establecer estrategias específicas para cada actividad.

El documento, titulado Priorities for Low Emissions Agricultural Solutions Investment, propone una planificación dividida en tres períodos: hasta 2030, entre 2030 y 2035 y después de 2035. Su finalidad es orientar las decisiones de inversión de las empresas, los organismos públicos y las instituciones de investigación hacia alternativas que puedan convertirse en resultados verificables dentro de las explotaciones.

La principal aportación del informe no consiste en anunciar una tecnología capaz de eliminar las emisiones agrícolas, sino en identificar qué condiciones económicas, técnicas e institucionales permitirían ampliar la utilización de las soluciones existentes y desarrollar otras nuevas.

Seis sectores productivos fueron incluidos en la evaluación

El trabajo de CSIRO abarcó la producción de carne roja y ovinos, la ganadería lechera, los cultivos extensivos, la horticultura, la producción porcina y la avicultura.

Esta selección permite examinar sistemas con características muy diferentes. Mientras algunas explotaciones generan una parte importante de sus emisiones durante la digestión de los animales, otras presentan fuentes relacionadas con la fertilización, los residuos orgánicos o el consumo de energía.

Las más de 80 alternativas analizadas incluyen desde prácticas ya demostradas hasta soluciones que todavía se encuentran en etapas de investigación o desarrollo.

Entre ellas figuran los suplementos alimenticios destinados a modificar la producción de metano del ganado, los digestores de biomasa y las posibles vacunas contra los microorganismos responsables de generar metano durante la fermentación ruminal.

La evaluación también considera actividades de apoyo, como la mejora de los sistemas de medición y otras herramientas necesarias para que los productores puedan aplicar, comprobar y comunicar los resultados de sus prácticas.

El informe no presenta todas estas opciones como tecnologías igualmente maduras. Algunas ya cuentan con aplicaciones conocidas, mientras que otras necesitan superar obstáculos científicos, económicos o regulatorios antes de utilizarse ampliamente.

La ganadería necesita soluciones adaptadas a cada explotación

La producción de carne y leche ocupa un lugar importante en las estrategias de reducción de emisiones agrícolas debido a los gases generados por los rumiantes y por el manejo de sus residuos.

El metano producido durante la fermentación entérica constituye una de las principales fuentes que deben considerarse en los sistemas ganaderos.

Por esa razón, los investigadores incluyeron entre las alternativas evaluadas diferentes intervenciones sobre la alimentación animal, así como herramientas emergentes destinadas a disminuir la generación de este gas.

Los suplementos alimenticios representan una de las líneas de trabajo con mayor atención científica. Su funcionamiento depende de los compuestos utilizados, las características de la dieta y las condiciones de producción.

Las investigaciones sobre compuestos derivados de algas marinas para reducir el metano bovino muestran el interés por encontrar alternativas que disminuyan las emisiones sin comprometer el desarrollo de los animales.

Sin embargo, trasladar una solución desde los ensayos científicos hasta una explotación comercial exige evaluar su costo, disponibilidad, facilidad de administración y compatibilidad con los sistemas de alimentación.

El informe también contempla vacunas antimetanogénicas como una posibilidad emergente. Estas herramientas buscan intervenir sobre los procesos biológicos asociados con la formación de metano, aunque su inclusión en la evaluación no significa que ya estén disponibles para su aplicación generalizada.

La diversidad de sistemas ganaderos australianos obliga además a distinguir entre explotaciones intensivas y extensivas, porque las posibilidades de administrar suplementos, controlar dietas y verificar resultados no son necesariamente las mismas.

Los cultivos y la horticultura requieren estrategias diferentes

En la agricultura de cultivos extensivos, una parte importante de las emisiones está relacionada con el manejo del suelo y la utilización de fertilizantes nitrogenados.

El nitrógeno resulta indispensable para el crecimiento de numerosos cultivos, pero determinadas transformaciones de este elemento en el suelo pueden generar óxido nitroso, un gas de efecto invernadero.

La reducción de estas emisiones debe considerar simultáneamente la nutrición de las plantas y la necesidad de mantener rendimientos adecuados.

La experiencia científica sobre combinaciones de fertilización orgánica y nitrogenada muestra que determinados ajustes en el manejo de nutrientes pueden influir tanto en la productividad como en las emisiones del suelo.

Sin embargo, los resultados dependen de las condiciones agronómicas y no permiten establecer una única estrategia válida para todos los terrenos.

La horticultura presenta además necesidades particulares relacionadas con los sistemas de cultivo, la utilización de insumos y el consumo energético de determinadas instalaciones.

El informe australiano considera que estas diferencias deben reflejarse en las prioridades de investigación e inversión, en lugar de utilizar los mismos criterios para actividades agrícolas con estructuras productivas distintas.

La finalidad es identificar opciones capaces de integrarse en el manejo habitual de cada explotación sin comprometer su viabilidad económica.

Los residuos orgánicos también forman parte de las soluciones

Otra de las alternativas incluidas en la evaluación corresponde a los digestores de biomasa, instalaciones que permiten aprovechar materiales orgánicos mediante procesos de descomposición controlada.

En determinadas condiciones, estos sistemas pueden transformar residuos en biogás y facilitar un manejo diferente de los materiales generados por las explotaciones.

Su utilización puede resultar especialmente relevante en actividades ganaderas que concentran cantidades importantes de residuos orgánicos.

No obstante, su conveniencia económica depende de factores como la disponibilidad de materia prima, el tamaño de la explotación, las necesidades de infraestructura y las posibilidades de aprovechar la energía obtenida.

Por ello, CSIRO incluye estas herramientas dentro de una evaluación más amplia que considera tanto su funcionamiento técnico como las condiciones necesarias para que los productores puedan adoptarlas.

El informe también señala oportunidades de cooperación entre el sector agrícola y el energético, especialmente cuando las soluciones requieren infraestructura, conocimientos o inversiones que superan las posibilidades de una explotación individual.

La rentabilidad puede determinar qué tecnologías llegan al campo

Uno de los resultados centrales de la evaluación es que el rendimiento técnico de una tecnología no permite predecir por sí solo si será utilizada por los agricultores.

Los investigadores identificaron factores decisivos como el costo de adquisición, el retorno de la inversión, la facilidad de uso, la disponibilidad de servicios y el valor que los mercados atribuyen a una producción con menores emisiones.

El doctor Peat Leith, investigador de la unidad de Agricultura y Alimentación de CSIRO y coautor principal del informe, explicó que no existe una única tecnología capaz de resolver el problema de las emisiones en la diversidad de sistemas productivos australianos.

Según el investigador, las soluciones deberán combinarse de manera diferente dependiendo del sector y de las características de cada explotación.

Esta conclusión modifica el enfoque de las decisiones de inversión. No basta con identificar una herramienta capaz de reducir emisiones durante un ensayo; también es necesario determinar si los productores pueden utilizarla de forma continuada y obtener beneficios suficientes para justificar su adopción.

Una tecnología costosa, difícil de mantener o incompatible con las prácticas habituales puede presentar dificultades para expandirse, incluso cuando sus resultados ambientales sean favorables.

El informe propone prestar atención a estas barreras desde las primeras etapas de investigación y desarrollo.

Las decisiones de inversión se organizan en tres períodos

La evaluación establece tres horizontes temporales para orientar los recursos disponibles.

El primero comprende el período actual hasta 2030. Durante esta etapa, el informe considera importante aprovechar las soluciones que ya cuentan con posibilidades de aplicación y fortalecer las condiciones necesarias para que su adopción resulte viable.

El segundo período abarca desde 2030 hasta 2035 y permite considerar alternativas que necesitan mayor desarrollo, validación o ampliación de sus condiciones de utilización.

El tercer horizonte corresponde a las oportunidades posteriores a 2035, cuando podrían adquirir importancia soluciones que actualmente presentan mayores incertidumbres técnicas o comerciales.

Esta organización no significa que todas las tecnologías evaluadas tengan una fecha definida de llegada al mercado.

La finalidad es distinguir entre intervenciones con posibilidades de utilización relativamente próximas y otras que requieren inversiones sostenidas en investigación, infraestructura y coordinación.

Los autores prevén que las reducciones de emisiones sean moderadas en el corto plazo, mientras se desarrollan las capacidades necesarias para obtener resultados más importantes durante los años posteriores.

Más de 80 especialistas participaron en la elaboración

El informe fue desarrollado por CSIRO con aportaciones de más de 80 expertos vinculados a organizaciones de investigación y desarrollo rural, organismos agrícolas de gobiernos estatales y territoriales, universidades y representantes de la industria.

La participación se organizó mediante talleres, entrevistas y procesos de revisión destinados a examinar las oportunidades y dificultades de las distintas alternativas.

Esta metodología permitió incorporar perspectivas relacionadas con la investigación científica, las necesidades de los productores y las condiciones de funcionamiento de los sectores agrícolas.

El doctor Michael Battaglia, también coautor principal del informe, señaló que la investigación ya ha generado una oferta creciente de soluciones potenciales.

El desafío consiste ahora en conseguir que esas herramientas sean prácticas, comercialmente atractivas y reconocidas por los mercados.

La necesidad de transformar los avances científicos en prácticas accesibles también ha sido identificada en estudios sobre la aplicación de investigaciones climáticas en la producción ganadera, donde persisten diferencias entre el conocimiento disponible y su utilización en explotaciones reales.

El trabajo australiano aborda precisamente esa distancia mediante una evaluación de las inversiones y capacidades necesarias para ampliar la adopción de las soluciones.

Medir las emisiones será indispensable para demostrar resultados

La investigación destaca que los productores necesitan sistemas confiables para medir, comunicar y verificar las reducciones de emisiones obtenidas mediante cambios en sus explotaciones.

Estas actividades se conocen habitualmente como monitoreo, reporte y verificación.

Su importancia aumenta cuando los mercados solicitan información sobre la huella ambiental de los productos agropecuarios o cuando determinados programas ofrecen incentivos vinculados con resultados comprobables.

Sin procedimientos de medición adecuados, puede resultar difícil distinguir entre una reducción estimada mediante modelos y una disminución efectivamente demostrada en condiciones productivas.

El informe considera que fortalecer estos sistemas puede facilitar la participación de los agricultores en mercados que reconozcan el valor de una producción con menores emisiones.

También puede contribuir a mejorar la confianza de los productores, las empresas y los organismos responsables de financiar nuevas prácticas.

CSIRO subraya que estas capacidades deben desarrollarse junto con las tecnologías de reducción, porque ambas resultan necesarias para obtener beneficios verificables.

La cooperación entre sectores será necesaria para ampliar los resultados

La evaluación identifica oportunidades para coordinar esfuerzos entre distintas actividades agropecuarias, organismos públicos, instituciones de investigación y empresas.

Esta cooperación puede facilitar el desarrollo de servicios técnicos, herramientas de medición y condiciones comerciales que serían difíciles de establecer mediante iniciativas aisladas.

El informe complementa inversiones y programas que ya están en marcha en Australia, incluidos trabajos desarrollados por organizaciones rurales de investigación y desarrollo, gobiernos y el Centro Cooperativo de Investigación sobre Agricultura de Emisiones Netas Cero.

La existencia de numerosas alternativas no garantiza por sí sola una reducción importante de las emisiones nacionales. Los resultados dependerán de cuántas explotaciones adopten las prácticas, de su eficacia bajo condiciones reales y de la continuidad de las inversiones.

Los investigadores consideran que los mayores avances probablemente requerirán combinar distintas tecnologías y medidas de manejo dentro de un mismo sistema productivo.

La evaluación de CSIRO proporciona así una base para decidir dónde concentrar los recursos durante los próximos años, con un criterio que vincula la reducción de emisiones con la productividad y la rentabilidad de las explotaciones agrícolas y ganaderas australianas.

Fuentes referenciales:
CSIRO — Priorities for Low Emissions Agricultural Solutions Investment, informe oficial del 14 de octubre de 2026
CSIRO — Comunicación sobre prioridades de inversión para reducir emisiones agrícolas, 14 de octubre de 2026