Tres cepas seleccionadas por investigadores de Quebec retrasaron la enfermedad, redujeron su gravedad y estimularon el crecimiento de las plantas
Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.
Un equipo científico de Quebec, Canadá, identificó tres cepas bacterianas capaces de limitar el chancro bacteriano del tomate y, al mismo tiempo, favorecer el crecimiento de las plantas. Los resultados ofrecen una posible vía biológica para proteger un cultivo especialmente vulnerable a esta enfermedad dentro de los invernaderos.
La investigación fue dirigida por el microbiólogo Eric Déziel, del Institut national de la recherche scientifique (INRS), y publicada en la revista Applied and Environmental Microbiology. El trabajo se concentró en encontrar microorganismos que actuaran contra Clavibacter michiganensis, el patógeno transmitido por semillas que provoca el chancro bacteriano.
La enfermedad afecta el sistema vascular del tomate y puede causar marchitamiento, lesiones en tallos, deterioro progresivo y, en los casos más graves, el colapso completo de la planta. Su facilidad de propagación representa un problema particular para la producción protegida, donde trabajadores, herramientas y labores cotidianas pueden trasladar el patógeno desde un sector infectado hacia plantas inicialmente sanas.
Tres cepas combinaron protección y crecimiento vegetal
El equipo comenzó examinando unas 500 cepas conservadas en la colección de su laboratorio. Los microorganismos habían sido aislados previamente de hojas, raíces y otras partes de fresas, lechugas, manzanas, tomates y distintos alimentos, pero ninguno procedía de plantas o frutos afectados por la bacteria que causa el chancro.
La primera etapa permitió identificar varias decenas de candidatos con actividad antagonista frente a C. michiganensis. Posteriormente, los investigadores restringieron la selección a las bacterias que también mostraban capacidad para estimular el desarrollo vegetal, una combinación que distingue este trabajo de estudios centrados exclusivamente en combatir enfermedades o promover el crecimiento.
Después de las pruebas iniciales en cultivos bacterianos, las cepas más prometedoras fueron evaluadas en plantas vivas de tomate inoculadas con el patógeno. Tres de ellas conservaron el doble efecto buscado: disminuyeron el avance de la infección y aportaron beneficios al crecimiento de las plantas.
Una de las seleccionadas fue Pantoea agglomerans SO16PY, aislada originalmente de la hoja de una tomatera sana. En los ensayos, esta cepa retrasó hasta siete días la aparición de los síntomas y redujo la gravedad de la enfermedad. Las otras dos pertenecen a Pseudomonas marginalis y también limitaron el desarrollo y la intensidad del chancro.
El chancro se propaga con facilidad en los invernaderos
Los productores pueden adquirir semillas certificadas como libres del patógeno, pero esa precaución no elimina completamente el riesgo de que la bacteria llegue a una explotación. Una vez dentro del invernadero, la manipulación sucesiva de las tomateras puede facilitar su traslado a lo largo de las líneas de cultivo.
Este comportamiento vuelve especialmente importante la detección temprana, la higiene de herramientas y manos, la eliminación controlada de tejidos enfermos y la restricción del movimiento desde las zonas afectadas hacia las sanas. El control debe evitar que una infección localizada se transforme en un problema generalizado durante la campaña.
Las opciones comerciales disponibles contra el chancro bacteriano son limitadas y, según Déziel, presentan una eficacia insuficiente. La dificultad puede ser todavía mayor en la agricultura orgánica, donde existen menos productos autorizados para responder ante una infección vascular que ya se ha establecido.
El hallazgo se relaciona con la búsqueda de estrategias de manejo integrado de plagas y enfermedades agrícolas, en las que la respuesta sanitaria se adapta al cultivo, al ambiente y al comportamiento del organismo perjudicial, en lugar de depender de una única intervención.
De las pruebas experimentales a una posible aplicación comercial
Los resultados no significan que las tres bacterias puedan utilizarse inmediatamente como tratamiento en las explotaciones. El estudio constituye una prueba experimental y todavía es necesario desarrollar un método que mantenga vivos y estables los microorganismos durante el almacenamiento, transporte y uso dentro de los invernaderos.
La vida útil es uno de los principales retos para transformar una cepa prometedora en un producto biológico comercial. Los investigadores deberán determinar cómo formular las bacterias, conservar su actividad, aplicarlas en las plantas y asegurar que produzcan resultados consistentes bajo diferentes condiciones productivas.
También será necesario establecer el momento adecuado de aplicación y comprobar si las cepas actúan de forma preventiva, reducen una infección ya iniciada o funcionan mejor como parte de un programa combinado de bioseguridad. Los resultados obtenidos en condiciones experimentales deberán validarse a una escala representativa de los invernaderos comerciales.
El estudio tampoco atribuye a estos microorganismos una eliminación completa del patógeno. Los efectos observados fueron un retraso de la enfermedad y una disminución de su gravedad, junto con un mejor crecimiento vegetal. Esa diferencia es relevante para evitar que una herramienta todavía experimental sea interpretada como una cura definitiva.
Una alternativa biológica para la sanidad del tomate
Si los problemas de formulación y conservación logran resolverse, las cepas podrían convertirse en una opción más sostenible para fortalecer la sanidad vegetal. Su valor potencial reside en que no se limitan a antagonizar al agente infeccioso, sino que también pueden ayudar a la planta a desarrollarse.
La investigación forma parte de dos décadas de trabajo del laboratorio de Déziel en la identificación de soluciones biológicas para problemas agrícolas. El proyecto sobre el chancro comenzó después de que productores de tomate comunicaran al equipo las dificultades que enfrentaban con la enfermedad durante la pandemia de COVID-19.
El trabajo también destaca la utilidad de explorar la diversidad microbiana presente en plantas sanas. Una de las cepas más eficaces procedía precisamente de una hoja de tomate sin síntomas, lo que sugiere que los propios cultivos pueden albergar microorganismos con funciones aprovechables para su protección.
Esta perspectiva complementa las investigaciones sobre los mecanismos internos de respuesta de las plantas frente al estrés. Mientras unas estrategias buscan comprender y reforzar la fisiología vegetal, otras aprovechan microorganismos capaces de contener patógenos y mejorar el vigor del cultivo.
La conservación y selección de material vegetal también continúan siendo componentes importantes de la horticultura, como demuestra la recuperación de una antigua variedad de tomate mediante semillas preservadas. En todos estos ámbitos, la prevención sanitaria resulta indispensable para evitar que patógenos transmitidos por semillas comprometan el valor agronómico de las plantas.
Para el sector productor, la principal contribución del nuevo estudio es la identificación de tres candidatas concretas para continuar el desarrollo. Antes de que puedan incorporarse al manejo del tomate, harán falta nuevas pruebas sobre estabilidad, seguridad, dosificación, aplicación y desempeño en condiciones comerciales.
Fuentes referenciales:
Phys.org / American Society for Microbiology
Applied and Environmental Microbiology


