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El calor extremo pone en riesgo la producción agroalimentaria

Publicado el 24/08/2026 · REDACCION

Un informe conjunto de la FAO y la OMM advierte que más de mil millones de personas están expuestas y que cada año se pierden medio billón de horas de trabajo


Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.

El calor extremo amenaza la salud y los medios de vida de más de mil millones de personas y provoca la pérdida anual de aproximadamente medio billón de horas de trabajo, según un informe presentado en Roma por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Los trabajadores rurales, los cultivos y la ganadería se encuentran entre los sectores más expuestos.

El documento, publicado el 22 de abril de 2026, señala que la frecuencia, intensidad y duración de estos episodios aumentaron con rapidez durante el último medio siglo. La evaluación analiza sus efectos sobre cultivos, animales, pesca, bosques y comunidades rurales, además de identificar medidas de adaptación para reducir las pérdidas productivas y proteger a quienes trabajan al aire libre.

El calor extremo no se limita a una temperatura determinada, sino que aparece cuando los valores diurnos y nocturnos permanecen durante un periodo prolongado por encima de los rangos habituales de cada territorio. Bajo esas condiciones se genera estrés fisiológico y pueden producirse daños directos en plantas, animales y personas.

Cultivos y ganado pierden margen frente a las altas temperaturas

La FAO y la OMM advierten que el calentamiento está reduciendo el margen térmico que necesitan las especies para mantener funciones como la fotosíntesis, la reproducción y la regeneración celular. La intensidad del calor extremo sería aproximadamente dos veces mayor con un calentamiento global de 2 °C y cuatro veces mayor con 3 °C, en comparación con un aumento de 1,5 °C.

En la mayoría de los grandes cultivos agrícolas, las reducciones de rendimiento comienzan a observarse por encima de los 30 °C, aunque productos como la papa y la cebada pueden verse afectados con temperaturas inferiores. El estrés térmico debilita las paredes celulares, reduce la fertilidad del polen y favorece la formación de compuestos oxidativos perjudiciales para las plantas.

La coincidencia del calor con etapas sensibles puede agravar las pérdidas. Investigaciones sobre el impacto de episodios breves de calor y sequía en el trigo muestran que una anomalía de corta duración durante la floración puede comprometer la formación del grano y reducir el potencial de la cosecha.

En la ganadería, muchas especies comienzan a sufrir estrés por encima de los 25 °C. El umbral puede ser menor en cerdos y pollos, animales con una capacidad limitada para disipar calor mediante la sudoración. Las primeras respuestas incluyen la búsqueda de sombra, un mayor consumo de agua y la reducción de la ingesta de alimento y de la actividad física.

Cuando la exposición se prolonga, pueden aparecer trastornos digestivos, fallos orgánicos y choque cardiovascular. Incluso sin causar la muerte, el calor disminuye la producción de leche y puede reducir su contenido de grasa y proteína. La necesidad de vigilar estos efectos también se refleja en la medición de las horas acumuladas de estrés térmico en el ganado bovino.

Los trabajadores agrícolas afrontan una exposición directa

Las consecuencias humanas ocupan un lugar central en el informe. Las labores de siembra, manejo animal y cosecha suelen realizarse al aire libre y requieren esfuerzo físico, dos condiciones que aumentan la vulnerabilidad cuando las temperaturas y la humedad alcanzan niveles peligrosos.

En extensas zonas de Asia meridional, África subsahariana tropical y partes de América Central y del Sur, el número de jornadas anuales en las que podría resultar demasiado caluroso trabajar llegaría a 250. La reducción del tiempo laboral afecta los ingresos rurales y limita la capacidad de completar tareas agrícolas en sus momentos óptimos.

El problema ya es visible en regiones agrícolas sometidas a calor y humedad crecientes, donde la planificación de horarios, el acceso al agua, las pausas, la sombra y la vigilancia de síntomas se convierten en medidas esenciales de protección laboral.

El calor multiplica la sequía, los incendios y las plagas

La evaluación describe el calor extremo como un multiplicador de riesgos. Su interacción con la falta de lluvia, la radiación solar, la humedad y el viento puede acelerar la pérdida de agua del suelo, desencadenar sequías repentinas y aumentar la probabilidad de incendios, plagas y enfermedades.

Las sequías repentinas comienzan cuando las altas temperaturas consumen con rapidez la humedad de la capa superficial y de la zona ocupada por las raíces. Estos procesos están apareciendo antes, duran más tiempo y afectan superficies agrícolas y forestales cada vez mayores. También pueden endurecer el suelo, reducir su capacidad para absorber agua y elevar su vulnerabilidad a la erosión.

El informe cita el caso de Brasil durante finales de 2023 y 2024, cuando periodos prolongados con temperaturas medias de hasta 7 °C por encima de lo habitual estuvieron asociados con pérdidas de hasta el 20 % en el rendimiento de la soja.

En la cordillera de Ferganá, en Kirguistán, una etapa prolongada de 30,8 °C durante la primavera de 2025 —unos 10 °C por encima de lo habitual— provocó un choque térmico en cultivos frutales y trigo. El episodio contribuyó a una expansión de langostas, aumentó la evaporación, redujo la capacidad de riego y estuvo vinculado con una caída del 25 % en la cosecha de cereales.

Adaptación agrícola, alertas tempranas y protección financiera

Entre las medidas recomendadas figuran el mejoramiento selectivo, la elección de cultivos y variedades adaptadas, el ajuste de las fechas de siembra y la modificación de las prácticas de manejo. El desarrollo de cultivos con mayor resistencia al calor y la sequía puede ampliar las opciones disponibles, aunque su desempeño debe evaluarse en las condiciones específicas de cada región.

Los sistemas de alerta temprana son considerados una herramienta prioritaria porque permiten anticipar episodios peligrosos, reorganizar las jornadas laborales, proteger el ganado, administrar el riego y actuar antes de que el estrés térmico cause daños irreversibles.

La adaptación también requiere acceso a seguros, transferencias monetarias, mecanismos de pago y programas de protección social capaces de responder ante una emergencia. Las soluciones técnicas serán insuficientes si los pequeños productores y trabajadores rurales carecen de información, capacitación, financiamiento o capacidad para adoptar nuevas prácticas.

El informe sostiene que proteger la producción agrícola y la seguridad alimentaria exige combinar resiliencia dentro de las explotaciones con cooperación internacional, distribución de riesgos y políticas dirigidas a reducir las emisiones. La magnitud de la exposición convierte al calor extremo en una presión productiva, sanitaria y económica que atraviesa todo el sistema agroalimentario.

Fuente referencial:
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura



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