Agricultura

Argentina usa la clorofila para buscar cultivos resistentes a la sequía

Publicado el 20/08/2026 · REDACCION

Especialistas del INTA-Conicet proponen medir el verdor de las plantas como un método rápido y económico para seleccionar materiales capaces de sostener su productividad bajo estrés hídrico


Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz

Un equipo científico del Instituto de Fisiología y Recursos Genéticos Vegetales del INTA-Conicet, en Argentina, determinó que el monitoreo de la clorofila puede ayudar a identificar cultivos con mayor tolerancia a la sequía. La propuesta ofrece a los programas de mejoramiento genético una herramienta sencilla para seleccionar materiales que mantengan su capacidad productiva cuando disminuye la disponibilidad de agua.

La investigación analizó la relación entre el contenido de estos pigmentos, la actividad fotosintética y el desempeño de distintas especies cultivadas y silvestres. Según los resultados difundidos por el INTA el 19 de agosto de 2026, las plantas que conservan mejor su verdor durante el déficit hídrico también pueden utilizar la energía lumínica con mayor eficiencia y continuar generando granos o biomasa.

La técnica presenta una ventaja operativa: las mediciones pueden efectuarse con instrumentos portátiles de mano, mediante análisis de laboratorio de alta precisión o con sensores remotos. Esta variedad de métodos permite adaptar el seguimiento a programas científicos con diferente infraestructura y capacidad económica.

La clorofila revela la respuesta de la planta a la falta de agua

Las clorofilas son pigmentos esenciales para la fotosíntesis, el proceso mediante el cual las plantas aprovechan la energía solar para formar biomasa. Cuando un cultivo atraviesa una sequía, la degradación acelerada de estos pigmentos puede reducir la actividad fotosintética y terminar afectando el rendimiento.

Mariela Monteoliva, integrante del grupo de Fisiología del Estrés Hídrico y Microorganismos del instituto, explicó que la medición de las clorofilas permite deducir la capacidad productiva de una planta sometida a estrés. La investigadora evaluó resultados obtenidos en diferentes especies y encontró que este indicador puede contribuir a reconocer materiales con una respuesta favorable.

Los científicos observaron que genotipos tolerantes de soja, papa y cereales conservan niveles elevados de clorofila incluso bajo un déficit hídrico severo. La característica no significa que las plantas sean inmunes a la sequía, pero sí que pueden mantener durante más tiempo una función fotosintética asociada con la producción.

La relación entre pigmentos, estado hídrico y rendimiento también se ha empleado en estudios sobre variedades de papa adaptadas a la sequía, donde el contenido de clorofila formó parte de los criterios utilizados para distinguir genotipos tolerantes.

Una medición accesible para acelerar el mejoramiento genético

Los programas de mejoramiento necesitan evaluar grandes cantidades de plantas antes de seleccionar las que avanzarán hacia nuevas etapas de ensayo. Las mediciones complejas o destructivas pueden elevar los costos y ralentizar ese proceso, especialmente cuando deben repetirse en distintos momentos del ciclo.

El seguimiento del verdor ofrece una alternativa rápida y de bajo costo. Los medidores portátiles permiten realizar lecturas directamente sobre las hojas sin recurrir necesariamente a instalaciones especializadas. Las técnicas de laboratorio, como la cromatografía líquida de alta eficacia o HPLC, pueden utilizarse cuando se requiere una caracterización más precisa.

Los sensores remotos amplían la posibilidad de evaluar parcelas y numerosos materiales. Este enfoque guarda relación con el uso de drones y cámaras para seleccionar maíz resistente a la sequía, una estrategia que también busca reducir el tiempo y el costo necesarios para observar respuestas vegetales en el campo.

Carla Guzzo, investigadora del mismo grupo, destacó que el monitoreo del contenido de clorofila es una estrategia prometedora que todavía se utiliza por debajo de su potencial. Su incorporación permitiría descartar con mayor rapidez los materiales más sensibles y concentrar los recursos en aquellos que conservan mejores indicadores bajo estrés.

El verdor debe relacionarse con el rendimiento final

La conservación de la clorofila puede funcionar como criterio de selección, pero no sustituye las evaluaciones agronómicas completas. Un material candidato debe demostrar que su capacidad para mantenerse verde se traduce en producción de granos, tubérculos, forraje u otra biomasa aprovechable.

La tolerancia a la sequía depende de múltiples características. Entre ellas se encuentran la profundidad y distribución de las raíces, el control de la pérdida de agua, la duración del ciclo, la protección de los tejidos y la capacidad de recuperar la actividad después del estrés.

Investigaciones sobre raíces profundas en variedades de maíz muestran que la arquitectura subterránea también influye en el acceso al agua. Por ello, la medición de clorofila puede integrarse con observaciones radiculares, datos de rendimiento y otros indicadores fisiológicos en lugar de utilizarse como una prueba aislada.

Las respuestas también pueden variar entre genotipos de una misma especie. Un estudio sobre la influencia de la genética de la papa frente a la sequía confirmó que distintos materiales no obtienen el mismo beneficio de una intervención agronómica. Esta variabilidad explica por qué los programas de selección necesitan comparar numerosos cultivares bajo condiciones controladas y de campo.

Una herramienta para regiones con recursos tecnológicos limitados

El bajo costo relativo de los equipos portátiles puede facilitar el uso de esta metodología en regiones donde los programas de investigación no disponen de plataformas avanzadas de fenotipado. Las lecturas rápidas permiten aumentar el número de plantas evaluadas y repetir las mediciones durante la evolución del déficit hídrico.

La información obtenida también puede contribuir a estudiar en qué momento comienza a degradarse la clorofila, cuánto tiempo conserva el cultivo su verdor y si recupera su actividad después de recibir agua. Estos datos ayudan a diferenciar una tolerancia estable de una respuesta temporal que no necesariamente protege la cosecha.

El trabajo del INTA-Conicet se produce después de décadas en las que el aumento de los rendimientos agrícolas se apoyó, entre otros factores, en cambios en la arquitectura de las plantas y en la distribución de la biomasa. Ante los límites biológicos de algunas de esas estrategias, la fotosíntesis aparece como una nueva área de interés para sostener la productividad.

La propuesta no elimina la necesidad de ensayos en diferentes suelos, ambientes y campañas. Su aporte consiste en ofrecer un filtro accesible para reconocer materiales prometedores antes de someterlos a evaluaciones más extensas. La validación del rendimiento continuará siendo indispensable antes de recomendar una variedad a los productores.

Fuente referencial:
INTA Informa



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