Agricultura

Colza, carinata y camelina diversifican las rotaciones en Argentina

Publicado el 23/09/2026 · REDACCION

Ensayos del INTA indican que estas crucíferas de invierno pueden mejorar la infiltración de agua, liberar antes los lotes y favorecer el desempeño posterior de la soja y el maíz de segunda


Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.

La colza, la carinata y la camelina están ampliando las alternativas para diversificar las rotaciones agrícolas en Argentina. Ensayos y evaluaciones del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) muestran que incorporar estas brasicáceas durante el invierno puede mejorar características físicas del suelo, adelantar la liberación de los lotes y generar mejores condiciones para cultivos posteriores como soja y maíz de segunda.

Leonardo Coll, especialista del INTA Paraná, en la provincia de Entre Ríos, plantea que estas especies deben analizarse como componentes de una secuencia productiva y no únicamente por el rendimiento o margen individual de cada cultivo. En diferentes zonas agrícolas argentinas, la soja de primera pasó a representar alrededor del 20 al 25 % de la superficie dentro de sistemas que avanzaron hacia una mayor intensificación con cultivos invernales seguidos por cultivos de segunda.

Las raíces de las crucíferas modifican la estructura del suelo

Uno de los efectos agronómicos destacados por el INTA se encuentra debajo de la superficie. Las raíces de colza, carinata y otras crucíferas pueden generar canales en el perfil y contribuir a una descompactación biológica, reduciendo estructuras laminares y facilitando posteriormente la infiltración del agua.

La estructura radicular de estas especies constituye así una diferencia respecto de secuencias agrícolas menos diversificadas. La importancia de ampliar las rotaciones también ha sido observada en estudios sobre los efectos de mantener rotaciones restringidas a maíz y soja sobre la salud del suelo, donde una diversidad limitada puede repercutir sobre propiedades físicas y biológicas a largo plazo.

El efecto de las raíces no debe interpretarse como una solución automática para cualquier problema de compactación. Su magnitud depende del suelo, las condiciones hídricas, el manejo y la secuencia agrícola. Sin embargo, representa uno de los servicios que deben considerarse cuando se compara una rotación diversificada con un esquema basado repetidamente en pocas especies.

Los rastrojos dejan nutrientes disponibles en tiempos diferentes

Las diferencias entre trigo y brasicáceas también aparecen después de la cosecha. Coll explicó que el rastrojo de trigo produce una inmovilización de nutrientes más marcada que el residuo de una crucífera debido, entre otros factores, a su relación carbono-nitrógeno.

Los residuos de las brasicáceas pueden liberar nutrientes con mayor rapidez, una característica que resulta relevante cuando inmediatamente después se implanta maíz. El beneficio potencial debe analizarse dentro del balance nutricional completo del sistema, porque colza y carinata también presentan requerimientos propios que necesitan ser atendidos durante su ciclo.

La diversificación es precisamente uno de los argumentos utilizados para incorporar más especies a las secuencias productivas. Un análisis sobre la rotación de cultivos como herramienta para mantener y recuperar la salud del suelo destaca que alternar especies con arquitecturas radiculares y demandas nutricionales diferentes puede reducir algunos de los problemas asociados con sistemas agrícolas simplificados.

La cosecha anticipada abre una ventana para soja y maíz de segunda

Otra ventaja señalada por los ensayos del INTA es el momento en que las crucíferas desocupan el terreno. Su cosecha puede producirse antes que la del trigo, permitiendo adelantar la implantación del cultivo estival siguiente y aprovechar una ventana de siembra más favorable.

Esta diferencia tiene consecuencias productivas. En las redes de evaluación presentadas por Coll, los rendimientos de soja de segunda y maíz de segunda implantados después de colza u otra brasicácea resultaron superiores a los obtenidos en secuencias donde el cultivo precedente fue trigo.

El especialista relacionó ese desempeño con una combinación de factores, entre ellos una mejor eficiencia en el uso del agua y la liberación anticipada del lote. Sembrar antes permite evitar, en determinados ambientes, que la implantación de soja de segunda se desplace hacia períodos en los que aumenta el riesgo de pérdida de rendimiento.

Resultados obtenidos con otras especies invernales muestran igualmente la importancia del antecesor. En el sur de Santa Fe, arvejas y lentejas permitieron diversificar las rotaciones y anteceder a maíces de segunda con altos rendimientos, reforzando el interés por evaluar la productividad de la secuencia completa y no únicamente la cosecha de invierno.

Tres oleaginosas con características productivas diferentes

Colza, carinata y camelina pertenecen al grupo de las brasicáceas, pero no son cultivos equivalentes. Presentan diferencias en duración del ciclo, requerimientos, adaptación ambiental, manejo y destino comercial. Por ello, la elección debe responder a las características de cada explotación y a las posibilidades reales de comercialización.

En Argentina, las tres oleaginosas vienen ganando visibilidad por su capacidad para ocupar el período invernal y por la demanda industrial de sus aceites. Mundo Agropecuario ya documentó el crecimiento de camelina, carinata y colza asociado al mercado de biocombustibles, especialmente a cadenas vinculadas con combustibles de menor huella de carbono.

La carinata, por ejemplo, posee una raíz pivotante que puede contribuir a la estructura del suelo y permite una cosecha relativamente temprana. Trabajos anteriores del INTA Rafaela también han señalado su capacidad competitiva frente a malezas y su potencial como alternativa invernal en el centro de Santa Fe.

La camelina se caracteriza por un ciclo relativamente corto. Evaluaciones económicas realizadas por el INTA Pergamino para la campaña 2024/25 consideraron ciclos de aproximadamente 120 a 140 días y analizaron su incorporación, junto con carinata, como alternativa para reemplazar períodos de barbecho y combinarse posteriormente con cultivos estivales.

La diversificación también modifica el manejo de riesgos

Incorporar una especie diferente a una rotación no solo altera las fechas de siembra y cosecha. También cambia el calendario de utilización de maquinaria, la demanda de nutrientes, la presión de malezas, plagas y enfermedades y la distribución de los riesgos climáticos y comerciales durante el año.

Las crucíferas pueden contribuir a interrumpir secuencias dominadas por gramíneas y soja, pero necesitan un manejo fitosanitario específico. En mayo de 2026, el Grupo Malezas de la Estación Experimental Agropecuaria Pergamino del INTA actualizó, junto con la consultora LARES, guías técnicas para el control químico de malezas en camelina, colza y carinata, reflejando la necesidad de adaptar las estrategias a cada especie.

El manejo del suelo es otro componente de esa planificación. Experiencias con siembra directa, cobertura permanente y actividad biológica para mejorar la infiltración muestran que las propiedades físicas del terreno responden a la combinación de raíces, residuos, organismos del suelo y nivel de perturbación, no a una única práctica aislada.

La rentabilidad debe medirse sobre toda la secuencia agrícola

Para el productor, el resultado económico de una crucífera de invierno no termina cuando se cosecha su grano. Si el cultivo permite adelantar la soja o el maíz posterior, mejora la utilización del agua, distribuye labores y reduce determinados riesgos del sistema, esos efectos deben incorporarse al cálculo de la rotación completa.

El INTA señala que uno de los obstáculos actuales es la adopción. Los cultivos menos extendidos cuentan con menor experiencia acumulada en determinadas zonas, mientras aspectos como disponibilidad de semillas, contratos, logística, manejo y canales comerciales pueden condicionar la decisión del productor.

La expansión reciente demuestra, sin embargo, que estas especies ya poseen un espacio productivo concreto. Colza, carinata y camelina avanzan como cultivos de invierno con nuevos destinos industriales, lo que añade una dimensión comercial a sus posibles beneficios agronómicos dentro de las rotaciones.

Coll sostiene que la evaluación debe realizarse sobre el sistema completo. Bajo ese criterio, la capacidad de las crucíferas para liberar antes los lotes, modificar el ambiente radicular, mejorar la infiltración y favorecer determinados cultivos de segunda puede incorporarse al margen global de la campaña junto con el resultado económico de la oleaginosa invernal.

Fuentes referenciales:
INTA Informa
Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria
INTA Rafaela



Mundo Agropecuario
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