Estos ecosistemas sostienen el agua, la producción de alimentos y la estabilidad climática de más de 30 millones de personas, pero siguen poco representados en las políticas regionales
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
Representantes gubernamentales, científicos, pueblos indígenas y comunidades pastoriles reunidos en la COP17 de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, celebrada en Mongolia, buscan situar a los pastizales de América Latina entre las prioridades internacionales frente a la sequía y la degradación de la tierra.
Los pastizales y las sabanas ocupan cerca del 18 % de la región y contribuyen al acceso al agua, la producción de alimentos y la estabilidad climática de más de 30 millones de personas. Pese a esa importancia productiva y ambiental, apenas el 10 % de las metas climáticas formuladas por los países latinoamericanos los menciona expresamente.
Los pastizales sostienen agua, alimentos y producción ganadera
La función de estos ecosistemas no se limita a proporcionar forraje. Sus suelos y comunidades vegetales intervienen en la infiltración y almacenamiento del agua, protegen el terreno contra la erosión, sostienen actividades ganaderas y ayudan a regular cuencas conectadas con el Cerrado, la Amazonía y la Orinoquía.
Un documento de incidencia elaborado por organizaciones entre las que figura la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza señala que los pastizales latinoamericanos almacenan cerca del 90 % del carbono que emiten. Esta capacidad refuerza su importancia dentro de las estrategias de mitigación y adaptación climática.
La presión derivada de los cambios de uso del suelo, la expansión de actividades productivas sin planificación y los episodios climáticos extremos está debilitando esos servicios. El fenómeno de El Niño puede agravar la situación mediante sequías más prolongadas, menor disponibilidad de forraje y una presión adicional sobre las fuentes de agua utilizadas por comunidades rurales y explotaciones ganaderas.
La vulnerabilidad de estos territorios también depende de la intensidad del aprovechamiento. Una evaluación internacional sobre los efectos del pastoreo en las tierras secas mostró que sus consecuencias cambian según el clima, el suelo, la biodiversidad y el manejo aplicado en cada lugar.
La COP17 busca incluirlos en una agenda específica
Uno de los objetivos planteados por los representantes latinoamericanos es incorporar explícitamente los pastizales y las sabanas de la región a la denominada Steppe Action Agenda. La iniciativa, promovida por Mongolia como país anfitrión, pretende acelerar la restauración, movilizar recursos y establecer resultados medibles para estos biomas.
El debate coincide con el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores, celebrado en 2026. Este marco busca corregir la percepción de que las superficies abiertas son terrenos vacíos o improductivos y reconocer los bienes, alimentos y servicios ecosistémicos que generan.
La restauración necesita adaptarse a las condiciones de cada territorio. En la Caatinga brasileña, por ejemplo, una investigación determinó que retirar el ganado no bastó para recuperar rápidamente los suelos sobrepastoreados. Los especialistas recomendaron complementar el descanso con abonos verdes, manejo de la vegetación y plantación estratégica de árboles.
El conocimiento pastoril forma parte de la restauración
Los especialistas presentes en la COP17 sostienen que la protección de los pastizales no puede separarse del trabajo de las comunidades indígenas, los pastores y los productores que dependen de estos ambientes. Sus sistemas de movilidad, rotación de potreros, manejo del agua y selección de animales adaptados permiten responder a la variabilidad climática sin abandonar la producción.
Enrique Michaud, copresidente de la Alianza Global para los Pastizales y Pastores, destacó que las comunidades han desarrollado conocimientos locales para producir alimentos y mantener el equilibrio de los ecosistemas. En las zonas altoandinas, estas prácticas adquieren especial relevancia ante el retroceso de los glaciares y los cambios en la disponibilidad estacional de agua.
Belén Valenzuela, oficial del programa de Bosques y Pastizales de la UICN para América del Sur, señaló que la productividad pastoril y la restauración pueden avanzar de forma conjunta cuando las comunidades participan directamente en la gestión territorial.
Experiencias productivas recientes muestran que el ganado puede integrarse en planes de recuperación cuando la carga y los tiempos de permanencia se controlan. En el norte de México, un proyecto de pastoreo planificado en el Desierto de Chihuahua utiliza desplazamientos frecuentes entre potreros para favorecer la infiltración del agua, incorporar materia orgánica y permitir periodos prolongados de descanso.
Restaurar antes de que la degradación sea extrema
Un informe mundial presentado durante la COP17 por el Instituto Internacional de Investigación Ganadera estimó que los pastizales generan beneficios económicos de entre 21 y 47 billones de dólares anuales, con valores que pueden alcanzar los 5.000 dólares por hectárea. Los cálculos reúnen aportes productivos, ambientales y sociales que normalmente no aparecen en las cuentas económicas convencionales.
El documento sostiene que actuar de manera preventiva resulta menos costoso que intentar recuperar paisajes cuando la degradación ya es grave. Las intervenciones pueden comenzar en aproximadamente 20 dólares por hectárea para mejorar el manejo del pastoreo o facilitar la regeneración natural, mientras que los trabajos intensivos en terrenos muy deteriorados pueden superar los 70.000 dólares por hectárea.
Estas diferencias reflejan que no existe una única técnica aplicable a todos los pastizales. La prevención exige ajustar la carga ganadera, conservar la cobertura vegetal, vigilar la erosión, mantener periodos de recuperación y adaptar el manejo a la capacidad real de cada terreno.
La prevención de la desertificación y el sobrepastoreo resulta especialmente importante porque la pérdida de vegetación deja el suelo expuesto, reduce la infiltración de agua y dificulta la regeneración de las especies forrajeras.
El financiamiento debe llegar a las comunidades rurales
Los especialistas advierten que disponer de fondos no garantiza por sí solo una restauración efectiva. Las inversiones necesitan derechos territoriales claros, organizaciones comunitarias sólidas, asistencia técnica y mecanismos que permitan a los habitantes participar en las decisiones.
Valenzuela señaló que parte del financiamiento existente permanece disperso o resulta difícil de gestionar desde los territorios. Por ello, las decisiones surgidas de la COP17 deberán acompañarse de procedimientos accesibles, capacidad institucional y sistemas de monitoreo que permitan comprobar sus resultados.
La agenda regional también deberá conectar la lucha contra la desertificación con las políticas sobre biodiversidad, cambio climático, agua y producción agropecuaria. Para las comunidades rurales, estos elementos forman un mismo paisaje productivo: el manejo de un río, un rebaño, una pastura o un suelo afecta al conjunto del territorio.
El reconocimiento de los pastizales dentro de las metas nacionales permitiría orientar recursos hacia el manejo sostenible, la recuperación de suelos, la seguridad hídrica y la permanencia de actividades ganaderas adaptadas. La COP17 abre así una oportunidad para que estos ecosistemas dejen de ocupar un lugar secundario en las políticas latinoamericanas.
Fuente referencial:
Mongabay Latam


