Impacto Ambiental

Costa Rica afronta nuevos riesgos agrícolas por el calentamiento

Publicado el 17/09/2026 · REDACCION

Un aumento global de 1,5 °C alteraría las lluvias, ampliaría la presencia de plagas y obligaría a trasladar algunos cafetales hacia terrenos de mayor altitud


Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.

La agricultura de Costa Rica enfrenta un escenario de mayor incertidumbre ante un calentamiento global de 1,5 °C sobre los niveles preindustriales. Especialistas de la Universidad de Costa Rica y la Universidad Nacional advierten que la variación de las lluvias, el avance de plagas y enfermedades, el desplazamiento de cultivos y el aumento de los costos podrían afectar especialmente a los pequeños y medianos productores.

El impacto no dependería únicamente de una reducción de las precipitaciones. En algunas regiones podrían registrarse menos jornadas lluviosas, pero con aguaceros más intensos y concentrados. Esta distribución dificultaría determinar las fechas adecuadas de siembra y cosecha, reduciría la infiltración del agua en el suelo y elevaría el riesgo de pérdidas productivas.

Menos días de lluvia, pero precipitaciones más intensas

Pascal Girot, director de la Escuela de Geografía de la Universidad de Costa Rica, explicó que un incremento aparentemente pequeño de la temperatura media puede traducirse en modificaciones importantes para diferentes territorios. La variabilidad asociada con fenómenos como El Niño también puede intensificarse en un clima más cálido.

Guanacaste y la zona norte figuran entre las áreas expuestas a déficits de lluvia. En otras regiones, el desafío sería la concentración de grandes volúmenes de agua en periodos breves, una situación que ya tiene consecuencias productivas visibles. En el Caribe costarricense, por ejemplo, las lluvias intensas y la sigatoka negra amenazan plantaciones de banano mediante anegamientos, daños sanitarios y dificultades para transportar la cosecha.

Johaner Rosales, ingeniero agrónomo de la Universidad Nacional, señaló que los acumulados anuales pueden ocultar cambios decisivos en la distribución de las precipitaciones. Cuando una cantidad elevada de agua cae en pocas horas, el suelo no consigue absorberla por completo. Parte se pierde por escorrentía, alimenta crecidas repentinas y deja los terrenos agrícolas sin una reserva proporcional al volumen registrado.

El resultado puede ser una sequía agronómica incluso después de un aguacero: llueve, pero el agua no permanece disponible para las raíces. Esta dinámica obliga a observar la humedad efectiva del terreno y la continuidad de las precipitaciones antes de decidir una siembra, una precaución igualmente relevante en territorios donde la sequía ya provoca pérdidas de maíz y frijol.

Las plagas podrían completar sus ciclos con mayor rapidez

El aumento de las temperaturas puede acelerar la reproducción de determinados insectos y ampliar las zonas donde encuentran condiciones favorables. La mosca blanca constituye uno de los ejemplos señalados: si completa su ciclo biológico en menos tiempo, puede producir más generaciones y elevar la presión sobre los cultivos.

Los cambios térmicos también favorecen el desplazamiento de insectos, hongos, virus y otras enfermedades hacia áreas anteriormente demasiado frías. En el café, la roya puede encontrar mejores condiciones de desarrollo cuando sube la temperatura, mientras el propio cultivo necesita buscar ambientes más frescos en terrenos elevados.

El avance de los organismos perjudiciales puede llevar a incrementar las aplicaciones de productos fitosanitarios. Esto elevaría los costos de producción y exigiría estrategias de manejo integrado que combinen monitoreo, variedades resistentes, control biológico y prácticas agronómicas. La experiencia regional muestra que enemigos naturales como hormigas, arañas y escarabajos pueden contribuir al control de la broca del café, aunque su eficacia depende del diseño y manejo de cada finca.

El café buscaría condiciones adecuadas a mayor altitud

El café aparece entre los cultivos más sensibles porque su desarrollo, calidad y floración dependen estrechamente de la temperatura y de la distribución de las lluvias. En zonas bajas, las condiciones más cálidas pueden acelerar el crecimiento del fruto y perjudicar la calidad final del grano.

Las plantaciones situadas a mayor altitud tampoco están libres de dificultades. Por encima de los 1.900 metros, las precipitaciones impredecibles pueden estimular varias floraciones en diferentes momentos. Esto complica la cosecha porque una lluvia intensa puede inducir nuevas flores mientras todavía permanecen frutos maduros o en desarrollo sobre las plantas.

La necesidad de buscar temperaturas más frescas podría empujar parte de la caficultura hacia terrenos superiores. Sin embargo, este desplazamiento encuentra límites físicos, ambientales, económicos y de propiedad de la tierra. Las plagas también pueden avanzar montaña arriba, por lo que trasladar una plantación no elimina automáticamente los riesgos sanitarios.

Los caficultores ya ensayan medidas de adaptación. Algunas experiencias incorporan árboles de sombra, cobertura vegetal, riego por goteo y materiales más resistentes. Estas respuestas forman parte de la adaptación de la caficultura costarricense a unas precipitaciones cada vez más variables.

Más costos para las explotaciones de menor tamaño

Pavel Rivera, economista agrícola y ambiental, indicó que Costa Rica está desplazando su atención desde la mitigación hacia la adaptación. Este proceso requiere inversiones en riego, drenajes, manejo de suelos, vigilancia sanitaria, infraestructura, semillas, fertilizantes y asistencia técnica.

Los pequeños y medianos agricultores serían los primeros en sentir la presión porque disponen de menos capital para absorber una cosecha reducida o financiar nuevas tecnologías. Una caída de los rendimientos puede deteriorar sus ingresos, mientras el encarecimiento de insumos y medidas de adaptación estrecha todavía más los márgenes productivos.

Si la oferta agrícola disminuye, parte del aumento de costos podría trasladarse a los consumidores mediante precios más altos. El efecto no sería uniforme: dependería del cultivo, la ubicación de la finca, la disponibilidad de agua, la capacidad financiera y el acceso a asesoramiento especializado.

Semillas, suelos y diversidad para reforzar la adaptación

La respuesta requiere información climática localizada, registros de campo y decisiones ajustadas a cada territorio. Confiar únicamente en promedios anuales puede ocultar periodos secos prolongados, lluvias torrenciales o cambios que afecten etapas sensibles como la germinación, floración y maduración.

La conservación de diversidad genética constituye otra herramienta estratégica. El banco del Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza mantiene miles de muestras de semillas adaptadas a condiciones de Centroamérica, materiales que pueden apoyar investigaciones sobre resistencia a sequías, humedad, plagas y enfermedades.

También ganan importancia la cobertura permanente del terreno, los sistemas agroforestales, la diversificación y las prácticas que aumentan la infiltración y retención de agua. La agricultura regenerativa aplicada a cultivos tropicales plantea recuperar la estructura del suelo y reducir la vulnerabilidad, aunque su adopción requiere capacitación, seguimiento técnico e inversiones sostenidas.

El desafío para Costa Rica será convertir las proyecciones climáticas en decisiones operativas antes de que las pérdidas se acumulen. Ajustar calendarios agrícolas, vigilar plagas, proteger el suelo y facilitar financiamiento a las explotaciones de menor tamaño serán factores determinantes para conservar la producción bajo condiciones más variables.

Fuentes referenciales:
Infobae
El Observador CR



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