Agricultura

Una cubierta textil multiplica la producción de fresas en ensayos

Publicado el 05/10/2026 ·

Investigadores de Estados Unidos lograron 3,56 veces más frutos por planta con una estructura tridimensional que deja pasar luz, lluvia y aire y actúa como barrera física frente a insectos


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz

Una cubierta textil tridimensional desarrollada y ensayada por investigadores de la Universidad Estatal de Carolina del Norte (NC State), en Estados Unidos, incrementó 3,56 veces el número total de fresas cosechadas por planta respecto de cultivos sin cubrir. El material también elevó el peso de los frutos y bloqueó completamente el paso de pulgones en pruebas de laboratorio, mientras permitió el ingreso de luz, agua y aire.

El estudio fue publicado el 25 de septiembre de 2026 en la revista científica Agriculture y posteriormente divulgado por NC State. La investigación evaluó una segunda generación de la cubierta denominada Plant Armor, un tejido poroso de varias capas concebido como barrera física para proteger las plantas sin recurrir exclusivamente a productos químicos.

La investigación incorpora una estrategia diferente a otras alternativas de manejo de la fresa. La protección fitosanitaria resulta especialmente importante en un cultivo susceptible a numerosos insectos y enfermedades, como muestran experiencias previas sobre el manejo de gorgojos en plantaciones de fresas y otras plagas capaces de afectar raíces, flores y frutos.

3,56 veces más frutos y mayor peso de la cosecha

Los ensayos se realizaron con plantas de fresa cultivadas bajo túneles y compararon parcelas cubiertas con Plant Armor Gen 2 frente a plantas que permanecieron descubiertas. La investigación siguió la producción durante siete semanas de cosecha.

Las plantas protegidas produjeron en promedio 10,8 frutos por planta, mientras que las descubiertas registraron 2,83. Esto representó un incremento de 3,56 veces en el número total de frutos cosechados.

El efecto también apareció en el peso. Los investigadores registraron un peso medio de fruta de 12,18 gramos en las plantas cubiertas frente a 6,63 gramos en las descubiertas, lo que equivalió a un aumento de 1,84 veces.

Además, las plantas bajo la cubierta mostraron una tendencia a alcanzar la madurez cosechable aproximadamente una semana antes. Los investigadores relacionan este comportamiento con el microclima creado debajo del tejido, que mantuvo temperaturas más altas cuando descendía la temperatura exterior.

La biomasa vegetativa de hojas, tallos y raíces, en cambio, no presentó diferencias estadísticamente significativas entre plantas cubiertas y descubiertas. El resultado es importante porque el equipo había considerado la posibilidad de que una menor disponibilidad de luz estimulara el crecimiento vegetativo a costa de la producción de fruta.

La estructura deja pasar luz, lluvia y aire

El material no funciona como una lámina cerrada. Su arquitectura tridimensional crea un recorrido complejo que dificulta que pequeños insectos atraviesen la cubierta, pero mantiene porosidad suficiente para permitir el intercambio de aire y el paso del agua.

Las mediciones no encontraron una reducción perjudicial de la luz ni diferencias significativas de humedad relativa entre las parcelas cubiertas y las descubiertas. Tampoco se observó una respuesta de las plantas asociada a la evasión de sombra.

Esta combinación resulta relevante porque las barreras físicas demasiado cerradas pueden modificar el microclima alrededor de los cultivos. Una reducción excesiva de ventilación puede elevar la humedad y favorecer enfermedades, mientras que una disminución importante de la radiación puede alterar el crecimiento.

En el manejo convencional de la fresa, la presión de plagas puede conducir al empleo frecuente de productos fitosanitarios. El seguimiento de los residuos de pesticidas encontrados en fresas comerciales muestra precisamente la importancia de desarrollar estrategias capaces de complementar el control químico sin comprometer la productividad.

El tejido bloqueó pulgones en las pruebas de laboratorio

Los investigadores evaluaron también la capacidad física del material para impedir el paso de pulgones. En los bioensayos de penetración, la cubierta consiguió una exclusión completa de estos insectos.

El estudio no demuestra todavía cuánto podría reducirse el uso de insecticidas en explotaciones comerciales, pero la exclusión física de plagas plantea la posibilidad de disminuir determinadas aplicaciones si el sistema mantiene su eficacia bajo condiciones productivas reales.

Las barreras físicas podrían incorporarse a programas de manejo integrado junto con vigilancia, control biológico y aplicaciones selectivas cuando sean necesarias. Estas estrategias resultan especialmente relevantes porque la protección de la fresa debe equilibrar productividad, sanidad y calidad de la cosecha. Otros sistemas han explorado, por ejemplo, bioinsumos para el manejo de la frutilla en Paraguay como una vía para reducir costos y dependencia de determinados insumos.

La investigación con Plant Armor tiene además un origen poco habitual. La tecnología deriva de trabajos anteriores destinados a desarrollar textiles que protegieran a militares de las picaduras de mosquitos y mejoraran la comodidad al utilizar chalecos de protección. La investigación posterior llevó a adaptar el concepto a cubiertas agrícolas.

De las coles a las fresas

El equipo ya había probado una versión de esta estructura textil sobre coles. En aquel trabajo, la cubierta incrementó 2,93 veces el crecimiento vegetativo y mostró resistencia a la penetración de insectos. Sin embargo, faltaba determinar qué ocurriría en un cultivo cuyo rendimiento comercial depende directamente de la producción de frutos.

Las fresas permitieron poner a prueba esa cuestión durante un ciclo que se extiende entre otoño, invierno y primavera. Los resultados indican que el material no solo actuó como barrera, sino que modificó favorablemente determinadas condiciones térmicas asociadas con el desarrollo de los frutos.

El estudio también realizó evaluaciones preliminares de bacterias cultivables de la rizosfera y no encontró diferencias significativas entre parcelas cubiertas y descubiertas. Los autores advierten, sin embargo, que serán necesarios análisis más amplios del microbioma para determinar con mayor precisión posibles efectos sobre las comunidades microbianas del suelo.

La sanidad de la fresa depende de múltiples interacciones entre cultivo, suelo y organismos asociados. Algunas investigaciones han mostrado, por ejemplo, que la inoculación con hongos endófitos puede aumentar la resistencia frente al marchitamiento por Fusarium, lo que ilustra la diversidad de herramientas que se investigan para proteger este cultivo.

Los resultados todavía deben comprobarse en explotaciones agrícolas

A pesar del fuerte incremento registrado en los ensayos, los investigadores subrayan que la tecnología necesita nuevas pruebas antes de extrapolar los resultados a la producción comercial. El siguiente paso es evaluar la cubierta directamente en explotaciones agrícolas, diferentes regiones y otros cultivos.

También será necesario determinar cómo cambia su comportamiento entre campañas, condiciones climáticas, variedades y sistemas productivos. Los propios autores señalan que el adelanto observado en la cosecha podría ser mayor o menor dependiendo de las variaciones meteorológicas de cada año.

El potencial para reducir aplicaciones químicas tampoco debe interpretarse todavía como un resultado demostrado a escala comercial. La investigación confirmó la exclusión de pulgones bajo condiciones experimentales, pero serán los ensayos en fincas los que permitan establecer qué plagas pueden controlarse de manera consistente y cuánto puede disminuir realmente el uso de insecticidas.

La necesidad de alternativas resulta relevante en un cultivo donde la protección fitosanitaria es intensa. Estudios sobre residuos de pesticidas en fresas y otras frutas europeas han reforzado el interés por estrategias que permitan mantener la productividad reduciendo, cuando sea agronómicamente posible, la dependencia de tratamientos químicos.

Plant Armor Gen 2 está patentado por NC State y ha sido licenciado para su desarrollo comercial. La investigación fue realizada conjuntamente por especialistas de entomología, fitopatología, textiles, recursos naturales y ciencias agrícolas de la universidad, y recibió apoyo de la North Carolina Agricultural Foundation y del Instituto Nacional de Alimentación y Agricultura del Departamento de Agricultura de Estados Unidos.

Fuentes referenciales:
Agriculture — Knitted 3-D, Porous Textile Cover to Enhance Strawberry Fruit Production and Prevent Insect Feeding
North Carolina State University