Cultivos

El Niño agrava heladas y pérdidas de cultivos en el Pacífico

Publicado el 07/10/2026 ·

Papúa Nueva Guinea registra daños en taro, batata, banano y caña de azúcar, mientras agricultores australianos vigilan el riesgo de frío durante etapas sensibles de los cereales


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz

El fortalecimiento de El Niño está creando un escenario agrícola poco intuitivo en el Pacífico: junto con la sequía y la escasez de agua, las noches despejadas y secas están favoreciendo heladas capaces de destruir cultivos. El impacto más severo se observa en las tierras altas de Papúa Nueva Guinea, donde comunidades rurales han reportado pérdidas de taro, batata, banano y caña de azúcar, mientras en Australia los productores de granos mantienen la vigilancia sobre episodios de frío que pueden afectar cultivos durante etapas reproductivas.

La situación de Papúa Nueva Guinea constituye ya un impacto productivo concreto. En zonas montañosas, meses de tiempo seco han coincidido con temperaturas nocturnas suficientemente bajas para formar hielo sobre los cultivos. Después de esas noches frías, la exposición de las plantas dañadas a una intensa radiación solar acelera el deterioro de los tejidos y deja parcelas de alimentos básicos con graves pérdidas.

El episodio ocurre mientras El Niño se consolida como una de las principales variables para la agricultura mundial. Mundo Agropecuario ya había analizado cómo un El Niño severo puede alterar la producción de cultivos básicos mediante cambios en las lluvias, la temperatura y la disponibilidad de agua. Los acontecimientos del Pacífico muestran que el riesgo no se limita al calor o la sequía: bajo determinadas condiciones, el mismo patrón seco puede favorecer un enfriamiento nocturno intenso.

Heladas destruyen alimentos básicos en Papúa Nueva Guinea

En Kosipe, una localidad del distrito de Goilala, en la Provincia Central de Papúa Nueva Guinea, habitantes han descrito noches repetidamente frías seguidas por jornadas soleadas que han deteriorado los huertos locales. Reportes recogidos a mediados de septiembre indican que las condiciones se prolongaban desde hacía meses y que los cultivos disponibles estaban desapareciendo.

En Upper Mendi, en las Tierras Altas del Sur, los daños alcanzaron productos esenciales para la alimentación de las familias, entre ellos taro, batata, banano y caña de azúcar. También se han observado fuentes de agua en retroceso y niveles bajos en ríos utilizados para transporte y abastecimiento.

La vulnerabilidad es especialmente elevada porque una gran proporción de la población del país depende de la agricultura de subsistencia o semisubsistencia. Cuando un huerto familiar fracasa, la consecuencia no se limita a una reducción de ingresos: puede eliminar directamente una parte importante de los alimentos disponibles para el hogar.

La combinación de sequía y pérdida de cosechas tiene paralelos recientes en otras regiones rurales. En Centroamérica, por ejemplo, Mundo Agropecuario documentó cómo la sequía arrasó cultivos básicos en comunidades del Corredor Seco, donde la dependencia de producciones destinadas al autoconsumo convirtió el déficit de lluvia en un problema inmediato de seguridad alimentaria.

Por qué la sequía puede aumentar el peligro de heladas

Una helada de radiación suele desarrollarse durante noches despejadas, secas y con poco viento. Sin una cobertura importante de nubes, el suelo pierde rápidamente durante la noche parte del calor acumulado durante el día. Si además el aire permanece en calma, las capas más frías pueden concentrarse cerca de la superficie y desplazarse hacia depresiones del terreno.

El suelo seco puede intensificar este proceso porque almacena menos calor que un terreno con mayor contenido de humedad. Un suelo húmedo puede liberar durante la noche parte de la energía térmica acumulada, aunque esa capacidad tampoco garantiza la protección frente a una helada severa.

Por esa razón, la temperatura mínima anunciada para una localidad no siempre representa exactamente lo que experimenta una planta cerca del suelo. Puede producirse congelación en superficies vegetales incluso cuando la temperatura oficial del aire, medida bajo condiciones meteorológicas estandarizadas, permanece algunos grados por encima de cero.

Las características del terreno también importan. El aire frío es más denso y puede acumularse en zonas bajas, generando sectores especialmente expuestos dentro de una misma explotación. Identificar esas depresiones o corredores de aire frío permite al productor conocer qué parcelas presentan mayor riesgo.

El momento de la helada determina la magnitud del daño

En cereales como trigo, cebada y avena, uno de los periodos más delicados ocurre durante las etapas reproductivas. Una helada suficientemente intensa puede dañar estructuras responsables de la formación del grano y reducir el rendimiento aunque la planta conserve inicialmente una apariencia relativamente normal.

El problema depende de la intensidad y duración del episodio, pero también de la fase de desarrollo alcanzada por el cultivo. Una misma temperatura puede provocar consecuencias diferentes en dos parcelas si las plantas se encuentran en estados fenológicos distintos.

La importancia de esa sincronización entre clima y desarrollo vegetal se ha observado también en Estados Unidos. Ensayos recientes mostraron cómo Virginia está ajustando las fechas de siembra del trigo para reducir la posibilidad de que las etapas más sensibles coincidan con heladas primaverales.

En Australia, la exposición de los cereales al frío es un problema suficientemente importante como para haber impulsado investigaciones específicas durante años. Estudios anteriores desarrollaron incluso métodos para detectar daños por heladas en trigo y cebada, debido a la dificultad de evaluar rápidamente cuánto grano puede haberse perdido después de un episodio de congelación.

Australia vigila sus cultivos después de un invierno favorable

El riesgo aparece en un momento particularmente importante para Australia. Las lluvias mejores de lo previsto durante el invierno permitieron mantener un elevado potencial productivo en numerosas zonas de Victoria, Australia Meridional y el sur de Nueva Gales del Sur.

Las últimas estimaciones sitúan la producción australiana de cultivos de invierno alrededor de 61 millones de toneladas. Mundo Agropecuario informó recientemente que Australia podría obtener una de sus mayores cosechas de invierno, aunque existen grandes diferencias entre estados y persisten riesgos asociados con El Niño, la disponibilidad de humedad y los costos de producción.

En el noroeste de Victoria, Birchip Cropping Group señaló durante agosto que numerosos campos presentaban perfiles de suelo con abundante humedad y cultivos con un fuerte potencial de rendimiento. Esa buena situación trasladó progresivamente la atención de los productores desde la disponibilidad de agua hacia los riesgos capaces de deteriorar una cosecha avanzada, entre ellos las heladas.

Posteriormente se registraron daños menores en algunos sectores del sur de Mallee y en Wickepin North, en Australia Occidental. Sin embargo, la información disponible indica que la mayoría de los productores australianos había evitado hasta finales de septiembre los daños más severos.

La elección varietal puede reducir la exposición al frío

Una de las herramientas disponibles consiste en distribuir el riesgo mediante variedades y fechas de siembra que eviten concentrar toda la superficie en la misma fase reproductiva durante la ventana de mayor probabilidad de heladas. La estrategia no elimina el peligro, pero puede reducir la proporción de la explotación expuesta simultáneamente.

Los agricultores también pueden identificar las zonas bajas donde se acumula aire frío, consultar los avisos meteorológicos de corto plazo y revisar los campos después de noches despejadas, secas y tranquilas. La evaluación temprana del daño es importante para decidir el manejo posterior del cultivo.

Australia está desarrollando además materiales capaces de ofrecer alternativas cuando el clima compromete la producción de grano. Un ejemplo reciente es Hurdle, un trigo australiano de doble propósito que puede destinarse a grano, heno o pastoreo y cuyo desarrollo estuvo precisamente relacionado con las pérdidas que las heladas ocasionaban en zonas trigueras.

Los programas de mejoramiento también investigan características genéticas asociadas con una mayor tolerancia al frío. Sin embargo, los especialistas advierten que una variedad más tolerante no debe interpretarse como inmune: una helada suficientemente intensa o prolongada puede superar la capacidad de protección de cualquier material vegetal.

El Niño combina riesgos distintos dentro de una misma región

El caso del Pacífico demuestra que interpretar El Niño únicamente como sinónimo de calor puede conducir a una evaluación incompleta del riesgo agrícola. El patrón atmosférico asociado al fenómeno puede favorecer condiciones secas que, además de reducir la disponibilidad de agua, dejan noches despejadas en las que el suelo pierde calor con rapidez.

En Papúa Nueva Guinea, las consecuencias ya abarcan cultivos destruidos, fuentes de agua reducidas y comunidades que intentan conservar los alimentos disponibles. Las autoridades del país habían destinado recursos adicionales para responder a los efectos de El Niño, mientras organismos agrícolas y responsables locales trabajan en la identificación de comunidades vulnerables y fuentes alternativas de agua.

En Australia, el escenario es diferente: existe una producción comercial de gran escala, sistemas meteorológicos más desarrollados y mayor capacidad para modificar decisiones agronómicas. Aun así, una helada durante la floración puede provocar pérdidas importantes en una sola noche, especialmente cuando una elevada proporción de las plantas se encuentra simultáneamente en una fase sensible.

La experiencia de 2026 refuerza así la necesidad de interpretar las señales climáticas a escala de cada explotación. El Niño establece un contexto regional, pero la magnitud del daño agrícola depende finalmente de la humedad del suelo, el relieve, la temperatura nocturna, la fase del cultivo, la variedad sembrada y la duración concreta de cada episodio de frío.

Fuentes referenciales:
Phys.org / The Conversation
ABC News Australia
Birchip Cropping Group