Agricultura

España afronta una vendimia marcada por excedentes y uva barata

Publicado el 26/08/2026 · REDACCION

Viticultores del Penedès denuncian ofertas inferiores a los costes de producción mientras las bodegas de cava acumulan existencias y reducen sus compras


Redactor: Luis Ortega
Editor: Camila Herrera R.

La vendimia de 2026 comenzó en Cataluña con una cosecha considerada favorable en cantidad y calidad, pero con serias dificultades comerciales para los viticultores del Penedès. La caída del consumo de vino y cava, las existencias acumuladas en las bodegas y los bajos precios ofrecidos por parte de los elaboradores amenazan la rentabilidad de numerosas explotaciones.

Productores y organizaciones agrarias advierten que algunas bodegas están pagando entre 25 y 30 céntimos de euro por kilogramo de uva, pese a que el Instituto Catalán de la Viña y el Vino, conocido como Incavi, sitúa los costes de producción entre 53 y 56 céntimos por kilogramo.

Millones de kilos de uva buscan comprador en el Penedès

La incertidumbre afecta especialmente a quienes cultivan xarel·lo, macabeo y parellada, las variedades utilizadas tradicionalmente en la elaboración de cava. La Associació de Viticultors del Penedès, Unió de Pagesos y la Federació de Cooperatives Agràries de Catalunya han denunciado ofertas que, según sostienen, comprometen la continuidad económica de los agricultores.

Una encuesta contestada el 30 de mayo por 38 viticultores identificó alrededor de cuatro millones de kilogramos de uva sin comprador en el Penedès. En el Pla de Manlleu permanecían por colocar cerca de 600.000 kilogramos de parellada, de acuerdo con representantes de productores de esa zona.

El viticultor Josep Anton Escofet, de Torrelles de Foix, aseguró que todavía tenía sin vender 200.000 kilogramos de xarel·lo y parellada, aproximadamente la mitad de su producción. Ante las dificultades para comercializar la cosecha, contempla eliminar entre 15 y 20 hectáreas de las 60 que cultiva.

Parte de su producción acordada se pagará a 37 céntimos por kilogramo, por debajo del intervalo de entre 50 y 70 céntimos obtenido por buena parte de su cosecha durante 2025. El productor recordó además que el año pasado tuvo que dejar unos 60.000 kilogramos de uva sin recoger.

El stock de cava limita las compras de la nueva campaña

Entre el 60% y el 65% de la uva cosechada en Cataluña se destina a la elaboración de cava, según datos del propio sector. Esa elevada dependencia vincula directamente los ingresos de los viticultores con la evolución comercial del vino espumoso.

Las ventas de cava descendieron desde 250 millones de botellas en 2023 hasta 210 millones en 2024 y 190 millones en 2025. De este último volumen, alrededor del 60% se comercializó en mercados internacionales. La menor salida del producto dejó existencias en las bodegas y redujo sus necesidades de aprovisionamiento para la nueva vendimia.

El problema catalán se desarrolla dentro de una contracción más amplia. El descenso mundial del consumo de vino durante 2025 afectó a varios de los principales mercados y obligó a las regiones productoras a reconsiderar sus volúmenes, destinos y estrategias comerciales.

La acumulación de excedentes tampoco es exclusiva de España. Francia ya ha recurrido a medidas extraordinarias frente a la sobreoferta de vino y la reducción sostenida del consumo, una combinación que evidencia el alcance estructural del ajuste en el mercado vitivinícola europeo.

Los contratos ofrecen protección desigual a los productores

Los agricultores con acuerdos plurianuales afrontan la campaña con mayor seguridad porque tienen garantizada la compra de los volúmenes pactados. Otros productores, en cambio, llegan a la recolección sin conocer cuánto adquirirán las bodegas ni el precio definitivo que recibirán.

La marca colectiva Corpinnat establece para 2026 un precio mínimo de compra de 94 céntimos por kilogramo. En otros acuerdos colectivos del Penedès, las operaciones se sitúan entre 50 y 60 céntimos, mientras algunas ofertas vinculadas a destinos distintos del cava bajan muy por debajo de esas referencias.

Vallformosa comunicó que compraría para cava un volumen inferior al de la campaña anterior porque en 2025 adquirió por encima de sus necesidades y las ventas no evolucionaron como esperaba. La bodega señaló que podría recibir parte de la producción excedentaria para destinarla fuera de la denominación, bajo condiciones económicas correspondientes a ese mercado alternativo.

El sector de la DO Cava reúne alrededor de 200 bodegas y 6.200 familias agricultoras. La dimensión social de la actividad aumenta la preocupación por una caída prolongada de los precios, especialmente entre pequeñas explotaciones con menos capacidad para almacenar, transformar o comercializar directamente su producción.

Una vendimia temprana agrava la presión comercial

La campaña llegó con frutos generalmente sanos y volúmenes próximos a los de una temporada normal, pero se inició excepcionalmente pronto en numerosas zonas. El calor aceleró la maduración y obligó a adelantar los trabajos, una situación observada también en el conjunto de la vendimia española afectada por las altas temperaturas.

En algunos viñedos catalanes la cosecha comenzó hasta un mes antes que en 2025. Esta anticipación reduce el margen disponible para negociar contratos o encontrar nuevos compradores, especialmente cuando las bodegas comunican sus necesidades cerca del inicio de la recolección.

La presión económica se suma así a los desafíos climáticos. Los agricultores deben asumir los costes de poda, tratamientos, manejo del suelo y vendimia aun cuando desconozcan si toda la producción tendrá salida o si el precio cubrirá el gasto realizado durante el ciclo agrícola.

El sector debate cómo ajustar la oferta sin perder viñedos

Unió de Pagesos plantea una retirada subvencionada de entre 5.000 y 10.000 hectáreas, orientada principalmente a agricultores próximos a la jubilación. El director del Incavi, Joan Gené, sostiene que debería recuperarse primero el consumo y limitar al mínimo la eliminación de viñas, aunque calcula que entre el 10% y el 15% de la superficie se encuentra en riesgo por falta de rentabilidad.

La sustitución del viñedo ya está ocurriendo en otras regiones, como muestra el avance del pistacho y el olivo sobre antiguas superficies de uva en Castilla-La Mancha. En el Penedès, representantes del sector advierten que el abandono podría transformar el paisaje en áreas forestales, industriales o urbanizadas.

Otros productores proponen priorizar la calidad, reforzar el vínculo territorial de las denominaciones de origen y establecer referencias de costes mediante una mesa integrada por agricultores, elaboradores, administraciones y universidades. También reclaman verificar que el origen de la uva corresponda con el indicado en las etiquetas.

Vinos más ligeros y nuevos mercados para recuperar la demanda

Las alternativas comerciales incluyen ampliar la presencia en la hostelería, explorar nuevos mercados y adaptar los productos a consumidores que buscan vinos frescos y con menor graduación alcohólica. Algunos elaboradores catalanes ya ensayan rosados y espumosos de aproximadamente nueve grados, frente a los 11 o 11,5 grados habituales en estos últimos.

El consumo mundial de vino alcanzó unos 208 millones de hectolitros en 2025, un 2,7% menos que el año anterior, según cifras de la Organización Internacional de la Viña y el Vino recogidas por la fuente. En España, la contracción estimada fue del 5,2%, mientras las exportaciones nacionales descendieron un 2,2% en volumen y un 3,9% en valor.

La superficie vitícola catalana también registra una reducción prolongada: pasó de 64.273 hectáreas en 2001 a 55.194 hectáreas en 2025, una caída del 14,2%. La vendimia de 2026 coloca ahora el foco en la capacidad del sector para equilibrar producción y demanda sin acelerar la desaparición de explotaciones familiares.

Fuente referencial:
La Vanguardia



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