El balance de la Organización Internacional de la Viña y el Vino muestra una baja global del consumo y confirma una contracción sostenida del viñedo chileno en un escenario complejo para la industria
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
El consumo mundial de vino volvió a caer en 2025 y confirmó una tendencia que preocupa a la industria vitivinícola internacional. De acuerdo con el balance anual de la Organización Internacional de la Viña y el Vino, el consumo global llegó a 208 millones de hectolitros, una baja de 2,7% frente a 2024. El retroceso se produce en medio de cambios en los hábitos de consumo, presión económica sobre los hogares y un mercado internacional más exigente para productores y exportadores.
La disminución no aparece como un hecho aislado. El organismo internacional señala que desde 2018 el consumo mundial de vino acumula una caída de 14%, lo que confirma un cambio más profundo en la relación entre consumidores, precios, estilos de vida y preferencias de compra. Para países productores como Chile, el dato tiene una lectura doble: cae la demanda global y, al mismo tiempo, se reduce la superficie vitícola nacional.
En el caso chileno, la OIV reportó que la superficie vitícola se redujo 3,7% en 2025, hasta llegar a 154 mil hectáreas. Con esa cifra, Chile mantiene una tendencia descendente iniciada en 2020 y acumula una contracción de 27% desde 2019. El dato golpea a una industria reconocida por su peso exportador, pero expuesta a cambios de demanda, costos productivos y presión competitiva en los mercados internacionales.
Una baja global que viene desde 2018
El descenso del consumo mundial de vino responde a una combinación de factores estructurales y coyunturales. La OIV menciona cambios en los patrones de consumo, nuevas preferencias de estilo de vida, modificaciones en los hábitos sociales y menor poder adquisitivo en distintos mercados. A esto se suman mayores costos y precios elevados, que han reducido el dinamismo en algunos de los principales países consumidores.
Estados Unidos, uno de los mercados más relevantes para el sector vitivinícola, registró una caída de 4,3% en 2025 y llegó a 31,9 millones de hectolitros. En Europa también se observaron bajas significativas. Francia mantuvo una tendencia descendente de largo plazo y anotó una disminución de 3,2%, mientras que Italia cayó 9,4% y llegó a 20,2 millones de hectolitros.
China profundizó su retroceso y pasó de ocupar el sexto lugar entre los consumidores mundiales en 2020 al puesto 11 en 2025. Este movimiento refleja la pérdida de fuerza de un mercado que durante años fue visto como una oportunidad relevante para el vino internacional. En este contexto, el análisis de los mercados emergentes y establecidos del vino vuelve a ser clave para entender cómo se reordena la competencia global.
Brasil y Japón muestran señales distintas
A pesar de la tendencia general a la baja, algunos mercados ofrecieron señales diferentes durante 2025. Brasil alcanzó, según la OIV, el mayor volumen de consumo de vino de su historia, con 4,4 millones de hectolitros. La cifra representa un fuerte repunte frente al bajo nivel observado en 2024 y muestra que la contracción global no afecta de la misma manera a todos los países.
Japón también aparece entre los mercados con crecimiento, mientras que Portugal fue el único país dentro de los diez principales consumidores que mostró un aumento, impulsado principalmente por la demanda interna. Estos contrastes indican que el vino enfrenta un escenario desigual: mientras los grandes consumidores tradicionales retroceden, algunos mercados específicos logran sostener o recuperar dinamismo.
Para la industria, esa diferencia obliga a mirar con más precisión los destinos comerciales, los segmentos de precio y las estrategias de posicionamiento. Ya no basta con producir volumen; el desafío está en encontrar consumidores dispuestos a mantener el gasto en un producto que compite con nuevas bebidas, cambios culturales y restricciones económicas.
Chile reduce su superficie vitícola
El informe también aborda la evolución de las superficies vitícolas en el mundo y sitúa a Chile dentro de los países con contracción. La superficie nacional llegó a 154 mil hectáreas en 2025, luego de una baja de 3,7%. Desde 2019, el viñedo chileno acumula una reducción de 27%, una señal fuerte para una industria que durante décadas construyó presencia internacional a partir de volumen, calidad y capacidad exportadora.
La vitivinicultura chilena combina tradición, innovación y presión de mercado. En Mundo Agropecuario se ha analizado cómo Chile busca consolidarse como referente en vitivinicultura sostenible, un camino que puede ganar peso en un escenario donde los consumidores y compradores internacionales exigen diferenciación, trazabilidad y mejores prácticas ambientales.
La reducción de superficie no implica necesariamente una pérdida inmediata de competitividad, pero sí obliga a observar qué zonas, variedades y productores están ajustando su escala. Si el consumo mundial cae y los costos presionan, parte del viñedo puede quedar expuesto a reconversiones, abandono o cambios hacia otros cultivos más rentables.
América del Sur muestra comportamientos distintos
La baja chilena se suma a otros retrocesos registrados en América del Sur. Argentina redujo su superficie vitícola en 1,9% y llegó a 196 mil hectáreas, en continuidad con una tendencia iniciada en 2015. Brasil, en cambio, volvió a expandir su superficie por quinto año consecutivo y alcanzó 91 mil hectáreas, un aumento de 9,6% frente a 2024.
Estos datos muestran que la región no se mueve en una sola dirección. Mientras Chile y Argentina ajustan superficie, Brasil crece tanto en consumo como en área vitícola. La diferencia puede estar vinculada a condiciones de mercado interno, estrategias productivas y evolución de la demanda local. Para Chile, el desafío es mayor porque su industria tiene una relación estrecha con las exportaciones y con mercados externos que hoy muestran menor dinamismo.
La situación también refuerza la importancia de conservar diversidad genética y opciones productivas. Investigaciones chilenas sobre nuevas variedades de vid y patrimonio genético han mostrado que el país cuenta con recursos vitícolas valiosos que pueden ser relevantes para enfrentar cambios de mercado, clima y diferenciación productiva.
Un sector obligado a ajustar estrategia
El retroceso del consumo mundial obliga a la industria del vino a revisar su estrategia. La caída acumulada desde 2018 indica que no se trata solo de una baja puntual por condiciones económicas, sino de un cambio más amplio en el comportamiento de los consumidores. La presión sobre precios, la aparición de nuevos hábitos y el menor consumo en mercados tradicionales hacen que la rentabilidad dependa cada vez más de la eficiencia, la diferenciación y la adaptación comercial.
Para Chile, la reducción de 27% de la superficie vitícola desde 2019 marca un punto de atención. La industria sigue teniendo reconocimiento internacional, pero opera en un escenario donde el volumen ya no garantiza estabilidad. En zonas extremas del país, experiencias como el cultivo de uvas en el desierto de Atacama muestran que la vitivinicultura chilena también busca identidad, territorio y valor agregado en condiciones productivas singulares.
El balance de la OIV deja una señal clara para productores, exportadores y autoridades: el vino enfrenta una etapa de menor consumo global, mayor competencia y ajustes territoriales. En Chile, la contracción de la superficie vitícola confirma que el sector ya está respondiendo a ese escenario, mientras Brasil aparece como una excepción regional con crecimiento simultáneo en consumo y viñedos.
Referencias
https://www.cnnchile.com/negocios/consumo-mundial-vino-chile-superficie-viticola-2025
