Una encuesta nacional de la Universidad de Pensilvania detectó respaldo entre republicanos y demócratas, aunque la mayoría de los participantes reconoció tener poca información reciente sobre el herbicida
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.
Dos tercios de los adultos estadounidenses están a favor de prohibir el uso del glifosato en los cultivos producidos en Estados Unidos, según una encuesta nacional del Centro de Políticas Públicas Annenberg de la Universidad de Pensilvania. El respaldo atravesó las principales divisiones políticas, pese al limitado conocimiento declarado por buena parte de los participantes.
El glifosato es el ingrediente activo de numerosos herbicidas, incluido Roundup, y se utiliza para controlar malezas que compiten con los cultivos por agua, luz y nutrientes. Su importancia dentro de los sistemas agrícolas explica por qué cualquier propuesta de eliminación genera un debate que involucra a productores, autoridades, fabricantes, consumidores y organizaciones ambientales.
La consulta se realizó entre el 14 y el 28 de abril de 2026 con 1.639 adultos pertenecientes al panel Annenberg Science and Public Health. La muestra, seleccionada mediante un panel probabilístico nacional gestionado por la empresa independiente SSRS, tuvo un margen de error de 3,5 puntos porcentuales.
Republicanos y demócratas coinciden sobre el glifosato
El 70 % de quienes se identificaron como republicanos y el 69 % de los demócratas se pronunciaron a favor de impedir el uso del herbicida en cultivos estadounidenses. El respaldo fue menor entre los encuestados independientes, aunque el informe no lo presentó como una posición limitada a un solo sector ideológico.
La encuesta también examinó la relación con el movimiento Make America Healthy Again, conocido como MAHA. El 72 % de sus simpatizantes apoyó la prohibición, frente al 70 % de quienes afirmaron no respaldar ese movimiento.
Dentro de la muestra, el 26 % se identificó como partidario de MAHA, el 40 % dijo no apoyarlo y el 33 % manifestó no estar seguro. Los resultados indican que la postura sobre el glifosato se extendió más allá de la afiliación con esta iniciativa política y sanitaria.
El apoyo ciudadano tampoco equivale a una prohibición aprobada ni determina por sí mismo la regulación agrícola. La experiencia internacional muestra que las decisiones pueden cambiar cuando los gobiernos examinan disponibilidad de sustitutos, productividad y abastecimiento, como ocurrió cuando México aplazó la eliminación prevista del glifosato.
La mayoría había recibido poca información reciente
El respaldo a una prohibición contrastó con el nivel de conocimiento declarado. El 83 % de los participantes indicó haber leído, visto o escuchado nada o muy poco sobre el glifosato durante los meses anteriores a la consulta. En concreto, el 54 % respondió “nada en absoluto” y el 29 % dijo haber recibido “un poco” de información.
Solamente el 16 % manifestó haber conocido una cantidad moderada o mayor de información reciente. Incluso entre los simpatizantes de MAHA, el 76 % declaró haber escuchado poco o nada, mientras el 24 % señaló una exposición informativa moderada o superior.
Ken Winneg, director gerente de investigación de encuestas del centro Annenberg, destacó precisamente esa combinación: un respaldo fuerte a la prohibición junto con un reconocimiento generalizado de que se había recibido poca información reciente sobre el producto.
La encuesta midió opiniones y conocimientos declarados, no la seguridad agronómica o toxicológica del herbicida. Por tanto, sus resultados describen el estado de la opinión pública estadounidense, pero no constituyen una evaluación científica de riesgos ni una medición de los efectos productivos de una eventual retirada.
Persisten dudas sobre salud y producción agrícola
La mitad de los adultos consultados afirmó creer que la exposición al glifosato causa cáncer. Sin embargo, un 46 % dijo no estar seguro y solo el 4 % consideró que no afecta el riesgo de desarrollar la enfermedad.
Las respuestas fueron similares entre los principales partidos: el 51 % de los republicanos y el 53 % de los demócratas consideraron que el herbicida causa cáncer. Al mismo tiempo, el 45 % de los republicanos y el 43 % de los demócratas expresaron incertidumbre.
Las evaluaciones institucionales citadas por el centro Annenberg no han llegado a una formulación idéntica. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer clasificó el glifosato en 2015 como probablemente carcinógeno para los seres humanos, basándose en evidencia limitada en personas y suficiente en animales experimentales. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos concluyó en una revisión de 2017 que no era probable que causara cáncer en humanos cuando se utilizaba conforme a las instrucciones de la etiqueta.
También existieron amplias dudas sobre su función en la agricultura. Solo el 33 % identificó como la opción más precisa que el glifosato contribuye a aumentar el suministro de alimentos al ayudar a los agricultores a controlar malezas. El 48 % no supo escoger una respuesta, el 12 % consideró que no afecta la producción y el 6 % sostuvo que reduce el abastecimiento.
El control de malezas condiciona cualquier sustitución
En las explotaciones agrícolas, el glifosato continúa siendo utilizado por su acción contra numerosas especies de malezas. Su eficacia, sin embargo, depende del momento, las condiciones ambientales y el estado de las plantas, como muestran las recomendaciones sobre el empleo de glifosato en rastrojos y malezas difíciles.
La dependencia reiterada de un único principio activo también puede favorecer la selección de poblaciones resistentes y reducir su desempeño con el paso del tiempo. Investigaciones agronómicas han señalado que la combinación de prácticas químicas y no químicas puede ofrecer resultados más estables que el uso aislado del producto, un aspecto tratado en los estudios sobre la resistencia de las malezas al glifosato.
Una eventual prohibición requeriría evaluar las alternativas disponibles para cada cultivo, región y sistema productivo. Entre las opciones se encuentran rotaciones, cultivos de cobertura, control mecánico y combinaciones de herbicidas con distintos modos de acción. También se desarrollan mezclas destinadas a sustituir al glifosato y limitar la resistencia, aunque su viabilidad debe comprobarse bajo condiciones agrícolas concretas.
El debate incluye polinizadores, regulación y costos
Las preocupaciones sobre el glifosato no se limitan a la salud humana. Diversos estudios experimentales han examinado posibles efectos no letales sobre organismos que no son el objetivo de las aplicaciones. Una investigación reciente encontró que la exposición subletal redujo el forrajeo de abejas melíferas, un resultado que requiere interpretarse dentro de las condiciones y concentraciones evaluadas.
Para el sector agropecuario, el debate combina riesgos ambientales y sanitarios con consecuencias sobre costos, rendimientos y manejo de malezas. La sustitución inmediata sin herramientas eficaces podría modificar labores, elevar gastos o aumentar el uso de otros productos, mientras una transición planificada permitiría comparar alternativas y adaptar las prácticas a cada sistema.
La encuesta muestra que existe una base social amplia para endurecer la política sobre el glifosato, pero también revela vacíos de información acerca de sus riesgos y su función productiva. La respuesta regulatoria dependerá de decisiones gubernamentales, evaluaciones científicas, disponibilidad de sustitutos y capacidad de los agricultores para mantener el control de malezas sin comprometer la producción.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Centro de Políticas Públicas Annenberg de la Universidad de Pensilvania

