Una investigación internacional publicada el 23 de octubre de 2026 seleccionó nueve indicadores entre 58 propuestas, con la participación de 39 especialistas, para facilitar la evaluación de la biodiversidad en explotaciones agrícolas y ganaderas.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz
Un equipo internacional de investigadores ha desarrollado una selección de nueve indicadores científicos destinados a evaluar la biodiversidad en explotaciones agrícolas y ganaderas. El estudio, publicado el 23 de octubre de 2026 en la revista Journal of Environmental Management, propone simplificar una tarea que hasta ahora se ha visto dificultada por la existencia de numerosos métodos de evaluación y por la complejidad de aplicarlos directamente en las fincas.
La investigación, vinculada a Scotland’s Rural College (SRUC), en Escocia, y a una amplia colaboración científica, reunió a 39 especialistas para examinar 58 indicadores potenciales. Después de cuatro rondas de evaluación, el grupo seleccionó nueve que combinan relevancia ecológica y posibilidades prácticas de recopilación de datos.
El trabajo fue encabezado por Lisa Arguile y Jo Smith, junto con investigadores de distintas disciplinas relacionadas con la agricultura, la ecología y la gestión del territorio. Su objetivo principal fue identificar qué información resulta más útil para conocer el estado de la biodiversidad dentro de las explotaciones productivas y orientar decisiones de manejo.
La aportación del estudio no consiste en demostrar que una práctica agrícola concreta aumente la biodiversidad, sino en establecer una base metodológica para medirla de forma más comprensible y comparable.
De 58 indicadores posibles a nueve variables prioritarias
La biodiversidad de una explotación agropecuaria comprende mucho más que el número de especies silvestres presentes en sus terrenos. También incluye la diversidad de cultivos, la variedad de animales de producción, la distribución de los hábitats y las relaciones entre diferentes elementos del paisaje.
Esta complejidad ha dado lugar a numerosos sistemas de seguimiento. Algunos requieren conocimientos especializados, mientras que otros dependen de observaciones o registros que pueden resultar difíciles de mantener para los productores.
Para abordar el problema, los investigadores recurrieron a una versión modificada del método Delphi, un procedimiento que permite reunir y contrastar el criterio de especialistas mediante varias rondas sucesivas de evaluación.
Los 39 participantes analizaron los 58 indicadores considerando dos aspectos fundamentales: su idoneidad para evaluar la biodiversidad dentro de las fincas y la facilidad con la que personas no especializadas podrían recopilar la información necesaria.
El procedimiento incluyó cuatro rondas y dos formas de puntuación. Con ello, los autores buscaron fortalecer la consistencia de la selección y reducir las dificultades asociadas a una evaluación prolongada.
El resultado fue una lista de nueve indicadores que abarcan tanto las características del paisaje como la diversidad productiva y la presencia de especies.
Los nueve indicadores seleccionados por los investigadores
La primera variable es la superficie ocupada por diferentes tipos de hábitats. Permite examinar qué proporción de una explotación corresponde a cultivos, pastizales u otros ambientes que pueden ofrecer recursos a distintas especies.
La segunda es un índice de conectividad, destinado a evaluar la relación espacial entre los hábitats. Su importancia radica en que la distribución de las áreas naturales y seminaturales puede influir en los desplazamientos de los organismos dentro del paisaje agrícola.
La tercera corresponde a un índice de diversidad del paisaje, que considera la variedad de elementos territoriales presentes en una explotación o en su entorno.
El cuarto indicador mide la diversidad de cultivos, mientras que el quinto examina la diversidad del ganado. Ambos incorporan al seguimiento ecológico aspectos directamente relacionados con las decisiones productivas de los agricultores y ganaderos.
La sexta variable es la heterogeneidad temporal de los cultivos dentro de las parcelas. Este indicador permite considerar cómo cambia la composición de los cultivos a lo largo del tiempo, en lugar de observar únicamente una situación puntual.
Los tres indicadores restantes se relacionan con los organismos presentes: especies indicadoras, riqueza de especies y rareza de especies.
Las especies indicadoras pueden aportar información sobre determinadas condiciones ecológicas. La riqueza de especies se refiere a cuántas especies diferentes se encuentran en el área evaluada, mientras que la rareza permite considerar la presencia de organismos poco frecuentes.
Los autores sostienen que combinar estas variables puede proporcionar una evaluación más completa que depender de una única medida.
La estructura del paisaje agrícola también importa
Uno de los aspectos destacados de la selección científica es la importancia otorgada a la configuración espacial de las explotaciones.
Dos fincas pueden tener superficies agrícolas semejantes y, sin embargo, presentar condiciones ecológicas diferentes según la distribución de sus parcelas, la presencia de vegetación natural y las conexiones entre hábitats.
La importancia de estos elementos también aparece en investigaciones sobre la renaturalización de los paisajes agrícolas mediante setos, árboles, franjas vegetales y otros hábitats.
En este contexto, la conectividad permite analizar si los diferentes espacios que pueden albergar biodiversidad se encuentran aislados o mantienen relaciones dentro del territorio.
El nuevo estudio incorpora esa dimensión porque evaluar únicamente la superficie de vegetación disponible puede resultar insuficiente para comprender cómo está organizado un paisaje productivo.
También distingue entre diversidad del paisaje y diversidad de cultivos. La primera describe la variedad de ambientes, mientras que la segunda se relaciona con las especies agrícolas utilizadas por el productor.
La diversidad productiva entra en la evaluación ecológica
La inclusión de indicadores específicos para cultivos y ganado refleja la intención de adaptar el seguimiento de la biodiversidad a la realidad de las explotaciones agropecuarias.
En agricultura, una finca puede modificar su composición productiva mediante la rotación de cultivos, la diversificación de especies o la organización de diferentes parcelas.
Estas decisiones no equivalen automáticamente a una mejora ecológica, pero constituyen características que pueden medirse y relacionarse con otros indicadores.
La investigación diferencia así la diversidad de especies cultivadas de la riqueza de organismos presentes espontáneamente en el terreno.
Estudios anteriores han documentado que la diversidad vegetal puede favorecer el control natural de plagas mediante insectos depredadores y parasitoides, aunque los efectos dependen del ecosistema y de las relaciones entre las especies.
El nuevo sistema de indicadores no pretende sustituir las investigaciones experimentales sobre esos procesos. Su función es facilitar la recopilación de información que permita describir mejor las condiciones ecológicas de las explotaciones.
En ganadería, el indicador de diversidad animal incorpora otro componente de la producción que puede quedar fuera de las evaluaciones centradas exclusivamente en los cultivos o en la vegetación silvestre.
Una herramienta pensada para ser utilizada fuera de los laboratorios
La aplicabilidad práctica fue uno de los criterios centrales de la investigación.
Los especialistas no seleccionaron únicamente los indicadores que consideraban científicamente relevantes. También examinaron la posibilidad de que los datos pudieran recopilarse por personas sin formación especializada.
Esta condición es importante porque un sistema de evaluación excesivamente complejo puede resultar difícil de aplicar de manera continuada en explotaciones que deben atender numerosas tareas productivas.
La selección también consideró la utilidad de los indicadores para orientar decisiones sobre el manejo de las fincas.
Por ejemplo, conocer la superficie y distribución de los hábitats puede ayudar a identificar qué componentes del paisaje están representados en una explotación. Registrar los cambios temporales en los cultivos permite documentar la evolución de la organización productiva.
Sin embargo, el artículo científico no demuestra que los nueve indicadores hayan sido validados universalmente en todas las regiones agrícolas del mundo ni que su utilización produzca por sí sola mejoras de biodiversidad.
La investigación presenta una selección fundamentada mediante consenso experto, que constituye una base para desarrollar y evaluar sistemas de seguimiento.
Medir la biodiversidad exige considerar más que las franjas florales
La propuesta científica también permite comprender por qué la evaluación de una finca no debería depender exclusivamente de la presencia de una medida ambiental visible.
Las franjas de flores, por ejemplo, pueden proporcionar recursos a determinados insectos, pero su presencia no describe por sí sola la diversidad de cultivos, la conectividad de los hábitats o la composición de las comunidades biológicas.
Este enfoque coincide con investigaciones anteriores que han señalado que la conservación de la biodiversidad agrícola requiere paisajes más diversos y no solamente franjas florales aisladas.
La nueva selección de indicadores busca integrar esas distintas dimensiones en una evaluación que resulte más manejable.
La riqueza de especies y la presencia de organismos raros aportan información biológica, mientras que los indicadores del paisaje y de la actividad productiva permiten describir características sobre las que agricultores y ganaderos pueden tomar decisiones.
Los autores consideran especialmente importante que los indicadores no se limiten a registrar resultados, sino que también puedan señalar posibles orientaciones para mejorar las prácticas de manejo.
Una propuesta científica publicada en octubre de 2026
El estudio fue publicado en línea el 23 de octubre de 2026, en el volumen 419 de Journal of Environmental Management, con el número de artículo 131056.
Su título original es Developing biodiversity indicators for monitoring agricultural sustainability: Insights from a Delphi expert process.
La investigación tiene el identificador científico DOI: 10.1016/j.jenvman.2026.131056, que permite distinguirla de otros trabajos sobre biodiversidad agrícola y localizar su publicación original.
Entre sus autores figuran Lisa Arguile, Jo Smith, Richard P. Kipling, Victoria J. Burton y Laurence G. Smith, dentro de un equipo internacional más amplio.
El resultado principal es una reducción metodológica concreta: de 58 indicadores inicialmente considerados se seleccionaron nueve mediante la evaluación de 39 especialistas.
La propuesta ofrece un punto de partida para que futuras investigaciones examinen cómo funcionan estos indicadores en diferentes tipos de explotaciones, sistemas productivos y paisajes agrícolas.
Su utilidad dependerá de que las mediciones puedan aplicarse de forma consistente y de que los resultados permitan distinguir cambios reales en la biodiversidad de simples diferencias en los métodos de observación.
Fuentes referenciales:
Scotland’s Rural College — Registro científico original de la investigación
Journal of Environmental Management — Artículo científico original


