Agricultura

Una levadura abre una vía natural contra la mosca que daña arándanos

Publicado el 06/10/2026 ·

Investigadores de Rutgers identificaron compuestos volátiles de Pichia occidentalis que repelen a Drosophila suzukii y reducen su puesta de huevos


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Karem Díaz S.

Una observación accidental dentro de un laboratorio de la Universidad Rutgers, en Estados Unidos, ha revelado una posible nueva herramienta para proteger arándanos y otros frutos blandos frente a Drosophila suzukii, una plaga invasora capaz de depositar sus huevos directamente en frutos maduros y comercializables. Los investigadores identificaron una levadura asociada a otra especie de mosca cuyos compuestos volátiles provocaron respuestas de rechazo en la plaga y redujeron significativamente su oviposición.

El microorganismo identificado es Pichia occidentalis, una levadura aislada de secreciones orales y fecales de Drosophila melanogaster. El estudio, publicado el 1 de octubre de 2026 en la revista científica Applied and Environmental Microbiology, plantea que determinados metabolitos producidos por esta levadura podrían convertirse en la base de estrategias de manejo de plagas dirigidas por el comportamiento, aunque todavía deben superar pruebas en condiciones de campo.

El trabajo se suma a la búsqueda de métodos capaces de complementar o reducir la dependencia de insecticidas convencionales. En agricultura ya se investigan distintas alternativas a los pesticidas para controlar plagas en cultivos, desde el manejo agronómico y el control biológico hasta feromonas, atrayentes y otras herramientas integradas.

Una plaga que ataca la fruta antes de la cosecha

Drosophila suzukii, conocida como drosófila de alas manchadas, representa un problema particular para los productores porque su comportamiento difiere del de muchas moscas asociadas con frutas deterioradas. Las hembras poseen un ovipositor serrado con el que perforan la piel de frutos intactos y en proceso de maduración para depositar sus huevos. Posteriormente, las larvas se desarrollan dentro del fruto, deteriorándolo y favoreciendo su rápida pérdida de calidad.

La plaga puede afectar arándanos, frambuesas, moras, fresas, cerezas y uvas, entre otros cultivos. En Nueva Jersey, donde Rutgers mantiene programas de investigación y monitoreo, la especie fue registrada por primera vez en 2011 y continúa siendo uno de los principales objetivos de los tratamientos insecticidas en plantaciones comerciales de arándano.

La importancia económica del cultivo explica el interés por encontrar nuevas opciones de manejo. En 2025, los productores de Nueva Jersey obtuvieron 47,5 millones de libras —unos 21,5 millones de kilogramos— de arándanos, con un valor de producción superior a 94 millones de dólares, según los datos citados por Rutgers.

El problema no se limita a esta especie. Los productores de arándanos deben enfrentarse a diferentes organismos capaces de afectar la planta o la cosecha. Una investigación reciente, por ejemplo, permitió identificar un escarabajo que amenaza plantaciones de arándanos en Carolina del Norte, reforzando la importancia de conocer con precisión cada plaga antes de diseñar las medidas de control.

Una invasión accidental cambió el rumbo del experimento

El descubrimiento de Rutgers comenzó de manera inesperada. El equipo del Philip E. Marucci Center for Blueberry and Cranberry Research mantiene colonias de D. suzukii para estudiar estrategias de control no químicas. Sin embargo, durante varios veranos las instalaciones fueron invadidas por ejemplares silvestres de D. melanogaster, la conocida mosca del vinagre.

Los investigadores observaron que, a medida que aumentaba la presencia de la especie invasora dentro de las colonias experimentales, cambiaba el olor del ambiente. El característico aroma semejante al vinagre y a la materia en fermentación se hacía más intenso, mientras aparecía una película sobre el alimento utilizado para mantener a las moscas.

Beth Ferguson, investigadora posdoctoral de Rutgers y autora principal del estudio, examinó ese material junto con otros especialistas. El equipo terminó aislando una levadura presente en las secreciones de D. melanogaster e identificándola mediante secuenciación como Pichia occidentalis.

La observación más importante fue que D. suzukii evitaba las zonas donde aparecía esa levadura. A partir de allí, los científicos diseñaron experimentos específicos para determinar si el microorganismo estaba modificando realmente el comportamiento de las moscas.

Pichia occidentalis produce señales que la plaga evita

Los ensayos olfativos demostraron respuestas diferentes entre las dos especies. P. occidentalis provocó rechazo en D. suzukii a determinadas concentraciones, mientras resultó atractiva para D. melanogaster. El contacto con la levadura también redujo la supervivencia de la plaga, con un efecto especialmente pronunciado entre los machos, e inhibió significativamente la puesta de huevos de las hembras.

Mediante microextracción en fase sólida combinada con cromatografía de gases y espectrometría de masas, los investigadores analizaron los metabolitos volátiles producidos por la levadura. Posteriormente probaron individualmente esos compuestos para determinar cuáles influían en el comportamiento de las moscas.

El estudio identificó al butanoato de isoamilo, 2-fenil-1-propanal y alcohol bencílico entre los compuestos que mostraron una actividad repelente consistente. En los experimentos realizados, su eficacia fue superior a la de repelentes previamente establecidos para D. suzukii, como 2-pentilfurano, 1-octen-3-ol y geosmina.

La selectividad observada resulta especialmente interesante porque una de las dificultades del manejo agrícola es controlar organismos perjudiciales reduciendo al mismo tiempo los efectos sobre especies que no constituyen el objetivo. Este principio también está impulsando otras estrategias de control natural de plagas mediante biodiversidad agrícola y manejo de las interacciones entre organismos presentes en los sistemas productivos.

Una posible herramienta de precisión para el manejo integrado

Los resultados no significan que los productores puedan utilizar inmediatamente la levadura o sus compuestos en sus plantaciones. Los experimentos fueron realizados bajo condiciones controladas y todavía es necesario determinar cómo se comportarían estas sustancias en un entorno agrícola real, donde intervienen temperatura, lluvia, viento, características del cultivo, poblaciones de insectos y numerosos organismos no objetivo.

Los autores consideran, sin embargo, que los metabolitos de hongos y levaduras ambientales podrían utilizarse para desarrollar herramientas selectivas basadas en el comportamiento de las plagas. Una posibilidad futura sería aprovechar señales olfativas capaces de alejar a D. suzukii de la fruta susceptible o incorporarlas a estrategias combinadas de atracción y repulsión.

Este enfoque encaja dentro del manejo integrado de plagas, que combina distintas herramientas en lugar de depender exclusivamente de aplicaciones químicas. Experiencias agrícolas con otros organismos muestran que el control biológico puede mantener su eficacia incluso frente a determinadas plagas resistentes, aunque cada sistema necesita ser evaluado específicamente.

La necesidad de alternativas también responde a las limitaciones de los insecticidas frente a D. suzukii. Los tratamientos actúan principalmente sobre los adultos expuestos y tienen un efecto directo limitado sobre las larvas que ya se encuentran protegidas dentro del fruto. La lluvia puede reducir además la persistencia de los productos, mientras las aplicaciones repetidas aumentan la preocupación por resistencia, residuos y efectos sobre organismos beneficiosos.

El paso decisivo será comprobar el efecto en el campo

Rutgers advierte que la investigación se encuentra todavía en una etapa experimental. Los compuestos deberán ser evaluados en condiciones naturales para conocer su persistencia, concentración efectiva, comportamiento alrededor de los frutos y posibles consecuencias sobre otras especies antes de plantear cualquier aplicación comercial.

El estudio tampoco propone sustituir inmediatamente los insecticidas con P. occidentalis. Su principal aportación es demostrar que los metabolitos volátiles producidos por un microorganismo ambiental pueden generar respuestas marcadamente diferentes incluso entre dos especies estrechamente relacionadas de Drosophila.

La búsqueda de métodos complementarios constituye una tendencia creciente en la protección agrícola. Sistemas basados en enemigos naturales ya han mostrado posibilidades concretas para reducir el uso de pesticidas mediante organismos beneficiosos, mientras el trabajo de Rutgers incorpora ahora otra posibilidad: utilizar señales químicas naturales para modificar directamente el comportamiento de una plaga.

Si los resultados se reproducen fuera del laboratorio, los volátiles de P. occidentalis podrían convertirse en componentes de futuras estrategias de manejo de precisión contra D. suzukii. Antes de llegar a esa etapa serán necesarias nuevas investigaciones, ensayos de campo y, en caso de desarrollarse un producto agrícola, las correspondientes evaluaciones regulatorias.

Fuentes referenciales:
Applied and Environmental Microbiology
Rutgers University
Rutgers New Jersey Agricultural Experiment Station