Agricultura

Animales alimentados con maíz ayudaron a resolver la dieta de los antiguos mayas

Publicado el 17/07/2026 · REDACCION

Un análisis isotópico de restos humanos y de pavos indica que las comunidades de Centroamérica integraron el cultivo de maíz y el manejo de animales hace al menos 6.100 años para compensar la falta de lisina del cereal.


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz

El maíz fue mucho más que una fuente de alimento para las antiguas comunidades mayas. Su capacidad para producir cosechas confiables, generar excedentes y servir tanto para el consumo humano como para alimentar animales lo convirtió en uno de los pilares agrícolas, sociales y religiosos de Mesoamérica.

Sin embargo, el cereal presenta una limitación nutricional importante: contiene poca lisina, un aminoácido esencial que el cuerpo humano necesita para producir proteínas, formar músculos y huesos y mantener diferentes tejidos.

Una investigación dirigida por Nadia Neff, candidata doctoral en arqueología de la Universidad de Nuevo México, propone que las primeras comunidades agrícolas resolvieron este problema mediante un sistema que combinaba el cultivo de maíz con el manejo y consumo de animales alimentados con ese mismo cereal.

Los resultados, publicados en la revista científica Science Advances, muestran que animales como los pavos pudieron funcionar como concentradores biológicos de proteína. Al consumirlos, las personas obtenían lisina procedente del maíz, pero transformada en proteína animal de mayor calidad nutricional.

El maíz podía aportar calorías, pero no suficiente lisina

El maíz constituye una excelente fuente de carbohidratos y energía. Su productividad, capacidad de almacenamiento y adaptación a diferentes ambientes favorecieron su expansión por las comunidades mesoamericanas.

Estudios anteriores indican que hasta el 70 % de la proteína consumida por algunos grupos mayas antiguos podía proceder, directa o indirectamente, del maíz.

El problema es que una dieta basada casi exclusivamente en este cereal difícilmente podía aportar toda la lisina requerida por una persona adulta.

Los investigadores calcularon que un adulto habría tenido que consumir más de 5,9 kilogramos de granos secos de maíz, o cerca de 18 kilogramos de maíz fresco cada día, para obtener únicamente a través del cereal la cantidad necesaria de este aminoácido.

Ese volumen resulta imposible dentro de una dieta humana normal. La pregunta central era, por tanto, cómo las primeras comunidades agrícolas lograron sobrevivir, crecer y mantener una nutrición adecuada mientras incrementaban progresivamente su dependencia del cultivo.

El maíz todavía ocupa una posición central en los sistemas productivos y culturales de la región. En México, las comunidades mayas mantienen el policultivo tradicional de la milpa, donde el cereal se combina con otras plantas para diversificar los alimentos y aprovechar mejor el suelo.

Los animales actuaron como concentradores de proteína

Los resultados indican que los animales consumidores de maíz, especialmente los pavos, pudieron desempeñar una función nutricional decisiva.

Estos animales pueden ingerir una cantidad de alimento mucho mayor en relación con su tamaño corporal que la que podría consumir una persona. De esa manera, obtienen del maíz suficiente lisina para desarrollar sus músculos y demás tejidos.

Cuando los agricultores consumían su carne, accedían indirectamente a la lisina que los animales habían acumulado. El cereal quedaba transformado en una fuente concentrada de proteína animal.

Este mecanismo permitía complementar la energía proporcionada por el maíz sin obligar a las personas a ingerir cantidades inviables del grano.

Nadia Neff explicó que las comunidades no estaban adoptando la agricultura únicamente para disponer de más calorías. También estaban organizando activamente sus sistemas alimentarios para resolver problemas nutricionales específicos.

La conclusión modifica la forma de interpretar la relación entre agricultura y manejo animal. En lugar de considerarlos procesos separados, ambos habrían formado parte de una misma estrategia adaptativa.

Una relación establecida hace al menos 6.100 años

El análisis sugiere que la producción de maíz y el manejo de animales se desarrollaron conjuntamente mucho antes de lo que se pensaba.

Los datos sitúan esta relación integrada hace aproximadamente 6.100 años en Centroamérica.

Las primeras comunidades habrían alimentado o permitido que determinados animales consumieran maíz, para después incorporarlos a su propia alimentación.

Este sistema no requería necesariamente una ganadería organizada como la actual. Podía consistir en mantener pavos cerca de los asentamientos, controlar parcialmente su alimentación o favorecer que consumieran restos agrícolas y granos producidos por las familias.

El hallazgo encaja con la idea de que los sistemas agrícolas mayas evolucionaron durante miles de años mediante ajustes destinados a enfrentar variaciones ambientales, políticas y alimentarias. Los estudios arqueológicos muestran que los agricultores antiguos adaptaron la milpa a sequías y transformaciones sociales, modificando la ubicación y el manejo de sus campos.

Una señal inesperada en los restos de lisina

La investigación comenzó sin que el equipo buscara demostrar directamente que los antiguos mayas alimentaban animales con maíz.

Neff estaba analizando las proporciones de isótopos estables de carbono presentes en aminoácidos obtenidos del colágeno de huesos antiguos.

Durante los primeros análisis encontró valores de carbono inusualmente altos en la lisina. El resultado era difícil de explicar porque el maíz contiene una cantidad reducida de ese aminoácido.

La investigadora concluyó que las personas no podían haber generado aquella señal únicamente mediante el consumo directo de maíz.

El patrón llevó al equipo a buscar otras posibles rutas por las que el carbono derivado del cereal podía haber llegado hasta la lisina presente en los tejidos humanos.

La explicación más coherente fue que las personas estaban comiendo animales que, a su vez, habían consumido grandes cantidades de maíz.

Los isótopos permitieron seguir el recorrido del maíz

Para comprobar la hipótesis, el equipo utilizó análisis isotópicos de aminoácidos y modelos estadísticos.

Los isótopos son variantes de un mismo elemento químico con diferente masa. Sus proporciones pueden conservarse en huesos y tejidos y actuar como señales de los alimentos consumidos.

El análisis convencional del colágeno óseo ofrece una visión general de la dieta. El estudio individual de aminoácidos proporciona una información más detallada sobre el origen de nutrientes concretos.

Los científicos rastrearon las señales del maíz a través de las plantas, los animales y los seres humanos, reconstruyendo cómo el cereal circulaba dentro de la antigua cadena alimentaria.

La metodología permitió distinguir entre el consumo directo del grano y la obtención de sus nutrientes a través de animales alimentados con maíz.

Este enfoque combinó arqueología, bioquímica, ecología, nutrición y observaciones de las prácticas agrícolas mantenidas por comunidades mayas actuales.

Restos humanos y de pavos procedentes de Belice

Neff trabaja como bioarqueóloga dentro del proyecto Investigación sobre los Orígenes y la Organización de las Sociedades Tropicales, conocido como ROOTS y dirigido por Keith Prufer.

El equipo realiza excavaciones anuales en abrigos rocosos del sur de Belice, en colaboración con comunidades locales y organizaciones no gubernamentales.

Los sitios estudiados contienen evidencias de ocupación humana que se remontan hasta unos 10.000 años.

Las muestras fueron analizadas en el Laboratorio de Ecología Humana y Radiocarbono del Centro de Isótopos Estables de la Universidad de Nuevo México.

La investigación examinó firmas isotópicas de aminoácidos presentes en el colágeno de huesos humanos y de pavos, además de plantas modernas utilizadas como referencia.

La Universidad de Nuevo México cuenta con uno de los pocos laboratorios estadounidenses capaces de realizar análisis isotópicos detallados de aminoácidos.

El pavo pudo desempeñar un papel agrícola esencial

Los pavos tenían características apropiadas para integrarse en los sistemas alimentarios de las primeras comunidades agrícolas.

Podían consumir granos, restos vegetales y otros alimentos disponibles alrededor de los asentamientos. Su crianza ofrecía carne y posiblemente otros recursos sin exigir grandes extensiones de pastoreo.

Al alimentarse con maíz, transformaban los carbohidratos y aminoácidos del cereal en tejidos animales con un perfil nutricional más completo.

El estudio no presenta a los pavos únicamente como una fuente complementaria de carne. Los identifica como una parte funcional de un sistema diseñado para convertir la producción agrícola en una dieta equilibrada.

Esta relación entre cultivos y animales continúa siendo una característica de numerosos sistemas campesinos. Los residuos de cosechas pueden alimentar aves y ganado, mientras que los animales aportan alimentos y nutrientes que regresan a los terrenos mediante el estiércol.

Agricultura y manejo animal no fueron innovaciones separadas

Las interpretaciones tradicionales suelen describir el cultivo de plantas y la domesticación o manejo de animales como procesos independientes.

La nueva evidencia indica que en las comunidades mayas tempranas ambos elementos pudieron evolucionar de manera coordinada.

El aumento de la producción de maíz habría generado alimento suficiente para las personas y excedentes que podían destinarse a los animales.

A su vez, los animales convertían parte de ese excedente en proteína de alta calidad, contribuyendo a resolver una deficiencia inherente al cereal.

El sistema permitía aprovechar de forma más completa la cosecha y diversificar la dieta sin abandonar el cultivo que ofrecía mayor fiabilidad y capacidad de almacenamiento.

La integración también reducía el riesgo nutricional asociado con depender de una sola fuente vegetal.

El maíz fue el centro de una red alimentaria

La importancia cultural del maíz en Mesoamérica está vinculada con su papel productivo y alimentario.

Las comunidades podían conservar los granos después de la cosecha, utilizarlos en diferentes preparaciones, reservar semillas para futuras siembras y alimentar animales.

Su valor no dependía únicamente del consumo humano directo. El cereal sostenía una red que conectaba los campos, los hogares, los animales y las prácticas religiosas.

Los nuevos resultados muestran que esa red también resolvía problemas bioquímicos fundamentales, aunque las comunidades no conocieran la lisina mediante los conceptos científicos actuales.

El conocimiento acumulado durante generaciones habría permitido reconocer que combinar maíz con carne animal favorecía la salud, el crecimiento y la supervivencia.

Los sistemas mayas respondían a diferentes necesidades

La agricultura temprana no consistió únicamente en aumentar el número de calorías disponibles. Las comunidades necesitaban garantizar proteínas, vitaminas, minerales y otros componentes esenciales.

El manejo de animales alimentados con maíz muestra que los agricultores tomaban decisiones orientadas a equilibrar la dieta.

La milpa también aportaba diversidad mediante cultivos complementarios como frijoles, calabazas y otras especies locales. Cada planta ocupaba una función alimentaria y productiva dentro del sistema.

El frijol, por ejemplo, puede complementar determinados aminoácidos ausentes o escasos en el maíz. Los animales añadían otra vía para transformar los recursos vegetales en proteína.

Estos sistemas combinados permitieron que las comunidades se adaptaran a ambientes tropicales variables y desarrollaran sociedades estables durante largos periodos.

Una mirada distinta sobre la domesticación del maíz

La domesticación del maíz fue un proceso prolongado que transformó una planta silvestre en un cultivo con mazorcas mayores y granos más abundantes.

A medida que aumentaba su productividad, también se incrementaba su importancia en la alimentación.

La nueva investigación muestra que la expansión del cereal no puede comprenderse únicamente mediante sus características agronómicas.

También debe analizarse dentro de los sistemas sociales y alimentarios que permitieron aprovecharlo sin comprometer la nutrición humana.

Las comunidades mayas no dependían pasivamente de una planta deficiente en lisina. Construyeron una estrategia para transformar el maíz en diferentes alimentos y combinarlo con animales.

Los paisajes agrícolas conservan parte de esta historia

Los campos, asentamientos y restos arqueológicos del área maya contienen evidencias de miles de años de agricultura.

La expansión moderna de la ganadería, el maíz, la caña de azúcar y otros cultivos ha modificado una parte de esos paisajes.

En Belice y otros territorios, el arado puede exponer o destruir antiguos montículos y capas de ocupación. La investigación sobre los efectos del laboreo sobre los sitios arqueológicos mayas ha mostrado que las actividades agrícolas actuales pueden borrar registros de generaciones anteriores.

La colaboración con agricultores y comunidades locales resulta esencial para conservar los yacimientos y, al mismo tiempo, comprender cómo los conocimientos tradicionales han continuado o cambiado.

Un modelo temprano de seguridad alimentaria

El sistema identificado por el equipo puede considerarse una forma temprana de planificación alimentaria.

Las comunidades combinaban un cultivo altamente productivo con animales capaces de convertirlo en una fuente de proteína más completa.

Este mecanismo permitía almacenar energía en forma de grano y transformar parte de ella en carne cuando era necesario.

También ofrecía una reserva frente a cosechas variables y podía distribuir la disponibilidad de alimentos durante diferentes momentos del año.

Los resultados ayudan a explicar cómo el maíz pudo convertirse en la base de sociedades numerosas sin provocar necesariamente una deficiencia generalizada de lisina.

Lecciones para los sistemas alimentarios actuales

El estudio no propone reproducir literalmente las prácticas de hace miles de años. Su importancia contemporánea reside en mostrar el valor de integrar cultivos, animales y conocimiento nutricional.

Los sistemas agrícolas modernos suelen especializarse en una sola producción y separar físicamente los cultivos de la ganadería.

Las antiguas comunidades mayas muestran una estrategia distinta, en la que cada componente cumplía varias funciones y contribuía al equilibrio general.

El maíz aportaba alimento humano, forraje y capacidad de almacenamiento. Los animales transformaban una parte de la cosecha en proteína, mientras la diversidad de la milpa reducía la dependencia de un único recurso.

La investigación ofrece nuevas perspectivas para los debates actuales sobre seguridad alimentaria, nutrición, sostenibilidad agrícola y resiliencia.

Una historia reconstruida desde los aminoácidos

Los restos óseos conservan señales químicas que permiten reconstruir decisiones tomadas hace miles de años.

En este caso, una proporción inesperadamente elevada de carbono derivado del maíz dentro de la lisina condujo a identificar el papel de los animales en la dieta.

La evidencia indica que los primeros agricultores no se limitaron a sembrar y consumir cereal. Organizaron una red alimentaria en la que los animales procesaban biológicamente el maíz y concentraban nutrientes esenciales.

El cultivo y el manejo animal formaban parte de una adaptación conjunta hace al menos 6.100 años.

La investigación sitúa a los pavos y posiblemente a otros animales consumidores de maíz como componentes esenciales de uno de los sistemas agrícolas más influyentes de la historia mesoamericana.

Fuente(s) referenciales

Phys.org: Maize-fed animals may have helped Maya farmers solve corn’s protein deficiency



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