Un proyecto internacional dirigido por el INTA analizará si los cambios epigenéticos provocados por la falta de agua permanecen en las estacas utilizadas para establecer nuevos viñedos
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Javier Morales O.
Un equipo internacional dirigido por la investigadora argentina Inés Hugalde estudiará si las vides de la variedad Malbec conservan una memoria de la sequía y pueden responder con mayor eficiencia cuando vuelven a enfrentar condiciones de escasez de agua. El proyecto analizará mecanismos epigenéticos y su posible permanencia en el material utilizado para multiplicar las plantas.
Hugalde trabaja en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y es docente de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo. Su propuesta quedó entre los diez proyectos seleccionados para recibir financiamiento europeo dentro de una convocatoria destinada a mujeres investigadoras de ciencia, tecnología, ingeniería y matemática.
La investigación se desarrolla en un contexto especialmente relevante para Mendoza, una provincia vitivinícola ubicada en una región árida donde los viñedos afrontan falta de agua, temperaturas elevadas y olas de calor recurrentes.
La memoria vegetal no modifica la secuencia del ADN
La epigenética estudia cambios que regulan la actividad de los genes sin alterar la secuencia del ADN. Aunque las células de una planta contienen el mismo material genético, diferentes mecanismos determinan cuáles genes se activan, cuándo lo hacen y con qué intensidad.
Factores externos como la nutrición, la temperatura, el manejo y el estrés hídrico pueden influir sobre esa regulación. Algunas modificaciones desaparecen cuando terminan las condiciones adversas, mientras otras pueden mantenerse durante períodos más prolongados.
La hipótesis de la memoria epigenética plantea que una planta expuesta previamente a un estrés podría activar respuestas más rápidas o eficientes cuando atraviesa nuevamente una situación semejante. En el caso del proyecto argentino, el interrogante central es si una vid que sufrió falta de agua queda mejor preparada para una sequía posterior.
La investigación todavía no ha demostrado que el Malbec conserve esa memoria ni que esta mejore necesariamente su productividad. El estudio fue diseñado precisamente para comprobar si el fenómeno ocurre, cómo se manifiesta y durante cuánto tiempo puede mantenerse.
La propagación mediante estacas permite seguir los cambios
La vid resulta especialmente interesante porque suele propagarse de forma agámica o vegetativa. En lugar de producir cada nueva planta mediante semillas, los viveros obtienen estacas a partir de plantas madre seleccionadas.
Este procedimiento conserva gran parte de las características genéticas del material original. También permite investigar si determinadas señales epigenéticas originadas por el ambiente permanecen en las estacas y vuelven a manifestarse después de su enraizamiento.
Los científicos analizarán cómo cambia la actividad genética de la vid frente a la falta de agua y si parte de esa regulación pasa al material de propagación. La evaluación incluirá las respuestas de las nuevas plantas obtenidas a partir de esas estacas.
La investigación puede complementar otros estudios sobre los cambios moleculares que acompañan el desarrollo y la maduración de la uva. En ambos casos, el objetivo es relacionar la actividad de los genes con respuestas observables en el cultivo.
El proyecto busca aplicaciones para los viveros vitícolas
El interés del trabajo no se limita al conocimiento básico. Uno de sus objetivos es generar información útil para los viveros responsables de seleccionar plantas madre y producir material destinado a establecer nuevos viñedos.
Los programas de selección clonal consideran principalmente la identidad genética, el comportamiento productivo y el estado sanitario de las plantas. Las condiciones ambientales bajo las cuales crecieron las vides que proporcionan las estacas suelen recibir menos atención.
Tampoco existen criterios consolidados para manejar plantas madre con el propósito de obtener material que responda mejor a episodios repetidos de estrés hídrico. El proyecto evaluará si esa posibilidad tiene una base científica.
Si la memoria se conserva y produce una respuesta favorable, los viveros podrían considerar el historial ambiental de las plantas madre al seleccionar estacas. Esta aplicación dependerá de que el efecto sea estable, medible y compatible con la calidad sanitaria y agronómica del material.
El establecimiento del viñedo es una etapa sensible
Las plantas recién enraizadas atraviesan una fase delicada cuando son trasladadas al terreno definitivo. Su sistema radicular todavía debe desarrollarse y explorar el suelo, por lo que una sequía temprana puede reducir la supervivencia o retrasar el crecimiento.
Hugalde señaló que comprender cómo se mantiene la memoria del estrés en las estacas podría ayudar a mejorar el establecimiento de las nuevas plantas. El beneficio potencial no consiste en eliminar la necesidad de riego, sino en contar con material que responda mejor durante una etapa crítica.
La implantación exitosa también depende de la calidad de las estacas, el portainjerto, la preparación del suelo, la disponibilidad real de agua y el manejo posterior. La memoria epigenética sería, en caso de confirmarse, una variable adicional dentro de ese conjunto.
La gestión hídrica seguirá siendo indispensable. Experiencias desarrolladas en Chile muestran que un manejo más preciso del riego puede reducir el consumo de agua en la producción de uva sin comprometer necesariamente el rendimiento.
Mendoza concentra presión por sequía y calor
La provincia argentina depende del riego para sostener buena parte de su agricultura. La disminución de la disponibilidad hídrica y el aumento de las temperaturas obligan a revisar cómo se producen las plantas, cómo se implantan los viñedos y cómo se distribuye el agua durante el ciclo.
La variedad Malbec posee una importancia productiva y territorial destacada en Mendoza. Estudiar su respuesta permite trabajar con un material ampliamente utilizado por viveros, productores y bodegas, en lugar de limitar el proyecto a una planta experimental sin presencia comercial.
Los efectos de la sequía no se reducen a una menor cantidad de agua en los tejidos. El estrés puede modificar el crecimiento de brotes, el funcionamiento de los estomas, la fotosíntesis, el desarrollo de las raíces y el proceso de maduración.
La intensidad y el momento también importan. Un déficit moderado durante una etapa puede producir una respuesta distinta a una sequía severa durante la implantación, la floración o el llenado de las bayas.
Las estrategias de manejo regenerativo aplicadas en viñedos argentinos forman parte de la búsqueda de sistemas que conserven el suelo, aprovechen mejor el agua y reduzcan la dependencia de insumos externos.
La adaptación depende de la variedad y del ambiente
Las vides no responden todas de la misma forma a la temperatura y la disponibilidad de agua. Las diferencias entre variedades pueden alterar la fenología, la maduración, la productividad y la calidad de la uva bajo condiciones climáticas semejantes.
Estudios realizados en España han analizado qué variedades de uva se adaptan mejor al cambio climático en La Rioja. Estos trabajos muestran la necesidad de evaluar cada material dentro de su región productiva.
La epigenética añade otra dimensión a esa adaptación. Dos plantas con una composición genética prácticamente idéntica podrían expresar algunos genes de manera distinta como consecuencia de las condiciones vividas anteriormente.
Sin embargo, no todos los cambios inducidos por el estrés resultan beneficiosos. Algunos pueden reflejar daños o comprometer el crecimiento, por lo que el proyecto deberá distinguir una verdadera respuesta adaptativa de una consecuencia negativa de la sequía.
Un equipo entre Argentina y Francia
La propuesta fue presentada junto con Philippe Gallusci, especialista de la Universidad de Burdeos, en Francia. La codirección está a cargo de Inés de Rosas, de la Universidad Nacional de Cuyo.
También participan Carlos Marfil, investigador vinculado al Conicet y la UNCuyo, y la becaria doctoral Constanza Gallay Ruba. El grupo reúne experiencia en fisiología, metabolismo, expresión génica y respuesta de la vid frente a condiciones ambientales.
El financiamiento corresponde a proyectos internacionales Erasmus+ de la Unión Europea, creados para promover la cooperación científica, la movilidad de investigadores y el desarrollo institucional.
La selección dentro de una convocatoria para mujeres en áreas STEM reconoce el liderazgo de Hugalde y permitirá fortalecer la colaboración entre instituciones argentinas y europeas.
Resultados antes de recomendaciones para productores
El proyecto deberá identificar las señales epigenéticas asociadas con la sequía, comprobar si permanecen en las estacas y evaluar cómo responden las plantas después del enraizamiento. Solo entonces podrá establecerse si existe una ventaja agronómica reproducible.
También será necesario determinar cuánto dura esa memoria y si cambia según la intensidad del estrés, la edad de la planta madre, el portainjerto o las condiciones de propagación.
Hasta obtener esos resultados, no corresponde someter deliberadamente las plantas madre a una sequía con fines productivos. Un déficit mal manejado puede reducir el vigor, afectar la calidad del material y provocar consecuencias opuestas a las buscadas.
La investigación proporcionará una base para decidir si el historial ambiental debe incorporarse a la selección y manejo del material viverista. Su posible aplicación deberá integrarse con el control sanitario, la identidad clonal y las prácticas de riego.
El estudio aborda así una pregunta concreta para la viticultura argentina: si las experiencias ambientales de una planta pueden acompañar a las estacas con las que se multiplican los viñedos y contribuir a su adaptación en territorios cada vez más expuestos a la sequía.
Fuente referencial:
INTA Informa

