Un estudio liderado por KAUST evaluó 30 nutrientes y estimó la contribución de ostras, mejillones, cangrejos y miles de invertebrados acuáticos a la seguridad alimentaria
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
La producción mundial de invertebrados acuáticos aporta cantidades de micronutrientes mucho mayores de lo que reflejan las estadísticas tradicionales de pesca y acuicultura, según un estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Ciencia y Tecnología Rey Abdalá (KAUST), en Arabia Saudita.
El trabajo, publicado en la revista científica Nature, evaluó 30 nutrientes esenciales presentes en alimentos como ostras, mejillones, cangrejos, calamares y otras especies. Sus autores concluyeron que estos recursos desempeñan un papel relevante para la nutrición humana, aunque su importancia suele medirse únicamente por el volumen producido.
La investigación propone incorporar el contenido nutricional a las decisiones relacionadas con la pesca, la acuicultura y la planificación alimentaria. El planteamiento no consiste en aumentar indiscriminadamente las capturas, sino en valorar mejor lo que ya se produce y gestionar cada recurso de forma sostenible.
Vitamina B12 y selenio para miles de millones de personas
Los investigadores calcularon que la producción actual de invertebrados acuáticos contiene suficiente vitamina B12 y selenio para cubrir el equivalente de los requerimientos anuales de más de 5.000 millones de personas.
También estimaron que esa producción reúne cantidades de yodo, zinc, cobre y ácidos grasos omega-3 equivalentes a las necesidades anuales de más de 1.000 millones de personas. Estas cifras describen la cantidad de nutrientes contenida en los alimentos producidos, pero no significan que todos sean distribuidos, consumidos o aprovechados de manera uniforme.
El acceso económico, las preferencias alimentarias, las pérdidas durante el procesamiento y la distribución geográfica condicionan la contribución efectiva de estos productos. Por ello, los autores consideran necesario relacionar la información nutricional con los sistemas de comercialización, conservación y abastecimiento.
Modelos estimaron nutrientes en más de 50.000 especies
Para elaborar la evaluación, el equipo reunió información nutricional de cientos de especies de invertebrados acuáticos. Posteriormente desarrolló modelos predictivos con los que estimó el contenido de nutrientes de más de 50.000 especies potencialmente comestibles.
La amplitud del conjunto de datos permitió analizar grupos que suelen recibir menos atención que los peces dentro de las políticas alimentarias. Entre ellos figuran moluscos, crustáceos, cefalópodos y otros animales procedentes de ambientes marinos y de agua dulce.
Los cálculos generados por el estudio serán incorporados a SeaLifeBase, una de las mayores bases de datos internacionales sobre especies marinas. Esto permitirá que investigadores, autoridades y responsables de políticas públicas consulten información nutricional que hasta ahora estaba dispersa o no se encontraba disponible.
Los invertebrados aportan más nutrientes por kilogramo
El análisis mostró que estos animales proporcionan una cantidad desproporcionadamente alta de determinados micronutrientes en relación con su peso productivo. Dentro de la acuicultura, los invertebrados representan aproximadamente un tercio del volumen producido, pero aportan más de la mitad del suministro de yodo, vitamina B12, vitamina C y hierro calculado para el sector.
Este resultado permite observar la producción desde una perspectiva distinta. Dos sistemas acuícolas con un tonelaje semejante pueden entregar cantidades muy diferentes de nutrientes, dependiendo de las especies cultivadas y de la composición de los productos obtenidos.
El potencial de las ostras ya se analiza desde otros enfoques productivos y ambientales. Investigaciones anteriores han señalado que el cultivo de ostras puede proporcionar alimentos y contribuir a procesos relacionados con el carbono oceánico, aunque sus beneficios dependen del manejo y de las condiciones de cada ecosistema.
El procesamiento modifica la concentración nutricional
La forma de procesar los alimentos también influye en su composición final. El estudio observó que 100 gramos de invertebrados secos suelen presentar concentraciones minerales superiores a la misma cantidad de tejido crudo, debido en parte a la eliminación de agua.
Esta diferencia abre posibilidades para desarrollar productos con mayor densidad nutricional, aprovechar especies localmente disponibles y reducir desperdicios. Sin embargo, cualquier innovación debe considerar la inocuidad, la conservación, el contenido de sodio, la aceptación del consumidor y los efectos que el procesamiento pueda producir sobre otros nutrientes.
La calidad del ambiente de cultivo constituye otra condición indispensable. En el caso de las ostras, se ha documentado que residuos procedentes de granjas y ciudades pueden acumularse en los moluscos, lo que refuerza la necesidad de vigilar la calidad del agua y las fuentes de contaminación.
La acuicultura puede planificarse por nutrientes
Los resultados ofrecen una herramienta para evaluar qué especies conviene producir según las necesidades nutricionales de cada población. Un territorio con carencias de hierro, yodo o vitamina B12 podría considerar esos datos al diseñar sus estrategias acuícolas, siempre que las condiciones ambientales y económicas permitan una producción sostenible.
La planificación deberá incluir la capacidad ecológica del área, el estado de las poblaciones silvestres, la disponibilidad de semilla, las enfermedades, el acceso a los mercados y las necesidades de las comunidades productoras. La densidad nutricional no sustituye estos criterios, sino que añade una nueva variable a las decisiones.
Algunos países ya poseen una producción significativa de estos organismos. China encabeza la producción mundial de mejillones, una actividad que muestra la escala que puede alcanzar el cultivo de moluscos dentro del abastecimiento global de alimentos acuáticos.
Mayor valor no significa aumentar todas las capturas
Los investigadores subrayaron que sus hallazgos no deben interpretarse como una recomendación para extraer más invertebrados de mares, ríos y zonas costeras. Numerosas especies carecen todavía de evaluaciones suficientes sobre el estado de sus poblaciones y la sostenibilidad de su aprovechamiento.
Un incremento de la demanda sin controles podría elevar la presión sobre recursos vulnerables, modificar hábitats y afectar a las comunidades que dependen de la recolección artesanal. Antes de ampliar una pesquería o explotación acuícola será necesario conocer la capacidad de renovación de las especies y establecer sistemas de seguimiento.
La investigación plantea que el valor nutricional debe considerarse junto con la protección ambiental, y no frente a ella. Conservar las poblaciones y sus ecosistemas permite mantener en el tiempo el suministro de nutrientes que el estudio identifica.
Datos nutricionales para las políticas alimentarias
Los sistemas acuáticos suelen evaluarse mediante toneladas desembarcadas, rendimiento económico o volumen comercializado. La incorporación de datos nutricionales permitiría medir también cuánta vitamina B12, hierro, selenio, zinc o yodo proporciona cada actividad.
Esta perspectiva puede ayudar a gobiernos, empresas y organizaciones internacionales a diseñar programas de seguridad alimentaria, acuicultura y pesca con objetivos más precisos. También facilita identificar especies poco estudiadas y regiones donde faltan datos sobre composición nutricional o sostenibilidad.
Para la autora principal, Jessica Zamborain-Mason, profesora asistente de ciencias marinas en KAUST, reconocer la aportación nutricional de estos organismos permite comprender mejor su valor y reforzar su manejo sostenible. El siguiente reto será trasladar los datos científicos a políticas que mejoren el acceso a los alimentos sin deteriorar los ecosistemas acuáticos.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Nature


