Agricultura

Un pasto nativo australiano revela huellas de manejo aborigen

Publicado el 19/07/2026 · REDACCION

El mijo de Channel Country posee 12 copias de cada cromosoma, semillas grandes y una baja dispersión natural, rasgos que podrían reflejar tanto su adaptación al desierto como miles de años de recolección, almacenamiento y consumo por el pueblo Mithaka.


Redactor: Luis Ortega
Editor: Camila Herrera R.

Una planta alimenticia recolectada durante milenios por pueblos aborígenes de Australia presenta una estructura genética extraordinariamente compleja y características habitualmente asociadas con el proceso de domesticación.

El mijo de Channel Country, cuyo nombre científico es Echinochloa turneriana, posee 12 copias de cada cromosoma. Esta condición, conocida como poliploidía, podría haber favorecido su supervivencia en uno de los entornos desérticos más impredecibles del planeta.

La investigación, publicada en la revista Nature Communications, también plantea que la recolección, el almacenamiento y el consumo practicados por los habitantes originarios pudieron influir en la evolución de la planta junto con la selección natural.

Los autores del trabajo fueron Rahul Chandora, Michael Westaway, Jennifer Silcock, Robert Henry, Sammi Blinco, Shawnee Gorringe y otros investigadores vinculados al estudio genético, arqueológico y cultural de esta especie nativa.

Channel Country, una extensa red de ríos en el desierto

Channel Country ocupa más de 280.000 kilómetros cuadrados en el interior de Australia y constituye uno de los últimos sistemas de ríos desérticos de flujo libre que permanecen en el mundo.

Desde el aire, el territorio presenta una extensa red de cauces que atraviesan las planicies áridas. Las inundaciones aparecen de forma irregular y transforman temporalmente el paisaje, permitiendo el crecimiento de plantas adaptadas a ciclos extremos de abundancia y sequía.

En el suroeste de Queensland se encuentra el territorio del pueblo Mithaka. Sus antepasados participaron durante al menos los últimos 3.000 años en un sistema transcontinental de comercio e intercambio.

Las plantas desempeñaron un papel central en la economía y la vida cultural de esta comunidad. Los registros disponibles documentan el aprovechamiento de al menos 200 especies para alimentación, medicina, fabricación de materiales y actividades ceremoniales.

Una planta que aparece después de las inundaciones

El mijo de Channel Country es una gramínea resistente que puede superar un metro de altura. Después de las inundaciones forma extensas concentraciones de espigas marrones cargadas de semillas.

Durante esos períodos, la planta proporcionaba una fuente abundante de alimento para las comunidades aborígenes. Las semillas podían recolectarse, procesarse mediante molienda y conservarse para su consumo.

La importancia de estos recursos vegetales forma parte de una historia más amplia de manejo de plantas silvestres. Evidencias encontradas en Norteamérica también han documentado el aprovechamiento ancestral de una papa silvestre mucho antes de la expansión de la agricultura convencional.

Estos hallazgos cuestionan la separación rígida entre sociedades recolectoras y comunidades agrícolas. El manejo repetido de plantas silvestres puede modificar su distribución, abundancia y características a través del tiempo.

Los registros históricos describieron grandes campos de mijo

En 1884, el explorador Augustus Gregory observó en la planicie de inundación de Cooper Creek campos de mijo que se extendían sobre aproximadamente 1.000 acres.

Gregory describió a personas que cortaban los tallos de las plantas a media altura durante la recolección.

La escritora y pastoralista Alice Duncan-Kemp también documentó el procesamiento de semillas conocidas como “ugar” o “egar” por mujeres aborígenes en las proximidades del río Diamantina.

Las semillas fueron descritas como semejantes a las del alpiste y formaban parte de los recursos alimentarios obtenidos en los paisajes inundables de la región.

Cientos de canteras de piedras de molienda

El territorio Mithaka conserva un amplio registro arqueológico relacionado con el procesamiento de plantas.

Investigaciones anteriores identificaron cientos de canteras utilizadas para obtener piedras de molienda. Estas herramientas permitían procesar semillas procedentes de pastos, hierbas, arbustos y árboles.

Los sitios forman parte de un paisaje cultural interconectado que refleja un conocimiento detallado de los ecosistemas locales y de los períodos en los que cada recurso podía recolectarse.

El conjunto fue incorporado recientemente a la Lista del Patrimonio Nacional de Australia debido a su importancia arqueológica y cultural.

La conservación de estos conocimientos también resulta esencial en otros sistemas agrícolas. Los pueblos indígenas y las comunidades campesinas que conservan semillas mantienen variedades adaptadas mediante prácticas transmitidas entre generaciones.

El ADN reveló una estructura genética inusual

Los investigadores secuenciaron por primera vez el genoma del mijo de Channel Country para comprender su evolución y su relación con las condiciones ambientales del territorio.

El análisis mostró que la planta tiene 12 copias de cada cromosoma. Los seres humanos y numerosas especies vegetales poseen solamente dos copias, una heredada de cada progenitor.

La presencia de múltiples conjuntos completos de cromosomas recibe el nombre de poliploidía. Puede originarse mediante duplicaciones cromosómicas, errores reproductivos o procesos de hibridación entre especies.

En el caso del mijo estudiado, su condición más precisa es la de planta dodecaploide, término utilizado para organismos que presentan 12 conjuntos cromosómicos.

La poliploidía también aparece en cultivos domesticados

Los múltiples conjuntos de cromosomas están presentes en cultivos tan importantes como el trigo, el arroz y la caña de azúcar.

Sin embargo, la poliploidía no demuestra por sí sola que una especie haya sido domesticada. La duplicación cromosómica y la hibridación también ocurren naturalmente desde hace millones de años.

Las sociedades humanas aceleraron y aprovecharon este fenómeno, primero posiblemente de manera involuntaria y posteriormente mediante técnicas deliberadas de mejoramiento.

La duplicación de cromosomas puede producir plantas con frutos más grandes, mayor vigor, nuevas características y una capacidad superior para responder a condiciones ambientales adversas.

Una ventaja frente a las sequías prolongadas

La complejidad genética del mijo podría explicar parte de su capacidad para persistir en el ambiente de auge y colapso característico de Channel Country.

Durante las sequías prolongadas, las poblaciones visibles pueden reducirse drásticamente o desaparecer de la superficie.

Las semillas permanecen bajo tierra y germinan con rapidez cuando las aguas de inundación vuelven a extenderse por el territorio.

Las copias adicionales de los cromosomas pueden proporcionar una mayor variedad de recursos genéticos para responder a esas fluctuaciones ambientales.

Al igual que ocurre con algunos híbridos agrícolas, las plantas con conjuntos cromosómicos adicionales pueden presentar un vigor elevado y una mayor capacidad de adaptación a condiciones impredecibles.

Semillas grandes que permanecen unidas a la planta

El mijo de Channel Country presenta semillas de gran tamaño, una característica que aumenta su valor como recurso alimentario.

La planta también muestra una baja tendencia al desgrane natural. Esto significa que las semillas maduras permanecen adheridas a la espiga en lugar de desprenderse rápidamente y caer al suelo.

La retención de semillas facilita la cosecha, ya que permite cortar o recoger las espigas antes de que el grano se disperse.

Esta característica aparece también en numerosas gramíneas domesticadas, entre ellas el trigo, el arroz y el maíz. Durante la domesticación, las personas favorecieron las plantas cuyas semillas permanecían unidas y podían recolectarse de manera más eficiente.

La recolección humana pudo favorecer ciertos rasgos

Los investigadores consideran que la selección natural quizá no sea la única fuerza responsable de las características actuales de la planta.

Durante generaciones, la cosecha habría favorecido involuntariamente las plantas con semillas grandes y con menor capacidad de desprendimiento.

Las espigas que conservaban sus semillas eran más fáciles de recolectar y tenían mayores probabilidades de ser transportadas, almacenadas o dispersadas posteriormente por las comunidades humanas.

El consumo también pudo generar cuellos de botella en las poblaciones ancestrales, mientras que el almacenamiento habría permitido que una parte de las semillas sobreviviera durante los períodos prolongados sin inundaciones.

Estos efectos deberán analizarse mediante estudios de variación genética entre poblaciones y comparaciones con otras especies de la región.

El manejo humano no equivale necesariamente a un cultivo formal

Los resultados no demuestran que el mijo fuera cultivado del mismo modo que los cereales agrícolas modernos.

La interacción pudo incluir la recolección selectiva, el transporte, el almacenamiento, la molienda y una dispersión involuntaria o intencional de semillas.

Esas actividades repetidas durante miles de años pueden ejercer presiones evolutivas aun cuando no existan campos sembrados, riego permanente o una domesticación completa.

La investigación sobre sistemas alimentarios indígenas ha mostrado que las comunidades pueden transformar los ecosistemas mediante prácticas distintas a la agricultura industrial.

En Australia, la quema cultural practicada por pueblos de las Primeras Naciones ha favorecido la germinación de plantas nativas y la recuperación de bosques afectados por la colonización.

La genómica ayuda a reconstruir la relación entre personas y plantas

El uso de herramientas genómicas ha permitido estudiar cómo las sociedades humanas influyeron en plantas de América y Asia.

En Australia, esta línea de investigación todavía se encuentra en desarrollo, pero los primeros trabajos han aportado evidencias importantes.

Un ejemplo es la dispersión deliberada del frijol negro australiano, Castanospermum australe, por comunidades aborígenes del noreste de Nueva Gales del Sur y el sureste de Queensland.

El análisis del mijo amplía esa perspectiva al combinar la genética vegetal con documentos históricos, restos arqueológicos y conocimientos indígenas.

Los fogones antiguos conservan semillas carbonizadas

Los fogones aborígenes encontrados en el territorio Mithaka ofrecen información sobre las plantas utilizadas en el pasado.

El fuego carbonizó algunas semillas y las hizo más resistentes a la descomposición y la erosión.

Los arqueobotánicos pueden analizar esos restos para identificar especies vegetales y reconstruir los sistemas de producción y alimentación de las comunidades antiguas.

Durante el trabajo de campo realizado en 2025, los investigadores localizaron un gran campo de mijo de Channel Country dentro de un extenso paisaje arqueológico.

El análisis genético de esa población será relacionado con los registros arqueológicos y paleoambientales del territorio circundante.

Residuos en piedras y polen de antiguos humedales

Las próximas investigaciones combinarán el genoma de la planta con distintas fuentes de evidencia.

El equipo estudiará restos vegetales encontrados en fogones y concheros, residuos preservados en piedras de molienda y núcleos de polen extraídos de pozos de agua.

Estos registros permitirán determinar dónde crecía el mijo, cómo cambió su distribución y qué intensidad tuvo su aprovechamiento en diferentes períodos.

La investigación también incorporará el conocimiento del pueblo Mithaka para interpretar el paisaje y las relaciones entre las comunidades, las plantas y los ciclos de inundación.

Conservar semillas significa mantenerlas en uso

El caso del mijo australiano muestra que la diversidad genética no se conserva únicamente almacenando semillas en instalaciones especializadas.

Las plantas utilizadas, seleccionadas y transportadas por las comunidades continúan cambiando y adaptándose a sus ambientes.

Los bancos de semillas no sustituyen la conservación dentro de los territorios, donde las especies mantienen su relación dinámica con agricultores, recolectores y ecosistemas.

La continuidad de esas prácticas permite preservar tanto el material genético como el conocimiento necesario para recolectarlo, procesarlo y utilizarlo.

Una posible fuente de conocimiento para alimentos futuros

Los integrantes del pueblo Mithaka buscan conocer con mayor detalle las plantas de su territorio y el efecto que las interacciones humanas pasadas pudieron tener sobre ellas.

El mijo de Channel Country combina semillas grandes, baja dispersión natural, resistencia a condiciones extremas y una estructura cromosómica poco común.

Estas características pueden ofrecer información útil para comprender cómo las plantas alimenticias responden a inundaciones, sequías prolongadas y ambientes altamente variables.

El estudio no presenta todavía al mijo como un nuevo cultivo comercial, pero señala su importancia para investigar posibles alimentos adaptados a condiciones climáticas difíciles.

El trabajo científico, titulado Genome analysis of Channel millet reveals a wild dodecaploid shaped by environmental variability, describe una gramínea silvestre cuya historia genética no puede separarse de las inundaciones del desierto ni de los milenios de interacción con el pueblo Mithaka.

Fuente(s) referenciales

Phys.org: Aboriginal people harvested this native grass for millennia: Scientists find an odd trait in its DNA



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