Agricultura

España prueba un modelo para anticipar daños en la avellana

Publicado el 03/10/2026 ·

Cuatro años de investigación en Tarragona vinculan la temperatura de primavera con la mancha blanca y muestran que el control coordinado y temprano de las chinches puede reducir los daños en la cosecha.


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz

Un proyecto de investigación desarrollado en Cataluña, España, ha creado un primer modelo matemático para anticipar el riesgo de mancha blanca en la avellana y ha comprobado que la actuación coordinada entre explotaciones puede mejorar el control de las chinches responsables del daño. Los resultados finales del proyecto REDUCTAV, divulgados el 29 de septiembre de 2026 por el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA), reúnen cuatro años de seguimiento en el Camp de Tarragona.

El trabajo identificó la temperatura de primavera como uno de los principales factores asociados con la intensidad de los daños. Utilizando los datos térmicos de 2026, el modelo anticipó un riesgo de mancha blanca del 16 %, mientras los datos provisionales obtenidos durante la recepción de la cosecha se situaron en torno al 15 %. Los investigadores consideran alentadora esta proximidad, aunque advierten que el modelo necesita validarse durante más campañas antes de utilizarse como herramienta consolidada de predicción.

REDUCTAV está liderado por la cooperativa COSELVA y coordinado científicamente por el IRTA, con participación de la Agrupación de Defensa Vegetal de la Avellana y Cultivos Mediterráneos. La investigación combina información climática y territorial, ensayos de control de la plaga, comparación de variedades y nuevas técnicas para identificar frutos dañados sin necesidad de abrirlos.

Una base de 14.000 registros revela dónde aumenta el riesgo

El equipo analizó aproximadamente 14.000 registros recopilados por COSELVA entre 2017 y 2025. Esta base histórica permitió georreferenciar la incidencia de la mancha blanca y de la podredumbre en explotaciones de avellano y estudiar su relación con diferentes condiciones territoriales y meteorológicas.

Los resultados muestran que el problema no se distribuye uniformemente por el Camp de Tarragona. El riesgo se concentra especialmente en zonas de menor altitud y latitud, incluyendo áreas de municipios como Vilallonga del Camp, El Morell, La Selva del Camp y Alcover, mientras disminuye al aumentar la altitud o desplazarse hacia el norte.

La mancha blanca es un defecto interno relacionado con las picaduras de diferentes especies de chinches durante el desarrollo de la avellana, entre ellas Palomena prasina, Nezara viridula y Acrosternum heegeri. Mundo Agropecuario ya había documentado los ensayos con cultivos trampa para controlar las chinches del avellano en Tarragona, una de las estrategias investigadas en la región para disminuir la presión de estos insectos.

Cuando las chinches se alimentan de los frutos en determinados momentos de su desarrollo pueden provocar alteraciones internas que deterioran la calidad comercial. El problema resulta particularmente complejo porque la avellana afectada puede conservar externamente una apariencia normal, dificultando su identificación durante el procesado.

La temperatura de primavera explica gran parte de la variación

El análisis climático encontró una relación especialmente significativa entre la temperatura y los daños. La temperatura media registrada entre marzo y mayo explicó aproximadamente dos tercios de la variabilidad observada en la mancha blanca entre campañas, con un coeficiente de determinación R² de 0,67.

Para la podredumbre, la temperatura acumulada entre enero y mayo presentó una relación de magnitud similar, con un R² de 0,66. Estas asociaciones permitieron construir el primer modelo predictivo del proyecto y utilizarlo experimentalmente con las condiciones meteorológicas de 2026.

La estimación de un 16 % de riesgo frente al 15 % observado provisionalmente durante la recepción de la cosecha constituye una primera validación favorable, pero el IRTA señala que todavía deben incorporarse más campañas para determinar la estabilidad del modelo y aumentar su capacidad explicativa.

La utilización de información meteorológica para definir momentos de intervención forma parte de una tendencia creciente dentro del manejo integrado de plagas. En otros frutales, el monitoreo automatizado de la polilla de la manzana permite ajustar las ventanas de tratamiento a partir de la actividad real del insecto, reduciendo la dependencia de calendarios rígidos.

El control colectivo redujo las avellanas afectadas

Una segunda parte del proyecto evaluó si coordinar las actuaciones entre fincas podía ofrecer mejores resultados que tratar cada explotación de manera independiente. Para comprobarlo se compararon dos áreas de 50 hectáreas cada una.

En una de ellas, las explotaciones realizaron el tratamiento de forma coordinada. En la otra coexistieron parcelas tratadas y no tratadas. Según los resultados del IRTA, la estrategia colectiva consiguió reducir en más de seis puntos porcentuales la proporción de avellanas con mancha blanca respecto de las zonas donde no existía esa coordinación.

La explicación está relacionada con la movilidad de las chinches. Un tratamiento localizado puede disminuir temporalmente la población dentro de una parcela, pero los insectos pueden desplazarse entre explotaciones próximas. Cuando las intervenciones abarcan simultáneamente una superficie mayor, se reducen las posibilidades de que las áreas sin tratar funcionen como refugio y origen de nuevas infestaciones.

Este principio coincide con el enfoque del manejo integrado, que combina vigilancia, umbrales de intervención y diferentes herramientas en lugar de depender exclusivamente de aplicaciones repetidas de insecticidas. Las experiencias con estrategias alternativas para controlar plagas agrícolas muestran precisamente la importancia de intervenir sobre el ciclo y comportamiento de los insectos.

Actuar en junio fue mucho más eficaz que esperar a julio

Los ensayos también permitieron comprobar la importancia del momento de aplicación. En 2025, una intervención realizada a finales de julio llegó cuando buena parte del daño ya se había producido y la parcela sin tratamiento terminó superando el 33 % de afectación.

Durante 2026, en cambio, un tratamiento efectuado a mediados de junio consiguió mantener el daño global por debajo del 10 %, mientras la finca sin gestión alcanzó aproximadamente el 27 %. El resultado apunta a que anticipar correctamente el período de mayor riesgo puede ser tan importante como seleccionar el producto utilizado.

Uno de los productos evaluados produjo además un fuerte efecto inmediato sobre la población de chinches durante el período de máxima presión, aunque los resultados divulgados por el IRTA ponen el énfasis en el momento de intervención y en la coordinación territorial, no en establecer una recomendación universal de producto.

El control temprano también se reflejó en parámetros relacionados con la calidad. En la finca donde se realizó la intervención precoz, la acidez de las avellanas se mantuvo alrededor del 0,20 %, un valor asociado por los investigadores a fruto fresco, mientras que en las zonas sin control se registró un incremento de hasta el 50 %.

Las estrategias de control biológico y manejo integrado adquieren importancia adicional cuando las plagas desarrollan resistencia o disminuye la disponibilidad de productos autorizados. En distintos sistemas agrícolas se ha demostrado que los enemigos naturales pueden complementar el manejo frente a plagas resistentes a los pesticidas, siempre que su utilización responda a las características del cultivo y de la especie objetivo.

Las variedades no presentan la misma susceptibilidad

REDUCTAV detectó también diferencias entre variedades de avellano. ‘San Giovanni’, de maduración más temprana, registró aproximadamente siete puntos porcentuales más de daño que ‘Negret’. Esta diferencia podría tener utilidad práctica para organizar la vigilancia de las plantaciones.

Los investigadores plantean que las variedades más sensibles pueden actuar como centinelas para advertir anticipadamente la llegada o el incremento de la plaga. También consideran necesario ajustar las actuaciones a la fenología de cada variedad, adelantando el seguimiento en las más precoces y relacionando las intervenciones con el desarrollo del grano.

La campaña 2026 ha mostrado en otros países productores cómo las condiciones meteorológicas pueden modificar significativamente la productividad del cultivo. En Chile, por ejemplo, las lluvias intensas elevaron el riesgo productivo del avellano europeo debido a la saturación del suelo y a sus efectos durante etapas sensibles del ciclo.

En Tarragona, el nuevo modelo no intenta pronosticar directamente el volumen total de cosecha, sino estimar el riesgo de un defecto concreto relacionado con la actividad de las chinches. Su utilidad dependerá de que las relaciones observadas con la temperatura continúen reproduciéndose en campañas futuras.

Terahercios detectan más del 70 % de las avellanas dañadas

El proyecto abordó además un problema posterior a la cosecha: identificar la mancha blanca antes de que la avellana llegue al consumidor o a las etapas finales del procesado. A diferencia de otros defectos, la alteración puede permanecer oculta dentro del fruto y escapar a los sistemas ópticos convencionales que analizan principalmente su superficie.

En colaboración con el Grupo de Biodetección Multiespectral de la Universidad Pública de Navarra (UPNA), dirigido por Miguel Beruete, los investigadores probaron imágenes de terahercios, una tecnología capaz de atravesar el fruto y obtener información de su estructura interna sin destruirlo.

Los primeros modelos estadísticos desarrollados con un equipo Terasense de 140 GHz instalado en la planta piloto del IRTA en Mas Bové consiguieron identificar más del 70 % de las avellanas dañadas. El resultado es todavía preliminar y se obtuvo con una muestra limitada, por lo que no significa que la tecnología esté preparada para implantarse inmediatamente en las líneas comerciales de procesado.

El equipo trabaja ahora en ampliar el número de muestras y comparar los terahercios con otras tecnologías de inspección, entre ellas la imagen hiperespectral y el infrarrojo cercano. El objetivo es determinar qué sistema ofrece suficiente precisión, velocidad y viabilidad económica para operar en condiciones industriales.

Un sistema que conecta campo, clima y calidad de la cosecha

Los resultados de REDUCTAV muestran que el manejo de la mancha blanca puede abordarse desde varias etapas de la cadena: pronosticar el riesgo mediante información meteorológica, vigilar las variedades más sensibles, coordinar las actuaciones entre productores, intervenir antes de que el daño se generalice y mejorar posteriormente la detección de frutos afectados.

La investigación también refuerza la utilidad de las Agrupaciones de Defensa Vegetal para organizar actuaciones que difícilmente alcanzan la misma eficacia cuando cada explotación trabaja de manera aislada. En plagas móviles, el comportamiento de los insectos convierte el paisaje agrícola en una unidad de manejo más amplia que los límites de una sola parcela.

Los resultados no eliminan la necesidad de vigilancia directa ni constituyen todavía un sistema predictivo definitivo. El modelo climático deberá comprobarse durante nuevas campañas, y la tecnología de terahercios necesita avanzar desde los ensayos piloto hacia condiciones de procesamiento industrial.

Sin embargo, los datos obtenidos entre 2017 y 2026 proporcionan al sector del avellano del Camp de Tarragona una base cuantitativa para anticipar el riesgo. La combinación de temperatura, seguimiento territorial, coordinación entre fincas y tratamientos aplicados en el momento adecuado ofrece una vía para reducir pérdidas sin convertir el aumento de aplicaciones fitosanitarias en la única respuesta frente a la plaga.

Fuentes referenciales:
Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA)