Un ensayo comercial con 828 pollos de engorde encontró diferencias de peso, conversión alimenticia y mortalidad al suministrar un aditivo de origen vegetal. Los investigadores advierten que los resultados todavía no demuestran su eficacia causal.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz
Un equipo de investigadores de Perú evaluó el comportamiento productivo de 828 pollos de engorde expuestos a varias micotoxinas presentes de forma natural en su alimentación. El ensayo encontró resultados favorables en determinados indicadores de crecimiento, eficiencia alimenticia y supervivencia entre las aves que recibieron un aditivo de origen vegetal, aunque los propios científicos advirtieron que el diseño experimental no permite atribuir esas diferencias exclusivamente al producto.
La investigación fue publicada el 10 de octubre de 2026 en la revista científica Veterinary World y contó con la participación de especialistas de la Universidad Nacional de Trujillo, la Universidad Nacional Tecnológica de Lima Sur, la Universidad Privada de Trujillo y la empresa Bioservice S. R. L.
El trabajo examinó una formulación que contenía cinarina, betaína, boldina y alicina, administrada mediante el agua de bebida durante determinados períodos de la crianza.
Los resultados mostraron que los machos suplementados alcanzaron un peso final superior al de los machos del grupo de control. Entre las hembras también se observaron diferencias favorables en la conversión alimenticia y la mortalidad.
Sin embargo, el estudio presenta una limitación decisiva: cada tratamiento se aplicó en un solo galpón. Por ello, las diferencias entre instalaciones podrían haber influido en los resultados y no es posible demostrar que el aditivo fuera su causa.
Las micotoxinas representan un riesgo para la producción avícola
Las micotoxinas son sustancias producidas por determinados hongos que pueden contaminar materias primas agrícolas y alimentos destinados a los animales.
Su presencia constituye una preocupación para las explotaciones avícolas porque algunas de estas sustancias pueden afectar el funcionamiento de distintos órganos, alterar el aprovechamiento de nutrientes y perjudicar el desempeño productivo.
El problema adquiere mayor complejidad cuando varias micotoxinas aparecen simultáneamente en una misma ración.
En el ensayo peruano, los investigadores identificaron exposición natural a fumonisinas, deoxinivalenol, zearalenona y toxina T-2.
Estas sustancias pertenecen a grupos diferentes y sus efectos dependen de factores como la concentración, la duración de la exposición, la edad de las aves y las condiciones generales de alimentación.
La presencia de varias micotoxinas no significa necesariamente que todas produzcan daños de igual intensidad ni que sus efectos puedan sumarse de manera sencilla.
Por eso, los investigadores estudiaron el comportamiento de los pollos en condiciones comerciales, donde los animales pueden estar expuestos a mezclas de contaminantes y no únicamente a una sustancia aislada.
El riesgo comienza antes de que el alimento llegue a los comederos. La humedad y el almacenamiento inadecuado de los cereales pueden favorecer problemas de deterioro y contaminación fúngica, aunque la presencia de moho visible no permite determinar por sí sola el contenido de micotoxinas.
Un experimento con 828 pollos de engorde
La investigación se realizó durante un ciclo comercial de 40 días con pollos Cobb 500, una línea ampliamente utilizada en la producción de carne aviar.
Los científicos trabajaron con 828 aves de un día de edad, distribuidas en cuatro grupos de 207 animales cada uno.
La organización permitió comparar machos y hembras que recibieron el suplemento con otros machos y hembras que no lo recibieron.
El producto fue suministrado mediante el agua de bebida a una concentración de un mililitro por litro.
Las aplicaciones se realizaron durante tres períodos: del tercer al quinto día de vida, del día 16 al 18 y del día 29 al 31.
Durante la crianza, el equipo evaluó el crecimiento, el consumo de alimento, la conversión alimenticia, la mortalidad, la uniformidad de los lotes y diferentes indicadores bioquímicos sanguíneos.
La investigación se desarrolló en instalaciones comerciales, una característica que permite observar el comportamiento de las aves bajo condiciones próximas a las de una explotación productiva.
No obstante, esa aproximación práctica también introdujo una limitación metodológica importante, porque las aves suplementadas se alojaron en un galpón y las de control en otro.
Los machos suplementados alcanzaron mayor peso
Uno de los resultados más destacados apareció al comparar el peso final de los pollos machos.
Al día 40, los animales suplementados alcanzaron un peso medio de 2.403,68 gramos, mientras que los machos del grupo de control registraron 2.308,35 gramos.
La diferencia fue de 95,33 gramos por ave y resultó estadísticamente significativa en el análisis realizado por los investigadores.
En las hembras, la diferencia de peso entre los grupos fue mucho menor: 16,01 gramos.
Los científicos encontraron una interacción estadísticamente significativa entre el sexo de las aves y el tratamiento, lo que indica que las diferencias observadas no siguieron el mismo patrón en machos y hembras.
Este resultado es importante porque impide interpretar el aumento de peso de los machos como una respuesta uniforme de toda la población estudiada.
Además, la significación estadística de una comparación entre aves no elimina la posibilidad de que las condiciones particulares de cada galpón hayan influido en el resultado.
La conversión alimenticia mejoró entre las hembras
Otro indicador evaluado fue la conversión alimenticia, que relaciona la cantidad de alimento consumido con el aumento de peso de los animales.
Una conversión más baja generalmente indica que se necesita menos alimento para obtener una determinada ganancia de peso, siempre que las comparaciones se realicen bajo condiciones equivalentes.
En las hembras suplementadas, los investigadores registraron una conversión alimenticia de 1,91, frente a 2,02 en las hembras del grupo de control.
También observaron un menor consumo de alimento en las hembras que recibieron el producto.
Estas diferencias son relevantes porque la alimentación representa uno de los principales componentes del costo de producción de los pollos de engorde.
Sin embargo, los resultados no incluyen una demostración de que el suplemento permita reducir los costos en cualquier explotación.
Para establecer una ventaja económica sería necesario considerar el precio del producto, los costos de administración, el consumo real de alimento y el valor comercial de las aves.
La importancia de evaluar las raciones completas también se observa en investigaciones sobre la sustitución de materias primas en los piensos avícolas, donde las alternativas deben analizarse tanto por sus efectos productivos como por sus costos y disponibilidad.
La mortalidad fue menor en las hembras suplementadas
La supervivencia de las aves constituyó otro de los parámetros examinados.
En el grupo de 207 hembras suplementadas no se registraron muertes durante el período evaluado.
En cambio, entre las 207 hembras del grupo de control murieron seis animales.
Los investigadores identificaron una diferencia estadística entre ambos grupos, aunque el resultado debe interpretarse teniendo en cuenta las condiciones particulares de las instalaciones.
La mortalidad en una explotación avícola puede estar relacionada con numerosos factores, incluidos el estado sanitario inicial, la ventilación, la temperatura, la densidad de alojamiento y las condiciones de manejo.
Por ello, el estudio no permite concluir que el aditivo haya evitado directamente las seis muertes observadas en el grupo de control.
La ausencia de mortalidad entre las hembras suplementadas constituye un resultado observado durante el ensayo, pero necesita confirmación mediante experimentos con más unidades de alojamiento independientes.
El indicador europeo de eficiencia también fue superior
Los investigadores calcularon el factor europeo de eficiencia productiva, un indicador utilizado para evaluar el desempeño general de los lotes de pollos de engorde.
Este índice considera variables relacionadas con el peso, la edad, la conversión alimenticia y la supervivencia.
En el galpón suplementado, el factor alcanzó 348 puntos, frente a 326 en el galpón de control.
La diferencia favoreció al lote que recibió el producto de origen vegetal.
Sin embargo, el indicador resume el comportamiento de cada instalación y no permite identificar por sí solo qué factor provocó la diferencia.
Una puntuación superior puede reflejar cambios combinados en varios parámetros productivos, por lo que debe examinarse junto con los datos individuales de crecimiento, consumo y mortalidad.
Los autores consideran que este resultado merece continuar investigándose, especialmente porque la prueba se desarrolló bajo exposición natural a varias micotoxinas.
Qué sustancias contenía el aditivo estudiado
La formulación evaluada contenía cuatro componentes: cinarina, betaína, boldina y alicina.
La cinarina es un compuesto asociado con determinadas plantas, entre ellas la alcachofa. La boldina se encuentra en el boldo, mientras que la alicina es conocida por su relación con el ajo.
La betaína es una sustancia que participa en procesos metabólicos y que también puede utilizarse en formulaciones de nutrición animal.
La combinación fue examinada como un complemento nutricional en condiciones de exposición a micotoxinas.
Sin embargo, la presencia de estos componentes no demuestra automáticamente que el producto neutralice las toxinas presentes en el alimento.
Para establecer un mecanismo de detoxificación sería necesario demostrar cómo actúa la formulación sobre los contaminantes, su absorción o sus consecuencias biológicas.
La investigación peruana se concentró en las respuestas productivas y en determinados parámetros sanguíneos, por lo que sus resultados no deben interpretarse como una prueba definitiva de eliminación de micotoxinas.
El interés por las sustancias de origen vegetal también aparece en las investigaciones sobre fitobióticos en alimentación avícola, aunque los efectos dependen de la composición, la dosis y las condiciones de cada ensayo.
Los análisis sanguíneos mostraron diferencias específicas
Además del crecimiento y la conversión alimenticia, el equipo examinó indicadores bioquímicos relacionados con el funcionamiento del organismo.
Entre los resultados comunicados se encontró una menor concentración de creatinina en las hembras suplementadas durante los días 26 y 40.
También se registró una menor actividad de gamma-glutamil transferasa en los machos suplementados durante el día 15.
Estas diferencias conservaron significación estadística después de aplicar un procedimiento de ajuste por comparaciones múltiples.
La creatinina es un compuesto utilizado habitualmente como parte de las evaluaciones del metabolismo y la función renal, mientras que la gamma-glutamil transferasa es una enzima relacionada con procesos que incluyen la actividad hepatobiliar.
Sin embargo, una diferencia en un indicador sanguíneo no demuestra necesariamente que exista una mejora clínica de un órgano.
La interpretación requiere considerar los valores de referencia, la edad de los animales, el conjunto de parámetros examinados y la presencia o ausencia de alteraciones patológicas.
Por ello, los resultados bioquímicos del estudio deben considerarse observaciones complementarias y no una confirmación de que el aditivo prevenga lesiones renales o hepáticas.
La principal limitación: un galpón por tratamiento
Los propios investigadores identificaron una limitación fundamental que condiciona la interpretación de todos los resultados.
Aunque participaron 828 pollos, el tratamiento se administró a nivel de galpón y solamente se utilizó una instalación para las aves suplementadas y otra para las aves de control.
Esto significa que, para evaluar el efecto del suplemento como intervención aplicada a una instalación completa, existía una sola unidad experimental independiente por tratamiento.
Las aves alojadas en un mismo galpón comparten condiciones ambientales y de manejo que pueden influir en su comportamiento.
Por ejemplo, diferencias de ventilación, temperatura, iluminación o distribución del alimento podrían contribuir a explicar parte de las variaciones observadas entre los lotes.
La presencia de numerosos animales no sustituye la necesidad de contar con varios galpones independientes asignados a cada tratamiento.
En consecuencia, el ensayo permite describir asociaciones entre la suplementación y los resultados productivos, pero no establecer que el producto haya provocado las mejoras.
Esta advertencia aparece expresamente en las conclusiones de la investigación.
Los autores señalan que se necesitan ensayos replicados en múltiples galpones para confirmar la eficacia del aditivo.
La contaminación natural aproxima el estudio a las granjas
Una característica de la investigación es que los pollos estuvieron expuestos a micotoxinas presentes naturalmente en el alimento.
Esta situación se diferencia de experimentos en los que se añade una cantidad determinada de una sola toxina para estudiar sus efectos.
La exposición natural puede representar mejor la complejidad de las condiciones comerciales, donde varias materias primas y contaminantes pueden coincidir en una misma ración.
Sin embargo, también dificulta separar los efectos de cada sustancia.
Las fumonisinas, el deoxinivalenol, la zearalenona y la toxina T-2 no tienen necesariamente la misma acción sobre el organismo.
Además, las concentraciones y las interacciones entre ellas pueden modificar la respuesta de los animales.
Por eso, un resultado favorable bajo una combinación concreta de micotoxinas no garantiza una respuesta equivalente ante otras concentraciones o mezclas.
La investigación aporta observaciones obtenidas en una explotación comercial, pero todavía necesita estudios que permitan controlar mejor las diferencias entre instalaciones y caracterizar las condiciones de exposición.
La prevención comienza con la calidad del alimento
La evaluación de suplementos no sustituye la necesidad de prevenir la contaminación de las materias primas.
La gestión del riesgo de micotoxinas requiere prestar atención a la cosecha, el secado, el transporte, el almacenamiento y la elaboración de los piensos.
Los granos con humedad excesiva pueden deteriorarse durante el almacenamiento, especialmente cuando las condiciones favorecen el desarrollo de hongos.
No obstante, algunas micotoxinas pueden permanecer presentes incluso cuando no se observa crecimiento fúngico visible.
Por ello, el control de calidad debe apoyarse en procedimientos de muestreo y análisis apropiados cuando exista riesgo de contaminación.
También es importante evitar que ingredientes deteriorados desplacen materias primas de calidad en las raciones.
La selección cuidadosa de los materiales utilizados para alimentar aves forma parte de una gestión más amplia de la seguridad nutricional, aunque los riesgos asociados con ingredientes vegetales tóxicos y los provocados por micotoxinas sean diferentes.
En el caso de las explotaciones comerciales, el manejo preventivo puede contribuir a reducir la exposición antes de que aparezcan problemas productivos.
Qué falta para comprobar la eficacia del suplemento
Los investigadores consideran necesario desarrollar nuevas pruebas que incluyan varios galpones independientes para cada tratamiento.
Un diseño de ese tipo permitiría distribuir mejor las diferencias ambientales y de manejo, y evaluar con mayor solidez el efecto específico del producto.
También sería útil comprobar si los resultados se repiten en distintas explotaciones, ciclos de crianza y condiciones de exposición a micotoxinas.
Otra cuestión pendiente es determinar si las diferencias productivas justifican económicamente el costo de la suplementación.
Los datos de peso, conversión alimenticia y supervivencia son relevantes para los productores, pero necesitan relacionarse con los gastos de adquisición y administración del aditivo.
Asimismo, sería necesario establecer si las respuestas observadas se mantienen cuando las condiciones de alojamiento son equivalentes entre los grupos.
La investigación publicada en octubre de 2026 constituye, por tanto, una evaluación comercial preliminar y no una demostración definitiva de eficacia.
Un resultado útil para orientar nuevas investigaciones avícolas
El estudio peruano proporciona información concreta sobre el comportamiento de pollos de engorde expuestos simultáneamente a varias micotoxinas.
Los machos suplementados registraron un peso final medio 95,33 gramos superior al de los machos de control, mientras que las hembras mostraron una mejor conversión alimenticia y una menor mortalidad.
También se observaron diferencias en determinados indicadores bioquímicos y un factor europeo de eficiencia superior en el galpón suplementado.
Estos resultados justifican continuar investigando la formulación, pero no permiten recomendarla como una solución comprobada contra las micotoxinas.
La principal aportación del trabajo consiste en identificar respuestas productivas que deberán confirmarse mediante ensayos con replicación adecuada.
Para la avicultura, el mensaje práctico es doble: la contaminación del alimento por varias micotoxinas merece vigilancia y los posibles complementos nutricionales deben evaluarse con criterios experimentales rigurosos antes de atribuirles beneficios.


