Agricultura

Por qué el grano recién cosechado puede enfermar a los patos

Publicado el 15/08/2026 · REDACCION

La humedad, la actividad biológica y el riesgo de hongos convierten el trigo o la cebada nuevos en un alimento que debe secarse, estabilizarse y revisarse antes de incorporarlo a la ración.


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz

Agosto puede parecer el momento ideal para reducir el costo de la alimentación de los patos. Los almacenes reciben trigo y cebada de la nueva cosecha, aumenta la disponibilidad de cereal y los precios comienzan a bajar. Sin embargo, llenar inmediatamente los comederos con grano recién trillado puede ocasionar problemas digestivos y sanitarios en la parvada.

El cereal nuevo no debe confundirse con un grano seco, estabilizado y listo para integrar una ración. Después de la cosecha todavía mantiene humedad, actividad biológica y características físicas que pueden cambiar durante el almacenamiento. El riesgo aumenta cuando se acumula sin limpieza, secado, ventilación ni control de temperatura.

La advertencia está dirigida especialmente a los criadores de patos que compran cereal directamente durante la cosecha o utilizan trigo y cebada producidos en su propia explotación. El bajo precio no compensa una pérdida de aves, una caída del crecimiento o los gastos derivados de trastornos digestivos.

El grano continúa activo después de la cosecha

La trilla no convierte inmediatamente al cereal en un producto estable. Los granos recién separados de la planta continúan respirando y liberando calor y humedad. Si se almacenan en una masa compacta, esos procesos pueden crear zonas calientes en las que el deterioro avanza con rapidez.

El contenido de agua depende de la madurez alcanzada por el cultivo, las condiciones meteorológicas durante la recolección y el manejo posterior. Por eso, la apariencia externa no basta para decidir si un lote puede almacenarse o suministrarse a las aves.

La importancia de la humedad también se observa en otros cereales. El manejo de la pérdida de humedad del grano influye directamente en su calidad, el costo del secado y la posibilidad de conservarlo sin deterioro.

Los patos pueden comer demasiado cereal nuevo

Los patos consumen el grano con facilidad, por lo que un cambio repentino hacia trigo o cebada recién cosechados puede producir una ingestión abundante. Si el cereal desplaza otros componentes de la dieta, la ración pierde equilibrio y deja de aportar en proporciones adecuadas proteínas, vitaminas, minerales y fibra.

El problema no consiste únicamente en que el grano sea nuevo. También intervienen la cantidad ofrecida, su calidad sanitaria y la velocidad con la que se modifica la alimentación habitual. Una transición brusca obliga al sistema digestivo a adaptarse de inmediato a una materia prima diferente.

El cereal entero tampoco constituye por sí solo una dieta completa. La alimentación de las aves debe formularse de acuerdo con la edad, la finalidad productiva y el resto de los ingredientes disponibles. Las necesidades de un pato en crecimiento no son iguales a las de un reproductor o un ejemplar adulto en mantenimiento.

La humedad favorece el calentamiento y el moho

Cuando el grano húmedo se almacena sin suficiente aireación puede calentarse, apelmazarse y adquirir olores anormales. Estas alteraciones indican que dentro de la masa están ocurriendo procesos capaces de reducir su valor nutritivo y favorecer el crecimiento de microorganismos.

Los hongos pueden colonizar los cereales en el campo y continuar desarrollándose durante el transporte o el almacenamiento. La humedad y la temperatura inadecuadas aceleran ese proceso, especialmente si los granos presentan grietas o daños provocados durante la cosecha.

El control del secado resulta esencial para evitar un mayor crecimiento fúngico, pero no elimina las toxinas que ya se hayan formado. En el caso de las micotoxinas presentes en el grano, la estabilidad de estos compuestos obliga a prevenir la contaminación y analizar los lotes sospechosos.

Las micotoxinas no siempre son visibles

Un cereal puede contener contaminación fúngica sin mostrar una capa evidente de moho. Tampoco es seguro confiar exclusivamente en el olor o el color, porque algunas micotoxinas pueden encontrarse en granos que exteriormente parecen aceptables.

Los patos expuestos a alimento contaminado pueden presentar disminución del consumo, debilidad, problemas digestivos, pérdida de crecimiento y deterioro general del estado sanitario. La gravedad dependerá del tipo de toxina, su concentración, el tiempo de exposición y la condición de las aves.

Las enfermedades por hongos también pueden originarse antes de la cosecha. Patógenos como Fusarium afectan trigo, maíz, cebada y otros cultivos, y algunas especies producen sustancias perjudiciales para la salud humana y animal. Por ello, el manejo de las enfermedades fúngicas de los cereales comienza en el campo y continúa durante la poscosecha.

Cómo revisar un lote antes de suministrarlo

El productor debe comprobar la humedad del cereal con un instrumento apropiado y no mediante una valoración visual. También conviene examinar muestras tomadas de diferentes puntos del lote, porque una sola porción puede no representar las condiciones existentes en toda la masa almacenada.

El grano debe estar limpio, seco y libre de calentamiento, apelmazamiento, insectos, olor a humedad, fermentación o moho. La presencia de granos ennegrecidos, rosados, verdosos, germinados o deteriorados exige detener su utilización hasta conocer la causa.

Si existen dudas sobre un lote, la opción prudente es solicitar un análisis de laboratorio. Una prueba permite conocer si contiene micotoxinas y determinar si la concentración es compatible con su empleo en alimentación animal.

No debe intentarse resolver una contaminación mezclando sin control el grano sospechoso con cereal sano. La decisión sobre el uso, tratamiento o descarte de una partida debe basarse en los resultados analíticos y en las recomendaciones de un veterinario o especialista en nutrición animal.

Secado, limpieza y almacenamiento estable

El cereal de la nueva cosecha necesita limpiarse para retirar polvo, paja, semillas extrañas, granos quebrados y otros materiales que retienen humedad o favorecen el deterioro. Posteriormente debe secarse y almacenarse en instalaciones limpias, frescas, ventiladas y protegidas frente a filtraciones.

Los restos de la cosecha anterior no deben permanecer en tolvas, depósitos o equipos antes de recibir el nuevo lote. Esos residuos pueden contener insectos, esporas y focos de contaminación capaces de propagarse rápidamente al cereal recién almacenado.

Durante la conservación es necesario revisar periódicamente la temperatura, la humedad y el olor. Detectar un punto caliente al comienzo permite airear o movilizar el producto antes de que el daño se extienda.

La vigilancia poscosecha también impulsa el desarrollo de alternativas para proteger los cereales almacenados. En Argentina, investigadores del INTA, el Conicet y la Universidad de Buenos Aires estudiaron un extracto vegetal contra hongos productores de micotoxinas, entre ellos Aspergillus flavus.

La transición de la ración debe ser gradual

Una vez confirmada la calidad del grano, su incorporación no debe hacerse sustituyendo de golpe el alimento utilizado hasta ese momento. El cereal nuevo debe introducirse progresivamente, mezclado con la ración anterior, mientras se observa el comportamiento y el estado de las aves.

Durante el cambio conviene vigilar el consumo de alimento y agua, la consistencia de las heces, la actividad de los patos y cualquier reducción del crecimiento. La aparición de apatía, rechazo del alimento, diarrea, incoordinación o mortalidad requiere retirar el lote sospechoso y consultar a un veterinario.

El acceso permanente a agua limpia es indispensable para los patos, pero no corrige una ración desequilibrada ni neutraliza un cereal contaminado. La seguridad depende de combinar agua adecuada, formulación nutricional, control sanitario y materias primas de calidad comprobada.

La llegada de la nueva cosecha puede representar una oportunidad económica para la explotación, siempre que el cereal sea tratado como una materia prima que necesita evaluación. Comprar por precio, almacenar sin medición y suministrar de inmediato transforma ese ahorro aparente en un riesgo para toda la parvada.

Fuente(s) referenciales

AgroXXI



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