Ensayos en Países Bajos lograron reducir entre un 6 % y un 44 % la huella de carbono del alimento al sustituir parcialmente la harina de soja por proteínas alternativas
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
Investigadores de Wageningen University & Research (WUR) y empresas del sector de los piensos están evaluando en Países Bajos nuevas dietas para aves que reduzcan el uso de harina de soja importada sin perjudicar el crecimiento de los animales. Los ensayos combinan guisantes, habas, harina de girasol y harina de colza con el propósito de disminuir las emisiones asociadas al alimento y la dependencia europea de materias primas procedentes de otros continentes.
La soja ocupa un lugar central en la alimentación de los pollos neerlandeses y una gran parte llega desde América del Sur y Estados Unidos. Antes de alcanzar las explotaciones, la materia prima recorre miles de kilómetros, una cadena que incrementa las emisiones del transporte y expone a productores y fabricantes de piensos a variaciones de precios, costos energéticos y posibles interrupciones comerciales.
Una dieta avícola habitual en Países Bajos contiene aproximadamente un 40 % de trigo, un 20 % de harina de soja y un 20 % de maíz. El porcentaje restante corresponde a vitaminas, suplementos minerales y grasas. La harina de soja es especialmente valorada por su concentración de proteína, su digestibilidad y la regularidad de sus características nutricionales, factores que permiten formular raciones con resultados relativamente previsibles.
La importancia de esta materia prima para la ganadería y sus diferentes presentaciones se explica en este análisis sobre la soja en la alimentación animal. Precisamente esas cualidades hacen que su sustitución requiera algo más que encontrar otro ingrediente con proteína.
Proteínas locales para reducir la huella del pienso
El programa Feed4Foodure, desarrollado entre 2013 y 2025 mediante una asociación público-privada, estudió alternativas para producir piensos más sostenibles y eficientes en los sectores avícola, porcino y bovino. La iniciativa contó con la participación de WUR, el Ministerio de Agricultura, Pesca, Seguridad Alimentaria y Naturaleza de Países Bajos y la asociación neerlandesa de investigación sobre alimentación animal.
En los experimentos con pollos, la harina de soja brasileña fue reemplazada parcialmente por guisantes, habas y harinas de girasol o colza. Durante las primeras edades, la sustitución representó entre el 11 % y el 25 % de la harina de soja de las raciones. Después de las tres semanas de vida, el reemplazo alcanzó hasta un 85 %.
Según los resultados comunicados por Wageningen, la sustitución parcial permitió reducir entre un 6 % y un 44 % la huella de carbono del alimento sin afectar el desempeño productivo de las aves. La magnitud de la reducción dependió de la combinación de ingredientes y del porcentaje de harina de soja retirado de la fórmula.
Una eliminación completa de la harina de soja podría disminuir la huella del pienso hasta un 55 %, pero plantea dificultades importantes relacionadas con el contenido de fibra, el aporte energético y el aprovechamiento de los nutrientes. Por ello, los investigadores consideran que la sustitución parcial ofrece actualmente un equilibrio más viable entre beneficios ambientales, nutrición y crecimiento animal.
El potencial de las leguminosas ya ha sido observado en investigaciones que compararon el haba y la soja en pollos de doble propósito. Estos cultivos también pueden favorecer la producción agrícola regional y reducir la exposición de los ganaderos a las oscilaciones del comercio internacional.
La circularidad exige mantener el valor nutricional
El enfoque de WUR busca avanzar hacia un sistema circular en el que la tierra cultivable y el agua se destinen prioritariamente a producir alimentos para las personas, mientras los animales aprovechan biomasa y subproductos que no son aptos para el consumo humano. Entre los ingredientes estudiados figuran residuos de la extracción de aceites, corrientes secundarias de la fermentación y subproductos de la producción de bioetanol.
Las harinas de girasol y colza son dos de las opciones más utilizadas. Ambas se obtienen después de extraer el aceite de las semillas y pueden aportar proteína y energía al pienso. Sin embargo, no reproducen exactamente las propiedades de la soja: la harina de girasol suele tener menos proteína y más fibra, y su calidad puede variar según el procesamiento.
Una ración con menor concentración proteica puede requerir una cantidad mayor de ingrediente para suministrar la misma proteína. Esto aumenta el volumen del alimento y puede dificultar su digestión, elevar el consumo necesario o ralentizar el crecimiento. A estas limitaciones se suman la disponibilidad irregular, las diferencias entre lotes y el precio de los ingredientes alternativos.
Por estas razones, las empresas están incorporando las nuevas materias primas en cantidades controladas. La formulación debe mantener un balance preciso de proteína digestible, energía, fibra y otros nutrientes, además de responder a las necesidades de las aves en cada etapa productiva.
La diversificación también incluye ingredientes procedentes de insectos, microorganismos y plantas acuáticas. Aunque estas opciones amplían el catálogo de proteínas disponibles, su desarrollo comercial enfrenta retos de escala, regulación y costos, como muestra el panorama de alternativas sostenibles a la soja utilizada en los piensos.
FeedCircle continúa los ensayos desde 2026
La investigación entró en una nueva fase con FeedCircle, proyecto iniciado en 2026 para continuar el trabajo de Feed4Foodure, con especial atención a la avicultura. El objetivo es comprender mejor los compromisos entre circularidad, calidad nutricional, disponibilidad de ingredientes, costos y rendimiento productivo.
Arya Rezaei Far, investigadora en nutrición avícola de Wageningen Livestock Research, señaló que el uso de harinas de girasol y colza ya está aumentando en el sector. No obstante, la meta de una dieta completamente circular requiere resolver las diferencias de composición y asegurar un abastecimiento constante para los fabricantes.
El debate tiene además una dimensión territorial. La elevada producción pecuaria neerlandesa se sostiene en parte mediante piensos y superficie agrícola del extranjero. Un estudio anterior calculó que la producción, el consumo y las exportaciones del país requieren alrededor de 4,7 millones de hectáreas agrícolas fuera de sus fronteras, además de aproximadamente 1,6 millones de hectáreas dentro del territorio nacional. Este vínculo entre ganadería y recursos externos aparece desarrollado en el análisis sobre la dependencia neerlandesa de alimentos, tierra y piensos importados.
Las habas ganan interés ante la dependencia exterior
La búsqueda de nuevos piensos no responde únicamente a objetivos climáticos. Wageningen Social & Economic Research observa que la inestabilidad geopolítica, el encarecimiento de los combustibles y los riesgos asociados a las importaciones están aumentando el interés europeo por las proteínas producidas dentro de la región.
Entre las opciones de corto plazo destacan los guisantes y las habas. Estas últimas fueron cultivadas ampliamente en Países Bajos, pero perdieron terreno debido a su baja rentabilidad para los agricultores. El investigador Volkert Beekman considera que los apoyos agrícolas europeos podrían modificar ese balance y estimular tanto las habas como la colza, una estrategia que algunos Estados miembros ya aplican.
El cultivo regional de leguminosas podría ofrecer una nueva salida comercial a los productores y fortalecer la seguridad de suministro del sector pecuario. Sin embargo, ampliar la superficie dependerá de que los precios, rendimientos y políticas de apoyo hagan competitivas estas materias primas frente a la soja importada.
Los compromisos adoptados por la industria neerlandesa —entre ellos utilizar soja no vinculada con la deforestación y reducir el consumo de combustibles fósiles— mejoran determinados aspectos ambientales de la cadena. Aun así, no cambian por sí solos la composición de los piensos. Para disminuir materialmente las importaciones extracomunitarias será necesario modificar las fórmulas y consolidar una oferta europea de proteínas con calidad, volumen y precio adecuados.
Fuente referencial:
Wageningen University & Research

