Una formulación tradicional de Costa de Marfil elaborada con neem, hierba limón, ajo y chile inhibió dos especies capaces de contaminar los granos con micotoxinas
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Raúl Méndez C.
Un equipo internacional encabezado por científicos de alimentos de la Universidad Estatal de Pensilvania comprobó que una mezcla de plantas utilizadas tradicionalmente por agricultores de África occidental puede inhibir el crecimiento de dos especies del hongo Fusarium en el maíz. El hallazgo abre una línea de investigación para desarrollar tratamientos locales y asequibles destinados a proteger los granos después de la cosecha.
La formulación, denominada BioCC+, combina materiales procedentes del neem, la hierba limón, el ajo y el chile picante. Fue desarrollada en Costa de Marfil a partir de prácticas empleadas durante generaciones para reducir la aparición de moho durante el almacenamiento de las cosechas.
Los resultados fueron publicados en la revista científica Access Microbiology. Aunque el experimento confirmó actividad antifúngica en condiciones de laboratorio, los investigadores todavía deben determinar cómo transformar estos resultados en un producto seguro, estandarizado y eficaz para su aplicación directa en los sistemas de almacenamiento rural.
La humedad favorece la contaminación del grano almacenado
La contaminación fúngica del maíz, el sorgo y otros cereales almacenados provoca pérdidas poscosecha considerables en África subsahariana. Las temperaturas elevadas, la humedad ambiental y las deficiencias de infraestructura crean condiciones favorables para que los hongos se multipliquen antes de que el grano llegue a las instalaciones de procesamiento.
El problema no se limita a una reducción del volumen comercializable. Algunas especies producen micotoxinas capaces de afectar la salud de las personas y de los animales, además de disminuir el valor del producto o provocar el rechazo de lotes completos.
La contaminación tampoco siempre puede detectarse mediante una inspección superficial. Un cereal puede contener hongos o toxinas sin mostrar una capa visible de moho, una circunstancia que también debe considerarse cuando se utiliza grano recién cosechado en la alimentación de animales.
Josephine Wee, profesora asociada de Ciencia de los Alimentos de Penn State y autora principal del trabajo, explicó que numerosos pequeños agricultores producen y almacenan cantidades reducidas de cereales. Posteriormente, esas partidas vuelven a almacenarse durante las distintas etapas de recolección y comercialización, ampliando el periodo durante el cual pueden desarrollarse los hongos.
BioCC+ fue evaluado contra dos especies de Fusarium
Los científicos analizaron la capacidad de BioCC+ para actuar contra Fusarium graminearum y Fusarium verticillioides. Ambas especies pueden infectar el maíz y producir toxinas perjudiciales para las personas y el ganado.
Elisée Kouassi Kporou, investigador de la Universidad Jean Lorougnon Guédé de Costa de Marfil y coautor principal del estudio, encabezó el equipo que desarrolló la formulación africana. Posteriormente, el preparado fue examinado en los laboratorios de Penn State mediante procedimientos microbiológicos y químicos.
Los investigadores elaboraron extractos de BioCC+ y comprobaron si detenían el crecimiento de los hongos. Después dividieron el material en fracciones químicas más pequeñas para identificar cuáles concentraban una mayor actividad antifúngica.
Este enfoque resulta especialmente relevante frente a la expansión de las micotoxinas producidas por Fusarium en los cereales, cuya presencia puede comprometer simultáneamente la seguridad alimentaria, la salud animal y los ingresos de los agricultores.
El extracto con diclorometano obtuvo la mayor eficacia
El equipo comparó extractos preparados con agua, metanol y diclorometano. El obtenido con diclorometano, un disolvente utilizado en procedimientos industriales y de laboratorio, presentó la actividad antifúngica más elevada.
La concentración mínima necesaria para inhibir Fusarium graminearum fue de 12,5 miligramos de extracto de BioCC+ por mililitro de diclorometano. Para Fusarium verticillioides, la concentración mínima ascendió a 25 miligramos por mililitro.
Los análisis permitieron identificar seis posibles compuestos activos relacionados con el efecto observado. Dos ya eran conocidos, mientras que otros cuatro todavía no han sido caracterizados, por lo que será necesario aislarlos y estudiar su función antes de plantear una formulación comercial.
La eficacia del extracto con diclorometano no significa que este disolvente deba utilizarse directamente sobre el grano destinado al consumo. El resultado corresponde a una fase experimental diseñada para localizar las sustancias antifúngicas presentes en las plantas. Cualquier futura aplicación agrícola o alimentaria requerirá evaluaciones específicas de inocuidad, residuos, dosis y estabilidad.
El conocimiento agrícola tradicional recibió respaldo científico
El trabajo ofrece evidencia experimental sobre una práctica que agricultores de África occidental ya empleaban para proteger sus cosechas. Kporou destacó que la colaboración permitió combinar el conocimiento local con métodos modernos de microbiología y análisis químico.
Este vínculo puede facilitar el desarrollo de soluciones elaboradas con materiales disponibles en las propias comunidades. Sin embargo, la composición de las plantas, el método de preparación y la concentración de sus principios activos pueden variar según el lugar, la cosecha y las condiciones de procesamiento.
Por esa razón, la estandarización será uno de los desafíos principales. Un tratamiento destinado a la protección poscosecha debe mantener una eficacia previsible, no alterar negativamente el alimento y cumplir los requisitos sanitarios correspondientes.
El avance se suma a otras investigaciones que buscan limitar este patógeno mediante herramientas biológicas. Entre ellas figura el desarrollo de un micovirus contra Fusarium y su producción de toxinas, aunque esa alternativa también permanece en una etapa experimental.
La mezcla no sustituye el manejo adecuado del almacenamiento
BioCC+ podría convertirse en un componente adicional de la protección poscosecha, pero los resultados no eliminan la necesidad de controlar la humedad, limpiar las instalaciones y separar los lotes deteriorados. El secado insuficiente y la entrada de agua durante el almacenamiento pueden mantener condiciones favorables para los hongos incluso cuando se aplican tratamientos complementarios.
También resulta indispensable evitar el consumo humano o animal de partidas sospechosas sin una evaluación adecuada. Las micotoxinas pueden permanecer en el producto y no siempre desaparecen mediante la cocción o el procesamiento convencional.
La magnitud del riesgo ha sido documentada fuera de África. Un análisis de harina y arroz en Brasil encontró exposición a distintas micotoxinas, mostrando que la vigilancia debe abarcar tanto la producción como el almacenamiento, la transformación y el consumo.
Los próximos estudios deberán evaluar BioCC+ sobre granos almacenados en condiciones reales, determinar su efecto sobre la producción efectiva de micotoxinas y comprobar su seguridad para las personas, los animales y el ambiente. También será necesario establecer métodos de preparación que puedan reproducirse sin depender de disolventes utilizados exclusivamente en el laboratorio.
La investigación reunió especialistas de Penn State y de la Universidad Jean Lorougnon Guédé. Zilfa Irakoze, estudiante doctoral en Ciencia de los Alimentos y Agricultura Internacional y Desarrollo, participó como coautora principal, mientras que agricultores e investigadores de Costa de Marfil contribuyeron a las primeras evaluaciones de la formulación.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Universidad Estatal de Pensilvania
Access Microbiology


