El rendimiento cayó a unas 40 toneladas por hectárea tras una temporada de lluvias intensas y calor seco que frenó el crecimiento de los tubérculos
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.
La cosecha de papa de Bélgica afronta una fuerte reducción productiva en 2026 debido a la sucesión de lluvias torrenciales y una sequía de intensidad excepcional. En los campos cercanos a Lieja, los agricultores encuentran tubérculos mucho más pequeños de lo habitual, una situación que compromete el abastecimiento de la industria procesadora y puede trasladarse al precio de las tradicionales papas fritas.
El rendimiento bruto promedio descendió a aproximadamente 40 toneladas por hectárea, cerca de 15 toneladas menos que el año anterior, según datos recogidos por la plataforma agrícola Tridge. La disminución no se limita al volumen: una proporción menor de la producción reúne el calibre necesario para elaborar las papas fritas largas que demanda la industria.
Las lluvias y el calor seco dañaron la estructura del suelo
El problema comenzó con las tormentas registradas al final de la primavera. Las precipitaciones intensas alteraron la estructura del suelo y fueron seguidas por un período de calor y falta de agua. Al secarse, la tierra formó terrones compactos que dificultaron la aireación y el desarrollo normal de los tubérculos.
La papa necesita una disponibilidad relativamente estable de humedad durante su ciclo. Los extremos consecutivos pueden perjudicar tanto la formación del tubérculo como su engrosamiento. La respuesta del cultivo al calor y la sequía depende también de la variedad, la fase de desarrollo, las características del suelo y la capacidad de riego.
En Amay, una localidad próxima a Lieja, el productor Mathieu Comijn comprobó que parte de las papas apenas alcanzaba el tamaño de una pelota de ping-pong, cuando normalmente debería ser cuatro veces mayor. Comijn, de 30 años, cultiva 500 hectáreas y declaró a la agencia AFP que nunca había observado condiciones semejantes.
La variedad Bintje figura entre las más afectadas. Este material se utiliza tradicionalmente para preparar las papas fritas belgas por sus características culinarias y por la forma de sus tubérculos. A un mes de la cosecha prevista para el 20 de septiembre, el tamaño alcanzado generaba preocupación entre productores y compradores.
Menos tubérculos cumplen el calibre industrial
Durante la semana 32 de la campaña, solamente el 55 % de los tubérculos superaba los 50 milímetros en las principales zonas productoras de Bélgica, Países Bajos, Francia y el norte de Alemania. Un año antes, la proporción llegaba al 85 %.
Esta diferencia reduce entre 5 y 15 puntos porcentuales la cantidad de papas adecuadas para fabricar el formato largo requerido por la industria. Aunque los tubérculos pequeños mantienen su valor alimentario y, de acuerdo con el productor consultado, no han perdido sabor, su tamaño limita el rendimiento del procesamiento.
El episodio confirma la sensibilidad de una cadena que necesita combinar producción por hectárea, calidad, calibre y regularidad en las entregas. El análisis sobre la industria belga de la papa muestra que el país ocupa el quinto lugar entre los productores europeos, pero se ha convertido en el principal exportador mundial de productos procesados derivados de este cultivo.
Bélgica dedica más de 100.000 hectáreas a la papa y dispone de una capacidad de procesamiento cercana a seis millones de toneladas anuales. La importancia de esta agroindustria multiplica el impacto de cualquier pérdida en el campo, porque afecta el suministro de las fábricas, los contratos comerciales, el almacenamiento y la actividad de miles de establecimientos gastronómicos.
Las reservas de 2025 amortiguarán parte del déficit
La familia Comijn recurrirá a las existencias de la campaña anterior para cumplir sus compromisos de suministro. La abundante cosecha de 2025 había dejado papas almacenadas en una instalación refrigerada a 10 grados Celsius, reservas que ahora adquieren mayor valor comercial.
Sin embargo, el volumen disponible no bastará para reemplazar toda la producción afectada. Los operadores podrían utilizar variedades que no ofrecen el mismo comportamiento para la elaboración de frituras, mientras las empresas y los establecimientos deberán ajustar sus compras a una oferta más limitada.
La necesidad de recurrir a existencias anteriores también muestra la importancia del almacenamiento dentro de la gestión del riesgo agrícola. Las reservas pueden estabilizar temporalmente la cadena, pero implican costos de refrigeración, conservación y control de calidad, y no sustituyen una nueva cosecha cuando la reducción productiva alcanza una escala amplia.
La menor oferta puede elevar el precio al consumidor
El sindicato nacional de vendedores de papas fritas de Bélgica, que representa a unos 4.500 establecimientos, advirtió que una disminución del suministro podría repercutir en el precio del producto. Su presidente, Bernard Lefevre, recordó que el sector atraviesa ciclos en los que una cosecha abundante reduce los precios y otra insuficiente ejerce presión en sentido contrario.
La incertidumbre afecta desde las explotaciones rurales hasta las friteries y frituren, los puestos especializados que forman parte de la cultura alimentaria belga. La repercusión definitiva dependerá del volumen recolectado, la calidad industrial, las reservas disponibles y la capacidad de sustituir la variedad Bintje por otros materiales.
La campaña también se suma a temporadas recientes marcadas por excesos de agua. En 2023, las lluvias dejaron sin cosechar entre 6.000 y 6.500 hectáreas, mientras que en 2024 el rendimiento promedio cayó a 42,8 toneladas por hectárea, el nivel más bajo en cinco años. Esta sucesión de episodios refuerza la necesidad de adaptar el manejo del suelo, el riego y la selección varietal.
Variedades resistentes y manejo hídrico ganan importancia
La exposición simultánea a sequía, calor y precipitaciones concentradas obliga a evaluar materiales capaces de mantener rendimiento y calidad bajo condiciones variables. Investigaciones sobre variedades de papa adaptadas al déficit hídrico indican que los recursos genéticos disponibles pueden contribuir al desarrollo de cultivares más resistentes.
La nutrición también influye en la respuesta al estrés, pero no ofrece una solución idéntica para todas las variedades. Un estudio sobre la interacción entre genética, potasio y sequía encontró diferencias importantes en la recuperación del rendimiento, lo que respalda recomendaciones ajustadas al genotipo y a las condiciones reales del suelo.
Para los productores belgas, la adaptación requerirá combinar genética, conservación de la estructura del terreno, mayor eficiencia del agua y sistemas de almacenamiento que ayuden a enfrentar campañas irregulares. La cosecha de 2026 evidencia que el riesgo no proviene únicamente de la falta de lluvia, sino también de la secuencia entre excesos de humedad, compactación y sequedad prolongada.
Fuentes referenciales:
Infobae


